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La diáspora y marionetas políticas
Pensé mucho en lo que ese hombre debe hacer para vencer la barrera del idioma que desconoce, aplicar los pocos conocimientos de la educación que le fue vedada y como me dijo, asegurar un trabajo estable en los sitios de construcción de donde lo habían suspendido unas semanas atrás por falta de suficiente trabajo para todos los empleados. Algo común durante los meses del invierno en esa industria. Es posible que el compatriota continúe realizando esa actividad, deseo que ya no duerma en la calle, que este sano y que le vaya bien; así puede ayudarse y ayudar a sus hijas en ese lugar remoto, adonde ellas ignoran lo que su pobre padre debe hacer para contribuir a su porvenir.
Ilustrar ese episodio de la realidad de ese ciudadano de la diáspora, tiene como propósito reflexionar sobre los motivos por los cuales millones de salvadoreños hemos tenido que sufrir diferentes experiencias penosas y angustiosas en busca del cada día más difícil y comercializado slogan del "sueño americano".
Lunes 12 de noviembre de 2007
Walter Monge-Cruz
waltermonge@comisioncivicademocratica.org
Solitaria y muy fría se encontraba la estación de autobús, esa mañana de invierno a principios de este año; había nevado la noche anterior y las condiciones de las carreteras no eran propicias para conducir. Las calles y aceras estaban cubiertas de una sabana de nieve ya endurecida, los árboles forrados de una capa dura cristalina de hielo, la cual en sus ramas brillaba como diamantes al reflejo de algunos rayos de sol que lograban colarse entre las nubes.
Obligado por las circunstancias climatol ó gicas, ese domingo decidí utilizar el servicio de transporte público de autobús y tren para dirigirme hasta la iglesia en el barrio latino de Washington DC, adonde por destino encontré el camino de reconciliación con Cristo, quien me ha proveído con una familia y de amigos sinceros e invaluables.
Sentí muy placentero el viaje al disfrutar de la comodidad que significa ser pasajero, para dejar mis pensamientos confundirse en el paisaje del cielo gris y pinos matizados por pequeños copos de nieve que a través de las amplias ventanas del tren, hacían ese momento perfecto.
Al hundirse el tren en el oscuro túnel subterráneo para ingresar a Washington DC, el tono familiar de la voz de una persona en la parte trasera del vagón, interrumpió mi aun prolongada vista mental del panorama ya perdido.
La voz era débil y emitía tonos inconfundibles de pena, dolor, enfermedad, necesidad. De una manera muy triste y angustiada solicitaba en español ayuda económica para comer y comprar medicina ya que expresaba estar enfermo. Inicialmente recordé la manera como en mi país es una practica común para muchas personas el hacer este tipo de solicitudes, las cuales muchas veces son falsas, pero son una forma para generar una fuente de ingreso familiar.
Al escuchar esto, no pude contener la curiosidad y dirigí discretamente mi mirada para observarlo, anticipando encontrar a un borracho o a un timador en busca de dinero fácil para seguir bebiendo licor y aprovecharse del buen corazón de otros. Pude observar que la pareja de hispanos le dieron un dólar, el cual él agradeció de una manera que percibí sincera.
Las pocas personas que nos encontrábamos en ese vagón, intercambiamos miradas leves, desconcertantes. Mientras paso a mi lado me preparé para contener el olor a licor que pensé que tendría, mas fue una sorpresa descubrir que estaba sobrio. En unos momentos el compatriota de una edad alrededor de 60 años se acurrucó a un costado mío, lo cual me produjo observarlo detenidamente; sus manos, su cara y su ropa estaban sucias, demostraban que había dormido en la calle, su tez era pálida y sus ojos rojos ocultaban lagrimas, las cuales se perdían en una mirada desesperada y muy triste.
Bajo la luz blanca del tren y agachado, sujeto al poste de la puerta del vagón, se escondía en la sombra que el gorro sucio de su chaqueta anaranjada le proporcionaba, haciendo impenetrable ese pequeño espacio, el cual temporalmente lo ocultaba en su miseria, con su dolor.
