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Fue ganador de la Espiga Dorada, poco después se retiró y ahora es entrenador .

Cirilo Errigton:
“Para mí, el béisbol, es una vida entera, es una historia muy larga”


Cirilo Errigton ha brillado durante muchos años en el béisbol salvadoreño. Toda su vida ha estado entre montículos, guantes, bates y bolas. Durante las décadas de los setenta y ochenta fue el terror de los pitcher. Ahora como entrenador, ha formado a muchos beisbolistas destacados.

En Centroamérica 21 decidimos entrevistarlo para que nos cuente su historia, su vida, sus éxitos, sus andanzas y mal andanzas. En el graderiíllo del estadio de béisbol Saturnino Bengoa, nos sentamos a dialogar, antes de un partido que él arbitraria.



Lunes 19 de noviembre de 2007
Teresa Andrade

teresa.andrade@centroamerica21.com

 

Cirilo Errigton tenía a penas unos 12 años cuando miraba a su hermano mayor en los campos de béisbol de su pueblo Mina Rosita, de la costa atlántica de Nicaragua. El hermano de Cirilo era un lanzador muy bueno de aquellas primeras selecciones de su pueblo.

“Un día le dije a mi hermano ‘¿por qué tira esa bola tan dura? por eso es que esos señores no le pegan’. Me gustaba molestarlo mucho, pero un día le dije ‘mire hermano, fíjese que usted es bueno, pero yo voy a ser mejor’ y así fue”, comenta Cirilo.

Y es que Cirilo se convirtió en uno de los talentos del béisbol nicaragüense a corta edad y posteriormente se convertiría en una de las estrellas del diamante salvadoreño. En los setenta y ochenta fue el terror de los pitcher porque siempre les metía un jonrón, de esos inolvidables.

Cirilo Errigton, cuando todavía jugaba en Nicaragua.

Años después de la predicción de su hermano, en uno de sus viajes con la selección de béisbol, tuvo la suerte de encontrárselo y recordó aquella ocasión, en que la inexperiencia de Cirilo, lo había hecho confesar sus aspiraciones. “Yo ya ni me acordaba de lo que él me había dicho y me dijo ‘Te felicito, te acordás que cuando eras cipote me dijiste eso. Bueno, ahora usted es mejor que yo: ha pitchado, ha jugado en diferentes posiciones y yo solamente lanzar pude’”, recuerda Cirilo entre risas.

Efectivamente Cirilo a sus 61 años, de los cuales ha dedicado casi 50 años al béisbol, ha jugado en diferentes equipos de Nicaragua, pero sobre todo en los equipos salvadoreños. Además de haber tenido a docenas de jóvenes a su cargo como entrenador de este deporte.

Nicaragua: la tierra del béisbol

“En Nicaragua los niños nacen con bate, guante y pelotas”, dice Cirilo. Él nació en Bonanza y se crió en Mina Rosita, en la costa atlántica de Nicaragua. Cuenta que por esa zona existían tres colegios que siempre estaban enfrentados en el deporte: “la morada, la católica y la pública”. El jugaba en estos equipos valiéndose de su talento para ganarles a los contrincantes.

Pero, a los doce años recibió el primer golpe de su vida. “Mi viejito se me fue a esa edad y me tocó criarme con mi madrecita. Éramos seis hermanos, así que desde temprana edad me tocó luchar”, comenta. Pero ese dolor no lo venció, comenzó a meterse más en el deporte.

A esa edad, ya pisaba los campos de béisbol jugando con los niños de la zona, en campeonatos colegiales. “Como ese es el deporte número uno en Nicaragua y los profesores nos apoyaban e íbamos a competir contra esas escuelas”, menciona. Esos fueron los comienzos del legendario Cirilo. Poco a poco se fue metiendo en el deporte, “cuando uno siente ya está con las dos patotas metidas hasta adentro”, dice entre risas burlonas.

“Mi familia era muy humilde, pero muy honrada, eso me incentivaba a seguir luchando por lo que quería. Allá uno sale de las escuelas y solo al campo de béisbol a practicar va”, asegura. Y es que en esa zona de Nicaragua, cuenta Cirilo que no existe otro deporte que no sea el béisbol y un poco el básquetbol.

“Yo entrené un poco básquetbol, pero me dijeron que eso molestaba el brazo. Me dio miedo y ya no seguí, así que me quedé con el béisbol”. Para Cirilo no hay un deporte más importante en esa región, por lo que los jóvenes se sienten motivados a practicarlo más. “Allá no existe el fútbol, aquí los niños lo primero que hacen es buscar cómo patear, allá lo primero es agarrar un bate, un guante y lanzar una pelota”, cuenta.

“En Nicaragua  no existe el fútbol, aquí los niños lo primero que hacen es buscar cómo patear, allá lo primero es agarrar un bate, un guante y lanzar la pelota".

