
"No busquemos neciamente una sola identidad nacional”
El debate sobre la homogeneización
de la identidad salvadoreña tomó las instalaciones
de la Universidad Tecnológica la semana pasada. Historiadores,
antropólogos y arqueólogos se reunieron para hablar
sobre qué es ser salvadoreño. Este diálogo
forma parte de otros más antiguos que los estudiosos del
tema han establecido en las últimas décadas.
Lunes 3 de diciembre de
2007
Georgina Vanegas
gvanegas@centroamerica21.com
¿No una, sino varias identidades
“Para mí no es preocupante pensar que hay
identidades diversas, que no hay una sola identidad”, declaró
la historiadora María Eugenia López, ponente del foro
¿Existe una diversidad salvadoreña?, celebrado la
semana pasada en la Universidad Tecnológica (UTEC). “No
busquemos neciamente una sola identidad nacional. En cada nación
hay identidades diversas”, aclaró. Se refiere a las
diversas condiciones de género, nivel socioeconómico
y las diferencias culturales que existen entre los ciudadanos que
constituyen El Salvador.
“El Salvador, al igual que otros países, está
conformado por grupos sociales que tienen diversas identidades”,
dijo en entrevista con Centroamérica 21. “Hay una identidad
construida a partir de referentes de nación que hacen alusión
a lo nacional, a partir de símbolos, de una recuperación
de la memoria histórica oficial, por parte del Estado. Esto
se reproduce a través de la educación, de las fiestas
cívicas y de los medios de comunicación”.
Pero la idea de que no solo en El Salvador, sino en el resto de
países de todo el mundo existe una identidad heterogénea,
no ha surgido de último momento. Ya hace 10 años Jordi
Borja y Manuel Castells abordaban la situación desde la perspectiva
de las comunicaciones. Así, afirman en la publicación
Local y Global que “quienes estén alarmados por la
desaparición de la homogeneidad social y las tensiones sociales
que ellos suscita deben aceptar la nueva realidad: nuestras sociedades,
en todas las latitudes, son y serán multiculturales, y las
ciudades (y sobre todo las grandes ciudades) concentran el mayor
nivel de diversidad”.
El migrante
La historiadora López no dejó de lado el fenómeno
migratorio, que ya ha sido catalogado por el Programa de Naciones
Unidas para el Desarrollo (PNUD) como parte del “nuevo nosotros”.
“Las culturas del salvadoreño rebasan más allá
del territorio. Lo que hemos llamado territorio nacional está
roto por la población. Casi la mitad de nosotros está
en el extranjero; eso nos hace asumir el modelo de vida estadounidense”,
dijo.
La migración es un factor determinante dentro de la identidad
salvadoreña, según el arqueólogo Fabricio Valdivieso,
ponente de foro. “Hay tres dimensiones en las que se puede
enmarcar al salvadoreño: la ecológica, la histórica
y la cultural”, acotó.
Dentro de la ecológica, se identifican las materias primas
usadas para la elaboración de las tecnologías, y las
que definen la dieta alimenticia. En este sentido, hay una diferencia
entre lo que consume quien vive cerca de la costa y quien habita
las urbes del gran San Salvador.
La dimensión histórica de la identidad actual es el
resultado de una serie de sucesos históricos, como la cultura
migratoria que se ha ido desarrollando en el país con el
paso del tiempo. Y la cultural se basa en la asimilación
de conceptos que crean una manera de ser y de vivir fenómenos
como la religión y las formas en que esta se transmite a
las demás generaciones.
“Es difícil encontrar un salvadoreño que no
diga todos los días: ‘me voy’”, opinó
Ramón Rivas, ponente y director del Museo de Antropología
de la UTEC. “Es preocupante, porque un país que no
tiene sentido de la unidad, no tiene identidad y así no tiene
futuro”, concluyó.
Según las estadísticas, es frecuente que cuando el
salvadoreño piense en dejar el país, lo haga para
buscar oportunidades laborales en Estados Unidos. Borja y Castells
aseguran que esto generaría nuevos impactos con los que las
sociedades modernas, entre estas la salvadoreña, deben lidiar,
como la segregación étnica producto de la discriminación.
