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Delia Sandoval es propietaria de la empresa Verduglasa, que mueve unos 100 productos que son distribuidos diariamente en los 62 Super Selectos de todo el país.

Delia Sandoval: una empresaria exitosa


Tras haber luchado toda su vida, Delia por fin obtuvo un merecido reconocimiento. Delia recibió el premio PROPEMI y la satisfacción de haber caminado lento pero seguro, de la pobreza total a la riqueza no solo económica, sino también familiar.

Delia es ahora un ejemplo de mujer emprendedora. En la entrega pasada conocimos más su historia personal, ahora en esta edición conoceremos cómo formó su empresa y los obstáculos que tuvo que pasar.


Lunes 3 de diciembre de 2007
Segunda entrega
Teresa Andrade

teresa.andrade@centroamerica21.com

 

Hace algunas semanas Delia recibió una visita, para darle una noticia que jamás imaginó: “Usted ha sido escogida por FUSADES y PROPEMI para ser la empresaria del año. Felicidades doña Delia”, le dijeron las ejecutivas de la cuenta de Delia.

Su rostro se paralizó por un instante, la emoción era tal que no podía contenerse, todo el esfuerzo que había pasado, a lo largo de su vida para salir a delante, al fin había dado sus frutos, a pesar de ello no perdió la humildad que siempre la caracterizó. “Me sentí tan asustada, yo no creí merecer tal cosa, porque pudieron haber personas mejores que yo y mejor capacitadas”, confesó.

Delia recordó que ese había sido el lema que la acompañó para salir adelante: “Yo pienso siempre que hay uno mejor que yo, y siempre pienso ‘yo tengo que ser mejor que este' y eso me da el grado de escalafón que me va ayudando a levantarme. Por eso no me sentí merecedora del premio”.

Esa misma noche que le dieron la noticia, dormir fue imposible para ella. Recordó como llegó a FUSADES, y lo que había logrado con su apoyo.

Acababa de pasar el terremoto de 1986 y había dejado devastada la ciudad de San Salvador. Delia nunca paró de trabajar, pero en ningún lado encontraban productos de calidad. La escasez debido a la guerra y el terremoto era inminente. La desesperación se apoderó de ella y su esposo. Milagrosamente, una llamada a un amigo en México les abrió las puertas a nuevas posibilidades.

“Julio, por qué no me cotiza verduras por allá y me hace un presupuesto, es que aquí nos hemos quedado sin nada”, le dijo Delia a su amigo. Julio emprendió la tarea solicitada y de inmediato hizo una llamada a El Salvador: “Mire Delia, ya tengo todo, pero necesitamos 18 mil colones para poder afianzar este negocio ¿Lo toma o lo deja?”. Habría que pensarlo muy bien.

La empresa que actualmente dirige esta mujer emprendedora, comenzó como una venta de frutas en un cajón. Poco a poco fue buscando mejorar su negocio hasta llegar a ser propietaria de una empresa.

“El carretón nos llevó a Super Selectos”

Después de tener a su hijo y enfrentar la soledad de dar a luz y criar al bebé sin ninguna compañía; tanto Delia como su esposo reflexionaron y rehicieron su relación; ahora el reto era asegurarle lo básico al niño y a ellos mismos. Una brillante idea los sacaría adelante, aunque en ese momento era bastante modesta: alquilaron un pequeño carretón en el mercado. Comenzaron comprando unas pocas verduras y las iban a vender a distintas zonas. La idea era que la gente no bajara a los mercados, si no llevarles el producto a la puerta de su casa.

René halaba el carretón y Delia lo empujaba. Montaban al niño encima de la mercadería y así pasaban por las calles, ofreciendo el producto. Agarrando fuerzas de donde pudieran y cuidando al niño para que no se cayera, iban tocando puertas de lugar en lugar. La ruta que se habían trazado empezaba con un recorrido por la sexta décima hacía arriba y de ahí llegaban hasta la Cruzadilla , ahora conocido como El Salvador del Mundo.

En los alrededores de la Cruzadilla , había una pequeña tienda de artículos de primera necesidad, el dueño del local era don Daniel Callejas, un pequeño empresario que había logrado ser dueño de la tienda. Comenzó abasteciéndola de embutidos y posteriormente logró comprarle la tienda a la que en ese entonces había sido dueña de Super Selectos.

Un día, Delia se acercó a la tienda y le dijo a don Daniel: “buenas tardes mire yo le ando llevando papa”. Les compró algunas libras y como vio que se vendían bien decidió, al día siguiente, pedirles más. Así, poco a poco los clientes de Super Selectos pedían más y más verduras. Ya no tenían que ir a los mercados para comprarlas.

