A finales de la
década del 70 y principios de los años 80 el FMLN
se preparaba para la “ofensiva final”. En el territorio
salvadoreño se organizaban los diferentes frentes de guerra,
internacionalmente se establecía un corredor logístico
por mar y aire para el trasiego de armas. La meta era trasladar
120 toneladas de equipo militar, para lo cual contaban con pilotos
mercenarios costarricenses y panameños, aviones del inventario
de la fuerza aérea del derrocado dictador Somoza, y de
las fuerzas aéreas panameñas y sandinistas.
La cantidad de material bélico a transportar implicó
durante un período casi un viaje diario. No faltaron los
accidentes, en uno de ellos la fuerza aérea salvadoreña
con apoyo del ejército logró capturar a uno de los
pilotos, el costarricense, Julio Romero Talavera. En estas dos
entregas narraremos la organización del corredor logístico
y la captura del mercenario costarricense.
Lunes
3 de diciembre de 2007
Herard
Von Santos
Primera entrega
redaccion@centroamerica21.com
A mediados de 1979 comenzaban a dibujarse las
diferentes zonas de operaciones que se identificarían,
en adelante, por la influencia particular que cada organización
aglutinada en el FMLN tenía sobre ciertos territorios del
país. Así el Frente denominado paracentral que comprendía
los departamentos de La Paz, San Vicente y Cabañas, se
encontraban bajo la influencia de las FPL con presencia de pequeños
destacamentos de las FAL, PRTC, ERP, y RN.
El comandante político-militar de las FPL en la zona era
Miguel Castellanos. Su puesto de mando se estableció en
la finca Paz Opico, situada al nororiente de las faldas del volcán
de Chinchontepeq. La principal tarea, además del reclutamiento
y adiestramiento de los nuevos guerrilleros, era la de obtener
abastecimiento de armas y municiones de cara a la “ofensiva
final” que pretendían lanzar en diciembre de 1980
en todo el país.
Ya a principios de 1979, durante una reunión celebrada
en Cuba entre los máximos dirigentes del PC, FPL y RN,
se organizó con los servicios de inteligencia cubanos el
aprovisionamiento logístico y las rutas de suministros
para el movimiento insurgente salvadoreño. Se estableció
que los cubanos estarían a cargo de armar y entrenar a
los nuevos cuadros rebeldes utilizando a Nicaragua como puente
y ruta de paso de dichos envíos.
En el frente paracentral, el principal objetivo
era entrenar y equipar adecuadamente a las unidades guerrilleras
organizadas en la zona (escuadras, pelotones y destacamentos).
A mediados de 1980 el comandante Milton de las FPL asumió
la dirección de ese frente, y fijó como principal
objetivo militar de la ofensiva, en ese sector, el cuartel de
Ingenieros (DMIFA) ubicado en Zacatecoluca.
Un puente aéreo para el trasiego de armas
La inteligencia cubana ya tenía experiencia en la organización,
planificación y ejecución de un sistema logístico
que les permitiera apertrechar a las guerrillas salvadoreñas,
como en su momento lo hicieran con los sandinistas en Nicaragua.
Se habían reclutado pilotos costarricenses y panameños,
principalmente, para operar una de estas líneas de suministros.
Pilotos costarricenses habían transportado armas desde
Cuba y Panamá, para las guerrillas sandinistas, por medio
de un puente aéreo entre ambas naciones y Costa Rica que
funcionó entre octubre de 1978 y julio de 1979 más
o menos. Se estableció además, según evidencias
capturadas por el ejército salvadoreño, un puente
de la Fuerza Aérea de Panamá al servicio del FSLN,
con o sin conocimiento del gobierno del general Omar Torrijos.
Tres vuelos diarios con armas procedentes de Panamá llegaban
a Costa Rica, al aeropuerto de Llano Grande, en Liberia, o a la
pista de aterrizaje de la Hacienda María Teresa, a 7 kilómetros
al norte de Liberia.
El puente aéreo operaba con aviones Aztec, Aerocomander
y Navajo, un DC-3 y un DC-6 fueron utilizados también para
transportar armas tanto de Panamá como de Cuba. El DC-6,
bautizado luego por los sandinistas con el nombre de “Comandante
guerrillero Germán Pomares”, realizó decenas
de vuelos entre Cuba y el aeropuerto de Llano Grande.
