El cura no sospechaba que este niño travieso se convertiría en uno de los más grandes escultores que ha visto El Salvador, ganador del Premio Nacional de Cultura, el pasado 5 de noviembre. "Me sentí muy emocionado cuando lo recibí, al grado de que cuando iba a empezar a hablar, se me trabó la lengua y le cambié de nombre al presidente de la república y al de Concultura. A Federico le dije presidente y al presidente le dije Federico . Pero ligerito me emparejé y pude hablar bien", dijo el escultor de 85 años.
Los caballos, la ciudad y las mujeres
Salaverría nació el 2 de enero de 1922, en Juayúa, Sonsonate. Su infancia fue entretenida: gozó de paseos a caballo, de las amistades y las aventuras de niño. "Mi infancia fue muy alegre. En Juayúa, tenía un caballito y todos los días lo montaba y me iba para Apaneca, donde teníamos un beneficio de café. Ahí tenía otro caballo que me esperaba para que me subiera en él y me fuera rumbo a Ahuachapán, a visitar a mis amigos", contó. Apaneca sería, años después, la tierra que vería el último proyecto arquitectónico de Salaverría: Las Cabañas Apaneca, construidas en 1991.
El levantamiento campesino de 1932 fue un factor determinante para que los Salaverría se mudaran a San Salvador. Ya en la capital, el joven Enrique estudió en el Liceo Salvadoreño, pero obtuvo su título de bachiller en Ciencias y Letras en el colegio García Flamenco, 10 años después de haber llegado a la capital.
En sus tiempos de colegial encontró a quienes serían hasta ahora sus más grandes musas: las mujeres. "Cuando tenía 14 o 15 años, tenía una novia muy bonita y simpática a la que le gustaba bailar. Cuando bailábamos juntos, aprovechaba para tocarla. Y así, palpando por todas partes, empecé a sentir la forma y a tratar de reproducirla. Empecé reproduciendo las formas que yo sentía. En la escultura importa más el tacto que la vista", manifestó.
El escultor
Ese mismo año, 1942, el bachiller partió a México. Estudió arquitectura en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y escultura en la Academia San Carlos, de la misma universidad. "Ahí se estudiaba pintura, grabado, dibujo, escultura, de todo", explicó. Para él, la academia era un refugio donde podía hacer lo que amaba: escultura.
Regresó a El Salvador en 1950. "Hice muy pocas cosas en México, pero al llegar aquí me puse a trabajar", aclaró. Mientras ponía su empeño en la escultura, también comenzó a trabajar como arquitecto en la Dirección de Urbanismo y Arquitectura del Ministerio de Obras Públicas (MOP), donde permaneció un año.
En 1953 obtuvo el Premio Nacional de Guatemala, gracias a Mujer con naranja , que es hasta hoy su escultura favorita, junto con Cabeza de Francisco Gavidia , esculpida en hierro soldado, en 1966. Son sus predilectas porque que "son las mejores escultóricamente", según él. Sin embargo, Salaverría ama todas sus obras, dice que "todas se parecen" y que no reflejan otra cosa más que su amor por la escultura: "Todas las artes tienen un fondo: el amor y la imaginación".
La arquitectura: el apoyo
Enrique Salaverría fundó en 1956, junto a otros arquitectos, la Escuela de Arquitectura de la Universidad de El Salvador (UES), donde también se desempeñó como docente de Diseño de Forma, en la Facultad de Ingeniería y Arquitectura. "La experiencia fue interesante, pero fue un fracaso. Los muchachos no querían estudiar, sino que les dieran un cartón que dijera que eran arquitectos. Hacían muchas trampas, no hacían las tareas, no asistían a clases. Todavía sigue igual", aseguró. Así que solo pasó un año para que abandonara las cátedras en la UES y fungiera como máxima autoridad de la Dirección General de Bellas Artes.
Ese mismo año, diseñó la primera vivienda prefabricada en El Salvador, de las que hoy la ciudad de Acajutla cuenta más de 100. Además abrió la empresa Maistro Prefa, que estuvo vigente durante veinte años.
