Hortensia Rosa Céliber, mejor conocida como Tenchis,
es oriunda de Cojutepeque, y a sus 46 años confiesa
que su máximo orgullo son sus quince retoños.
Tenchis Céliber: “Bella,
agraciada, candente y etérea”
Tenchis Céliber, uno de
los personajes que ha hecho reír a los salvadoreños
desde hace más de 18 años, opina sobre temas controvertidos
de la vida nacional; se confesó crítica de las iglesias,
del Estado y de las injusticias que padecen los salvadoreños
en Estados Unidos. Nos cuenta también sus encuentros con
famosos, extraterrestres y con las computadoras. En esta conversación,
Tenchis nos deja entrar a su vida cotidiana, de madre de quince
hijos, empresaria de pupusería, y de mujer preocupada por
el acontecer nacional..
La aventura más loca de Hortensia Rosa Céliber,
mejor conocida como Tenchis Céliber, ha sido subirse a
una mesa y “bailarle Mesa que más aplauda al señor
presidente Saca”. Fue hace dos años, durante la entrega
de un reconocimiento al presidente de la república, Antonio
Saca, en el Centro Nacional de Registros (CNR).
“Me invitaron a hacer un showcito pequeño y entonces
me dijeron que iba a llegar el presidente. A la hora de las horas,
me dijeron que ya no iba a quedarse porque iba para otro lugar
y que solo estaría 5 minutos. Pero cuando llegó
y supo que yo estaba allí, dijo: No, me voy a esperar a
que salga la Tenchis. Entonces fue que le bailé”,
comentó la Tenchis Céliber.
Pero esa no era la primera vez que la Tenchis tenía un
encuentro con Saca. Años atrás, antes de que él
se convirtiera en presidente, se lo encontró en Canal 2;
por esa época la Tenchis trabajaba como asistente del servicio
de limpieza en el canal. “Yo estaba echándome polvos
en la cara y lo llevaron para maquillarlo y vi que le relumbraron
los ojos cuando me vio, porque como soy bonita, entonces me dio
la mano recia y me dijo: “Mucho gusto, hembra; Tony Saca”.
Madre de migrantes
Pero no todo ha sido bromas y encuentros con famosos en la vida
de Tenchis, más bien, su vida ha estado marcada por sinsabores.
“Dago”, su primera pareja, la abandonó estando
embarazada. Durante un tiempo Hortensia asumió las responsabilidades
de una madre soltera.
A sus 46 años, esta oriunda de Cojutepeque tiene 15 hijos.
El mayor de ellos, Bismark Antonio, tiene 29 años y vive
en Los Ángeles, Estados Unidos; y el menor, Asdrúbal
Mahorí, tiene 4 y está al cuidado de la Tenchis.
Tres de sus hijos, los mayores, han emigrado. Tenchis conoce de
cerca la vida de los salvadoreños fuera del país.
“Siento que a veces los gringos se ponen muy tontos”,
dice la Tenchis en referencia a la cantidad de salvadoreños
residentes en Estados Unidos que sufren injusticias y tienen que
pelear todos los días por sus derechos. Sus hijos también
están incluidos. “Hacemos el trabajo duro que ellos
no quieren hacer.
¿Que hay mareros? De esos hay de todas las nacionalidades,
pero solo porque una es prieta y pelo de tuza no la tienen que
ver mal”, comenta en tono serio.
A pesar de que una parte de su familia vive en el extranjero,
la Tenchis no planea moverse de El Salvador. Después de
unos cuantos viajes fallidos de mojada con Chalío y Josefina,
dos de sus más grandes amigos, tomó está
decisión.
“No, hija, a mí no me gusta la vida de allá;
solo se va de la casa al trabajo y del trabajo a la casa a seguir
la labor”, me dice. Ha sido en El Salvador donde Tenchis
ha tenido una de sus más grandes oportunidades: En 1989
ingresó como personal de limpieza en Canal 12. Ahí
aprovechó que Salvador Castellanos, periodista de ese canal
en aquéllas fechas, se enfermó en una ocasión
y no pudo dirigir la Entrevista Al Día, que en ese entonces
estaba a su cargo. Según Tenchis, ella lo sustituyó
y fue así como descubrieron su talento y le dieron un espacio
en Telepirata.
La Tenchis dice que sus amigos y su familia son también
otras razones para quedarse en El Salvador: “Aquí
por lo menos puede una ver a sus amigos que viven cerquita y salir
a comer moronga o fritada”. Ella le dedica tiempo a sus
hijos, los escucha cuando llegan de la escuela y se toma el tiempo
hasta para jugar con los más chicos. Así también
tiene oportunidad de recordar su propia época de infancia,
cuando saltaba cuerda, jugaba hule y hacía sus diabluras.
Tenchis,
es una mujer muy segura de sí misma, conocedora de
sus virtudes y sus defectos: “ser furiosa, pura chinchintora;
y a veces necia como la burra que parió al mulo”.
