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Entrega especial
El general Orlando Zepeda
relata la ofensiva guerrillera de 1989



Centroamérica 21 ha publicado en ediciones anteriores entregas especiales sobre aquella ofensiva insurgente, el relato del Comandante Claudio Armijo y del capitán Herad Von Santos. Por primera vez uno de los máximos jefes de las Fuerzas Armadas en aquello momentos, el general Orlando Zepeda, narra en detalle la evolución de la batalla en su libro “Perfiles de la guerra en El Salvador”, de próxima aparición. He aquí un adelanto.


Lunes 12 de noviembre de 2007
Redacción
redaccion@centroamerica21.com

El 11 de noviembre de 1989, aproximadamente a las 22 horas, comenzaron a reportarse enfrentamientos en la zona de Soyapango. Previo a estos choques, algunas de nuestras unidades habían avistado y reportado movimientos enemigos en casi todos los alrededores de la ciudad capital. Los choques armados se empezaron a graficar en las cartas de operaciones que para el efecto se llevaban en el Centro de Operaciones Tácticas del Estado Mayor Conjunto.

Aparentemente, en este primer periodo de ataques, la guerrilla buscaba tomarse las instalaciones de la Fuerza Aérea. Durante toda la noche del día 11 al 12 de noviembre los combates en Soyapango se incrementaron. En San Salvador, varias columnas de guerrilleros atacaron la colonia Manuel José Arce, lugar donde residía la mayoría de comandantes de importantes unidades militares de la Fuerza Armada. Esa misma noche fueron atacadas las residencias privadas del presidente Alfredo Félix Cristiani, del vice presidente Francisco Merino, y del presidente del Congreso Nacional, Roberto Angulo, así como las residencias de ministros y funcionarios importantes de gobierno.

Los combates continuaron durante los días domingo 12, lunes 13, y martes 14. Ya para esa fecha se tenía un dispositivo propio defendiendo la ciudad capital. Los terrorista se habían apoderado de la zona norte de San Salvador, pues su presencia combativa era sentida a lo largo de las poblaciones de Apopa, Ayutuxtepeque, Zacamil, Mejicanos, Cuscatancingo, Ciudad Delgado y Soyapango. Se habían infiltrado en las colonias rompiendo las paredes de las casas para lograr comunicación, utilizaron las propiedades privadas de los pobladores de la zona para parapetarse y lograr forzar a la población a prestarles apoyo.

A nivel nacional fueron atacadas fuertemente las ciudades de San Miguel, Gotera, Usulután, Zacatecoluca, Santa Ana, San Vicente, y casi todas las guarniciones de la república. Pero los esfuerzos principales se centraron en la ciudad capital, San Miguel, Gotera y Zacatecoluca.

El día 13 de noviembre, en base al artículo 29 de la Constitución, se proclamó el Estado de Excepción y el toque de queda desde las 18 hasta las 06 horas. En esta primera fase, dentro del contexto de la ofensiva general, en el esquema de maniobra detectado al enemigo, se pretendía inmovilizar a la Fuerza Armada en sus guarniciones y en sus posiciones defensivas, y quebrar la capacidad estratégica de mando y conducción de la nación, eliminando, al presidente de la república, al vicepresidente, al presidente de la Asamblea Legislativa y a todos los miembros del alto mando militar. Tales objetivos no se cumplieron.

El segundo momento: la insurrección fallida


La Segunda Fase de la ofensiva consistía en paralizar por completo la gran ciudad mediante el establecimiento de barreras con ladrillos y otros obstáculos, destruir y paralizar mediante ataques a los servicios vitales como los centros de comunicaciones de ANTEL, las oficinas de ANDA con sus tanques de agua, los edificios del Centro de Gobierno, las subestaciones de energía eléctrica, las terminales de autobuses, y destruir todos los vehículos de transporte colectivo, atacar las Defensas Civiles y todos los Puestos de la Policía Nacional, Policía de Hacienda y Guardia Nacional, dentro de la zona metropolitana, continuando el amarramiento de las unidades de la Fuerza Armada en la defensa de tales objetivos.