Al compás del silbido que la velocidad del tren produce en ese túnel, junto al estruendo de los rieles, pude darme cuenta que este pobre hombre estaba enfermo y en ese momento viví un sentimiento que es uno de los mas bellos que Dios nos ha dado, y es la compasión por nuestro prójimo. Me acerque a él ante la mirada breve e ingenua de más de una docena de personas (blancos, negros, indios y chinos) de quienes percibí un hielo peor que el de la temperatura en ese vagón de tren.
Recordé episodios de mi propia lucha, coloqué en su mano cien dólares y le pedí que comprara comida, una chaqueta más gruesa y medicina. Le di una tarjetita de la Iglesia que contenía capítulos bíblicos y le sugerí que reforzara su Fe en Cristo. Su voz quebrantada y su mirada cristalina por lágrimas, me dieron las gracias, mas le dije que agradezca a Dios quien es el dueño de todo.
Obedeciendo mi súplica a levantarse de esa esquina y sujetando mi brazo le ayudé a sentarlo a mi lado, me confirmó ser originario de la ciudad de Anamorós, La Unión; los chillidos de los frenos del tren anunciaron la llegada a la estación; con pasos lentos debido a laceraciones en su cuerpo, debido a dormir a la intemperie bajo esas temperaturas tan bajas, me dio la espalda y continuo con su destino perdiéndose entre la gente de la estación.
Continué viéndolo mientras el tren partía y pensé mucho en lo que ese hombre debe hacer para vencer la barrera del idioma que desconoce, aplicar los pocos conocimientos de la educación que le fue vedada y como me dijo, asegurar un trabajo estable en los sitios de construcción de donde lo habían suspendido unas semanas atrás por falta de suficiente trabajo para todos los empleados. Algo común durante los meses del invierno en esa industria. Es posible que el compatriota continua realizando esa actividad, deseo que ya no duerma en la calle, que este sano y que le vaya bien; así puede ayudarse y ayudar a sus hijas en ese lugar remoto, adonde ellas ignoran lo que su pobre padre debe hacer para contribuir a su porvenir.
Ilustrar ese episodio de la realidad de ese ciudadano de la diáspora, tiene como propósito reflexionar sobre los motivos por los cuales millones de salvadoreños hemos tenido que sufrir diferentes experiencias penosas y angustiosas en busca del cada día más difícil y comercializado slogan del "sueño americano".
Obstinadamente, continuamos día a día sin darnos por vencidos, trabajando para alcanzar esa meta, procurando también contribuir al desarrollo de nuestra nación de origen; para la cual somos de vital importancia y ahora durante la prematura campaña política para la presidencia de la República, sus representantes nos han empezado a repetir los nombres de héroes de la patria, hijos meritísimos, hermanos cercanos.
Algunas personas consideramos la actitud de estos representantes políticos como cínica e hipócrita, debido a la experiencia de las elecciones presidenciales pasadas, en las cuales se nos vino con compromisos de diferentes iniciativas para darnos identidad comercial e incidencia política en el rumbo del país, así como también, mejorar las condiciones migratorias del significativo grupo indocumentado o temporalmente protegido en este país.
Los resultados de tales compromisos han sido cosméticos y prácticamente un engaño a la diáspora; lo cual no es de extrañar, debido a las personalidades amorales de la mayoría de los polítiqueros salvadoreños, quienes estos pasados cuatro años nos han negado la identidad e incidencia prometida, así como, realizaron un esfuerzo mediocre para mediar en el esfuerzo migratorio.
Obtener cambios sustanciales en la actitud de nuevos líderes políticos como el Lic. Mauricio Funes y el Ing. Arturo Zablah, para materializar dichos compromisos, puede ser viable, debido a la naturaleza política de ambos, quienes no han sido parte del nefasto círculo de poder político que ha fomentado la calamitosa nación que actualmente es El Salvador, para el campesino, el empleado, el profesional, el pequeño y mediano empresario.
