Desde Oxford, Inglaterra, el ex comandante guerrillero
salvadoreño ha concedido varias entrevistas sobre el tema
venezolano a diversos medios europeos y latinoamericanos. Recientemente
nos envió a Centroamérica 21 una selección
de sus respuestas, sobre todo las que dio a la revista Tal cual.
Esas expresan un revelador ángulo de análisis, de
Chávez y sus planes, basado en una larga trayectoria de
lucha en las filas de la izquierda armada.
Lunes
3 de diciembre de 2007
Redacción
redaccion@centroamerica21.com
-¿Qué cosa es a su juicio el socialismo
del siglo XXI que pregona Chávez?
-Eso es un engendro que no tiene ni pies ni cabeza. Ni es lo que
se conoció como socialismo real, ni son políticas
socialdemócratas. En definitiva, pienso que de lo que se
trata es de usar un discurso de políticas sociales para
quedarse gobernando eternamente, a partir de controlar instituciones
y eso es autoritarismo. En el fondo de todo esto está la
cuestión entre las dos izquierdas, algo que en Europa fue
resuelto a favor de la socialdemocracia, pero que en Latinoamérica
seguimos discutiendo.
-¿Cuál es esa cuestión?
-La cuestión es que para esta izquierda que representa
Chávez, que representa Cuba, lo que le da la ética,
lo que le da sentido a estar en el gobierno es tener un proyecto
social, lograr soluciones a los problemas de la gente; pero el
problema es que la ética de la izquierda no está
centrada en llevar soluciones sociales a costa de la democracia.
La democracia es el elemento que le permite a los trabajadores,
a los estudiantes, a los campesinos, a la gente más humilde,
tener una garantía de que ellos pueden resolver problemas
cuando los poderes públicos caen en manos de cualquiera,
incluso de un militarote que levanta banderas de izquierda. Por
eso no puede ser sólo la parte social. Entonces creo que
hay intentos de reconstruir y justificar ideológicamente
de nuevo el autoritarismo de izquierdas, y de eso se trata el
engendro del tal socialismo del siglo XXI, que en definitiva es
un enredo porque, repito, no tiene ni las características
que tenía antes y tampoco es nuevo porque se parece mucho
a cualquier gobierno populista que hasta de derecha podría
ser. Al final, Chávez pretende sacrificar la democracia
y la legalidad que son el seguro más importante para la
gente.
-¿Pero es una revolución lo que Chávez
impulsa?
-La palabra revolución al final de cuentas se puede usar
como uno quiera, pero si nos remitimos en sentido estricto a lo
que debemos entender como revolución, estaríamos
hablando de cambios violentos, dramáticos y veloces que
alteran profundamente la estructura de poder político y
económico de un país. Esto no lo ves en Venezuela.
Cuando Chávez intentó llegar al poder por —digámoslo
así— la vía violenta, por las armas, la institucionalidad,
mal que bien, lo detuvo y lo forzó a retomar los caminos
legales, y ahí obtuvo una cuota de votación que
lo autorizó para hacer ciertas cosas, que le dio una correlación
de fuerzas que luego le permitió alterar ciertos órdenes
y acumular fuerzas; el error de la oposición fue, por soberbia,
querer sacarlo muy rápido. Eso sólo le aceleró
ese proceso de acumulación de fuerzas. Pero no se puede
llamar revolución a cualquier cosa.
¿Quién es Chávez?
-Un tipo que tiene unas características intelectualmente
pobres, una mezcla entre pastor evangélico y soldadote
con voz de mando. Es una vergüenza que la izquierda en América
Latina le rinda pleitesía.
Yo puedo estar en desacuerdo con Fidel Castro, pero el hombre
es brillante, y Chávez solo es un payaso. La izquierda,
en sus dos versiones, tiene dos características fundamentales:
una es que es combativa, básicamente la más radical;
y la otra es que es intelectualmente sofisticada. Chávez
se ha rendido dos veces, o sea que no es combativo y tampoco es
sofisticado intelectualmente.
-Usted ha afirmado que Hugo Chávez no tiene un partido
revolucionario sino una estructura política fragmentada.
Sin embargo, el PSUV logró inscribir 5 millones de personas.
¿Eso no es un comienzo?
-No creo. Un partido revolucionario se organiza en la calle y
en la lucha. El partido revolucionario se forma en la calle, cuando
los riesgos son altos y el premio es inexistente. Un partido que
se forma cuando los riesgos son inexistentes y los premios altos
no es un partido revolucionario. Desde el gobierno tú puedes
organizar no cinco, sino seis, siete millones de personas. En
una primaria interna del PRI en su fase final votaron 10 millones,
e igual perdieron luego. Desde el gobierno se pueden hacer esas
cosas, pero un partido revolucionario implica que tienes un núcleo
de dirigentes, una estructura territorial de cuadros cohesionados
ideológicamente que se formaron en una lucha revolucionaria.
