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Arizona Dreaming,
una novela para recordar lo que somos
Hace un buen tiempo que
no leía una novela salvadoreña tan apasionante como
Arizona Dreaming, la más reciente entrega de Berne Ayalá.
Aquí el autor pasea su mirada por los caminos donde se
cruzan, en ruta hacia el norte, los inmigrantes ilegales y el
tráfico de drogas; es decir, la esperanza y el crimen,
esos extremos aparentemente opuestos que, en circunstancias excepcionales,
pueden entrelazarse voluntaria o involuntariamente en el destino
de quienes buscan el paraíso en la cantera del dólar.
Lunes 5 de noviembre
de 2007
Geovanni Galeas
ggaleas@centroamerica21.com
Esta es otra guerra, librada en sordina pero no
con menos violencia y sacrificios. Y Berne sabe de guerras y de
caminos clandestinos y por ello entiende a la perfección
que la esperanza y el crimen suelen anidarse por igual en un corazón
en conflicto, sobre todo cuando las condiciones adversas convierten
fatalmente el viaje hacia el paraíso en un combate difuso,
pero combate al fin.
Delirante o esperpéntica, como la realidad misma de la marginalidad
y de la ilegalidad en movimiento, esta novela no esconde los bordes
más ásperos de la experiencia que consigna; por el
contrario, y sin que medie juicio moral alguno por parte del autor,
los protagonistas y los hechos son presentados con la crudeza, pero
también con la cadencia y la fuerza de seducción,
con la que los viejos boleros retratan las llagas del amor, o con
la que los corridos exaltan la bala del ajuste de cuentas.
Hay escritores cuya formación e imaginario provienen de los
libros; hay escritores fraguados a puros golpes de vida en las calles,
las cárceles, los prostíbulos o los campos de guerra.
En ambos orígenes puede haber excelencia, pero hay más
garantías de autenticidad cuando los libros se suman a la
vida.
Es el caso de Berne, que durante muchos años se jugó
el pellejo en las guerrillas; después, finalizado el conflicto,
incursionó en los terrenos académicos de la filosofía
y el derecho, y finalmente lo abandonó todo y se metió
de cabeza en una literatura concebida como prolongación de
los rumores de la calle y la noche.
Ya se lo decía Roque Dalton al entonces novato poeta Ricardo
Castrorrivas, en una carta fechada en La Habana a mediados de los
años sesenta: “Viví, viví, viví,
leé, leé, leé y luego, como consecuencia, escribí”.
Esa es quizá la mejor manera para no convertirse en un ingeniero
o un arquitecto de la literatura, sino sencillamente en un escritor
a secas, alguien capaz de mirar y contar la realidad sin los filtros
engañosos tanto de la ignorancia como de la pedantería
libresca.
Después de un testimonio de guerra, tres libros de cuentos
y dos novelas, Berne Ayalá ha depurado un estilo libérrimo
que le es propio, y que en lo sustancial provoca la complicidad
de sus lectores. Quien se acerque a las páginas de Arizona
Dreaming podrá comprobarlo de manera directa.
Todos los salvadoreños padecimos de algún modo la
guerra; todos los salvadoreños estamos de algún modo
conectados a la ruta hacia el norte. Esta novela establece un vínculo
entre ambos fenómenos y demuestra que, en la guerra y en
la paz, en la miseria o en la abundancia y para bien y para mal,
de cierta manera esencial los salvadoreños seguimos siendo
los mismos.
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