Tenchis y Tula
Ni siquiera de niña creyó en Santa Claus, desde
muy chica su madre le dijo que no existía porque no podía
llevarle regalos el día de navidad, como sucedía
con las niñas que gozaban de una posición acomodada,
y a las que Tenchis veía divertirse con sus nuevos juguetes
en el parque. Cuenta que las oía hablar de Santa Claus,
y de su barba blanca, su enorme barriga y los regalos que dejaba
debajo del árbol de navidad. “Entonces me di cuenta
de que las monas pasmadas del parque estaban burladas porque creían
que era don Santa quien les traía las cosas”.
La madre de Tenchis, Rosa Céliber, tuvo una infancia parecida
a la de su hija, llena de carencias económicas. De chica,
Rosa conoció a Tula Altacasa. En 1940, la madre de doña
Rosa trabajó como cocinera en la mansión de los
Altacasa. Ahí Tula y Rosa se conocieron y se hicieron compañeras
de juego. Con el tiempo, Tenchis entró a trabajar como
parte del personal de servicio de los Altacasa y ahí se
encontró con Tula y se enteró de que era la hija
de su antigua compañera de juegos.
“Ella es bastante seria, aunque a veces como que se le vira
la cabeza. Pero es buena gente, lo que pasa que siempre anda como
necesitada de macho. Yo le digo que no se azore, pero ella no
hace caso. Lo único que es bien tacaña. ¡Y
eso que tiene pisto!”, comentó.
Sobre El Salvador
Luego de trabajar durante mucho tiempo como empleada doméstica,
la Tenchis puso su propio negocio, una pupusería en las
cercanías del mercado La Tiendona. Las pupusas de ayote
y de pepesca frita son su especialidad.
La jornada de la Tenchis comienza todos los días a las
cinco de la mañana: “Levanto a los bichos a las cinco
para bañarlos, darles de comer y mandarlos al colegio.
Después me quedo atendiendo a Anacleto (su segunda pareja
y esposo desde hace 16 años) y haciendo la limpieza de
la champa. Como a las 9 de la mañana hago el almuerzo y
me voy a laborar desde las doce hasta como a las 7 en la pupusería,
o lavo ajeno. En la noche, llego cansada pero me pongo a platicar
con los bichos y a jugar con ellos, a oír sus problemas;
para eso son las nanas, no solo para reganar y castigar”.
La mayoría de sus hijos viven en El Salvador, su país,
del que la Tenchis también tiene qué decir: “Yo
creo que El Salvador es un país que necesita que cada uno
de sus habitantes se ponga a trabajar por el país, tenemos
que dejar de criticarnos, ver nuestros errores y tratar de no
volverlos a hacer”.
Aunque es fiel creyente en un Dios, es crítica ante el
papel que ha desempeñado la iglesia en la vida de los pueblos:
“Las iglesias deben dejar de ser tan empresariales, deben
olvidar dogmas inventados para tener a la gente amarrada y ser
más sinceras, sencillas y humildes”.
Los “encuentros”
La Tenchis piensa además que no estamos solos, que hay
extraterrestres acompañándonos en el universo, aunque
nunca ha visto ninguno: “Nunca me ha salido ninguna burleta,
pero sí creo que hay vida en otros planetas, porque el
universo es muy grande como para ser solo de nosotros”.
Al hablar de otras formas de vida, la Tenchis nos aclara que tampoco
ha tratado de establecer contacto con la vida después de
la muerte, nunca se ha encontrado cara a cara con un muerto, ni
lo ha buscando, pues nunca ha jugado Ouija, ni Martita: “No,
hija, ¡Dios me guarde! Una tía mía jugó
y quedó virada y hasta con labio leporino”.
Sin embargo ha tenido otro tipo de encuentros que, en su momento,
le causaron terror, como su primer contacto con tecnologías
modernas, como internet: “Casi me da infarto cuando vi que
salía algo de un virus, me fui a hacer exámenes
de sangre para ver si me había contagiado”.
La Tenchis se declara una persona alegre que gusta de bailar merengue
y cumbia. Le encanta la música del grupo salvadoreño
Salsa Clave y su canción favorita es La Siguanaba, de Tito
Mira. Cuando Centroamérica21 le preguntó cómo
se describiría, contestó sin pensarlo mucho: “Bella,
agraciada, candente y etérea”.
Pero dice que su mejor cualidad es ser “honrada y trabajadora”,
y su peor defecto es “ser furiosa, pura chinchintora; y
a veces necia como la burra que parió al mulo”.
En realidad, no se considera romántica: “Soy más
seca que una raja de leña de dos años, pero cuando
regalo algo, va con todo mi amor”. Tal como ocurre con sus
hijos, quienes son las personas que más ama y con los que
quiere compartir su más grande sueño: “Ser
abuela juguetona y una excelente mamá que recuerden mis
bichos. Quiero ver a todos mis hijos ya grandes y con sus familias
felices”.