Para el día martes 14 de noviembre, el esquema enemigo se presentaba muy peligroso, pues los guerrilleros habían ocupado casi toda la zona norte de la ciudad capital: Zacamil, Ayutuxtepeque, Mejicanos, Cuscatancingo. La zona general de Ciudad Delgado estaba bajo seria amenaza, la agrupación del batallón Atlacatl y las unidades de la Primera brigada habían tenido serios enfrentamientos sin haber podido neutralizar a las unidades guerrilleras de esa zona. En Soyapango, la población se encontraba desesperada, especialmente en las colonias sub urbanas ubicadas en las estribaciones del cerro San Jacinto y San Marcos, específicamente en la colonia Santa Marta, en donde los guerrilleros establecieron un puesto de mando; en ciertos momentos la carretera panamericana, en el tramo que corresponde al bulevar del Ejercito, estaba cortada por las barricadas establecidas por los guerrilleros.

La población civil del todas estos lugares había comenzado a abandonar sus hogares, buscando refugio en aquellas zonas más seguras y mejor protegidas por la unidades de la Fuerza Armada. Esta situación en cierta forma vino a mejorar la operatividad de nuestras unidades, pues ya no teníamos mayor restricción para emplear todas nuestras armas de ataque debido a lo peligroso que resulta para la población civil, que no tiene participación en ningún bando. El cuidado de no herir a civiles, de no dañar sus bienes, sus pertenencias y sus propiedades fue maximizado, y se les dieron instrucciones precisas a todos los soldados al respecto. Este factor es característico y dificulta mucho los combates en localidades, ya que restringe grandemente el empleo de nuestras armas, tales como la artillería y la fuerza aérea. Debido a eso los guerrilleros permanecieron muchos días en las casas y edificios de las zonas urbanas.

En un edificio multifamiliar de la colonia Zacamil, que había sido reforzado con anterioridad con concreto y sacos de arena, la guerrilla estableció un puesto de combate que nos ofreció gran resistencia. Tuvimos que emplear cohetes tipo LOW de 66mm con granadas penetrantes y granadas de fusil M203 para desalojarlos de dicha posición, obviamente en ese edificio ya no había población civil.

En el esquema de combate enemigo se contemplaba repartir a la población armas, municiones, granadas de mano, cócteles molotov y todo tipo de artefacto combativo, para que en esa etapa, y obedeciendo el llamado a la insurrección popular, se les incorporara a la lucha. Esta etapa es la que los teóricos revolucionarios definen como “Pueblo en Armas” y sucede cuando las condiciones de violencia combativa llega a su máxima expresión y el pueblo, la masa enardecida, se lanza en contra la fuerzas del gobierno.

La dirigencia del FMLN, a través de Radio Venceremos y otros medios de comunicación hizo, en repetidas ocasiones, llamados al pueblo para que se insurreccionara y se incorporara a la lucha, pero esto no sucedió. Los analistas cubanos y los estrategas del FMLN se equivocaron otra vez: el pueblo Salvadoreño les dio la espalda pues no hubo tal insurrección ni incorporación masiva; por el contrario, la población abandonó las zonas de peligro y los lugares donde la guerrilla se estableció.

El Ejercito Miliciano, que viene a ser una parte de la población civil organizada y comprometida con la guerrilla, no operó en esta ofensiva sencillamente porque no existía, tampoco funcionó el paro nacional impulsado por los trabajadores, ni los sabotajes que la dirigencia terrorista había planificado para paralizar las actividades de la ciudad capital. El gobierno nacional y todas las instituciones continuaron funcionando. La empresa privada no abandonó sus fábricas y la actividad comercial, mercantil y de servicios continuó impulsando la economía nacional, con dificultades, pero siguió cumpliendo con sus funciones. Los trabajadores de las fábricas del gran San Salvador, que en otro tiempo habían sido simpatizantes del FMLN, no apoyaron ni respondieron al llamado de incorporación.

