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Juan Pablo Cruz Morales, Walter Alexander Alas, y Noemí Estela Martínez, sobrevivientes del naufragio en costas mexicanas de una embarcación que transportaba salvadoreños ilegales, regresaron a El Salvador acompañados de la viceministra para salvadoreños en el exterior.

 

Naufragio de salvadoreños, un sueño truncado

 

 


Noemí Martínez, de 29 años, y Walter Alexander Alas, de 23 salieron de su tierra salvadoreña en busca del sueño americano. Ese con muchos salvadoreños sueñan. Con un poco de suerte lograron llegar a Guatemala y por un milagro lograron salvarse del naufragio que sufrieron en aguas mexicanas sus compañeros de viaje y de infortunio.



Lunes 29 de octubre de 2007
Teresa Andrade
teresa.andrade@centroamerica21.com


Noemí Martínez partió de Ayutextepeque y había logrado ahorrar lo suficiente para que el coyote la trasladara en lancha hasta Oaxaca. Walter Alas, que procedía de San Rafael Obrajuelo, en La Paz , también había logrado los $2,500 para el viaje.

El trayecto hacia su primera parada no fue de cinco estrellas, como el de algunos turistas. Recorridos en bus o camiones de carga fue lo que habían preparado los coyotes para la excursión hacia Puerto Ocós, límite entre Guatemala y México, el lugar donde comenzó la travesía al naufragio

Puerto Ocós ha adquirido fama de ser un punto de tráfico grueso de personas, drogas e indocumentados y además de la que casi a diario salen lanchas con mercancía dudosa rumbo a México. El pequeño poblado de Ocós es una ciudad de tránsito, en donde los vecinos se han acostumbrado a ver rostros distintos cada día.

La lancha en la que Noemí y Walter viajarían desembarcó en el puerto el lunes 14 de octubre por la noche. El coyote les había asegurado que irían unas 16 personas, pero al final terminaron partiendo 22, en su mayoría salvadoreños. Aquella lancha sobrecargada y con dos motores fuera de borda se comenzó a abrir paso por el Pacífico guatemalteco, hasta acercarse a aguas mexicanas.

Las más de veinte personas, también pusieron su carga en la lancha: la esperanza de pisar tierra en Salinas Cruz, en Oaxaca, México. Ahí, tomarían un autobús hacia Ciudad de México, harían un transbordo para enrumbarse hacia Tijuana y luego el último obstáculo: la frontera con Estados Unidos .

Al mediodía del martes, el navío recaló en la costa chiapaneca para recargar combustible. Algunos dicen que fue en la bahía de Paredón, conocida por ser una zona en donde los traficantes abastecen de combustible a los coyotes. Esa fue la última vez que fueron vistos.

La madrugada del martes, la embarcación naufragó en la costa del istmo de Tehuantepec, en Oaxaca. Esa pequeña barca, que se tambaleaba por el sobre peso, no pudo contra la envestida de la tormenta tropical Kiko que azotaba la costa mexicana y cedió a la fuerza de la naturaleza. Al menos esa es la teoría que se maneja.

Encontrados en la arena

Noemí pudo contar un poco de esta historia. Fue encontrada el viernes 19 de octubre, por el pescador Juan López cuando salió del agua, agarrada de un depósito de plástico frente a las costas del municipio de San Francisco del Mar.

Walter fue encontrado en la mañana del sábado 20, por un helicóptero del ejército mexicano, parte de un operativo de búsqueda de sobrevivientes que se desplegó horas después del naufragio, y que abarcó unos 100 kilómetros de la costa. Lo encontraron cerca de la laguna que se forma en la playa conocida como Mar Muerto.

Ambos fueron llevados al centro de salud en Salinas Cruz, Oaxaca, donde fueron atendidos por los altos niveles de deshidratación y las fuertes quemaduras del sol. Al recuperarse un poco los trasladaron a la ciudad de Juchitán, donde dieron las primeras declaraciones a las autoridades mexicanas.

En pocos días los dieron el alta. Según los diagnósticos no tienen daños neurológicos, pero presentan serios cuadros de depresión. Los médicos atribuyeron esto al trauma de la experiencia.

Ellos fueron los primeros sobrevivientes que arrojó el mar, pero mientras estos afortunados aventureros llegaron con vida a la costa. Algunos cuerpos comenzaron a aparecer en la playa.

