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Óscar Sánchez, es catedrático en la universidad Tecnológica, a lo largo de su vida ha recorrido muchas religiones en busca de llenar su ser interior.

Óscar Sánchez, el perseguidor de Dios


“Perseguía llenar mi ser interior. Sentía que no estaba aportando nada a la sociedad”, comenta Óscar Sánchez. Al observarlo impartir clases de investigación en la universidad Tecnológica, es difícil sospechar que este maestro ha hecho de su vida una verdadera investigación de campo.

Su búsqueda espiritual cruzó las barreras del catolicismo. No fue necesario que viajara a la India para que conociera a Krishna, ni que muriera para entrar en contacto con espíritus. Fue gnóstico, ateo y descubrió misterios que develan la magia negra. Él mismo cuenta su historia para Centroamérica 21.



Lunes 29 de octubre de 2007
Georgina Vanegas

gvanegas@centroamerica21.com

 

Al principio uno va a la iglesia porque los papás lo llevan, no porque a uno le nazca. Mi mamá era muy católica en ese tiempo, cuando yo estaba pequeño. Visitábamos catedral. Siempre iba con mi madrina y las madrinas de mis hermanos. Después mis papás se divorciaron y mi mamá se fue para el pueblo de mis abuelos, al norte de La Unión y mi mamá se desconectó totalmente de la iglesia.

Éramos vecinos de don Jacinto, un señor no vidente que practicaba mucho la santería, la cabalística y el espiritismo. Mi mamá le daba comida. Yo se la iba a dejar y veía que hacía prácticas con velas. Por ejemplo, si querías atraer a alguien, usabas velas rojas. También me causaba extrañeza ver que en este lugar siempre había animales, como aves o gatos.

Él me fue enseñando. Me decía: “Mirá, hijo, yo ya no veo; quiero que me ayudés”. Así fui aprendiendo varias cosas. Me hablaba también del Corán y de la cábala judía. Yo pensaba que don Jacinto era charlatán.

En 1983 me reclutaron para la guerra, y vine a San Salvador. Pero deserté de la Fuerza Armada y huí. Al estar en la capital, me di cuenta de que había una librería llamada Isis, donde vendían libros esotéricos. Empecé a leer libros sobre quiromancia y cabalística, y vi que lo que don Jacinto me enseñaba no eran charlatanerías.

Me llené de libros, leí mucho sobre literatura oriental. Visité las sectas adventistas y las de los mormones, pero sentí que no me llenaban. Sentía que todo eso era muy repetitivo, que la gente tenía un discurso, pero no miraba un cambio en sus vidas.

De kipú anaranjado con los Hare Krishna

Un día, cerca del parque Hula Hula, un bolero me estaba lustrando los zapatos, y vi a un grupo de krishnas. Caminaban por la calle cantando un mantra. Me dieron unos textos y los comencé a frecuentar. Visité su local, que estaba sobre la 25 avenida norte.

Ellos hablan de una línea para llegar a la divinidad, es decir a lo máximo del ser en términos espirituales. Dicen que para alcanzar este estado se puede tomar la línea recta y la que va en espiral. La línea recta es cuando uno va creciendo con una pareja, pero en la de espiral uno practica el celibato.

Me dijeron que para pertenecer a los Hare Krishna tenía que renunciar a todo. Lo hice. Me fui de mi casa, vendí las pocas cosas de valor que tenía, y me fui a vivir dos años con ellos. Tenía 16 años. Mi mamá respetaba mi decisión pero me decía que estaba desorientado.

Me hice vegetariano. Me rapé, andaba con mi colita, con mi kipú anaranjado, que era para los iniciados. Era el encargado del área de cocina de un restaurante vegetariano de ellos, llamado Gondinas, sobre la 25 avenida norte. Más que un restaurante, la intención era ganar dinero para darle de comer a la gente de la calle. A la par del restaurante había un parqueo y ahí preparábamos la comida para darle a la gente que no tenía qué comer. Ahí llegaban indigentes, estudiantes universitarios, la comida era vegetariana y gratis.

