El pasado 8 de noviembre fue una buena fecha para el ingeniero Arturo Zablah. Ese día estaba por culminar una intensa y muy productiva gira de contactos de alto nivel con políticos norteamericanos, en Washington, cuando en una llamada telefónica, desde San Salvador, le informaron que el partido Cambio Democrático acababa de anunciar la ruptura de sus negociaciones con el FMLN.
Eso significaba que el CD finalmente se inclinaría por sumarse al FDR en la alianza que le daría sustento a su candidatura presidencial para el 2009. Por otra parte, sus propios contactos, aunque informales aun, con el Partido Demócrata Cristiano, abrían la posibilidad de que también ese instituto político se integrara posteriormente al esfuerzo. Se trataba de un escenario inmejorable para la posibilidad de construir, bajo su liderazgo, una sólida tercera opción política en el país, sobre todo porque implicaba la conjunción de sectores moderados de la izquierda y la derecha.
Lunes 26 de noviembre de 2007
Geovani Galeas
ggaleas@centroamerica21.com
Efectivamente, pocos días después comenzaron las pláticas de aproximación entre el CD y el FDR. Todo iba viento en popa: de una agenda de nueve puntos estratégicos a discutir, ambos partidos despejaron en tres breves reuniones, y sin mayores contratiempos, los cinco temas más críticos. Era una excelente señal. Todo parecía indicar que la alianza centrista, en torno al ingeniero Zablah, se sellaría el próximo miércoles 28 del mes en curso.
Sin embargo, ocho días antes, el 20, el Secretario General del CD, Héctor Dada, recibió una misiva oficial que impactaría dramáticamente el curso de los acontecimientos. Su par en la dirección del FMLN, Medardo González, le comunicaba en ese documento, entre otras cosas, lo siguiente: "No albergamos ninguna duda respecto a la importancia de que dos fuerzas políticas, como el FMLN y Cambio Democrático, procuren ir alcanzando acuerdos que le den sustento a una alianza", y agregaba: "Creemos en la discusión franca y respetuosa de nuestras coincidencias y discrepancias político-programáticas, de nuestros enfoques de estrategia electoral y política, y de nuestras valoraciones sobre la coyuntura nacional e internacional (...) Es por ello que deseo solicitar por tu medio, al Consejo Nacional de Cambio Democrático, que se nos permite exponer en una sesión de trabajo de dicho Consejo, nuestra visión y propuestas concretas para hacer posible los acuerdos políticos, que hemos estado procurando a lo largo de todo este proceso de conversaciones, entre las direcciones políticas de ambos partidos".
Los primeros y más sorprendidos ante la solicitud fueron los miembros mismos del CD. La ruptura con el FMLN había tenido motivos meridianos: en una reunión formal el CD le había formulado al FMLN una propuesta concreta: discutir primero el programa, luego el estilo de gobierno, la estrategia de campaña y la simbología sobre la cual se expresaría la alianza, y solo por último las candidaturas. La respuesta del FMLN fue el silencio.
En una carta girada al respecto por Héctor Dada a Medardo González se lee lo siguiente: "El partido que tu representas no respondió en ningún instante ni formal ni informalmente a nuestra propuesta; por el contrario anunció su fórmula presidencial y a través de algunos de ustedes, dio entrevistas en medios de comunicación, enviando señales claras totalmente opuestas a nuestra propuesta (...) Ante esa realidad, nuestra Comisión Política dio por terminadas temporalmente las conversaciones con el FMLN".
"Temporalmente". Esa era la palabra clave. En efecto. En el anuncio de la ruptura, los dirigentes del CD habían insistido en que el hecho no significaba en ningún sentido "cerrar la puerta al FMLN de una vez y para siempre", dejando abierta esa pequeña rendija para una eventual reanudación de las conversaciones, siempre y cuando se superaran las diferencias de base.
Los hechos y las interpretaciones
En cualquier caso, en toda esa circunstancia había un detalle que parecía volver irrevocable la ruptura entre el CD y el FMLN: el carácter innegociable e inamovible que los farabundistas confirieron a su fórmula presidencial, lo cual contravenía a todas luces la médula misma de la propuesta presentada por el CD, pues según un punto de honor de ese partido: "todas las decisiones tienen que ser discutidas y consensuadas por la alianza, y no pueden ser impuestas unilateralmente por ninguno de sus socios".
