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Centroamérica 21 abre un espacio plural en donde los representantes de todos los partidos políticos, sin excepción, podrán expresar libremente su particular punto de vista sobre la realidad nacional. La invitación está hecha por nuestra parte.
Después de la proclamación de la fórmula
Dicen los expertos en psicología
de masas que, después de un gran evento masivo de cualquier
tipo (político, económico, religioso o artístico)
queda una sensación de éxtasis en los concurrentes
que dura varios días.
En el caso de la proclamación de Mauricio Funes y Salvador
Sánchez Cerén como fórmula presidencial,
dada la multitudinaria reunión, su colorido, su música,
su quema de pólvora, el impacto podría tener una
duración mayor. Será un período durante el
cual el sentimiento de victoria se impondrá independientemente
de sus bases reales, y el espíritu de grandiosidad mantendrá
los ánimos de su militancia al máximo de su entusiasmo.
Lunes 19 de noviembre
de 2007
Juan José Martel
redaccion@centroamerica21.com
Este es un período difícil para la
reflexión seria y racional. Donde cuesta ver lo negativo
o las relatividades que tienen todas las cosas y los fenómenos
(especialmente los sociales). Por ello los expertos consideran que
lo mejor es esperar. Dejar que pase un poco de agua bajo el puente
para que las cosas comiencen a aparecer tal y como son.
Por tanto, considero que si bien hay que deslizar algunas reflexiones
en torno al evento del FMLN el pasado domingo, no es el momento
para que su militancia lo pueda digerir. Aun en tiempos normales
cuesta que aceptemos los elementos negativos o críticos de
un hecho o situación (y quizá esto es propio de la
naturaleza humana), mucho menos cuando se está todavía
en el estado de éxtasis posterior a un evento como el de
la referida proclamación.
La derecha ha entrado al enfrentamiento total contra dicho evento,
pero por ahora la militancia efemelenista está blindada por
la emoción. Por ello el blanco de la derecha es el resto
de la población: los que no fueron al evento, los que no
lo vieron por la televisión, o los que al verlo en la televisión
les ha provocado preocupación. Hay algunos puntos que son
sensibles, como el caso del dinero gastado en el evento, que la
derecha usará por ahora.
El acto del Estadio Cuscatlán cuesta mucho dinero. Movieron
decenas de miles de personas en cientos de autobuses. El pago a
los canales de televisión que lo transmitieron. El colorido,
la quema de pólvora. El pago por el lugar, las luces. Esto
es solo una pequeña muestra de las cosas que hay que pagar.
No quisiera continuar con camisetas, gorras banderas, etc. Mejor
llego hasta acá.
Puede parecer exagerado, pero mi cálculo es que pudieron
haber rondado el millón de dólares con el costo del
evento. Una cantidad importante para un arranque de precampaña,
en un país subdesarrollado y pobre como el nuestro.
La derecha lo aprovechará para acusar al FMLN de que ya comenzaron
a llegar los petrodólares de Venezuela. Pero a mi juicio,
el problema de fondo está en otra parte. El punto nodal es
que el Frente ha decidido competir con ARENA en el terreno del derroche.
Esto puede provocar una escalada de dinero como nunca hemos visto
en el país. Es de prever que ARENA en este momento debe estar
pensando en cómo hará para hacer un evento de mayores
proporciones que el FMLN.
Es decir que tendremos una campaña dominada por el derroche
de dinero, en que los contenidos pasarán al segundo plano.
Al final los grandes ganadores son los dueños de los medios
de comunicación, que tendrán saturados sus espacios
de anuncios de los partidos millonarios, las agencias de publicidad
y otras empresas que tendrán jugosos contratos para toda
la utilería electoral.
Qué lejos está la época de la Unión
Nacional Opositora, UNO, en los años setenta del siglo pasado,
cuando las grandes concentraciones costaban unos cuantos colones,
pues la gente asistía espontáneamente a estas. Nadie
viajaba en buses pagados por la UNO. Qué lejos estamos de
la campaña presidencial de 1972, cuando Napoleón Duarte
ganó legítimamente las elecciones, y esa campaña
tuvo un costo total de menos de cien mil Colones salvadoreños
(en esa época el tipo de cambio era 2.50 colones por un dólar).
El trabajo voluntario que se hacía por conciencia política
o social ha sido sustituido por el activista pagado, que por un
salario defiende la bandera de su empleo temporal. El boteo popular,
que servía para la actividad de campaña, ahora se
ha sustituido por las donaciones de pequeños grupos de empresarios
y familias pudientes.
Estoy claro de que los tiempos cambian. No creo que deba hacerse
una campaña al estilo de los años setenta del siglo
pasado. Considero que sería un grave error intentarlo. Pero
tampoco creo que debamos movernos al otro extremo de las cosas.
Hacerlo también conlleva graves riesgos. Quizá el
principal es lo difícil de sacar ventaja significativa a
la derecha, en una batalla con cañonazos de un millón
de dólares cada uno.
Si el Frente llegara a ganar con una base votacional movida por
la fuerza del dinero, estarían ante a un soporte débil
para enfrentar la embestida de la derecha cuando el FMLN sea gobierno.
Simplemente no podrían resistirlo.
Aunque estoy convencido que por hoy estas reflexiones caerán
en saco roto, considero mi deber trasladarlas a la ciudadanía
salvadoreña. No para decir “lo dije yo primero”,
simplemente porque todavía el FMLN está a tiempo de
corregir sus desaciertos a bajo costo. Mas adelante será
difícil pagar los errores y una gran oportunidad se habrá
perdido.
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