¿Dónde, cuándo y cómo ha ocurrido
ese proceso en Venezuela?
-¿Qué tenemos entonces?
-Chávez entró al gobierno con un desorden ideológico
y organizativo que ahora intenta convertir en partido y el problema
es —tomándole el discurso— cómo va a
darle cohesión ideológica. Lo que hay es una amalgama
de todos los colores de gente aprovechando, lucrándose.
Es la revolución del despilfarro y los carros de lujo.
La queja de Chávez de llamar a la austeridad y a hacer
sacrificios, en medio del derroche y la abundancia, les debe resultar
ridículas a muchos de sus seguidores. Puede hablarse de
creación de nuevas élites, de movilidad social vía
participación política, de corrupción para
favorecer a nuevos grupos sociales, pero no de una revolución.
-Usted dice que Chávez no tiene una fuerza armada
revolucionaria, pero ahora los militares gritan “patria,
socialismo o muerte...”
-No hay un ejército revolucionario, porque no ha habido
una lucha armada revolucionaria. El ejército es el mismo
frente al cual Chávez se ha rendido dos veces. Ese ejército
es vertical e institucional y grita lo que le ordenen. Cuando
las marchas de los estudiantes, Chávez dijo que eso era
todo parte de un plan desestabilizador y que si la situación
llegaba a extremos se iba a repetir otro 13 de abril y que el
mismo lo iba a comandar. Pero si yo soy el gobierno y represento
al Estado, conforme a que entendemos que el Estado tiene el monopolio
de la violencia en su Fuerza Armada, no veo para qué convocar
a la gente a que defienda la institucionalidad. ¿Acaso
le tiene desconfianza a su ejército? Tú no puedes
tener un ejército que entrenaron los americanos, que además
derrotó a la guerrilla en los años sesenta, y de
la noche a la mañana ponerlo a construir el socialismo
del siglo XXI. Eso no es posible. ¿Por qué frente
al problema de los estudiantes no dijo, aquí está
la Fuerza Armada?
-Pero en Venezuela está la reserva militar que busca fusionar
al pueblo con el Ejército...
-Chávez en sus locuras de copiar a Cuba consideró
armar milicias populares y tuvo que retroceder. Armar milicias
fue la política de Cuba en el Chile de Allende y eso aceleró
el golpe de Estado. Si Chávez armara milicias en Venezuela
no lo haría para luchar contra EEUU, sino para construir
un poder militar paralelo contra el Ejército venezolano.
Como ese camino es muy riesgoso ha optado por corromper a la Fuerza
Armada comprándole armas rusas y haciendo labor ideológica
para transformarla desde dentro en sentido revolucionario y por
ello las consignas. El problema es que la combinación de
estas dos políticas es como pagarle como si fuera prostituta
y al mismo tiempo llamarla a la pureza. No se qué irá
a salir de eso, pero seguro no será un ejército
revolucionario.
¿Socialismo?
-En Venezuela hay ahora grandes empresas nacionalizadas,
apoyo al cooperativismo, cogestión obrero–patronal
y misiones sociales que distribuyen la renta petrolera entre los
más pobres. ¿Eso no es socialismo?
-Esas medidas no son malas, me parecen que están bien.
Igual que está bien que se le dé salud a la gente,
que se les proporcione identidad política y se les haga
participar. Pero de eso hay en Suecia, hay en Chile; de eso hay
acá en Inglaterra, que no es el socialismo como Chávez
lo quiere vender, como la cosa que se parece a lo que era Cuba,
eso no. Porque para lograrlo tendría que eliminar al sector
privado y eso no está ocurriendo ni va a ocurrir. Lo que
pasa es que en Venezuela el Estado es tan fuerte por la vía
de la renta petrolera, que al controlar el petróleo controla
casi todo. Por eso Chávez puede jugar a niño revolucionario
y crearle problemas al presidente Lula, que no puede hacer lo
mismo en términos de políticas redistributivas en
Brasil. Eso tampoco lo puede hacer Daniel Ortega, ni Rafael Correa,
ni Evo Morales. Chávez a veces se parece más el
rey de Arabia Saudí que a un presidente, y eso no es socialismo.
-Pero vistos los fracasos neoliberales, ¿no es
válido intentar nuevos formas como las que propone Chávez?
-Estoy más de acuerdo con lo que están haciendo
Lula da Silva y Michelle Bachelet, que con lo que hace Chávez.
La diferencia está en la democracia y una política
de unidad y gradualidad, que es lo que se da en Brasil y Chile.
Una política económica que, como la de Chávez,
está basada en polarizar a su propia sociedad no les resuelve
los problemas a los pobres, no crea oportunidades y termina la
gente siendo más dependiente. La primera responsabilidad
de un gobernante es mantener unida a su sociedad en medio de las
diferencias y Chávez hace todo lo contrario.
