Al principio uno va a la iglesia
porque los papás lo llevan, no porque a uno le nazca. Mi
mamá era muy católica en ese tiempo, cuando yo estaba
pequeño. Visitábamos catedral. Siempre iba con mi
madrina y las madrinas de mis hermanos. Después mis papás
se divorciaron y mi mamá se fue para el pueblo de mis abuelos,
al norte de La Unión y mi mamá se desconectó
totalmente de la iglesia.
Éramos vecinos de don Jacinto, un señor no vidente
que practicaba mucho la santería, la cabalística
y el espiritismo. Mi mamá le daba comida. Yo se la iba
a dejar y veía que hacía prácticas con velas.
Por ejemplo, si querías atraer a alguien, usabas velas
rojas. También me causaba extrañeza ver que en este
lugar siempre había animales, como aves o gatos.
Él me fue enseñando. Me decía: “Mirá,
hijo, yo ya no veo; quiero que me ayudés”. Así
fui aprendiendo varias cosas. Me hablaba también del Corán
y de la cábala judía. Yo pensaba que don Jacinto
era charlatán.
En 1983 me reclutaron para la guerra, y vine a San Salvador. Pero
deserté de la Fuerza Armada y huí. Al estar en la
capital, me di cuenta de que había una librería
llamada Isis, donde vendían libros esotéricos. Empecé
a leer libros sobre quiromancia y cabalística, y vi que
lo que don Jacinto me enseñaba no eran charlatanerías.
Me llené de libros, leí mucho sobre literatura oriental.
Visité las sectas adventistas y las de los mormones, pero
sentí que no me llenaban. Sentía que todo eso era
muy repetitivo, que la gente tenía un discurso, pero no
miraba un cambio en sus vidas.
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De kipú anaranjado con los Hare Krishna
Un día, cerca del parque Hula Hula, un bolero me estaba
lustrando los zapatos, y vi a un grupo de krishnas. Caminaban
por la calle cantando un mantra. Me dieron unos textos y los comencé
a frecuentar. Visité su local, que estaba sobre la 25 avenida
norte.
Ellos hablan de una línea para llegar a la divinidad, es
decir a lo máximo del ser en términos espirituales.
Dicen que para alcanzar este estado se puede tomar la línea
recta y la que va en espiral. La línea recta es cuando
uno va creciendo con una pareja, pero en la de espiral uno practica
el celibato.
Me dijeron que para pertenecer a los Hare Krishna tenía
que renunciar a todo. Lo hice. Me fui de mi casa, vendí
las pocas cosas de valor que tenía, y me fui a vivir dos
años con ellos. Tenía 16 años. Mi mamá
respetaba mi decisión pero me decía que estaba desorientado.
Me hice vegetariano. Me rapé, andaba con mi colita, con
mi kipú anaranjado, que era para los iniciados. Era el
encargado del área de cocina de un restaurante vegetariano
de ellos, llamado Gondinas, sobre la 25 avenida norte. Más
que un restaurante, la intención era ganar dinero para
darle de comer a la gente de la calle. A la par del restaurante
había un parqueo y ahí preparábamos la comida
para darle a la gente que no tenía qué comer. Ahí llegaban indigentes, estudiantes universitarios, la comida era
vegetariana y gratis.
De esta fe me gustaba el hecho de que había mucha meditación
y estudio. Pero después tenía muchos problemas conmigo
mismo: tenía 18 años y no aguantaba el celibato.
Comencé a tener muchos sueños eróticos. Entonces
me dije: “No voy a aguantar, me estoy mintiendo, mi naturaleza
es muy material”; así que renuncié.
Los viajes astrales
Seguí investigando, leyendo, y llegué a la gnosis.
Pensaba que los gnósticos tenían una manera más
amplia de ver a Dios. En ese momento, el movimiento gnóstico
estaba muy dividido en antiguo orden y nuevo orden. Yo estaba
con el nuevo orden: son un poco más prudentes. Digo esto
en el sentido de que uno va desarrollando sensores del cuerpo
que están dormidos, puede viajar en astral.
Viajar en astral consiste en que se sale del cuerpo de manera
consciente; se conoce como desdoblamiento. Cuando lo hacía
estaba consciente de dónde quiere ir. El problema es que
la persona se va desgastando mucho físicamente. Visité
lugares místicos, como Jerusalén, como el Muro de
los Lamentos. Pero jamás visité el pasado ni el
futuro.
El problema con la gnosis del nuevo orden es la prudencia. Los
del antiguo orden abusaban de sus poderes, como el de la telequinesis
y la clarividencia. La telequinesis es cuando las personas mueven
cosas con su mente.
La dificultad más grande surgió con la muerte de
líderes importantes de los gnósticos. A partir de
sus muertes hubo una descoordinación y desconexión
total, por lo tanto, quedé desconectado también.
Después de eso anduve mucho con los espiritistas. En el
espiritismo, existen rituales en que se invocan espíritus.
Un voluntario sirve de centro, es decir, presta su cuerpo para
que el espíritu pueda hablar y comunicarse con los demás.
Nunc a serví de centro, sino como parte del colectivo.
Al principio dudaba un poco de esto, pero una vez tuve una experiencia
que me impresionó mucho. Fue cuando se intercedió
sobre la salud de unos niños que estaban enfermos.
La sesión espiritista se hizo en una casa ubicada en el
barrio San Jacinto. Usamos la sala, que era grande; había
velas e imágenes de los santos. Éramos 13 personas.
Alguien se ofreció como centro. Era un hombre robusto,
muy fuerte, ronco, de unos 45 años. El colectivo pidió
a algún alma que estuviera por ahí que penetrara
en el cuerpo de la persona que estaba sirviendo de centro.