A finales de diciembre de 1978 aterrizó en el aeropuerto
internacional Juan Santamaría de Costa Rica un Boeing 707
procedente de Alemania Occidental con 60 mil libras de material
bélico para el frente sandinista. Semanas más tarde
en San Juan Santamaría arribaba un DC-8, procedente de
Portugal, con otras 90 mil libras de material bélico para
el mismo destino.
El puente aéreo entre la base militar Martí 1 en
Baracoa, 25 millas náuticas de la Habana y el aeropuerto
de Llano Grande en Costa Rica, funcionó entre fines de
mayo de 1978 y el 17 de julio de 1979. Un total de 21 vuelos con
una carga promedio de 31 mil libras de material bélico
por viaje se realizaron en el DC-6 de una compañía
costarricense, y 10 de esos vuelos fueron tripulados por costarricenses,
los demás fueron tripulados por personal panameño.
Según el testimonio de algunos pilotos costarricenses,
hechos públicos en 1980, y que participaron de este puente
aéreo, en cierta ocasión un jefe de la inteligencia
cubana, el comandante Manuel Piñeiro, durante una celebración
en octubre de 1979 en la Habana, preguntó si los tripulantes
costarricenses estaban en condiciones de participar en una operación
de mucha mayor envergadura transportando armas para El Salvador.
Un vuelo diario
Como se explicaría después en el libro “Conversaciones
con el Comandante Miguel Castellanos”, el ingreso de las
armas y municiones dependía de dos factores: de los corredores
que se utilizarían y de la situación política
que estuviese viviendo Nicaragua. El primer corredor era la vía
aérea desde Managua aterrizando en distintas haciendas
salvadoreñas que tenían pistas, como la San Carlos,
cerca de la costa de San Vicente. Dicha ruta era complementada
por el corredor marítimo entre Chinandega, Nicaragua, y
las costas de Jucuarán en El Salvador, y otro corredor
terrestre a través de la frontera hondureña, siempre
procedente de Nicaragua.
Los vuelos a la zona paracentral del país comenzaron a
regularizarse y, para 1982, llegaron a alcanzar una media de siete
vuelos semanales, según la inteligencia estadounidense.
Uno de los primeros envíos de armas a El Salvador, por
vía aérea, se accidentó y fue capturado por
el ejército salvadoreño. La mañana del domingo
15 de junio de 1980, entre las 0500 y 0530 horas, un bimotor Aerocomander
560-A, propiedad de la Fuerza Aérea panameña, se
estrello en la pista de la hacienda Miraflores de San Miguel.
En varias cajas apiladas en el fuselaje del avión había
un total de 22 mil cartuchos calibre 7.62mm para fusiles G-3 y
Fal. Las cajas tenían viñetas del Ministerio de
la Defensa de la república de Venezuela.
En enero de 1981, de cara a la denominada “ofensiva final”
de la guerrilla salvadoreña, se intensificó el abastecimiento
de armas al FMLN desde Nicaragua, empleando medios aéreos
y pilotos de la Fuerza Aérea Sandinista, así como
la red de pilotos colaboradores costarricenses y panameños.
La labor no era fácil, pues había 120 toneladas
de equipo militar a trasladar.
De acuerdo a la información publicada en el diario La Prensa
de Nicaragua, en septiembre del año 2001, los pilotos ticos,
que habían hecho el mismo trabajo en la lucha contra Somoza,
devengaban supuestamente 2 mil dólares por viaje, bajo
las órdenes del legendario Renán Montero Corrales,
de origen cubano, cuyo verdadero nombre era Andrés Barahona
López, jefe de la Dirección Quinta de la Seguridad
sandinista.
Para ello se rehabilitó y mejoró una pista aérea
agrícola, denominada Papalonal, al norte de Managua, desde
donde partían los aviones que estaban en el inventario
de la Fuerza Aérea de Somoza y que fueran capturados por
los sandinistas al final de la guerra, desde avionetas Cessnas
hasta viejos bimotores C-47 de la Segunda Guerra Mundial. En total
más de 50 medios aéreos, muchos de los cuales resultaron
destruidos.