Una estrategia ridícula
-Chávez acusa a los Estados Unidos de persistir
en la idea de desestabilizar su gobierno y hasta querer matarlo,
y dice que tiene pruebas. ¿No hay allí una amenaza
real?
-Creo que si los americanos, cuando esto comenzó, hubieran
invitado a Chávez a ver un partido de béisbol a
EEUU, lo hubieran tratado de otra manera, posiblemente el curso
del proceso habría sido distinto, pero el problema es que
no le dieron espacios, y ahora trata de llamar la atención
y para llamar la atención inventa esas cosas e insulta.
Nada sería más absurdo y más desestabilizador
para EEUU que un conflicto con Venezuela.
-¿Por qué?
-Poniendo las cosas en términos militares la estrategia
de Chávez es ridícula. Cuba está a 90 millas
de EEUU y para volverse un territorio imposible de ser ocupado
movilizó a millones de ciudadanos, los armó, los
estructuró como milicias en combinación con un Ejército
profesional súper armado. Es un sistema de defensa basado
en miles de formas de organización y participación
popular en actividades militares. ¿Crees que comprando
tres o cuatro submarinos y uno que otro avioncito puede Chávez
alterar la correlación militar con EEUU? ¿Acaso
piensa Chávez que puede contrarrestar una invasión
de EEUU con un esquema regular y convencional de guerra? Esos
es absurdo, esos combates durarían muy poco o nada. Además,
con la tradición que tiene de rendirse, seguro terminaría
igual con sólo el ruido de los helicópteros y los
aviones.
-¿Cuál sería el modelo entonces?
-La manera —y lo digo con conocimiento de causa— de
enfrentar a un enemigo superior no se basa en un esquema convencional,
sino en un esquema de gran movilización popular armada
y formas irregulares de guerra. Y si tiene duda que le pregunte
a Raúl Castro cuál es el plan de defensa de Cuba.
¿Puede Chávez movilizar esa fuerza? ¿Hay
condiciones políticas en Venezuela para que Chávez
movilice a todos los venezolanos, como pasó en Nicaragua
que tuvo 300 mil hombres en armas? En el micrófono se puede
decir cualquier bobería, hablando de agresiones que no
existen.
¿Elecciones o revoluciones?
¿Cuál es el principal debate de la izquierda en
América Latina?
- El problema es que el referente de la izquierda en la región
sigue siendo Cuba y no Brasil o Chile. Cuando hablas de izquierda
en nuestro continente, inmediatamente cualquiera se remite al
modelo cubano sin democracia y sin mercado. Eso ha reducido las
posibilidades de desarrollo de la izquierda en América
Latina. Chávez llega queriendo hacer un gobierno socialdemócrata
y en el camino adopta el modelo y el estilo político cubano,
y lo que está creando es un problema para toda la izquierda.
Chávez es el nuevo demonio de las derechas para combatir
a las izquierdas.
-Usted fue actor principal en los conflictos de los años
80 en Centroamérica y los sueños de revolución
que ahora parecen revivirse en el fenómeno Chávez
¿Qué es hacer la revolución hoy?
-Lo que viví coincidió con un momento especial de
fractura del poder, de conflictos entre los de arriba por el agotamiento
del modelo autoritario. Esos conflictos abrieron una gran convulsión
entre los de abajo y esto derivó en un enfrentamiento violento
que en el caso de El Salvador fue una guerra civil de 11 años
y 80 mil muertos. Esa guerra produjo los cambios políticos,
sociales, económicos y demográficos más importantes
en la historia salvadoreña.
Existe un concepto que viene de Lenin que se llama “situación
revolucionaria”.
Tenga o no razón Lenin en otras cosas, ese concepto es
muy útil y aplicable incluso a la caída del muro
de Berlín. Yo no veo cómo lo puede aplicar Chávez
a Venezuela. Uno no puede inventarse una revolución porque
le da la gana o por perseguir la gloria de ser revolucionario.
América Latina tiene ahora un calendario electoral y eso
es lo que domina la política actual. Es tiempo de elecciones,
no de revoluciones.
-¿Cómo era ese tiempo de revoluciones?
-En los 50, 60, 70 y 80 el continente estaba gobernado por militares.
Hubo dictaduras en Paraguay, Uruguay, Argentina, Brasil, Perú,
Chile, Bolivia, Guatemala, Haití, El Salvador, Honduras,
Nicaragua, Panamá y en México un autoritarismo civil.
En esas condiciones cómo no iban a haber guerrillas en
todos lados. Las revoluciones eran el intento por lograr una transformación
rápida, usando la violencia y sobraron razones para eso.
Ahora si alguien quiere cambiar algo, tiene la posibilidad de
hacerlo en democracia.
Venezuela no tenía una dictadura, Chávez fue derrotado
cuando usó la violencia. Luego ganó unas elecciones
y no importa cuántos votos obtuvo ni cuántas veces
ha ganado, eso no es una revolución.