Por otro lado, la línea de infiltración en el Ejercito, que los estrategas marxistas habían pregonado, estaba en pañales, los soldados y oficiales que supuestamente estaban indoctrinados y a favor de la teoría marxista, no respondieron, pues no hubo insurrección en ningún cuartel tal como lo habían planificado en su esquema de maniobra estratégico; los soldados nunca abandonaron las filas del ejército, nunca traicionaron a su patria; por el contrario, pelearon con mayor coraje, con mayor valentía y espirito de combate defendiendo palmo a palmo cada posición, cada objetivo que les señalaba.

La defensa de San Salvador, San Miguel, Zacatecoluca, Usulután y de todas las posiciones atacadas durante esa ofensiva, quizás fue la gesta más heroica de parte de nuestro ejército nacional durante la historia contemporánea de nuestra querida patria.

El asesinato de los padres Jesuitas


Durante las últimas horas de luz del día 15 de noviembre, el Estado Mayor Conjunto, dirigido por el General René Emilio Ponce, convocó a todos los comandantes que estaban operando en la defensa de la ciudad capital, a una reunión de emergencia para tomar nuevas medidas de carácter más ofensivo con el propósito de desalojar a los terroristas de sus posiciones dentro de la zona Metropolitana.

Este tipo de reuniones son frecuentes dentro del proceso de conducción de una operación militar, y tienen el propósito principal de analizar el desarrollo de la situación, para llevar a cabo variantes y ajustes dentro del dispositivo combativo, para impartir nuevas órdenes y escuchar las recomendaciones de los comandantes de las unidades operativas.

A dicha reunión asistieron también los miembros del Alto Mando militar. Cada comandante expuso brevemente la situación de sus unidades, los problemas que estaban teniendo, hicieron recomendaciones y observaciones relacionadas con su unidad. El jefe del Estado Mayor Conjunto dio instrucciones precisas para que dentro de cada sector asignado, cada comandante empleara la mayor fuerza posible para desalojar al enemigo, atacando sus puestos de mando, que para esa fecha ya habían sido ubicados, eran los objetivos inmediatos para esa nueva fase ofensiva de parte de nuestras fuerzas; el momento de iniciarla era las 24 horas de ese día 15, o sea la 00 horas del 16; todos los soldados deberían dentro de lo posible, proteger a la población civil, evitando las muertes de los civiles que en su inmensa mayoría ya habían abandonado las zonas de peligro.

Esta reunión fue importante pues se logró impulsar, a través de las nuevas órdenes, nuevas medidas de carácter ofensivo tendientes a desalojar al enemigo de las posiciones dentro de la ciudad capital. Las noticias que difundían los medios de comunicación estaban desmoralizando a la población civil, algunos noticieros extranjeros difundieron la noticia que el gobierno de El Salvador estaba a punto de caer, hasta se mencionó un gobierno de transición integrado por algunos conocidos políticos.

Esa tarde del 15 de noviembre, el panorama general de la guerra se presentaba bastante sombrío. En San Miguel nos habían derribado un avión A-37 aparentemente con un misil tierra aire SAM 14. La ciudad continuaba sitiada y en constante asedio; en Morazán, los guerrilleros continuaban queriendo tomarse la pista de aterrizaje que se ubica a 3 kilómetros al norte de la población; los ataques de hostigamiento a la ciudades de Usulután, Zacatecoluca, San Vicente y Santa Ana, continuaban, sin embargo ninguna posición importante de la Fuerza Armada había sido tomada por la guerrilla, a excepción del puesto de la Policía Nacional en Cuscatancingo.

