Cirilo Errigton tenía a penas
unos 12 años cuando miraba a su hermano mayor en los campos
de béisbol de su pueblo Mina Rosita, de la costa atlántica
de Nicaragua. El hermano de Cirilo era un lanzador muy bueno de
aquellas primeras selecciones de su pueblo.
“Un día le dije a mi hermano ‘¿por qué
tira esa bola tan dura? por eso es que esos señores no
le pegan’. Me gustaba molestarlo mucho, pero un día
le dije ‘mire hermano, fíjese que usted es bueno,
pero yo voy a ser mejor’ y así fue”, comenta
Cirilo.
Y es que Cirilo se convirtió en uno de los talentos del
béisbol nicaragüense a corta edad y posteriormente
se convertiría en una de las estrellas del diamante salvadoreño.
En los setenta y ochenta fue el terror de los pitcher porque siempre
les metía un jonrón, de esos inolvidables.
Años después de la predicción de su hermano,
en uno de sus viajes con la selección de béisbol,
tuvo la suerte de encontrárselo y recordó aquella
ocasión, en que la inexperiencia de Cirilo, lo había
hecho confesar sus aspiraciones. “Yo ya ni me acordaba de
lo que él me había dicho y me dijo ‘Te felicito,
te acordás que cuando eras cipote me dijiste eso. Bueno,
ahora usted es mejor que yo: ha pitchado, ha jugado en diferentes
posiciones y yo solamente lanzar pude’”, recuerda
Cirilo entre risas.
Efectivamente Cirilo a sus 61 años, de los cuales ha dedicado
casi 50 años al béisbol, ha jugado en diferentes
equipos de Nicaragua, pero sobre todo en los equipos salvadoreños.
Además de haber tenido a docenas de jóvenes a su
cargo como entrenador de este deporte.
Nicaragua: la tierra del béisbol
“En Nicaragua los niños nacen con bate, guante y
pelotas”, dice Cirilo. Él nació en Bonanza
y se crió en Mina Rosita, en la costa atlántica
de Nicaragua. Cuenta que por esa zona existían tres colegios
que siempre estaban enfrentados en el deporte: “la morada,
la católica y la pública”. El jugaba en estos
equipos valiéndose de su talento para ganarles a los contrincantes.
Pero, a los doce años recibió el primer golpe de
su vida. “Mi viejito se me fue a esa edad y me tocó
criarme con mi madrecita. Éramos seis hermanos, así
que desde temprana edad me tocó luchar”, comenta.
Pero ese dolor no lo venció, comenzó a meterse más
en el deporte.
A esa edad, ya pisaba los campos de béisbol jugando con
los niños de la zona, en campeonatos colegiales. “Como
ese es el deporte número uno en Nicaragua y los profesores
nos apoyaban e íbamos a competir contra esas escuelas”,
menciona. Esos fueron los comienzos del legendario Cirilo. Poco
a poco se fue metiendo en el deporte, “cuando uno siente
ya está con las dos patotas metidas hasta adentro”,
dice entre risas burlonas.
“Mi familia era muy humilde, pero muy honrada, eso me incentivaba
a seguir luchando por lo que quería. Allá uno sale
de las escuelas y solo al campo de béisbol a practicar
va”, asegura. Y es que en esa zona de Nicaragua, cuenta
Cirilo que no existe otro deporte que no sea el béisbol
y un poco el básquetbol.
“Yo entrené un poco básquetbol, pero me dijeron
que eso molestaba el brazo. Me dio miedo y ya no seguí,
así que me quedé con el béisbol”. Para
Cirilo no hay un deporte más importante en esa región,
por lo que los jóvenes se sienten motivados a practicarlo
más. “Allá no existe el fútbol, aquí
los niños lo primero que hacen es buscar cómo patear,
allá lo primero es agarrar un bate, un guante y lanzar
una pelota”, cuenta.
El primer jonrón
Cirilo se encontraba en un campeonato de la costa atlántica
nicaragüense, en Bluefields. Era el año 1966 y toda
Nicaragua se paralizaba por estos campeonatos. Los fanáticos
se rebuscaban por oír, a través de la radio, el
partido. Mientras sus dos hermanas, Lorlin y Viola sintonizaban
la radio, cruzaban los dedos por Cirilo.
El bateador era Cirilo y el lanzador era Emilio Howson, con fama
de ser un gran lanzador. Entonces, en aquellos parlantes de Mina
Rosa se escuchó un grito al unísono “Jonrón
de Cirilo Errigton”, decía el narrador de aquel partido.
Ese día se convirtió en toda una fiesta para la
costa atlántica de Nicaragua.