“Don Daniel me daba una listita con unos 25 chiles, 25 tomates, 15 plátanos. Nosotros lo comprábamos, lo echábamos al carretón y lo llevábamos”, recuerda Delia. Así poco a poco don Daniel se volvió el cliente predilecto de Delia y René.

La venta era muy buena en esa zona, lograban sacar al día unos 60 colones, con los cuales podían invertir para seguir comprando y dejar unos 10 colones para que comiera el pequeño Fernando, Delia y su esposo René.

Parecía que todo iba bien, tenían una responsabilidad que cumplir con don Daniel, pero ir por las calles con un carretón de madera lleno de verduras era difícil.

En una ocasión mientras iban por la sexta décima el carretón se le soltó a Delia y su esposo, René no lo pudo agarrar. El carretón rodó y rodó y chocó con un paredón. El daño no fue muy grande, le habían quebrado el asta. Con la tristeza a cuestas por el golpe, decidieron ir a dejar la última mercadearía al Super. La persona que se los alquilaba decidió nunca más prestarlo.

“¿Y ahora qué hacemos?”, se preguntaba Delia. No podían dejar de cumplir y de ganar un par de colones para comer. A Delia se le ocurrió comprar unos canastos y coser unas redes para cubrir las verduras. El problema era trasportarlos hasta la Cruzadilla. Tendrían que tomar un bus e irlos cargando en sus hombros. Era más difícil, pero nunca pararon de trabajar.

Debut en Guatemala

Para suerte de Delia, no les duraron mucho esos viajes en bus. Cuando descargaban los productos en el Super, Don Alfredo Mazi, vecino del lugar, había abierto un almacén Freund y había traído una flotilla de furgonetas. Don Alfredo se acercó a Delia y a René para ofrecerles una. Con suerte, lograron sacar una y Don Alfredo, les dio el financiamiento. Parecía que todo iba viento en popa.

“Con esa furgoneta éramos unos Mazinger jalando nuestras verduritas”. Delia y René se despertaban muy temprano en la mañana y se iban al mercado. Mientras él iba a comprar todas las verduras del día, ella se quedaba limpiándolas y colocándolas en la furgoneta. Eran un buen equipo, ahora ya podían ir más seguros a dejar sus productos.

Camino hacia la Cruzadilla , Delia se fijaba en otros camiones de carga, con sus barandales y todo ordenadito. Ella pensaba “algún día, aunque sea uno así vamos a tener”. La mente del ser humano suele ser tan poderosa y el deseo de superación tan grande que Delia nunca perdió de vista esos deseos.

Delia y René pagaban una pequeña cantidad por la furgoneta, pero gracias a ella podían viajar hasta Zapotitán y llevar hasta 20 quintales de verduras. Ahí conseguían precios más baratos y les quedaba un poquito para ir probando si se vendían otros productos en el Super.

Dos años después, lograron comprar su primer carro, un Toyota, “pero yo sentía que eso no era todo, yo pensaba por honor, por orgullo, por tesón y por bendición divina, que teníamos que llegar a tener más, buscar la forma de facilitar nuestro trabajo”, cuenta Delia.

Con el tiempo, pudieron llegar a tener otro carrito, un Nissan Cabol, y ya pensaban en aventurarse a Guatemala. “Nuestro Debut en Guatemala, decíamos nosotros”. Viajar a Guatemala les permitía traer mejores productos y de mayor calidad. Según Delia, El Salvador consume un 70 por ciento de legumbres traídas de Guatemala. Así que esa era la meta.

“Nuestro debut fue algo tan terrible, porque lo hicimos en tres días, el carro no jalaba, nuestra experiencia era nula, el carro estaba mal”. El carro había sido una mala inversión y en ese momento adquirir otro era muy difícil por la situación de inestabilidad política que vivía el país, ya que no estaban entrando vehículos nuevos.

Pero ya a finales de los setenta, entró la última flotilla de camiones nuevos, de la Nacional Automotriz. Delia se enteró y de inmediato sacó uno con financiamiento. Ahora la guerra estaba en camino, pero ellos tendrían como ir y venir de Guatemala.

Por fin, Delia pudo hacer su debut en Guatemala en grande. Cuenta que fue la segunda mujer en obtener la licencia para conducir camiones. Tomó el camión de 6 toneladas y viajó con su esposo siguiéndola, en el viejo carrito de ellos. Delia se sentía la mujer más feliz del mundo, manejando su destino y emprendiendo esos viajes que la harían triunfar.

Los méritos alcanzados por Delia Sandoval la hicieron acreedora del reconocimiento "emprendedora del año" otorgado por FUSADES.

La guerra, Guatemala y la delincuencia

El conflicto armado de El Salvador había entrado de lleno y muchas personas sentían mucho miedo de ir hasta a Guatemala a traer los productos para abastecer los mercados. Aquí había escasez de todas las legumbres. Sin embargo, Delia hizo a un lado esos miedos y era de las pocas personas que viajaba a diario para traer lo que se consumía en los Super Selectos.

