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Verano indio
Por más de doscientos años ha sido utilizado el término "indian summer" o verano indio, en español, para identificar un periodo breve de cielos soleados y clima cálido en el otoño del hemisferio norte. Este fenómeno natural acontece al final de octubre o en los primeros días de noviembre, como ha sucedido este año en Washington DC.
Lunes 5 de noviembre
de 2007
Walter Monge-Cruz
waltermonge@comisioncivicademocratica.org
A través de la historia se ha reconocido al escritor francés americano St. John de Crevecoeur, como el primero en utilizar ese termino en una de sus obras literarias alrededor de 1778. Esta tarde sin embargo, el sentido relevante de la historia del verano indio, trasciende mudo, bajo los exclamativos gritos de los colores impregnados tal cual matices inertes en el formidable cielo, vistiéndolo de rosa escarlata, girasol y sombra, que, en su ocaso, envuelve cálido las auras de quienes admiramos la magnitud de la belleza inmortal de la vida.
Transmitir en letras la espectacularidad de un evento accidental y complejo de la naturaleza, como el verano indio, es sin duda el imperativo existencial de los discípulos del mundo académico como St. John de Crevecoeur; quienes con su virtud componen la armonía de las palabras, que inspiran nuestras emociones hacia el compromiso de emular sus voluntades, con el deseo de vivir las realidades puras de la vida en una única razón: existir para ser feliz.
Razonar sobre esa idea me conduce a intentar conceptuar las experiencias de ciertos pasos del andar en los senderos de mi vida. Ahora, al sentirme eximido de las emociones particulares que me distanciaron en diferentes oportunidades de ser completamente feliz, tales como la pérdida de un ser amado o el despertar con sueños destrozados, compruebo que esas emociones aun trascienden, en mi transformación como ser humano. para tomar las sendas correctas de mi destino.
Esas experiencias de pérdida y derrota que todo ser humano vive, aceleraron el crecimiento de mi personalidad, acentuando la responsabilidad de actuar comprometidamente por alcanzar el fin existencial de ser feliz.
La felicidad de un servidor público excede los preceptos personales, extendiendo sus metas existenciales de ser feliz, al procurar el bienestar de los individuos que representa, quienes le otorgan el privilegio de servir a la patria que ama.
Adquirir ese grado de satisfacción es la maestría imperativa existencial de un ser humano que aprendió a hablar con la verdad, es sensible a las necesidades de la sociedad a la que pertenece y contribuye con su vida a ese fin.
Transcender en el propósito existencial de ser feliz varía de ser a ser; la felicidad de un pescador en Suchitoto, podría consistir en la satisfacción de su pesca acompañado de los relajantes sonidos y las imagines espectaculares de la naturaleza, mientras la de un ejecutivo de una corporación global, en Fairfax, Virginia, en viajar por el mundo bajo el bullicio y las imágenes preciosas en las ciudades que visita.
En ambas circunstancias de esas vidas, ambos complementan los roles en la sociedad con el bienestar de sus familias, haciéndolos a ambos felices.
Amanecer cada día satisfecho de que la contribución hecha por nuestro esfuerzo es positiva para el desarrollo del mundo que nos rodea, materializa en muchas formas el concepto de existir para ser feliz.
Mañana el verano indio podrá haber terminado, así también mi existencia. Mientras haya tierra y universo, el fenómeno natural seguirá aconteciendo e inspirando auras, como lo ha hecho por siglos; mas la felicidad de mi mortalidad será medida en la trascendencia de mis actos, los cuales podrán vivir inmortales si logran producir un cambio positivo en la existencia de mis semejantes.
Obrar en esa magnitud debería ser el fin de todos los seres humanos.
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