En la reunión se dieron instrucciones precisas a través del Jefe del EMC, de emplear toda la fuerza posible para desalojar al enemigo, con excepción de los aviones A-37 y las piezas de Artillería de 105 mm. Los comandantes de las unidades comenzaron a dar instrucciones a sus mandos medios para dar cumplimiento a tales disposiciones. Un Comandante, al final de la reunión, elevó una oración muy emotiva pidiéndole a Dios por el éxito de las operaciones.

En ningún momento se mencionó en la reunión nombres de personas, ni mucho menos los nombres de los padres Jesuitas, quienes desgraciadamente esa misma noche fueron asesinados. Ese hecho ensombreció nuestra labor patriótica de defensa de nuestra patria, fue un grave error que tendió un manto negro a nuestro monumento construido con inmenso sacrificio, con sangre de muchos compatriotas, pues manchó injustamente el honor de muchos soldados que llevamos muy en alto la dignidad, la valentía y el orgullo de ser soldado miembro de la Fuerza Armada.

Dentro del marco de la guerra, en el momento más álgido del combate, en medio de una ofensiva de carácter estratégico lanzada por el enemigo, se comete este delito que tiene carácter político, conexo con delito común. Toda causa tiene su efecto consecuente, la guerra es sinónimo de violencia, la guerra en un castigo para vencedores y vencidos, evitemos la guerra construyamos la paz, debemos repudiar el mal que anida en las personas, pero no a ellas, porque muchas son simples instrumentos de sus temores, pasiones y creencias.

El capitulo oscuro de la muerte de los padres jesuitas en la UCA, puso a la Fuerza Armada al borde de la derrota, alrededor de este caso se han hecho muchas investigaciones parcializadas de tipo jurídico; periodistas e investigadores profesionales de los Estados Unidos, de Inglaterra, de España y de muchos otros países hicieron lo propio por investigar, se han hecho muchas acusaciones inconsecuentes, pero la historia hará sabia justicia a quienes fueron los responsables directos de tales hechos. Los padres Jesuitas fueron víctimas de la vorágine guerrerista, el papel de la religión en esta clase de conflictos debe ser conciliatorio, mediador.

Toma y recuperación del Hotel Sheraton


A partir del día 16 de noviembre las acciones de guerrilla en la ciudad capital empezaron a decrecer. Estaban perdiendo las posiciones especialmente en la zona norte; sin embargo la guerra política tomo mayor importancia debido a la muerte de los padres Jesuitas en la UCA. Los Estados Unidos exigían al gobierno una investigación a fondo y se formó una comisión bipartidista de congresistas norteamericanos. La Compañía de Jesús estaba moviendo todas sus teclas a nivel mundial para presionar al gobierno. Por nuestra parte considerábamos que tales hechos solo beneficiaban al FMLN, por lo tanto creíamos al principio que los grupos más radicales de la izquierda podrían haber cometido el asesinato de los padres Jesuitas.

Al perder las posiciones en la ciudad capital, el enemigo optó por realizar incursiones y hostigamientos esporádicos al interior de la misma, especialmente a las colonias residenciales de la Escalón y San Benito, a las que consideraban residencia de las familias oligárquicas de nuestro país, en donde los rigores de la guerra no se habían sentido. Continuaban siendo objetivos las residencias del presidente Cristiani, del vice presidente Francisco Merino y del presidente de la Asamblea Legislativa, Roberto Angulo.

Para el día 20 de noviembre de 1989 se había programado una reunión de ocho cancilleres de la Organización de Estados Americanos en San Salvador, a celebrarse en las instalaciones del Hotel Sheraton, a la cual asistirían entre otros los cancilleres de Brasil, Argentina, Chile, Venezuela, Ecuador, encabezados por el Secretario General Joao Baena Soares.

A partir de las 01 horas del día 21 de noviembre, el FMLN inició movimientos nocturnos, con el propósito de establecer un cerco doble alrededor del hotel Sheraton. Nuestras unidades, que custodiaban el Consejo Central de Elecciones, ubicadas en las cercanías del hotel, fueron objeto de ataques y hostigamientos desde esa hora. El hotel estaba protegido por unidades de la Guardia Nacional dentro del mismo y en la periferia. Las edificaciones constan de dos torres, una principal de seis pisos y una torre nueva llamada VIP, en la cual se alojaban algunos personeros del cuerpo de seguridad de los funcionarios de los Estados Unidos que habían alquilado el tercer nivel de la torre VIP.

