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Destino II

 

El destino político de El Salvador ha tomado esta semana una relevancia sin precedentes al haber sido hechas públicas las intenciones políticas de ser candidato presidencial por parte del empresario y altruista José Barahona.

Ningún salvadoreño en el exterior había hecho un anuncio público de tal magnitud y trascendencia hasta ahora, y la motivación para hacerlo la expresó de la siguiente manera: “ Se han acercado muchas personas de todos los partidos políticos a proponerme una candidatura a la Presidencia. Y yo estoy dispuesto a asumirla porque estoy preocupado que en 2009 se expanda el chavismo” .


Lunes 10 de diciembre de 2007
Por Walter Monge-Cruz
waltermonge@comisioncivicademocratica.org
www.comisioncivicademocratica.org

 

WALTER MONGE

Claramente, la retórica del discurso político del candidato presidencial del partido comunista FMLN, Mauricio Funes, no ha sido recibida positivamente por el sector no afiliado partidariamente de la diáspora en Estados Unidos.

 

Alrededor de la declaración pública de esta semana hecha por Barahona, existe una clara convicción que me ha sido manifestada por diferentes ciudadanos de la diáspora en diferentes ciudades de la nación estadounidense, la cual consiste en interpretar que un gobierno liderado por la comisión política del FMLN o Mauricio Funes, crearía una mayor crisis económica y una profunda inestabilidad social.

 

Realistamente las posibilidades de que el PCN, ARENA y el PDC se coaliguen para solicitarle a José Barahona que sea su candidato presidencial como él lo propone o desea que suceda, son muy improbables, debido a su relativa inexperiencia política; sin embargo, la experiencia y éxito empresarial conseguidos en un país súper desarrollado junto al vigor de una nueva figura de liderazgo que sacrificaría la comodidad de su estilo de vida por servir al pueblo desposeído, generaría un impacto positivo para cualquiera de esos partidos políticos.

Analizo que ARENA podría considerarlo como un candidato a la vicepresidencia, ya que creo improbable que la candidatura a la presidencia le sea dada a alguien quien no ha sudado la camiseta y podría cambiar el status quo del partido; José Barahona podría revitalizar las deterioradas relaciones entre el gobierno y la diáspora, debido a que es un símbolo de éxito y altruismo que nos identifica a todos los que residimos en el exterior.

Discierno también en el hecho de que la mayoría del pueblo salvadoreño desea cambio en las políticas públicas y que debido a eso el FMLN cuenta con una oportunidad bastante real para llegar a la Presidencia de la República, si embargo, su discurso político y la asociación de sus líderes con grupos oportunistas que falsamente y ridículamente sé autodenominan representantes de los salvadoreños en el mundo, destruyen sus posibilidades de expandir su popularidad ante la diáspora.

En un mundo ideal, tendría que ser el centro político el responsable de ofrecer esa alternancia de poder que el pueblo desea, de manera que se minimice la polarización social y política, manteniendo la estabilidad democrática, por lo que me intriga el considerar que el PDC podría integrar una formula presidencial constituida por Arturo Zablah como candidato presidencial y José Barahona como su vicepresidente.

 

La formula Zablah-Barahona le daría al partido verde legitimidad en su oferta política, lo cual junto a un plan de gobierno que se concentre en su lucha contra la corrupción para reivindicarse de sus propios pecados del pasado; la lucha eficiente contra la delincuencia y la generación de empleo con una estabilización de los salarios, daría la opción que la ciudadanía necesita.

Unánimemente los líderes con quienes he conversado, consideran que el partido PCN es una mácula en el destino de la patria y que en estas próximas elecciones el pueblo debería omitirse de otorgar un solo voto a esa lacra de líderes que de manera personal considero traidores a la patria.

 

Ninguno de los otros partidos políticos (FDR/CD), ha demostrado hasta este momento un propósito legítimo de incidir positivamente hacia la cimentación de una opción política legítima de gobierno.

 

Ambos partidos políticos son percibidos como oportunistas ansiosos de poder, lo cual es lastimoso, particularmente para el CD, quien cuenta con un grupo de liderazgo intelectual espléndido que a la vez contiene experiencia política invaluable.