Considerando el potencial de estos dos líderes políticos, que surgen de la necesidad de cambio que impera en la sociedad salvadoreña, debido a la ineficiencia administrativa de dos décadas de gobierno clasista, sin sentido social y corrupto; los salvadoreños en el exterior tenemos la oportunidad de enviar un mensaje firme sobre lo que deseamos que sea nuestro país.
A pesar de que se nos aísla inconstitucionalmente de las urnas electorales al no permitirnos votar, tenemos la capacidad de influenciar en el voto de nuestros familiares en la República e incidir indirectamente en los resultados de las próximas elecciones generales del 2009.
Somos indiscutiblemente un grupo atractivo para ambos líderes políticos, sobretodo por el poder organizativo y económico con el que podemos apoyar sus recién iniciadas campañas políticas. Ambos líderes han iniciado contactos con grupos afines a sus propuestas políticas en Estados Unidos con ese fin, aunque sutilmente uno de ellos diga que no es así.
Opositores al partido oficial han expresado mucho optimismo a la candidatura del Lic. Mauricio Funes, aunque, en un muy promovido evento, en un prestigioso auditorio con capacidad para mil personas en Los Ángeles, apenas cien personas asistieron a escucharlo
El Ing. Arturo Zablah visito la ciudad esta semana promoviendo su propuesta política llamada "Alianza por el Cambio", iniciando así su contacto con políticos importantes de este país y la diáspora.
La realidad de la diáspora hace cuatro años fue aprovechada por políticos cínicos, quienes nos sedujeron con sus apretones de mano y sus palabras de gratitud a nuestro esfuerzo patriota por la nación cuscatleca; tomaron nuestro dinero, luego nos mintieron y se olvidaron de nuestras necesidades, para resumir sus roles históricos de marionetas políticas de grupos de poder elitistas en El Salvador, así como, clasistas en Venezuela.
Objetar firmemente a esta conducta pasada es nuestro derecho, así los nuevos lideres políticos podrán entender que es imprescindible cumplir con lo que se nos promete. El FMLN ya fallo, y nuestro mensaje debería ser de no apoyarlos en esta oportunidad. Sin importar la novedad y el carisma del candidato presidencial, especialmente cuando como compañero de formula tiene a alguien quien nos prometió abiertamente el voto en exterior y desde su puesto de liderazgo en la asamblea legislativa hizo nada para lograrlo.
Cuando les demostremos que somos un pueblo educado en la democracia que este país nos enseña y que influenciaremos en el destino de una institución política mentirosa y corrupta, entonces obtendremos el respeto que nos merecemos e iniciaremos el cambio que el país necesita. Mauricio Funes, es una figura que merece todo el beneficio de la duda, pero no debe otorgársele nada de parte nuestra sin antes de que el demuestre que nos es una marioneta política del partido comunista y mucho menos de Hugo Chávez.
Este día amanecemos con las imágenes de un estadio abarrotado, en el cual se ratifica una formula presidencial que podría dirigir el destino del país en la transición de la nueva época.
Ante la posibilidad de que nuestro país pueda ser gobernado por un partido diferente al oficial, es nuestro deber como ciudadanos el tomar la mejor decisión entre ambos lideres y elegir a quien puede tomar la responsabilidad genuina de cambiar el futuro de personas como el compatriota de Anamoros y muchos otros quienes cada día emprenden el camino que ciudadanos como yo iniciamos hace ya muchos años.
Nuestra patria es responsabilidad de todos sus ciudadanos, indiferentemente del lugar adonde residamos, ayudar a un compatriota en el frió de una mañana de invierno es una responsabilidad ciudadana y un gesto de hermandad.
Ofrecer una patria democrática, libre, segura, en desarrollo, que ofrezca el "sueño americano" dentro de sus fronteras es el deber del ciudadano electo por el pueblo, para servir al pueblo exclusivamente de manera honesta y ejemplar bajo el título de Presidente de la República. Un gran honor y privilegio.
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