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El juego y el derecho a ser niños
"Hay niños que no quieren ni siquiera salir a recreo"

 

Al parecer el "ciber" es cada vez más un sustituto de los parques y calles de barrios y colonias, el clásico ladrón librado o la mica poco a poco se convierten en juegos del ayer, frente a la fascinación cada vez más adictiva de los videojuegos, el chat o el messenger, a los cuales los niños acceden cada vez a más corta edad.

Los niños de hoy ya no juegan tanto como los de antes, según resultados de estudios recientes. Son muchos los factores que inciden en este comportamiento: la tecnología, la inseguridad y la menor presencia de los padres en el hogar.

Conversamos con diferentes especialistas, que interactúan a diario con niños y coinciden en que los infantes disfrutan menos de tener contacto con otros niños, además de señalar fenómenos como el del niño "ejecutivo" que tiene su agenda tan comprometida que no le da tiempo de ser niño, o en el otro extremo el niño que debe garantizar su propio sustento y el de sus familia.



Lunes 12 de noviembre de 2007
Georgina Vanegas
gvanegas@centroamerica21.com

 

"Me tocó vivir un periodo de guerra y aún con ese problema los niños salían a jugar. Ahora es bien raro verlos jugando ladrón librado o canicas en las calles o en la colonia. Aunque ya están de vacaciones, no salen". Esta es la impresión de Nubia Rivera, quien tiene 23 años de ser maestra de parvularia y primer ciclo.

Los niños juegan menos que antes

"Tengo la impresión de que los niños están jugando menos que antes", expresa Emma del Pilar Posada, especialista en psicología clínica. " Están dejando de jugar todo aquello que implica correr, saltar, hacer travesuras. Su atención está más puesta en actividades que no son de interacción. Están jugando más un tipo de juego intelectual: la computadora", apuntó.

A esta opinión se una Vilma Nubia Rivera, quien ha sido maestra de niños de parvularia y primer ciclo desde hace 23 años: "Me tocó vivir un periodo de guerra mientras daba clases y aún con ese problema los niños salían a jugar, aunque sea supervisados. Ahora es bien raro verlos jugando ladrón librado o canicas en las calles o en la colonia. Aunque ya están de vacaciones, no salen. Creo que pasan más tiempo en su casa, viendo televisión o jugando con los juegos que tienen en la computadora".

Vilma Nubia no ve esta situación solo en la ausencia de niños jugando en las calles, sino en el salón de clases del Colegio La Asunción , donde trabaja: "He tenido problema con niños a quienes no les gusta salir a recreo, y para mí es imposible que un niño no quiera salir a jugar. Yo los he tenido que sacar del salón. Les pregunto por qué no quieren jugar y me dicen que se aburren, que no les gusta, que prefieren quedarse en el salón platicando, terminando de comer o haciendo el aseo en la clase".

Estas opiniones concuerdan con lo que piensa el 63% de las madres alrededor del mundo. Ellas creen que la niñez de la era actual juega menos. Este fue un resultado revelado por Dando a nuestros hijos su derecho a ser niños , un estudio global realizado por XEDEX y XTRA, basado en entrevistas a 1500 madres de Brasil, Argentina, Tailandia, Estados Unidos, Turquía, Sudáfrica, Gran Bretaña, India, China y Francia.

E l "niño ejecutivo" está muy ocupado con las tareas de la escuela y con las actividades extra (como clases de piano, karate, música o literatura) que sus padres le asignan. No tiene tiempo para jugar, descansar, ni divertirse.

Margarita Martínez, de 32 años, es una madre salvadoreña que se suma a estas voces que alertan sobre la observación: " A veces mi hijo (Ricardo, de 12 años) pasa toda la tarde en la computadora. No tenemos computadora en la casa, así que cuando llega de la escuela, se va al ciber café que queda cerca de la casa".

¿Por qué no juegan?

El mayor y más fácil acceso a la tecnología es percibido por los especialistas, padres de familia y educadores como un factor influyente en que los infantes ya no practiquen tantos juegos de interacción con otros niños. Sin embargo no es el único factor.

El estudio de XEDEX señala que más de la mitad de las madres creen que la inseguridad y la falta de tiempo disponible para dedicarle a sus hijos son las principales causas por las que permanecen encerrados en sus casas. De ahí se desprende que no queden muchas maneras de hacer que interactúen con otros por medio del juego.

"Influye la inseguridad porque yo no permitiría que mi hijo saliera solo al parque. Antes, cuando yo era niña, sí salía a jugar al parque con mis amigos y no había ningún adulto cuidándonos. Estábamos más en contacto con la naturaleza. También influyó el que me criara en un pueblo, en San Sebastián. Ahí no había tantos ladrones ni delincuencia como en la ciudad", señala Margarita.

Existe otro factor al que la psicóloga apunta, el fenómeno del "niño ejecutivo": está muy ocupado con las tareas de la escuela y con las actividades extra (como clases de piano, karate, música o literatura) que sus padres le asignan. No tiene tiempo para jugar, descansar, ni divertirse.

"Hay habilidades que no se desarrollarán, como la interacción personal. Pueden ser sumamente hábiles en cálculo y análisis, pero a nivel de la habilidad social hay fallas. "Si no hemos aprendido a hacer relajo cuando éramos niños, ¿cómo vamos a divertirnos bailando ya de adultos?

"Esta dinámica responde más a las necesidades de los papás. Son deseos de los papás, quieren que los niños sepan un montón de cosas, pero le están restando importancia a su capacidad de ser niño", dijo Posada. Lo más preocupante, opina, es que al niño se le exigen actitudes y responsabilidades que competen más a un adulto, y con esto se irrespeta el derecho que tiene de actuar como un niño.