Quiero compartir en esta oportunidad que como José Barahona existen en Estados Unidos otros ciudadanos que desean ser Presidentes de la República, entre ellos un amigo en Nueva York, quien desde hace años ha manifestado su intención a serlo.

 

Unívocamente mi amigo y José Barahona son exitosos empresarios altruistas, mas el pecado de mi amigo es el protagonismo y debido a ello se deja seducir por individuos que promueven la exclusividad y el fraude.

 

Es primordial que los ciudadanos de la diáspora que aspiran a cargos importantes de elección popular sean imparciales en sus asociaciones y que procuren la unidad del muy dividido liderazgo comunitario en el exterior.

Millones de salvadoreños en el exterior deseamos ver que nuestro país sea liderado por personajes capaces, honestos y con vocación de servicio al pueblo desposeído.

 

Insolentemente el actual partido de gobierno ha cerrado, en el pasado la oportunidad para que líderes de la diáspora afines a sus lineamientos políticos ocupen cargos públicos.

Sus mentiras electorales han rebalsado la taza de la confianza en muchos de sus seguidores y su oposición al voto en el exterior ha indignado a la diáspora en general.

Brillar como nuevos líderes sensibles a las necesidades del pueblo es el compromiso que debe prevalecer en ciudadanos como José Barahona y cualquier otro que desee seguir sus pasos.

 

En la infinidad de recursos que la diáspora posee se encuentra un complemento que podría ser causa del cambio positivo que transforme a nuestro país.

 

Ser incluyentes a la incidencia de la diáspora en las políticas públicas ha sido un beneficio para los militantes del FMLN en el exterior, ya que el partido político al menos simbólicamente les ha otorgado esa oportunidad al convertir a algunos de sus miembros en diputados.

 

Ostentar ese privilegio debe ser sin duda un orgullo, no por lo que el título genera, sino porque se puede trabajar por el pueblo y se puede construir una nación de oportunidades para todos.

 

San Salvador, San Miguel, Santa Ana, etc, etc, hasta cubrir los catorce departamentos deberían tener un representante de la diáspora, nos lo merecemos y no tengo que explicar los motivos.

 

Autenticar nuestro valor como parte del desarrollo de la nación es el reto de José Barahona, de mi amigo en Nueva York, mío y de cualquier otro patriota que desde el exterior siente la necesidad de incidir políticamente para el bienestar de nuestro país.

 

Recordemos que la unidad de nuestro liderazgo puede cambiar el destino de nuestra nación y el de nuestros hermanos, quienes con doscientos dólares mensuales viven un infierno en la economía actual de El Salvador.

 

Deseo que el destino nos otorgue la oportunidad de demostrar las cualidades positivas que como diáspora política podemos otorgar al campesino, al obrero, al profesional, al empresario, a la niñez y a la juventud.

 

Independientemente del partido político que llegue al poder presidencial y legislativo en las elecciones generales del 2009 o de los compatriotas que logren ocupar cargos públicos.

 

Esta próxima semana estará Mauricio Funes en Nueva York y Washington DC, espero ansiosamente la cita en Washington DC, ya que deseo escuchar personalmente ¿Cómo creara empleo?, ¿Cómo recuperara el poder adquisitivo del pueblo?, ¿Cómo terminará con la corrupción?, ¿Cómo disminuirá la delincuencia?

Repetidamente he criticado su postura política hasta ahora, debido a que considero que es el mismo discurso demagogo de la clase politiquera de El Salvador, que aun nos considera ingenuos.

 

Objetivamente los salvadoreños en el exterior deseamos conocer los planes de gobierno de los candidatos presidenciales, en los cuales nos digan específicamente cómo harán los cambios que prometen.

 

No queremos escuchar candidatos que nos van a hablar como políticos chambrosos y sin oficio, como lo han hecho por décadas; particularmente, un entrevistador de noticias no me impresiona, porque es fácil leer noticias u ofrecer un análisis educado y aunque puede tener elocuencia en su discurso, lo importante en este caso, es que además del discurso ofrezca pruebas de ¿Cómo va a lograr lo que promete?, en números.

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