Para ese entonces, don Daniel Callejas ya había expandido sus tiendas por todo San Salvador y Delia tenía que llevar las verduras y frutas diariamente para abastecer todas las tiendas, y que los clientes tuvieran el mejor producto y de buena calidad. Como nadie más se atrevía a salir, Delia estaba haciendo su agosto.

“Yo si aproveché el tiempo de la guerra. Esperaba que amaneciera y me iba, caminaba un poquito y me detenía, a veces llevaba ayudante, a veces no. Entonces, me iba solita porque los ayudantes se me corrían porque yo era muy atrevida, decían. Ya en Guatemala nadie me detenía, cargábamos rapidito y de regreso, para no llegar muy tarde”, recuerda.

Ya para ese entonces, su hijo Fernando se había unido al negocio, además de los dos hijos que había tenido su esposo René fuera del matrimonio. Ahora toda la familia contribuía de alguna manera a cumplir los sueños de salir adelante.

En verdad, Delia le sacó provecho a la guerra, porque entre soldados y guerrilleros, se abrió paso para traer su mercadería. Sin embargo, después de la paz la delincuencia era su mayor enemigo. Se enfrentaron a decenas de asaltos en la ciudad de Guatemala, donde en más de alguna ocasión estuvieron a punto de perder la vida con su esposo.

Cuenta que una vez en la carretera que lleva de El Salvador a Guatemala un carro se acercó al camión en el que iban Delia y su esposo. Los acorralaron y los llevaron hacia la finca Las Conchas, mismo lugar donde años después encontraron los cuerpos calcinados de los tres diputados del PARLACEN. A René lo molieron a patadas dejándolo postrado en una silla de ruedas, a Delia no pudieron hacerle nada, pero ahora tendría que viajar sola a Guatemala, con la incertidumbre de que un día le podría pasar algo a ella.

Y así fue, la llevaron a la misma finca y ella pensó que ahí iba a morir, sus manos temblaban. El tipo le dijo “¿Dónde está el dinero que traés?”. Ella le había dado el dinero a otro tipo y aunque era poco, ella decidió decirle que le había dado más. Provocó una trifulca entre ellos. Los tipos estaban enojados y ella les dijo “Mi jefe andaba más dinero, iba delante de mí”. Los tipos corrieron a buscar al supuesto jefe y Delia huyó por los montarrascales. Esa fue la última ocasión que Delia viajó a Guatemala.

PROPEMI y el futuro

Cuando las cosas empeoraron por los terremotos y los productos no entraban a El Salvador, ni a Guatemala. Esa llamada desde México, la dejó pensando mucho. Cómo podría decirle que no a esa oportunidad y cómo podría quedarle mal a don Daniel. Le dijo a su amigo Julio que aceptaba.

Su secretaría en ese entonces, le dijo que existían unos programas de FUSADES, donde ella podía aplicar. Y así fue, de inmediato le aprobaron un préstamo por más de 20 mil colones. Delia sintió que había tocado el cielo, ahora podría seguir adelante con su negocio.

Es así como Verduglasa, la actual empresa de Delia, consiguió el dinero para poder seguir abasteciendo a todo El Salvador con frutas, verduras y legumbres. Ahora Delia posee un crédito rotativo con PROPEMI y además la convirtió en la empresaria el año.

Además de esta empresa, Delia también está dedicada a la ganadería. Recuerda que la basura que sacaba de las verduras que se podrían y las hojas que quedaban ahí, eran demasiadas. Entonces decidió adquirir cuatro vacas para que se comieran todos los desperdicios de la mercancía que sacaban.

En pocos días, esas cuatro vacas se habían convertido en lo que ahora son 287 cabezas de ganado que servían para reciclar lo que sacaban de desperdicios, pero sin darse cuenta ese ganado era el mejor para la producción de carne. Así que ahora también produce carne en grandes cantidades para Super Selectos.

Ahora Delia es dueña de una finca enorme, donde no solo se dedica a la ganadería, si no que también quiere comenzar a cosechar ella misma los productos que vende. Además quiere montar una máquina de empacado al vacío para ofrecer frutas para las personas que trabajan y desean llevarlas a sus oficinas. Otro de sus proyectos es iniciarse en la producción de mojarras.

Delia ha tenido que pasar muchas dificultades, pero nunca se ha rendido ante las vicisitudes de la vida, al contrario ha sido una mujer luchadora, que junto a su familia ha sabido salir adelante. “La gente debe hacer las cosas lo mejor que pueda, para hacer bien lo que sabe hacer y convertirse en un ejemplo para los demás. Eso he hecho yo”.

Nota anterior:

Delia Sandoval: el comienzo de una vida exitosa
"Tenés que avivar o si no te avivan"

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