Esta operación dirigida hacia el hotel llevaba la misión de capturar y hacer rehenes a los miembros de la delegación de la OEA, para forzar al gobierno a negociar una solución al conflicto, instaurando un gobierno provisional.

Los combates entre la guerrilla y las unidades que el Estado Mayor envió en refuerzo se hacían cada vez más intensos; se nos informó que la seguridad que cuidaba la entrada al hotel había sido eliminada. Sin embargo varios agentes oponían fiera resistencia en la entrada a los ascensores y las gradas que llevan a los cuartos de las habitaciones de la torre principal.

En la torre VIP se logró tomar contacto con un elemento nuestro que custodiaba dicho edificio; los guerrilleros llegaron hasta el tercer nivel, uno de ellos pidió hablar con el jefe de los elementos norteamericanos, quiso intimidarlos de que la guerra la tenían ganada pues tenían prisionero al Secretario General de la OEA, y que la caída del gobierno de Cristiani era cuestión de días, que se rindieran de inmediato y que les iban a perdonar sus vidas. La respuesta del representante de los Boinas Verdes fue enérgica, pidió que se retiraran del lugar, que no intentaran atacar a ningún miembro de las fuerzas norteamericanas.

Un grupo de la fuerza estratégica de los Estados Unidos, Fuerza Delta, estaba llegando al territorio Salvadoreño y no estaban dispuestos a permitir que ningún ciudadano de Norteamérica fuera objeto de ataques por parte de la guerrilla, ellos estaban fuera del conflicto salvadoreño, dicha fuerza norteamericana no tuvo ningún contacto bélico con las fuerzas guerrilleras.

Con todas las informaciones obtenidas a través de teléfono y radio enviadas por nuestras unidades y por numerosas personas civiles vecinos, el EMC logró determinar con exactitud el dispositivo del enemigo, se planificó la operación de rescate de los embajadores que estaban en el tercer nivel de edificio de la torre principal antigua; un gerente del Hotel consiguió los planos de las construcciones, varias unidades del ejército se enviaron en los cuatro rumbos con el objeto de establecer un cerco mayor a las unidades terroristas, para lo cual se emplearon los carros blindados del Regimiento de Caballería, y varias unidades de Fuerzas Especiales harían un desembarco aéreo en las terrazas de ambos edificios.

La hora cero para tal desembarco se determino para las 09 horas. Dos grupos de Operaciones Especiales en dos helicópteros UH-1H, apoyados con tres Helicópteros Hueghes-500 artillados con mini-gun, y dos avionetas Cessna Push-and-Pull equipadas con rocket aire-tierra, apoyarían la maniobra. Se selecciono a uno de nuestros mejores oficiales de pseudónimo “Chileno”, como jefe de la delicada y difícil misión de rescate de los cancilleres.

Simultáneamente nuestras unidades en tierra atacarían al enemigo en todas direcciones. El ataque principal se determinó siguiendo el eje general de la 87ª y la 89ª Avenida norte, partiendo desde la calle del Paseo General Escalón, rompiendo las defensas enemigas, penetrando al hotel hasta alcanzar el Lobby del mismo y evacuar a los cancilleres.

Durante sesenta segundos todas las unidades, tanto aéreas como terrestres, mantendrían bajo fuego intenso y permanente al enemigo, para cubrir y permitir el desembarco de las Fuerzas Especiales en las terrazas de ambos edificios del Hotel Sheraton. Esta operación no tenía precedentes en la guerra, los valientes oficiales y los demás soldados arriesgaron su propia vida. El helicóptero que tenía que realizar el desembarco en la torre VIP fue alcanzado por el fuego enemigo, hubo heridos en el personal y tuvo que abandonar la misión.