Cirilo recibió un telegrama, de suma urgencia de parte
de sus hermanas. Aquel muchacho comenzó a imaginarse las
peores noticias desde su pueblo. Jamás se imaginó
que sus hermanas habían mandado aquel telegrama para felicitarlo.
Este había sido el primer jonrón de Cirilo, que
aún recuerda muy mocionado. “Dos años después
de haber comenzado a jugar, por fin lo había logrado. Estaba
muy feliz, me levantó mucho la moral, más con el
detalle de mis hermanas”, comenta.
Pero en la juventud de Cirilo no todo era béisbol, por
la misma necesidad de salir adelante tuvo que aprender un oficio.
Eso es lo que su madre le había inculcado “No solo
del deporte vas a vivir”, le decía.
Comenzó trabajando en varias fábricas como electricista
automotriz. Aunque ahora Cirilo dice “de eso ya se me olvidó
todo, la única travesura que sé hacer es arreglar
un poco mi carro”, cuenta entre risas.
Así que trabajar y jugar era la vida del joven beisbolista.
Una juventud bastante sana lo marcó de por vida. “Mi
primera cerveza me la tomé a los 20 años y de ahí
Dios me supo llevar por el camino correcto”.
Cirilo, cree que en esa época, él era un jugador
regular, no bueno. “En mi juventud lo que más derrochaba
era condición, pero no había nada aquí arriba
(cabeza). La fuerza y la inteligencia tienen que ir a la par,
porque muchas veces uno necesita más la inteligencia para
ganar un juego”, describe.
A pesar de ello, un día mientras se encontraba en un campeonato
en Honduras, con la selección nicaragüense, le hicieron
una proposición que no pudo resistir: “¿Te
irías a jugar a El Salvador?”
“Me voy para El Salvador”
Por aquí en tierras cuscatlecas, Salvador Salamaria, encargado
de buscar talentos para la selección de béisbol
nacional, le había pedido a Cesar Augusto, un amigo de
la selección nicaragüense que le consiguiera un nica
o un panameño, para traerlo a El Salvador.
Cesar Augusto pensó de inmediato en Cirilo y le hizo esa
propuesta. Cirilo, no tomó solo la decisión de salir
de su país. Buscó el consejo de su madre y de las
personas mayores que tenía a su alrededor.
Siempre ha confiado en la visión y la experiencia que tienen
los mayores para regir su vida. “Me dijeron que fuera a
probar y que sino daba el ancho me regresara a seguir trabajando.
Eso fue lo que me animó”.
Es así, como a los 22 años, tomó sus cosas,
sus esperanzas y su amor por el deporte y un 8 de diciembre de
1968 llegó a El Salvador. Pero Cirilo no llegó a
las primeras de cambio a la selección, le tocó trabajar
y luchar por el deporte que siempre amó.
Al llegar de Nicaragua logró ser parte del equipo “Sacos
Cuscatlán”. La empresa también le había
dado la oportunidad de trabajar con ellos y ganarse un par de
centavos. “Ahí sacaba clavos de los peines que les
pasaban a los sacos. Algunos clavos se quebraban y había
que darles con un mazo para sacarlos”, explica.
Después, al tener un año de haber regresado, se
incorpora a la novena de “ACERO S.A”, donde se mantuvo
diez años, nueve de ellos coronándose campeones.
Este ha sido uno de los record que ningún equipo ha logrado
superar. Durante esos años Cirilo se destacó por
pitcher con mayor efectividad, mayor número de carreras
impulsadas, campeón jonronero y otros tantos más.
Errigton brilla con luz propia
A finales de los setenta dos hechos importantes marcan la vida
de Cirilo. Primero, logra la nacionalidad salvadoreña para
poder jugar en la selección nacional. Y el más importante
conoce Isabel Méndez, una salvadoreña, quien sería
su futura esposa.
“Tuve la dicha de ir a su casa un día y como dicen,
fue amor a primera vista. Así comenzamos, cuando nos dimos
cuenta ya estábamos involucrados en muchas cosas y ahí
estamos todavía”, cuenta. Con Isabel lograron procrear
dos niñas: Lorlin y Angie, quien ya le dio una nieta a
Cirilo.
Otro de los hechos más importantes en la vida de Cirilo,
fue cuando asistió con la selección salvadoreña
a los IV Juegos Deportivos Centroamericanos que se realizaron
en Honduras. El Salvador se enfrentó a su archirival Nicaragua.