El primer jonrón

Cirilo se encontraba en un campeonato de la costa atlántica nicaragüense, en Bluefields. Era el año 1966 y toda Nicaragua se paralizaba por estos campeonatos. Los fanáticos se rebuscaban por oír, a través de la radio, el partido. Mientras sus dos hermanas, Lorlin y Viola sintonizaban la radio, cruzaban los dedos por Cirilo.

El bateador era Cirilo y el lanzador era Emilio Howson, con fama de ser un gran lanzador. Entonces, en aquellos parlantes de Mina Rosa se escuchó un grito al unísono “Jonrón de Cirilo Errigton”, decía el narrador de aquel partido. Ese día se convirtió en toda una fiesta para la costa atlántica de Nicaragua.

Cirilo recibió un telegrama, de suma urgencia de parte de sus hermanas. Aquel muchacho comenzó a imaginarse las peores noticias desde su pueblo. Jamás se imaginó que sus hermanas habían mandado aquel telegrama para felicitarlo.

Este había sido el primer jonrón de Cirilo, que aún recuerda muy mocionado. “Dos años después de haber comenzado a jugar, por fin lo había logrado. Estaba muy feliz, me levantó mucho la moral, más con el detalle de mis hermanas”, comenta.

Pero en la juventud de Cirilo no todo era béisbol, por la misma necesidad de salir adelante tuvo que aprender un oficio. Eso es lo que su madre le había inculcado “No solo del deporte vas a vivir”, le decía.
Comenzó trabajando en varias fábricas como electricista automotriz. Aunque ahora Cirilo dice “de eso ya se me olvidó todo, la única travesura que sé hacer es arreglar un poco mi carro”, cuenta entre risas.

Así que trabajar y jugar era la vida del joven beisbolista. Una juventud bastante sana lo marcó de por vida. “Mi primera cerveza me la tomé a los 20 años y de ahí Dios me supo llevar por el camino correcto”.

Cirilo, cree que en esa época, él era un jugador regular, no bueno. “En mi juventud lo que más derrochaba era condición, pero no había nada aquí arriba (cabeza). La fuerza y la inteligencia tienen que ir a la par, porque muchas veces uno necesita más la inteligencia para ganar un juego”, describe.
A pesar de ello, un día mientras se encontraba en un campeonato en Honduras, con la selección nicaragüense, le hicieron una proposición que no pudo resistir: “¿Te irías a jugar a El Salvador?”

En los IV Juegos Centroamericanos, Erigton era la estrella de la selección salvadoreña de  béisbol, la única que ha logrado.

“Me voy para El Salvador”

Por aquí en tierras cuscatlecas, Salvador Salamaria, encargado de buscar talentos para la selección de béisbol nacional, le había pedido a Cesar Augusto, un amigo de la selección nicaragüense que le consiguiera un nica o un panameño, para traerlo a El Salvador.

Cesar Augusto pensó de inmediato en Cirilo y le hizo esa propuesta. Cirilo, no tomó solo la decisión de salir de su país. Buscó el consejo de su madre y de las personas mayores que tenía a su alrededor.

Siempre ha confiado en la visión y la experiencia que tienen los mayores para regir su vida. “Me dijeron que fuera a probar y que sino daba el ancho me regresara a seguir trabajando. Eso fue lo que me animó”.

Es así, como a los 22 años, tomó sus cosas, sus esperanzas y su amor por el deporte y un 8 de diciembre de 1968 llegó a El Salvador. Pero Cirilo no llegó a las primeras de cambio a la selección, le tocó trabajar y luchar por el deporte que siempre amó.

Al llegar de Nicaragua logró ser parte del equipo “Sacos Cuscatlán”. La empresa también le había dado la oportunidad de trabajar con ellos y ganarse un par de centavos. “Ahí sacaba clavos de los peines que les pasaban a los sacos. Algunos clavos se quebraban y había que darles con un mazo para sacarlos”, explica.

Después, al tener un año de haber regresado, se incorpora a la novena de “ACERO S.A”, donde se mantuvo diez años, nueve de ellos coronándose campeones. Este ha sido uno de los record que ningún equipo ha logrado superar. Durante esos años Cirilo se destacó por pitcher con mayor efectividad, mayor número de carreras impulsadas, campeón jonronero y otros tantos más.

Errigton brilla con luz propia

A finales de los setenta dos hechos importantes marcan la vida de Cirilo. Primero, logra la nacionalidad salvadoreña para poder jugar en la selección nacional. Y el más importante conoce Isabel Méndez, una salvadoreña, quien sería su futura esposa.

“Tuve la dicha de ir a su casa un día y como dicen, fue amor a primera vista. Así comenzamos, cuando nos dimos cuenta ya estábamos involucrados en muchas cosas y ahí estamos todavía”, cuenta. Con Isabel lograron procrear dos niñas: Lorlin y Angie, quien ya le dio una nieta a Cirilo.