Sin embargo la otra nave pudo realizar el desembarco empleando cuerdas de deslizamiento; un soldado salió herido, los dos helicópteros UH1M lograron regresar a la base de Ilopango, un oficial y cinco especialistas lograron desembarcar en la terraza tal como se había previsto, descendieron por las escalinatas del hotel rompiendo puertas hasta llegar al tercer nivel, en cuyos cuartos se alojaban los ocho funcionarios de la OEA. Simultáneamente dos unidades blindadas habían alcanzado el Lobby del Hotel, se logro la evacuación de los funcionarios ilesos.

Ellos fueron llevados a las instalaciones del EMC donde se les brindó atención médica. Los embajadores no podían creer lo que estaba pasando ni cómo había sido la forma de su rescate del hotel. Hubo una conferencia de Prensa en donde asistieron numerosos periodistas de todo el mundo, se les explicó en forma general algunos detalles de la operación de rescate, que quizás fue la más peligrosa y la más delicada de las que se hicieron a lo largo de todo el conflicto salvadoreño.

El héroe anónimo de esa operación fue el capitán Alfonso Chávez García, cuyo nombre de combate era Chileno, en honor a que fue graduado en la República de Chile, en la escuela de Carabineros de ese país. Rendimos especial reconocimiento a ese valiente oficial, quien murió en una cobarde emboscada en los alrededores de la ciudad capital. Los embajadores de la OEA, no tenían forma de cómo agradecer al oficial salvadoreño su esfuerzo y valentía demostrados durante la operación de rescate, una camiseta que portaba el oficial fue firmada por los funcionarios, en donde expresaron algunas palabras de agradecimiento. Él murió como mueren los valientes, combatiendo a un enemigo traicionero que se escuda en la población civil y en la oscuridad de la noche para atacar a sus adversarios.

El desenlace

La ofensiva del FMLN, a partir de esta fallida operación, bajó de intensidad pues los terroristas se replegaron a los alrededores de la ciudad capital y a la periferia de las colonias residenciales de la Escalón y San Benito. Los hostigamientos con morteros y granadas artesanales fueron muy frecuentes en este periodo tratando de causar pánico a la población civil; los disparos e incursiones contra el Centro de Comando Militar se mantuvieron hasta los últimos días del mes de noviembre, sin causar mayores daños; sin embargo la prensa Internacional desplegaba grandes titulares difundiendo noticias sensacionales, creando la falsa imagen de triunfos de la guerrilla sobre el Ejercito nacional.

El 23 de noviembre los insurgentes lanzaron una ofensiva limitada durante las horas nocturnas, todos los postes de energía eléctrica del bulevar de los próceres y la autopista sur fueron dinamitados; el edificio de la Torre Democracia fue objeto de ataques indiscriminados, los soldados que prestaban la seguridad resistieron dichos ataques, gran parte de la ciudad se quedó sin luz. Pero los combates habían disminuido sustancialmente en San Miguel y otras ciudades. Los primeros días del mes de diciembre, el general Ponce, Jefe del Estado Mayor Conjunto, dio informaciones relativas a las bajas registradas en la ofensiva: 450 soldados muertos y 1,225 heridos en las filas de la Fuerza Armada; por parte del enemigo se habían reportado 1,905 guerrilleros muertos y 1,109 heridos. La Comisión de la Verdad, en su informe final sobre la ofensiva de 1989, reportó similares datos recogidos de la prensa nacional.


Edición anterior:

- La batalla de Zacamil, durante la ofensiva de 1989, narrada por un capitán del Batallón Atlacatl

- La batalla de Zacamil, durante la ofensiva de 1989, narrada por un capitán del Batallón Atlacatl (Segunda entrega)

- La batalla de Zacamil, durante la ofensiva de 1989, narrada por un capitán del Batallón Atlacatl (Tercera y última entrega)

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