Suscríbete al Newsletter

Boletín semanal gratis

Google
 
 
 


Delia Sandoval es propietaria de la empresa Verduglasa, que mueve unos 100 productos que son distribuidos diariamente en los 62 Super Selectos de todo el país.

Delia Sandoval: el comienzo de una vida exitosa
"Tenés que avivar o si no te avivan"


Delia Sandoval es una empresaria que hace unos días, cumplió con los méritos suficientes para convertirse en la emprendedora del año, un reconocimiento que es otorgado por el Programa de Promoción de la Pequeña y la Microempresa (PROPEMI) de la Fundación Salvadoreña para el Desarrollo Económico y Social (FUSADES).

Delia llegó de Guatemala a El Salvador siendo una niña, traía consigo un pasado de pobreza y carencias emocionales; el panorama inmediato en su nuevo país de residencia no pintaba mejor, a su corta edad las alternativas no eran muchas, y cualquiera que fuera su destino se lo tendría que forjar sola.

Desde entonces han pasado casi 3 décadas, actualmente es propietaria de su propia empresa, Verduglasa que mueve 100 productos que son distribuidos diariamente en una flota de 31 camiones, en los 62 super Selectos de todo el país.

En esta edición Centroamérica decidió conocer la historia de esta mujer exitosa. Tres horas de plática fueron cortas para que nos describiera las dificultades, golpes, satisfacciones, trabajo y éxitos que ha tenido en su vida. Esta es la primera parte de su historia.


Lunes 26 de noviembre de 2007
Primera entrega
Teresa Andrade

teresa.andrade@centroamerica21.com

 

Delia Sandoval nació a mediados del siglo pasado, en un pueblecito de Chiquimula, Guatemala. Ella había sido el fruto del amor clandestino de sus jóvenes padres, quienes eran primos hermanos, por lo que ambas familias se opusieron rotundamente a esa unión, y los obligaron a separarse; Delia no recuerda nada de su padre, sólo que era un ganadero importante.

La madre de Delia era comerciante, además había luchado en el golpe de Estado de Carlos Castillo Armas en 1954. Como veterana de esa lucha, recibía una pensión, con la cual lograba sacar adelante a la pequeña Delia. En busca de mejores oportunidades la niña y su madre emigraron a Puerto Barrios, en el departamento de Izabal; se separaban del abuelo, para quien la madre de Delia era su mano derecha.

Su madre volvió a embarazarse. Después del parto, agravó debido a que no tuvo dieta. "Yo tenía como cinco años y recuerdo que mi mamá me pedía que le pusiera gas en las canillas, la veía llorar y quejarse mucho", cuenta Delia. La madre murió y su hermana quedó a su cuidado. Aunque el abuelo se hizo cargo de ellas, estaba bastante enfermo y además tenía dos hijas pequeñas. Delia era la mayor y por lo tanto la responsabilidad recaía sobre ella.

La empresa que actualmente dirige esta mujer emprendedora, comenzó como una venta de frutas en un cajón. Poco a poco fue buscando mejorar su negocio hasta llegar a ser propietaria de una empresa.

Niñez de trabajo

El trabajo llegó temprano a su vida, sólo logró cursar hasta primer grado, tuvo que dejar la escuela para poder trabajar por ella y su hermanita. "Yo me rebuscaba, por las mañanas vigiaba los nidos de pájaros, porque en las montañas hay pájaros muy lindos de colores y cantos. En la noche los agarraba. Si estaban muy tiernitos, los cuidaba y cuando estaban más grandes, los vendía en el pueblo", recuerda.

Además se iba al campo a cortar las hojas de mata de guineo y las arreglaba para luego irlas a vender al pueblo. La pequeña Delia, de apenas nueve años comenzó a trabajar con la que había sido su maestra en la escuela. Le pagaba tres Quetzales y ya con eso lograba comprar leche, arroz y pan para su hermanita.

Delia recuerda con mucha tristeza, como un día llegó un circo al pueblo y una señora le ofreció trabajo para irse con ellos. Ella solo cuidaría a los hijos de la señora, por 10 Quetzales. "Yo le dije a mi abuelito, que iba a darle de comer al elefante, porque si le decía que iba a cuidar niños, no me dejaría, pero aún así no me dejó", recuerda con cariño.

Las cosas, cada vez se ponían más difíciles para ella y su familia. Por lo que una tía decidió ayudarle. Y emigraron con la familia de su tía hacia El Salvador.

La Chapincita se queda en El Salvador

"
Yo tenía que acarrear el agua porque las hijas de mi tía o su esposo se iban a bañar. Siempre me trataban mal, me pegaban mucho, a veces hasta altas horas de la noche", comenta. La pequeña Delia tenía apenas unos 13 años y se había convertido en la sirvienta de su tía.

Pero, no todo era malo para Delia, estando ahí se hizo de tres amigas, un poco mayores que ella. Marta, Ana y Sarita se habían convertido en su soporte emocional. Un día, la tía de Delia le dio una noticia que cambiaria el rumbo de su vida. "Nos vamos a ir a Honduras y te vas con nosotros", le dijo. De inmediato la "Chapincita", como la habían bautizado sus amigas buscó consejo con ellas. Las niñas le dijeron que no se fuera, que se quedara en El Salvador y que ellas le conseguirían trabajo.

El día de la mudanza, un camión lleno de toda clase de objetos iba completamente cargado. Su tía y su familia iban en la cabina. A Delia la habían montado atrás con todos los cachivaches que llevaban. En un alto que hizo el camión, logró bajarse como pudo y se fue donde sus amigas que ya la esperaban. Un nuevo futuro estaba a las puertas de la "Chapincita", pero lo tendría que forjar sola y en un país que no era el suyo.