De repente, de la boca de este hombre salió la voz de un
niño. Yo no entendía cómo una persona con
una voz tan grave podía hablar como un niño. Nos
dijo que no nos preocupáramos por la salud de los niños.
Era el santo Tereforito. Decía que uno de los niños
tenía un problema: no tenía un nivel de madurez
espiritual y por eso podía descompensarse rápidamente.
Dijo que había que tomar rosas, licuarlas, y bañarlo
con esta infusión. Teníamos que ir a un río,
y tomar una piedra que estuviera caliente por el sol. Debíamos
amarrarla con un paño rojo y ponerla debajo de la almohada
del niño. Tengo entendido que el niño mejoró.
Los maleficios: magia negra con animales
Pero esto no tiene nada que ver con otra experiencia que conocí:
los maleficios. Yo estudiaba medicina, era el año 91 y
alguien me contactó, me dijo que quería que lo ayudara.
Me dijo: “Usted estudia medicina y conoce mucho sobre cuestiones
místicas. Es la persona indicada. Quiero que me ayude”.
Cuando alguien llevaba una inflamación del hígado
y el baso, me decía: “¿Usted qué opina?”
Yo le decía que para mí era una hepato esplenomegalia.
Él se reía y me decía: “No, para mí,
esto es otra cosa”.
Ahí había magia negra y otras cosas. No quisiera
contar mucho acerca de esto. No es una faceta agradable para mí,
es algo muy fuerte. Vi cómo la gente metía animales
en otra persona. Al principio creía que era mentira, pero
vi que no era ilusionismo. Yo he trabajado mucho como ilusionistas.
En este caso vi que sacaban un animal del estómago de una
persona. Pero no solo eso, vi cómo lo quemaban y sentía
que el animal apestaba y todo.
Entonces dije: “No, ya estuvo suave, ya anduve por tantas
cosas que es el momento de tirar la toalla; ya no”. Quedé
muy impactado por ver que esta gente hace cosas como preparar
brebajes que sé que son dañinos. Por ejemplo, le
dicen a la gente que haga tomas de ruda y de semillas de aguacate.
Y yo sé que la ruda y el aguacate son abortivos. Ellos
le quieren curar de una cosa y le ocasionan otra.
Yo le decía a esta persona que hacía los brebajes:
“Mire, hermano, esta vaina no es correcta porque lo que
le está dando de beber le va a provocar un aborto”.
Él me decía: “Si, pero le están haciendo
un daño”; y yo insistía en que ella estaba
embarazada. A los días la persona abortaba. Lo que hacía
a veces era esperar a que la señora saliera de la consulta
con él para decirle que no hiciera la toma porque le iba
a provocar un aborto.
Después de esta vivencia renuncié a esas búsquedas
e hice un inventario de alrededor de 2 mil textos provenientes
de todo lo que había experimentado. Regalé algunos,
y quemé los que nadie quiso.
Los pasionistas de la orden de San Pablo de la Cruz
Hoy sigo con el interés de conocer más porque creo
que las iglesias ayudan mucho a la gente, pero también
abusan de ella. He vuelto a retomar algo de la iglesia católica.
Estoy visitando la orden de los pasionistas, de la línea
de San Pablo de la Cruz. Los pasionistas son gente muy entregada,
humilde, pobre, pero da lo que tiene. Eso trasciende de la misa
común y silvestre que dan los padres, los pasionistas bajan
de sus púlpitos y hablan con la gente.
Me siento bien. Esto lo he visitado antes y ha sido lo que más
me ha llenado. Ya no soy vegetariano ni hago rituales ni estoy
en un monasterio. Hoy voy a las comunidades, platico con la gente,
le doy aliento, esperanza.
Ateo de la mano de Marx
Siempre he creído en Dios, aunque en un tiempo, en la universidad
fui ateo. Fue cuando estaba en mis andanzas revolucionarias. Agarré
un fusil y me metí un tiempo como brigadista médico.
Como estudiaba medicina, era el enlace entre los heridos y los
hospitales. Fui miliciano desde 1986, hasta 1989. Pertenecía
a las estructuras de las Fuerzas Populares de Liberación
(FPL), y me hice ateo. Leí todos los postulados de Marx,
pero en el fondo sentía que me estaba engañando,
decía que era ateo pero no me lo creía del todo.
Después estuve como comando urbano y luego me desconecté
por completo. Luego se firmaron los acuerdos, entregué
mis armas, me desconecté del FMLN y me dediqué a
mi familia.
Al llegar a la universidad, me di cuenta de que los planes de
estudio eran diferentes, pero no iba a empezar desde el primer
año otra vez. Opté por la carrera de Educación
para la Salud, en parte también porque ya había
descubierto que me gustaba tener nexos con la gente, convivir
con ella. Luego estudié una maestría en Métodos
de la Investigación y actualmente estoy impartiendo clases
de investigación en la Universidad Tecnológica.
Con toda esta búsqueda que he relatado, perseguía
llenar mi ser interior. Sentía que no estaba aportando
nada a la sociedad, pero no en el sentido material sino en el
estar con la gente, ayudarla.
Yo soy ecléctico ahora, no religioso. Considero que Jesucristo
es una vía para llegar a Dios, pero no la única.
No creo que el cristianismo sea la única ruta para llegar
a Dios. Pienso que para aquellos que no creen en Dios, porque
no lo conocen, porque están en China o en La India, Dios
les tiene un proyecto. Para nosotros, los occidentales, es Jesús,
para ellos puede ser Krishna u otro. En conclusión, a lo
largo de mi vida he hecho una mezcla de todo, y esto me ha ayudado
a tener más apertura.