En su nuevo y sorpresivo acercamiento al CD, sin embargo, el FMLN no cedió en ese punto. Una vez hecha pública la solicitud planteada por Medardo González a Héctor Dada, el mismo candidato farabundistas, Mauricio Funes, declaró a los medios de prensa: "Nuestra fórmula no es negociable, pero en programa y en estilo de gobierno sí tenemos notables coincidencias con el CD, de modo que estamos dispuestos a discutir el plan y la forma de gobierno, así como las coaliciones en los municipios".
Con todo, el CD aceptó la solicitud del FMLN y programó la reunión para el sábado 24. Dos preguntas quedaban en el aire en el medio político y periodístico: ¿qué factor había precipitado el viraje del FMLN, que anteriormente ya había dado por cerrado el capítulo de su negociación con el CD?; y por otra parte, ¿qué circunstancia determinaba que el CD tuviera que aceptar la solicitud del FMLN, habiendo dejado ese partido en claro, por enésima vez, que su fórmula presidencial no estaba en negociación en lo absoluto?
Más que respuestas se multiplicaron las elucubraciones con más o menos visos de verosimilitud. Mientras que para algunos era obvio que el FMLN, convencido que la consolidación de la alianza centrista podría restarle fuerza electoral, intentaba neutralizarla mediante la seducción del CD a cambio de concesiones menores como algunas alcaldías, diputaciones y cargos en un futuro gabinete, en el mejor de los casos; y en el peor, se trataba nada más de una maniobra distractiva para, aprovechando una presunta división en las filas del CD, meterlo en un desgastante debate interno durante el cual se deteriora la opción por la alianza con el FDR y Arturo Zablah.
Del otro lado, los medios dieron por consumada la división del CD: la mayoría del partido estaría inclinada hacia la alianza con el FMLN, quedando en minoría los que preferían una coalición con el FDR y Zablah. Esto se habría expresado en las asambleas departamentales celebradas en los días previos al encuentro con los farabundistas. De las once directivas departamentales, según trascendió, al menos siete muestran clara tendencia hacia los farabunditas.
Es ese factor el que estaría presionando tanto al Consejo Nacional como a la Comisión Política del CD, a darle paso al reacercamiento al FMLN, sobre todo si se considera que, al menos en teoría, ambos organismos de dirección partidaria tienen en su interior una correlación bastante similar a la presentada por su estructura territorial.
Por supuesto, entre telones también se han manejado hipótesis más audaces: el FMLN habría hecho durante todo este tiempo un trabajo de zapa al interior de la estructura territorial del CD; el enviado de Fidel Castro, Ramiro Abreu, habría expresado al FMLN la convicción cubana de que, en efecto, el FMLN no gana solo, y que por tanto debía esforzarse por lograr la alianza no solo con el CD, sino además intentar atraer al FDR y al mismo Arturo Zablah; entre los dirigentes más antiguos y experimentados del CD (Zamora, Villacorta, Martel, Dada y Silva), habría una pugna por espacios de poder interno, misma que se traduciría en una aparentemente cordial batalla de manipulaciones hacia las bases.
El reencuentro
El pasado sábado 24 la delegación del FMLN llegó puntual a la cita en el local del CD, a las 9 de la mañana: Medardo González, Sigfrido Reyes y Roberto Lorenzana, más la fórmula presidencial: Maurico Funes y Salvador Sánchez Cerén. Los esperaba el Consejo Nacional del CD en pleno.
La encerrona comenzó sobre las 9 y cuarto, y concluyó poco después de la una de la tarde. Al final hubo una conferencia de prensa en la que, entre otras formalidades convencionales, se informó que la reunión había sido productiva pero de carácter eminentemente informativo y en ningún sentido resolutivo. Por lo tanto, no había mucho que decir, fuera de advertir que el diálogo continuaría, y que cualquier determinación tendría que ser consultada a los organismos de dirección partidaria.
Abordados por separado, y con mayores o menores grados de apertura, los participantes en la encerrona relataron algunos detalles de la reunión. La suma de esos relatos permite hacerse una idea bastante aproximada de lo ocurrido.
El primero que habló por parte de los visitantes fue el Coordinador General del FMLN, Medardo González. En síntesis, expresó que su partido no solo tenía interés en ganar las próximas elecciones sino, además, en gobernar de la mejor manera, y que para ello era necesario contar con aliados confiables y fortalecidos en los niveles municipales y legislativos. Por eso, dijo, hacían este movimiento de reencuentro con el CD. Hasta ahí, al parecer, los cedeístas estuvieron de acuerdo con el planteamiento. Pero Medardo González concluyó con una idea que no les pareció muy afortunada. Habría dicho que muy bien podrían realizarse alianzas locales entre ambos partidos, pero también habría aclarado que "por supuesto, con banderas separadas".