El Salvador marcó su primera carrera en el segundo inning
y dos más en el tercer acto. El marcador señalaba
3 – 0, pero los “Nicas” descontaron dos carreras
en el cierre del cuarto episodio. Los cuscatlecos anotaron una
más en el sexto. La quinta anotación de la selecta
salvadoreña cayó en el séptimo inning, pero
los nicaragüenses amenazaron y fue en ese preciso momento
que entró al montículo Cirilo. Logró anotarles
una carrera y el marcador se puso 5 - 4 subiendo la adrenalina
del juego. Al final una jugada de doble matanza aseguró
la medalla de oro a los salvadoreños, siendo esta la única
selección en haber ganado esta presea. Así describe
esa jugada, Lorlin Errigton, al recordar cómo su padre
le contaba su gran logro.
Después de esa gran hazaña fue nominado como jugador
más valioso y también recibió el reconocimiento
de la Espiga Dorada, como estrella del béisbol nacional.
Cuatro años más tarde, decide retirarse dejando
sus mejores años dentro del diamante salvadoreño.
Posteriormente, ingresa a jugar softbol durante tres años,
donde también logró brillar en el mini estadio,
con sus particulares jonrones.
Entrenador
Cirilo regresó a las andadas en el béisbol nacional,
pero ahora como un destacado entrenador de los equipos más
importantes del país. Para ello ha leído muchos
libros, para saber qué tipo de programa implementar en
los atletas salvadoreños.
“Antes era un entrenador que tenía un carácter
muy fuerte, porque yo pensaba que un atleta se podía formar
de la noche a la mañana, pero no es así. He leído
muchos libros donde lo aconsejan y da luces de cómo tratar
a los atletas”, comenta.
Y es que para Cirilo, es muy doloroso ver a un joven con un gran
potencial, que se dé por vencido sin luchar. “Es
bonito, ver que una persona lucha con uno. Todo va a acorde a
la alimentación del tipo, a las horas que puede pasar aquí,
pero él tiene que esforzarse”, explica.
El libro que ha marcado más su faceta como entrenador es
“El líder en el nuevo milenio”. Lo que más
recuerda es que el autor expone que los atletas, desde hace unos
diez años, ya no tienen el mismo coraje de antes. “Para
mí, el béisbol es el mismo, pero el coraje de las
personas ha bajado. Cuando yo leo ese libro me pone en una situación
difícil, porque yo siempre he sido una persona luchadora.
Ahora ya no puedo seguir exigiéndole de la misma forma
al atleta y comienzo a buscarle de otra manera”, explica.
Saliendo de las dificultades
A pesar de la cosecha de éxitos que ha tenido la vida de
Cirilo, cuenta que ha tenido que enfrentarse a dos grandes dificultades.
La primera es por el color de su piel. No considera que haya racismo
en nuestro país, pero sí “una admiración
a veces molesta”. “Muchos han creído que yo
era pintado y me pasaban cerca rozándome, para ver si los
manchaba. Se regresaban y decían ‘no, si no es pintado’,
sobre todo me pasa con los niños”.
Sin embargo, Cirilo nunca sintió el rechazo de la gente,
al contrario ha aprendido a llevarlo con humor.
El segundo obstáculo que tuvo que enfrentar fue la bebida.
Pasó de tomar una vez por semana, a tomar hasta tres o
cuatro días seguidos. Esto asustó mucho a Cirilo
y buscó la ayuda de Dios para poder dejar atras el vicio.
Desde hace diez años Cirilo ha asistido a la iglesia Josué de las Asambleas de Dios, misma cantidad de tiempo en la que no
ha bebido ni una gota de alcohol.
El año pasado, Cirilo obtuvo otro logro, dirigiendo al
equipo los “Halcones”, lograron coronarse campeones.
Actualmente, Cirilo está entrenando a los árbitros
beisboleros y también lleva la coordinación del
arbitraje en la Federación de Béisbol Salvadoreña
(FEDEBEIS).
La edad ya le pesa un poco al legendario Cirilo y una lesión
en la espalda, le impide caminar muy bien, pero a pesar de ello
sigue aferrado a su pasión por el béisbol. Por el
momento, está pensando en tramitar su jubilación.
“Si me dan la oportunidad, después de jubilarme,
estar dentro del deporte, pues vamos a ver en qué podemos
ayudar a las futuras generaciones y a la federación”,
comenta.
“Para mí, el béisbol, es una vida entera,
es una historia muy larga, que más o menos he podido contarte.
He estado luchando con el béisbol y todavía lo estoy
haciendo, con el corazón en la mano porque es algo que
me gusta mucho”, finaliza, mientras deja perder sus ojos
en la cancha del Bengoa.