La generación de jóvenes que actualmente
se están graduando de las escuelas y universidades tiene
mucho potencial para hacer cambios sustanciales en las comunidades
donde viven.
Las decisiones de estos jóvenes de cómo utilizan
su tiempo de la forma más eficiente y para el mejor provecho
de la misma comunidad, es influenciada por los grupos sociales
a los que pertenecen, pero sin lugar a duda también por
las oportunidades de participación que tienen a su disposición.
Lunes 5 de noviembre de 2007
Fernando Bautista
redaccion@centroamerica21.com
El requisito de llenar cierto número de horas sociales
antes de graduarse de una universidad o un colegio en nuestro
país es peligrosamente desperdiciado.
No me dejarán mentir los mismos estudiantes sobre el hecho
de que estas horas sociales no se cumplen como fue la intención
de hacerlo cuando se estableció el requisito. Muchos inclusive
lo ven como un requisito más, y no como un aspecto de la
experiencia de aprendizaje o simplemente para ser mejores ciudadanos.
Somos testigos de cómo el servicio comunitario se reduce
muchas veces a llenar alcancías, vender tickets de rifas,
o artículos promocionales cuyas ganancias, sin duda alguna,
beneficiarán a la organización.
Soy de la opinión que es de más provecho para los
voluntarios, o quienes hacen las horas sociales, enrollarse las
mangas e involucrarse de lleno con los proyectos en los que participan.
De la misma forma las organizaciones beneficiadas tendrán
un mejor aporte de aquel que pudiera dar la más generosa
de las chequeras, el aporte humano. De esta forma los jóvenes
también pueden crear conciencia de la realidad en nuestro
país y de dónde deberán enfocarse las iniciativas
de nación.
A los jóvenes estudiantes les hago un reto: aprovechen
la oportunidad del voluntariado como una experiencia que probablemente
les enseñará más que un libro de texto.
Pongan su humanidad a disposición de alguien o algo que
probablemente necesita un consejo, una amistad o una guía
más que un juguete o una pelota. Al limitar su aporte a
la comunidad a una simple contribución monetaria estamos
simplificando y subvalorando el poder que tiene nuestro mismo
corazón.
La importancia de una cultura del voluntariado agrega al sentido
de pertnencia que los jóvenes tienen con su país.
Estas oportunidades, sin duda alguna, presentan una alternativa
preventiva al grave problema de la seguridad. No hay duda que
en nuestro país tenemos muchas necesidades. Esto, junto
con una generación de jóvenes dispuestos a dar su
tiempo en trabajar para buscar las soluciones, parace ser una
oportunidad perfecta para alejar a los jóvenes de la violencias
o los vicios.