El turno siguiente fue para Leonel González, candidato efemelenista a la vicepresidencia de la república. Leonel admitió que el FMLN había cometido un error político en la forma de enfrentar las anteriores negociaciones con el CD, sobre todo al haber lanzado su fórmula sin avisarle siquiera a su contraparte en la negociación.
Pero alegó que se habían visto forzados por dos circunstancias apremiantes: el propio reloj político frente a ARENA, el cual no necesariamente coincidía con los tiempos particulares del CD; y el enorme esfuerzo que a la dirección de su partido le había costado convencer a la militancia de la necesidad de abrir la candidatura a una persona externa al mismo (Mauricio Funes), lo cual, de paso, había derivado en que las bases reclamaran que el proyecto histórico del FMLN fuera garantizado, al menos desde el complemento de la fórmula, por un cuadro histórico: él mismo.
Finalmente, Leonel apeló al conocimiento mutuo que existe entre las direcciones de ambos partidos, pues "muchos de nosotros hemos navegado durante varios años en el mismo gran proyecto democrático y revolucionario para nuestro país".
Entonces le tocó el turno a Mauricio Funes, quien tendría que referirse a dos de los puntos de agenda capitales para el CD: el programa y el estilo de gobierno. Cinco de los concejales cedeístas, entrevistados después del evento, coincidieron en un punto: Funes no dijo prácticamente nada más que lo que había formulado el once de noviembre, en su proclamación oficial como candidato farabundista. "En ese sentido, y aunque la alianza con el FMLN tenga una considerable simpatía dentro de nuestro partido, la exposición de Mauricio Funes en realidad dejó más dudas que las que ya teníamos", admitió uno de los cedeísta.
Otro de ellos reveló que la dirección del CD había dejado muy claro ante la delegación del FMLN un punto importante: "Nosotros no tenemos ninguna duda del entusiasmo que genera la candidatura de Mauricio Funes, pero tampoco tenemos ninguna duda de que ese entusiasmo no es suficiente para quebrar los temores que el FMLN genera en los sectores indecisos, que son los que en definitiva decidirán el triunfo o la derrota de un proyecto".
Consultado vía telefónica, Oscar Samayoa, miembro de la comisión de línea política y seguimiento del CD, resume así la reunión: "El FMLN nos dijo que con nosotros no tenían ninguna prisa, que estaban interesados en darnos todas las muestras y las señales necesarias para convencernos de que sus propuestas de alianza eran consistentes; nosotros por nuestra parte les hicimos saber que queremos tener todos los seguros posibles que garanticen que, efectivamente, lo hablado sea lo entendido y lo puesto en práctica".
-Pero en concreto, Oscar, ¿entre el FMLN y el FDR, en qué situación está ahora el CD? -le preguntamos.
-No estamos entre uno y otro. Nuestro propósito, como fue el mandato de nuestro Consejo Nacional, es esforzarnos por construir las más amplia alianza; es decir que nuestro objetivo es plantear al FMLN su apertura hacia las demás fuerzas y movimientos, porque solo esa alianza realmente amplia es la que podría llevarnos a una alternancia en el país".
-¿Seguirá en discusión el tema de las candidaturas aunque el FMLN haya asegurado que su fórmula es innegociable?
-En esta reunión solo tomamos nota de lo dicho por el FMLN, pero por nuestra parte mantenemos que cualquier decisión de la alianza tiene que ser discutida y consensuada por todos los socios de esa alianza. Independientemente a nuestra discusión interna, en términos de simpatías hacia una u otra posibilidad, el partido sostiene lo dicho: primero discutimos y acordamos en cuanto a programa y estilo de gobierno, y solo al final sobre el tema de las candidaturas. En eso no hemos dado ningún paso atrás".
-¿Entonces no es cierto que, con esta reapertura del diálogo con el FMLN, ustedes desechan la alianza con Zablah y el FDR?
-Te lo pongo así: "lo que nos interesa es sumar, y tanto el FMLN como el FDR, Zablah y otros sectores, son partes de la suma. La sola alianza con uno u otro no nos lleva a la alternancia. Solo la unión de todas las partes garantiza la victoria, en eso estamos claros en nuestro partido".