La especialista aclara que este fenómeno se da en el sector de la población que tiene los recursos económicos necesarios para invertir en la educación y en las actividades extra que asume esta porción de la niñez salvadoreña. ¿Qué pasa entonces con quienes no tienen acceso a la tecnología, a la educación, a clases de piano o de karate? Hay otros fenómenos, como la misma pobreza, que podrían dar luces sobre si estos niños juegan o no.

No existe un estudio en el país que asegure si los niños pobres juegan o no, pero sí hay estadísticas que aseguran que en El Salvador 300 mil niños no pueden si quiera estudiar porque son los encargados de llevar el sustento a sus casas. Puede ser que no tengan tiempo de jugar porque trabajan.

Jugar no es un juego

Pero ¿qué pasa si un niño no juega? "Jugar les ayuda a tener mejores relaciones interpersonales con los demás y a entender que a veces se gana y otras se pierde", sostiene la maestra Rivera.

Posada es de la misma opinión: "Una de las maneras en las que el niño aprende cómo son las interacciones sociales, cuáles son sus capacidades, cuáles son sus límites y los de los demás, es el juego con otros niños; no con juegos de mesa ni con la computadora".

La experta en psicología sostiene que también resuelven sus conflictos a través del juego: "Si un niño se pelea con su papá resuelve el conflicto a través del juego: golpea un muñeco, lo hace sufrir o lo cuida como a él le habría gustado que lo cuidaran. Así resuelve la situación. A través del juego expresa lo que le pasa, lo que siente, sus conflictos".

Lo más relevante de que a un infante se le prive de jugar, sostiene, es que esto será causa de que el niño no desarrolle habilidades que le harán falta en su desarrollo personal como adolescente y adulto. "Hay habilidades que no se desarrollarán, como la interacción personal. Pueden ser sumamente hábiles en cálculo y análisis, pero a nivel de la habilidad social hay fallas. No quiero decir que todos los niños que no juegan a ese nivel tengan dificultades, pero ahora un mayor porcentaje tiene problemas en la habilidad interrelacional cuando llegan a la adolescencia y, posteriormente, a la adultez", sostuvo.

Según la estudiosa, estas habilidades no desarrolladas podrían reflejarse en la capacidad que estos futuros adultos tendrán de divertirse: "Si no hemos aprendido a hacer relajo cuando éramos niños, ¿cómo vamos a divertirnos bailando ya de adultos? Y hay otras áreas de nuestra vida donde está implícita esta capacidad de diversión; por ejemplo en el sexo. Si no se ha desarrollado la capacidad de diversión, de ser espontáneos y libres cuando éramos niños, ¿cómo la vamos a poner en práctica en la vida de adulto?".

Los responsables del juego

Tanto la psicóloga como la maestra sostienen que los responsables principales de que estas habilidades se desarrollen son los padres de familia. "Influye el hecho de que lo padres están menos tiempo en casa. En la mayoría de casos los padres trabajan y llegan a casa hasta las 5, 6 y a veces hasta las 8 de la noche", comenta Vilma Nubia Rivera.

Ella entiende que los padres deben trabajar para que la familia sobreviva pero señala que si los padres no están, los niños no tienen con quien platicar, jugar, ni quien supervise sus actividades.

Margarita de Martínez en este momento tiene una preocupación: Está desempleada. El padre de los niños es supervisor de ventas y labora ocho horas. Además de ser madre de Ricardo, lo es de Christina, una niña de 8 años. "La niña está chiquita y ahorita estoy aprovechando que puedo pasar tiempo con ella y controlar un poco el tiempo que Ricardo pasa en el ciber café. Estoy más pendiente de los dos. Me preocupo porque no tengo trabajo, y porque cuando lo tenga ya no voy a poder estar tan pendiente de lo que ellos hacen cuando ninguno de los papás está en casa", comenta.

Emma Posada apuntó además hacia la responsabilidad de las instituciones educativas en el caso. Aunque fue enfática en que los principales responsables son los padres, piensa que la institución educativa, como agente socializador, también tiene un rol que desempeñar.

"Lo ideal sería que las personas que trabajan con niños tuvieran esa habilidad de entrar en contacto emocional, no solo de maestro a alumno, sino que les enseñaran a desarrollar la interacción, la empatía, el gusto por el contacto con los demás. Es importante que les enseñen hasta dónde llegan sus derechos afectivos, que pueden llorar si están tristes, enojarse si algo les molesta; que no solo deben responder y rendir", enfatizó.

Al preguntarle a la maestra Rivera sobre su propio rol en la situación, dijo que intenta hacer llevadero el tiempo que pasa con los niños en clase, de fomentar que jueguen incluso mientras aprenden: "Hacemos juegos durante la clase, como la papa caliente, el sombrero sin cabeza, guiños y muecas, y la silla musical, ese juego donde se va quitando una silla cuando para la música".

Explicó un poco la mecánica: "Cuando jugamos a la papa caliente, se usa una pelotita. Yo tengo una lista de preguntas ya preparada. Se van pasando la pelotita y cuando para la música, le hago la pregunta a quien se queda con la pelota. Si no responde, le toca hacer una penitencia decidida por el grupo. Pueden pedirle que cante, que salte en un pie o cosas así".

La profesora señaló que los tiempos cambian y también lo hacen las dinámicas sociales y el contexto donde se desenvuelven los niños, que el mismo medio es un factor determinante para comprender la forma como crecen y se desarrollan. "Ahora, generalmente los niños ya casi no ven a los papás. Estos ya no tienen tiempo de hablar ni de jugar con ellos. Hoy resulta más difícil sentarse a hablar con los niños, pero para enfrentar este fenómeno se necesita tanto del colegio como de los padres", concluyó.

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