Los méritos alcanzados por Delia Sandoval la hicieron acreedora del reconocimiento "emprendedora del año" otorgado por FUSADES.

Vendiendo frescos

"Marta, Anita y Sarita me llevaron donde una señora que se llama Doña Tonita. Ella me dio trabajo. Tenía una refresquería en el mercado número 5, que le llamaban La Compañía y ahí me tenían vendiendo", recuerda. Pero cuando las ventas estaban malas y no se vendía adentro, la mandaban a vender con los azafates repletos de vasos llenos de fresco. Cuenta Delia, que eso era terrible para ella, porque siempre se le caían todos los vasos. "Eso de andar con el montón de vasos en el mercado si era toda una odisea", dice.

"Hey, fresco. Hey, seca, ¿que no ves que te estoy hablando?, dame un fresco rápido", le decía una señora del mercado a Delia. "Yo le servía rápido, pero a mí me temblaban las piernas porque le tenía miedo. Yo me quedaba esperando a que me pagara y me devolviera el vaso", cuenta. "¿Y vos, pasmada, que no me mirás que aquí estoy, no me estoy yendo", le decía la señora."Yo me iba, pero cuando regresé, una vez, tirado me hizo el vaso y ni me pagó", recuerda indignada.

"Ah, cómo son las paradojas de la vida: después de eso, la hija de esa señora trabajó conmigo como mi secretaría y fue ella la que me llevó a FUSADES ", dice mientras sonríe.

Doña Tonita se había vuelto como una madre para Delia. La aconsejaba mucho y la cuidaba, como a una hija. Doña Tonita era madre soltera, su hija estaba muy pequeña y a su hijo mayor lo habían matado en una riña en el mercado, por lo que Delia se había convertido en su mayor compañía. "Tenés que avivar o si no te avivan", le decía. A los pocos días, Delia hasta bailaba con el azafate en brazos.

"Con doña Tonita todo me iba muy bien, el único problema fue cuando René comenzó a rondar el negocio. Yo era muy amable con él, jamás me imaginé que él tenía otra intención", cuenta. Y es que doña Tonita cuidaba mucho a Delia. A pesar de ello, comenzaron un noviazgo los dos, pero doña Tonita no lo tragaba. Al final, Delia decidió irse con él y dejar a su protectora con quien había compartido 3 años de su vida.

Delia y su pequeño retoño

Delia era apenas una adolescente y ya había decidido formar su propio hogar. "Yo no tenía alguien que me diera una frase de cariño, una frase de afecto y él me contemplaba, por eso lo acepté", cuenta.

A pesar, de que ella tenía muchas esperanzas de que ese hombre, que había sido todo un amor con ella durante el noviazgo, le ayudara a formar una mejor vida. Cuando él se convirtió en su esposo la situación se tornó muy difícil para ella. "cuando formamos un hogar eso fue terrible, me di cuenta que era un hombre extremadamente mujeriego", dice con recelo.

Delia había descubierto que René había tenido una aventura con una señora que se había ido a Estados Unidos y además que tenía dos hijos con ella. La señora regresó. En esa época Delia había quedado embarazada de René.

Delia decidió dejarlo, y a pesar de su embarazo, se mudó sola a un pequeño cuarto de mesón, en Mejicanos, por a penas 15 cólones al mes. "Siempre me atrasaba, no tenía agua, no tenía luz, me alumbraba con una vela y embarazada de mi niño, era terrible", recuerda.

Un compañero de viaje; su hijo

"Cuando nació mi niño, una vecina me llevó al hospital de maternidad. Cuando salí de ahí me regalaron los 10 centavos, que en ese tiempo, costaba la camioneta. Acosté al niño en una tijera de lona que era todo mi equipo y la gente caritativa cualquier cosita me llevaba", cuenta Delia.

Este quizá fue un momento crucial en la vida de Delia, los recuerdos de su madre enferma después del parto de su hermana, no dejaban de atormentarla, además ya no era solo ella quien tendría que pasar penurias, sino también su nuevo compañero de infortunios, su hijo, para quien el panorama, en ese momento no pintaba mejor al que ella misma había tenido que afrontar en su niñez, en su natal Guatemala.

Toda mujer después de un parto necesita guardar dieta para poder recuperarse, pero Delia nunca supo lo que era eso. Cuando se sintió un poco más recuperada, dejó al niño encargado con los vecinos. Le prestó tres cólones a una vecina y se fue al mercado. Compró guineos, sandías, plátanos. Sacó un cajoncito, lo limpió bien y se puso a vender en la calle.

Por las mañanas, Delia vendía en el mercado y por las tardes se iba a lavar y planchar ajeno. Recuerda muy bien a una señora a la que le lavaba, se llamaba doña Cony. "Ella si era medio ingrata, cuando yo ya terminaba mi oficio me decía 'Chapincita espérate, te voy a dar 15 centavos' y se iba a la tienda que ella tenía y me daba todos los panes quebrados de la panera", recuerda con indignación.

"Pero yo siempre me sentí agradecida porque comía yo y compartía con los vecinitos que vivían al lado, porque si era un sector extremadamente pobre", expresa. Así lograba mantener a Fernando, su pequeño hijo.

El país se encontraba en guerra con Honduras, cuando René, el esposo de Delia, regresó con ella. Y juntos comenzaron a ver qué hacer para poder salir adelante. Reconciliarse fue difícil, pero ahora juntos tratarían de hacer bien las cosas.

SUBIR
 
 

  


 

 

© Derechos Reservados 2007