La arquitectura le ayudó a sostenerse como escultor en un país donde no existe mercado para la escultura, como ya ha afirmado en pasadas ocasiones. "Aquí no hay mercado para la escultura y prácticamente no hay escultura. Hay que hacerle la lucha de otros modos para poder vivir. Yo la hice, en parte, porque era arquitecto, y por mi afición a la mecánica. Me fui a Australia a diseñar maquinaria y estando allá hice escultura. Maistro Prefa también me dio bastante qué hacer. Hice muchas casas", afirmó.
En busca de la escultura
En 1970 inició un viaje alrededor del mundo. Enrique Salaverría viajó a Estados Unidos, Taiwán, Nueva Zelanda, Australia, entre otros países. "Me gusta viajar, ver lo que hacen en otros países. Si estaba aquí y de repente veía en una revista de National Geografic algo que me interesaba, compraba el ticket y me iba. Viajé de un país a otro durante 10 años. Buscaba la escultura: la de los mayas, los quichés, los incas, las obras de los egipcios. Las esculturas y los grabados de Egipto fueron los que más me marcaron", aseveró el escultor.
La obra de Salaverría rompió cánones y esquemas establecidos, como él mismo lo dice: "Los pocos escultores que había antes se dedicaban a hacer retratos y piezas clásicas. Yo rompí con el clasicismo e hice formas cortadas de planos en la escultura y en la arquitectura".
Aunque la escultora salvadoreña Titi Escalante ha dicho que él es "el único que creyó en la escultura cuando nadie lo hizo", el artista piensa que hubo otros, como Valentín Estrada, que también lo hicieron. Asegura que nunca dejó de creer en este arte: "Me hubiera muerto", expresó.
Este innovador en la escultura y la arquitectura piensa que estas dos disciplinas nunca se fusionaron en su trabajo: "Siempre estuvieron completamente aparte, porque una cosa es construir para vivir y otra, hacer obras por gozarlas. Ambas (la arquitectura y la escultura) son interesantes. La arquitectura tiene el sentido de uso y la escultura es solo para verla".
Renacer de las cenizas
Novo Apart Hotel es una propiedad de 26 habitaciones que construyó en 1979. Se incendió diez años después. El fuego destruyó varias esculturas, bronces, investigaciones, fotos y dibujos del escultor. Hoy el hotel sigue en pie.
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Reconocimientos importantes:
- Premio Nacional de Guatemala (1953). - Mención honorífica del Concurso Centroamericano de Cerámica, celebrado en Costa Rica (1990).
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Premio Notables del Siglo XX, en la rama de escultura (2000). Premio Valor Cultural (2003).
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Premio de Escultura otorgado por el Centro Cultural Salvadoreño.
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Premio Nacional de Cultura (2007).
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Luego de realizar su última obra como arquitecto, Las Cabañas de Apaneca, (1991) comenzó una etapa de producción intensa en 1995.Ya en 1990 había comenzado la línea de producción que hasta hoy continúa: la serie de Torsos , llena de formas y desnudos femeninos: "Ya casi solo hago mujeres. Para mí, la mujer es la forma más bella que hizo Dios. La hizo perfecta", señaló.
En este periodo, el escultor participó en varias exposiciones colectivas en el país y celebró su exposición individual 50 años de escultura , en la Galería Estudio , en 1997. Dos años después, inauguró su Museo de la Escultura.
Hasta la fecha, el artista se queja de la poca afluencia de visitantes del museo: "Es un fracaso, no viene nadie. De repente viene uno que otro, pero no tiene público. Deberían venir de los colegios y de las universidades, pero no les interesa, no quieren venir a ver la escultura". Desde un inicio, Salaverría ha sostenido el museo con fondos propios.
Para él, Retrospectiva de un escultor , exposición que reúne más de 20 obras de su autoría "es la demostración de que alguien trabajó, de que se dedicó a la profesión y de que ha hecho cosas". La exposición abrió el pasado 31 de Octubre en la Sala Nacional de Exposiciones del Parque Cuscatlán.
Este artista de larga trayectoria tiene un consejo para un joven escultor: "Que estudie, que dedique el día entero a trabajar". Piensa que el país lo necesita porque el estado de la escultura nacional debe cambiar para mejorar. "La escultura nacional debe cambiar. Está muy mal. Lo que más debe cambiar es el estudio, la dedicación", concluyó.