Los primeros cadáveres fueron encontrados a decenas de kilómetros de donde ocurrió el naufragio. Los cuerpos de seis mujeres y un hombre fueron localizados en las playas del paraje Aguachil, en San Francisco Ixhuatán. Tres cuerpos más fueron encontrados en las arenas de San Francisco del Mar. El cadáver de un hombre apareció en Santa María del Mar y otro en Salinas Cruz.

Y así poco a poco las arenas se fueron llenando de los cuerpos, en su mayoría salvadoreños, que abordaron esa lancha con la esperanza de un futuro mejor para ellos y sus familias.

Hasta el momento solo han hallado 13 cuerpos y 3 sobrevivientes. El último en ser rescatado es Juan Pablo Cruz González, tiene 32 años y es de La Paz. Se calcula que en la lancha iban 20 salvadoreños, por lo que aún faltan 4 cuerpos por encontrar.

El peligro de que los cuerpos se encuentren a la deriva en el agua, es que después de 72 horas, los cuerpos estallan. Sin embargo, a pesar de que las operaciones de búsqueda han cedido, los familiares no pierden las esperanzas.

Repatriar a los fallecidos

Casi a la misma hora en que el domingo 21 la marina mexicana encontraba al último salvadoreño vivo, con más de cuatro días flotando en el mar, la funeraria de un pueblo cercano se quejaba del olor de los 13 cadáveres.

Atendiendo la petición de la funeraria y de las autoridades de Protección Civil mexicanas, las víctimas fueron enterradas en Juchitán, en el cementerio Domingo de Ramos. La razón que dieron las autoridades fue el alto grado de descomposición.

Antes de sepultarlos se hizo un expediente por cada cadáver: se les cortó cabello para pruebas de ADN y se documentaron sus señas particulares, desde cicatrices hasta aretes, cadenas, relojes o pulseras que portaban.

La idea es que los cadáveres sean exhumados cuando se tenga plena certeza de quiénes son, y trasladarlos a El Salvador.

La viceministra de Relaciones Exteriores de El Salvador, Margarita Escobar viajó hasta Oaxaca con la esperanza de traer noticias a sus familias. A pesar, de que aún se encuentran cuatro cadáveres sin aparecer, no regresó al país con las manos vacías.

Margarita Escobar traía consigo al arribar al país, a los tres sobrevivientes para que se reencuentren con sus familias y además trae las muestras de ADN que se les tomaron a los 13 cuerpos que fueron enterrados. Ella se las entregará a las autoridades del Instituto de Medicina Legal para que se practiquen exámenes de ADN a los familiares de las víctimas y comparen los resultados para la identificación de los cadáveres. Y así poderles dar sepultura en tierras salvadoreñas.

También, representantes de la Fiscalía de México arribaron junto a la viceministra para colaborar con las autoridades salvadoreñas y así poder identificar cuanto antes a las víctimas. Solo así podrían ser repatriadas.

Salvadoreños siguen arriesgándose

Cada vez más, los salvadoreños se aventuran a correr el riesgo de salir del país por vías ilegales. Muchos de ellos mueren en el camino, siguiendo el sueño americano. Los 20 náufragos salvadoreños son solo una parte de los que salen diariamente del país.

El ex embajador de Estados Unidos en El Salvador, Douglas Barclay aseguró, hace algunos meses, al periódico The Post Standard, de Nueva York, que según sus cálculos 740 salvadoreños salen diariamente hacia el país del norte de manera ilegal. De estos aproximadamente 40 son detenidos en la frontera.

Según habitantes de Ocós, a pesar del peligro con el que se enfrentan los inmigrantes al salir en lancha hacía México, cientos lo intentan diariamente. Los residentes de la zona, por un par de dólares, se prestan para el transporte de indocumentados hacia México y así el círculo vicioso no termina.

Este no es el único caso de náufragos salvadoreños en mar mexicano. El año pasado Enrique Solís y Félix Coronado guiaron una lancha con 18 salvadoreños a bordo hacia Salinas Cruz. Félix iba en su primer viaje y ganaría $400. Ni los lancheros ni los salvadoreños aparecieron nunca.

La pesadilla aún no llega a su fin. Las esperanzas de los familiares de los 18 salvadoreños desaparecidos el año pasado en la costa mexicana no se desvanecen. La cancillería y la Fiscalía iniciaron la investigación del caso, pero a la fecha reportan no tener avances en las investigaciones. La historia de este naufragio aún no encuentra el desenlace.

"No sabemos sus nombres, pero sabemos que son hermanos nuestros que iban en busca de una vida mejor y se quedaron aquí, donde compartimos el dolor de sus familias y del pueblo salvadoreño", dijo el párroco Héctor Correo Guzmán

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