
Arizona Dreaming
Entrevista con Berne Ayalah
El viaje ilegal como otra guerra
Hace un buen tiempo que no leía
una novela salvadoreña tan apasionante como Arizona
Dreaming, la más reciente entrega de Berne Ayalá.
Aquí el autor pasea su mirada por los caminos donde se
cruzan, en ruta hacia el norte, los inmigrantes ilegales y el
tráfico de drogas; es decir, la esperanza y el crimen,
esos extremos aparentemente opuestos que, en circunstancias excepcionales,
pueden entrelazarse voluntaria o involuntariamente en el destino
de quienes buscan el paraíso en la cantera del dólar.
Lunes 26 de noviembre de
2007
Geovani Galeas
ggaleas@centroamerica21.com
-¿Qué es en síntesis
Arizona Dreaming?
-Es una novela que narra, bajo el clásico método
del contrapunto, la aventura de un gran viaje por los espacios sangrantes
del “México lindo y querido”, realizado por un
grupo de centroamericanos, que sin proponérselo han de conocer
un caos similar o peor que el de sus lugares de origen. También
es la historia de un pequeño poblado del sur de Arizona,
habitado principalmente por blancos, donde su modo de vida, su percepción
del ilegal hispano, es de alguna manera una muestra de lo que significa
ese gran enfrentamiento cultural, que pasa por las prohibiciones
legales y que desencadena una serie de conflictos raciales y culturales,
en donde el desprecio, y a la vez la pírrica aceptación
de las diferencias son apenas una caricatura de la frontera más
cruzada del planeta tierra.
-Tú has escrito casi obsesivamente sobre la guerra, ¿hay
en esta nueva novela alguna conexión con esa temática?
-Creo que los dos grandes temas de la cultura salvadoreña
son la guerra civil y las migraciones ilegales. Por supuesto no
son los únicos temas, pero sí es muy cierto que el
salvadoreño está expresado de alguna, o de muchas
maneras, en esos dos grandes hechos, que a la larga son en realidad
dos guerras. El escritor, el artista, puede reflejar esa realidad
como la sienta, el método que utilice a la hora de escribir,
la técnica o el resultado de su trabajo sólo es, como
en todos los casos que se produce literatura, una huella dactilar.
-¿Qué narras en Arizona Dreaming?
-En general la dinámica de la ilegalidad en movimiento,
el de las fronteras, que por su mismo nombre expresa el bajo y oscuro
mundo de los tráficos prohibidos por la ley, en donde las
hipocresías no siempre nos hablan de las abundantes ganancias
de esa “industria”.
-¿Y cuál es la realidad de ese submundo?
-Aunque a simple vista la ilegalidad del tráfico
humano en la frontera con México y Estados Unidos expresa
eso nada más, o sea lo ilegal, en verdad lo trascendental
es el universo de acontecimientos en los que el factor humano sigue
siendo el principal, sea el de víctima o de victimario, de
perdedor o ganador, de villano o misionero, vistos no tanto por
su connotación moral sino por los complejos y azarosos hechos
en los que no siempre es posible hacer lo que deberíamos
o queremos. El narcotráfico, la trata de humanos, sea con
el objeto de cruzar fronteras hacia Estados Unidos, o con otros
propósitos, como la prostitución o el tráfico
de órganos humanos, son sólo algunos de los grandes
eventos que afectan la vida de aquellos y aquellas que deciden pagar
varios miles de dólares por alcanzar su mayor ambición:
el suelo gringo.
-Pareciera que te interesa poco el aspecto heroico de las batallas
individuales o sociales, y que prefieres enfocar tu mirada en las
carencias, debilidades o precariedades de la condición humana,
en su aspecto trágico... ¿Esto es así?
-El bajo mundo, las oscuridades y los detalles del crimen y la ilegalidad,
son ejes sustanciales de mi narrativa porque, en el fondo, son el
reflejo de lo que somos: una cultura en permanente caos, donde los
vacíos gubernamentales e institucionales han dejado las puertas
abiertas a un universo que no siempre es aceptado por la postura
oficial. Somos en verdad piratas del siglo XXI, no sólo cuando
reproducimos o compramos una película sino cuando nos presentamos
como una cosa distinta a lo que en verdad somos, como pastores siendo
comerciantes, como policías siendo criminales, como solapados
intolerantes de un mundo que abrazamos a besos con el puñal
en las manos, cuando hablamos con la palabra de dios abrazados al
diablo. Eso es lo que veo y eso es lo que intento expresar en mi
narrativa.
Realidad o ficción
-En tu narrativa hay siempre una especie de hibridaje entre
ficción y testimonio, entre lo vivido realmente y lo imaginado,
esta característica se repite en Arizona Dreaming?
-Algunos lectores de esta nueva novela me han preguntado hasta dónde
estos o aquellos hechos son ciertos, hasta dónde conozco
el mundo que describo, o qué tanto he participado de él.
No resulta nada fácil dar una respuesta definitiva, no sólo
porque no la hay, al menos en sentido estricto, sino porque es de
alguna manera la misma pregunta que los lectores y los periodistas
suelen hacerle al escritor acerca de sus obras, cuya formulación
depende en alguna medida de la noción de realidad y verdad
que se tenga o de los pocos o muchos libros de ficción que
se hayan leído.
-Pero tus lectores saben que hablas de la guerra civil porque
la viviste en plenitud, la pregunta es si también has vivido
la experiencia de la migración ilegal...