De esta fe me gustaba el hecho de que había mucha meditación y estudio. Pero después tenía muchos problemas conmigo mismo: tenía 18 años y no aguantaba el celibato. Comencé a tener muchos sueños eróticos. Entonces me dije: “No voy a aguantar, me estoy mintiendo, mi naturaleza es muy material”; así que renuncié.

Los viajes astrales


Seguí investigando, leyendo, y llegué a la gnosis. Pensaba que los gnósticos tenían una manera más amplia de ver a Dios. En ese momento, el movimiento gnóstico estaba muy dividido en antiguo orden y nuevo orden. Yo estaba con el nuevo orden: son un poco más prudentes. Digo esto en el sentido de que uno va desarrollando sensores del cuerpo que están dormidos, puede viajar en astral.

Viajar en astral consiste en que se sale del cuerpo de manera consciente; se conoce como desdoblamiento. Cuando lo hacía estaba consciente de dónde quiere ir. El problema es que la persona se va desgastando mucho físicamente. Visité lugares místicos, como Jerusalén, como el Muro de los Lamentos. Pero jamás visité el pasado ni el futuro.

El problema con la gnosis del nuevo orden es la prudencia. Los del antiguo orden abusaban de sus poderes, como el de la telequinesis y la clarividencia. La telequinesis es cuando las personas mueven cosas con su mente.

La dificultad más grande surgió con la muerte de líderes importantes de los gnósticos. A partir de sus muertes hubo una descoordinación y desconexión total, por lo tanto, quedé desconectado también.

Después de eso anduve mucho con los espiritistas. En el espiritismo, existen rituales en que se invocan espíritus. Un voluntario sirve de centro, es decir, presta su cuerpo para que el espíritu pueda hablar y comunicarse con los demás. Nunc a serví de centro, sino como parte del colectivo. Al principio dudaba un poco de esto, pero una vez tuve una experiencia que me impresionó mucho. Fue cuando se intercedió sobre la salud de unos niños que estaban enfermos.

La sesión espiritista se hizo en una casa ubicada en el barrio San Jacinto. Usamos la sala, que era grande; había velas e imágenes de los santos. Éramos 13 personas. Alguien se ofreció como centro. Era un hombre robusto, muy fuerte, ronco, de unos 45 años. El colectivo pidió a algún alma que estuviera por ahí que penetrara en el cuerpo de la persona que estaba sirviendo de centro.

De repente, de la boca de este hombre salió la voz de un niño. Yo no entendía cómo una persona con una voz tan grave podía hablar como un niño. Nos dijo que no nos preocupáramos por la salud de los niños. Era el santo Tereforito. Decía que uno de los niños tenía un problema: no tenía un nivel de madurez espiritual y por eso podía descompensarse rápidamente.

Dijo que había que tomar rosas, licuarlas, y bañarlo con esta infusión. Teníamos que ir a un río, y tomar una piedra que estuviera caliente por el sol. Debíamos amarrarla con un paño rojo y ponerla debajo de la almohada del niño. Tengo entendido que el niño mejoró.

Los maleficios: magia negra con animales


Pero esto no tiene nada que ver con otra experiencia que conocí: los maleficios. Yo estudiaba medicina, era el año 91 y alguien me contactó, me dijo que quería que lo ayudara. Me dijo: “Usted estudia medicina y conoce mucho sobre cuestiones místicas. Es la persona indicada. Quiero que me ayude”.

Cuando alguien llevaba una inflamación del hígado y el baso, me decía: “¿Usted qué opina?” Yo le decía que para mí era una hepato esplenomegalia. Él se reía y me decía: “No, para mí, esto es otra cosa”.

Ahí había magia negra y otras cosas. No quisiera contar mucho acerca de esto. No es una faceta agradable para mí, es algo muy fuerte. Vi cómo la gente metía animales en otra persona. Al principio creía que era mentira, pero vi que no era ilusionismo. Yo he trabajado mucho como ilusionistas. En este caso vi que sacaban un animal del estómago de una persona. Pero no solo eso, vi cómo lo quemaban y sentía que el animal apestaba y todo.