“El modelo de segregación étnica
urbana más conocido y más estudiando es el de las
ciudades norteamericanas, que persiste a lo largo de la historia
de Estados Unidos y que se ha reforzado en las dos últimas
décadas, con la localización de los nuevos inmigrantes
en sus correspondientes espacios segregados de minorías étnicas”,
aseguran los autores de Local y Global.
En los últimos tiempos, el fenómeno migratorio podría
experimentar una baja, más no su desaparición, según
las recientes informaciones de la Organización de Naciones
Unidas (ONU). El organismo ha establecido que esta tendencia sería
producto del pronosticado deterioro de la economía estadounidense,
con la consiguiente reducción de oportunidades laborales.
Las recientes políticas antiinmigrantes implementadas en
la región constituyen el segundo factor que la ONU menciona
como parte de las causas de dicha baja.
Es precisamente el estatus de “inmigrante” e “ilegal”
algunas de las características con que se asocia al salvadoreño.
Esto también constituye parte de su identidad, según
Rivas: “Identidad es identificarme conmigo mismo, con el medio
donde estoy y con un territorio macro. Pero también es saber
con quién me identifican a mí”.
“Hay que buscar dónde nos podemos ubicar como sociedad.
No vamos a encontrar nunca nuestra propia identidad, sobre todo
en contextos tan complejos. Debemos buscar nuestra propia dinámica,
porque no podemos seguir imitando”, enfatizó.
¿Quién soy para el Estado y el mercado?
Sin embargo, el principio de todas las discusiones debería
estar en el significado de la palabra “identidad”, según
el analista político Dagoberto Gutiérrez.
“Vas para el Puerto de La Libertad y ahí por Zacatecoluca
te para la policía. Te identificás. Te piden el Documento
Único de Identidad (DUI). Pero, este documento ¿es
tu identidad o tu identificación?”, cuestionó
Gutiérrez a la audiencia de la UTEC.
“Es importante descifrar qué es la identidad para saber
qué es la salvadoreñidad”, apuntó. En
este sentido, arrojó una explicación sencilla del
concepto de identidad: “Sos lo que sos en relación
con otro diferente a vos”. Es decir, que nuestra identidad
se constituiría en base a los rasgos que nos diferencien
de un “otro”.
Si bien es cierto que es muy difícil determinar qué
constituiría esta diferencia, la clase social es un aspecto
que definiría quiénes somos, según Gutiérrez,
y esto vendría muy ligado con la concepción de ciudadano
que tenga el Estado y el mercado. “Esto lo define el mercado
y no olvidemos que hoy, el mercado define al Estado”, recalcó;
y luego cuestionó: “¿Al mercado le interesa
si uno es ciudadano o si uno es consumidor?”. Al mercado le
interesa que la gente adquiera lo que desea. El sentido identitario
más poderosamente elaborado es el de consumidor”.
Mario Lungo y Jaime Barba, trataron esta problemática en
la Estado y Mercado, compilación de artículos que
incluye el escrito de Osvaldo Sunkel, El Marco histórico
de la reforma económica contemporánea. Según
Sunkel, el Estado ha ido perdiendo credibilidad debido a “una
intervención cada vez mayor y menos justificada en el funcionamiento
de los mercados que fue dificultando su indispensable función
complementaria (la del Estado) en la asignación de recursos
productivos, con efectos cada vez más negativos en su correcta
utilización, eficiencia, productividad, competitividad y
crecimiento”.
Para Norberto Lechner, autor del ensayo El debate sobre Estado y
Mercado, parte de la problemática radica en la concepción
de que la solución es la preponderancia de uno de los actores.
Para él se trata más de un equilibrio de las fuerzas
que garantice que la persona pueda ser ciudadano y a la vez consumidor.
“La consigna ‘menos Estado, más mercado’
refleja una ingenuidad peligrosa. Si queremos afianzar una economía
social de mercado, debemos encarar el fortalecimiento del orden
social. A ello debiera apuntar una reforma del Estado; no a más
o menos, sino a otro Estado. Es decir, un Estado democrático
que integra efectivamente a todos los ciudadanos”, afirma
Lechner.
Después de la disertación sobre Estado, mercado, el
DUI, las migraciones y los entramados culturales, Dagoberto Gutiérrez
dijo a la audiencia: “Podés falsificar tu identificación,
pero no tu identidad”.
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