-En ello puede haber siempre una trampa, en el buen sentido de la
palabra. Hay quienes pueden consignar una nota al inicio o al final
de la novela para decir que la historia está basada en hechos
reales, o para decirlo en otros términos, que sólo
la casualidad es la que une la vida de los personajes con “la
vida real”, algo que en el cine se volvió un anzuelo
de la publicidad, por una razón más que estética
de interés comercial: la gente quiere saber hasta dónde
la historia es verdadera. Los escritores somos seres comunes y corrientes,
con igualdad de dolores y angustias que el del resto de la gente,
en muchos casos con peores miserias de las que aparentamos, algunos
preferimos ir y meternos en la cloaca, verla de cerca, saborearla,
y apreciarla para luego escribirla con las ventajas que da la imaginación
al momento de darle vida. De cualquier manera, esto último
es lo que cuenta, la imaginación, de lo contrario la historia
resulta hueca, vacía, simplista, una vulgar fotocopia.
-Pero no has respondido la pregunta...
-Lo que quiero decir es que no es imprescindible vivir el hecho
para darle vida en la ficción, pero es un método que
muchos escritores han utilizado en la historia de la literatura...
En todo caso, y para responderte, sí es cierto que he caminado
por algunos de los lugares que acostumbran andar los ilegales, ilegales
en todos los sentidos posibles, pero en el caso de Arizona dreaming,
creo que no es lo más importante. Lo importante es el valor
literario de la historia, la connotación y verosimilitud
de los hechos y de los personajes mismos, la visión del horizonte
que muchos conocen sólo por las noticias.
-Lo digo porque hay un personaje de la novela que se parece bastante
a ti mismo...
-No podemos olvidar que aún cuando el personaje de la historia
es a simple vista el autor mismo, o una de sus mutaciones narrativas,
al momento de tomar vida en la narración es eso y nada más,
un ser cuya vida y muerte, si se da, sólo corresponde a la
novela, es decir al mundo que pertenece. Y debo aclarar, no hay
un personaje que en especial se corresponda con la vida de alguien
o la mía misma, pero sí, todos ellos, recogen algo
de nosotros, los salvadoreños, los centroamericanos, los
hispanos y, por qué no, los anglosajones del sur de Arizona,
que igual saben amar con las uñas y odiar con palabras bonitas
y carteles de color rosa, como la linda Lucy Rompecorazones y el
oficial Taylor.
-Por cierto que esa es una relación apasionante en la novela
-Creo que si. Un amigo me ha dicho que debe ser duro darle vida
a una mujer tan deliciosa y a la vez darle vida al hombre que ha
de tocar sus besos, pero que obviamente no eres tú, el escritor.
De cualquier manera es una ambición verlos romper los catres
y llenar frascos de sudor y lívido. También ahí,
en esas descripciones hay vida y muerte. Lo importante es que la
historia sea creíble, de esa manera se disfruta, se deleita.
El mundo de Arizona dreming tiene una gran verdad, una realidad,
cruda, sangrante, oscura, llena de muerte, de pasiones, de dolor,
de sueños, de indiferencias, de crimen, de dólares,
de ganancias y pérdidas, como es la realidad misma donde
se dan los acontecimientos que se narran.
-En resumidas cuentas, y como decía Jorge Luis Borges,
si no es verdad como hecho, lo será como símbolo,
¿no?
-Así es. Hay una cita al inicio, tomada de la novela El corazón
de las tinieblas, de Joseph Conrad, a propósito de la vida
del escritor. Muy cierto es que Conrad fue al África destruida
por Leopoldo II, el emperador belga que asesinó a millones
de africanos, en un viaje por mar y las demoledoras selvas, que
sus experiencias y dolores quedaron en su mente, y que, de alguna
manera, es aquella experiencia la que permite retratar el mundo
de conquista sobre El Congo; pero sería una completa aberración
admitir que la novela aludida es la experiencia calcada de Conrad,
es en todo caso un reflejo, y la novela de ese gran escritor, es
importante no por la historia que cuenta, sino por la forma en que
está contada. Es la ambición que tenemos los que queremos
escribir historias de ficción, que la gente se interese por
el valor literario de nuestra narración. Y queremos que sea
en principio en nuestro país.
-¿Por qué dices esto último?
-Porque es difícil lograr un espacio de promoción
en la prensa local. Resulta duro pelear contra las nalgas de Paris
Hilton o de Britney Spears o con los dos partidos políticos
más grandes, o de los goles del Real Madrid y el Barcelona,
porque no ostentamos poder y no somos estrellas. Sin embargo, hacer
un país, de alguna manera es permitir que la gente conozca
lo que los escritores hacemos; si ellos, los lectores, deciden comprar
y leer, o enviar nuestros escritos al escusado, es su derecho, pero
para ello se requiere que al menos sepan que el niño existe,
que Arizona dreamng es una novela de un escritor salvadoreño
que nos cuenta una historia, la nuestra, y que es preferible abrirle
las puertas aquí a esperar que suceda un milagro en el extranjero.
La novela Arizona dreaming está puesta en las estanterías
de las librerías: La Ceiba, La Casita, la UCA, Sanborns,
Clásicos Roxsíl, Expresión Café Cultural
(Santa Ana), Arte Café (San Miguel), Museo de la Revolución
de Perquín y Los Tacos de Paco.
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