Entonces dije: “No, ya estuvo suave, ya anduve por tantas cosas que es el momento de tirar la toalla; ya no”. Quedé muy impactado por ver que esta gente hace cosas como preparar brebajes que sé que son dañinos. Por ejemplo, le dicen a la gente que haga tomas de ruda y de semillas de aguacate. Y yo sé que la ruda y el aguacate son abortivos. Ellos le quieren curar de una cosa y le ocasionan otra.

Yo le decía a esta persona que hacía los brebajes: “Mire, hermano, esta vaina no es correcta porque lo que le está dando de beber le va a provocar un aborto”. Él me decía: “Si, pero le están haciendo un daño”; y yo insistía en que ella estaba embarazada. A los días la persona abortaba. Lo que hacía a veces era esperar a que la señora saliera de la consulta con él para decirle que no hiciera la toma porque le iba a provocar un aborto.

Después de esta vivencia renuncié a esas búsquedas e hice un inventario de alrededor de 2 mil textos provenientes de todo lo que había experimentado. Regalé algunos, y quemé los que nadie quiso.

Los pasionistas de la orden de San Pablo de la Cruz


Hoy sigo con el interés de conocer más porque creo que las iglesias ayudan mucho a la gente, pero también abusan de ella. He vuelto a retomar algo de la iglesia católica. Estoy visitando la orden de los pasionistas, de la línea de San Pablo de la Cruz. Los pasionistas son gente muy entregada, humilde, pobre, pero da lo que tiene. Eso trasciende de la misa común y silvestre que dan los padres, los pasionistas bajan de sus púlpitos y hablan con la gente.

Me siento bien. Esto lo he visitado antes y ha sido lo que más me ha llenado. Ya no soy vegetariano ni hago rituales ni estoy en un monasterio. Hoy voy a las comunidades, platico con la gente, le doy aliento, esperanza.

Ateo de la mano de Marx

Siempre he creído en Dios, aunque en un tiempo, en la universidad fui ateo. Fue cuando estaba en mis andanzas revolucionarias. Agarré un fusil y me metí un tiempo como brigadista médico. Como estudiaba medicina, era el enlace entre los heridos y los hospitales. Fui miliciano desde 1986, hasta 1989. Pertenecía a las estructuras de las Fuerzas Populares de Liberación (FPL), y me hice ateo. Leí todos los postulados de Marx, pero en el fondo sentía que me estaba engañando, decía que era ateo pero no me lo creía del todo.

Después estuve como comando urbano y luego me desconecté por completo. Luego se firmaron los acuerdos, entregué mis armas, me desconecté del FMLN y me dediqué a mi familia.

Al llegar a la universidad, me di cuenta de que los planes de estudio eran diferentes, pero no iba a empezar desde el primer año otra vez. Opté por la carrera de Educación para la Salud, en parte también porque ya había descubierto que me gustaba tener nexos con la gente, convivir con ella. Luego estudié una maestría en Métodos de la Investigación y actualmente estoy impartiendo clases de investigación en la Universidad Tecnológica.

Con toda esta búsqueda que he relatado, perseguía llenar mi ser interior. Sentía que no estaba aportando nada a la sociedad, pero no en el sentido material sino en el estar con la gente, ayudarla.

Yo soy ecléctico ahora, no religioso. Considero que Jesucristo es una vía para llegar a Dios, pero no la única. No creo que el cristianismo sea la única ruta para llegar a Dios. Pienso que para aquellos que no creen en Dios, porque no lo conocen, porque están en China o en La India, Dios les tiene un proyecto. Para nosotros, los occidentales, es Jesús, para ellos puede ser Krishna u otro. En conclusión, a lo largo de mi vida he hecho una mezcla de todo, y esto me ha ayudado a tener más apertura.

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