Otro de los hechos más importantes en la vida de Cirilo, fue cuando asistió con la selección salvadoreña a los IV Juegos Deportivos Centroamericanos que se realizaron en Honduras. El Salvador se enfrentó a su archirival Nicaragua.

El Salvador marcó su primera carrera en el segundo inning y dos más en el tercer acto. El marcador señalaba 3 – 0, pero los “Nicas” descontaron dos carreras en el cierre del cuarto episodio. Los cuscatlecos anotaron una más en el sexto. La quinta anotación de la selecta salvadoreña cayó en el séptimo inning, pero los nicaragüenses amenazaron y fue en ese preciso momento que entró al montículo Cirilo. Logró anotarles una carrera y el marcador se puso 5 - 4 subiendo la adrenalina del juego. Al final una jugada de doble matanza aseguró la medalla de oro a los salvadoreños, siendo esta la única selección en haber ganado esta presea. Así describe esa jugada, Lorlin Errigton, al recordar cómo su padre le contaba su gran logro.

Después de esa gran hazaña fue nominado como jugador más valioso y también recibió el reconocimiento de la Espiga Dorada, como estrella del béisbol nacional.

Cuatro años más tarde, decide retirarse dejando sus mejores años dentro del diamante salvadoreño. Posteriormente, ingresa a jugar softbol durante tres años, donde también logró brillar en el mini estadio, con sus particulares jonrones.

Entrenador

Cirilo regresó a las andadas en el béisbol nacional, pero ahora como un destacado entrenador de los equipos más importantes del país. Para ello ha leído muchos libros, para saber qué tipo de programa implementar en los atletas salvadoreños.

“Antes era un entrenador que tenía un carácter muy fuerte, porque yo pensaba que un atleta se podía formar de la noche a la mañana, pero no es así. He leído muchos libros donde lo aconsejan y da luces de cómo tratar a los atletas”, comenta.

Y es que para Cirilo, es muy doloroso ver a un joven con un gran potencial, que se dé por vencido sin luchar. “Es bonito, ver que una persona lucha con uno. Todo va a acorde a la alimentación del tipo, a las horas que puede pasar aquí, pero él tiene que esforzarse”, explica.

El libro que ha marcado más su faceta como entrenador es “El líder en el nuevo milenio”. Lo que más recuerda es que el autor expone que los atletas, desde hace unos diez años, ya no tienen el mismo coraje de antes. “Para mí, el béisbol es el mismo, pero el coraje de las personas ha bajado. Cuando yo leo ese libro me pone en una situación difícil, porque yo siempre he sido una persona luchadora. Ahora ya no puedo seguir exigiéndole de la misma forma al atleta y comienzo a buscarle de otra manera”, explica.

Saliendo de las dificultades

A pesar de la cosecha de éxitos que ha tenido la vida de Cirilo, cuenta que ha tenido que enfrentarse a dos grandes dificultades. La primera es por el color de su piel. No considera que haya racismo en nuestro país, pero sí “una admiración a veces molesta”. “Muchos han creído que yo era pintado y me pasaban cerca rozándome, para ver si los manchaba. Se regresaban y decían ‘no, si no es pintado’, sobre todo me pasa con los niños”.

Sin embargo, Cirilo nunca sintió el rechazo de la gente, al contrario ha aprendido a llevarlo con humor.
El segundo obstáculo que tuvo que enfrentar fue la bebida. Pasó de tomar una vez por semana, a tomar hasta tres o cuatro días seguidos. Esto asustó mucho a Cirilo y buscó la ayuda de Dios para poder dejar atras el vicio. Desde hace diez años Cirilo ha asistido a la iglesia Josué de las Asambleas de Dios, misma cantidad de tiempo en la que no ha bebido ni una gota de alcohol.

El año pasado, Cirilo obtuvo otro logro, dirigiendo al equipo los “Halcones”, lograron coronarse campeones. Actualmente, Cirilo está entrenando a los árbitros beisboleros y también lleva la coordinación del arbitraje en la Federación de Béisbol Salvadoreña (FEDEBEIS).

La edad ya le pesa un poco al legendario Cirilo y una lesión en la espalda, le impide caminar muy bien, pero a pesar de ello sigue aferrado a su pasión por el béisbol. Por el momento, está pensando en tramitar su jubilación. “Si me dan la oportunidad, después de jubilarme, estar dentro del deporte, pues vamos a ver en qué podemos ayudar a las futuras generaciones y a la federación”, comenta.

“Para mí, el béisbol, es una vida entera, es una historia muy larga, que más o menos he podido contarte. He estado luchando con el béisbol y todavía lo estoy haciendo, con el corazón en la mano porque es algo que me gusta mucho”, finaliza, mientras deja perder sus ojos en la cancha del Bengoa.

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