
La pesadilla de las extorsiones, un problema que puede ser superado
El teléfono sonó temprano en la mañana en la oficina de “X”, un joven ejecutivo. El hombre que llamaba se identificó como Ramiro García Samayoa, y afirmó ser el jefe del crimen organizado en Centro América. “A usted y a su familia los tenemos bajo control; andamos en tres carros polarizados y portamos fusiles AK-47. Alguien de su confianza nos entregó todos sus datos, pero no queremos hacerle daño. Si usted accede a cooperar lo borraremos de nuestra lista de objetivos y le entregaremos el nombre de la persona que lo traicionó”.
Lunes 10 de diciembre de 2007
Redacción
redaccion@centroamerica21.com
Desde el pasado mes de agosto hasta finales de noviembre, 26 compatriotas, principalmente profesionales y pequeños empresarios, denunciaron formalmente haber recibido llamadas similares. Luego de una exhaustiva investigación, las autoridades lograron determinar que se trataba de un nuevo modus operandi por parte de la delincuencia.
En una entrevista exclusiva con jefes policiales y fiscales de la Fuerza de Tarea Antiextorsiones, Centroamérica 21 recibió un informe detallado de la nueva modalidad implementada en la práctica de este flagelo.
Con anterioridad, la policía había desbaratado una banda de extorsionistas que, bajo amenaza de muerte, exigía que el dinero pretendido fuera depositado en determinadas cuentas bancarias locales, normalmente a nombre de personas de muy bajos recursos que muy difícilmente podían justificar esos depósitos.
Esa técnica, burda por lo demás, tuvo algún éxito hasta que las víctimas comenzaron a resistirse a cancelar lo exigido y a denunciar los hechos. Muchos de los “cerebros” de esas extorsiones eran presidiarios que utilizaban a sus contactos en libertad, pero unos y otros fueron identificados, procesados y condenados. Gracias a la nueva ley aprobada el año anterior, las condenas impuestas fueron incluso hasta de 20 años.
La nueva técnica
Los 26 casos mencionados al principio de esta nota presentan un patrón común: las llamadas se originan en Guatemala, el victimario utiliza varios nombres (Ramiro García Samayoa, Pedro Contreras, Juan Ramón, o Joel Martínez, entre otros), afirma ser jefe del crimen organizado centroamericano, contar con información y control sobre la víctima y su familia, haber sido contratado por un allegado de la víctima para matarlo, pero estar dispuesto a perdonarle la vida, y a entregarle el nombre del presunto traidor, a cambio de una suma de dinero, que va de 1,000 a 25,000 dólares.
A continuación, el victimario explica que la suma acordada debe ser girada en calidad de remesa, por medio de una empresa de transferencias internacionales de dinero, a nombre de personas residentes en Guatemala. De las 26 víctimas solo tres realizaron pagos parciales, mismos que fueron suspendidos, sin represalia alguna por parte de los delincuentes, cuando, así fuera en forma un poco tardía, los extorsionados se animaron a interponer su denuncia ante las autoridades.
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Recomendaciones para enfrentar un intento de extorsión:
Anote la hora, fecha de la llamada y el numero de donde le llaman; denuncie al 22020000. Si usted adquiere o compra un celular o chips: reporte cualquier transferencia, extravió, hurto o robo de su aparato, aunque fuese sistema prepago.
No preste su celular para llamadas que usted no conoce.
Si recibe llamadas ofreciéndole cualquier tipo de promoción: asegúrese de que la promoción es real. Avise al Call Center sobre dichas llamadas.
No proporcione a nadie su número de cuenta bancaria. Si a usted recibe una llamada a través de un carrier, y si el sujeto se identifica como miembro de una banda del crimen organizado, no se deje amedrentar y haga la denuncia.
No proporcione sus datos a personas desconocidas aunque se quieran hacer pasar por clientes o encuestadores.
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“En realidad, esa gente no cuenta con ninguna capacidad de hacer daño a la víctima”, explican los expertos, “la información que dicen manejar es más bien vaga y producto del tanteo. Hemos corroborado que se basan en las páginas amarillas de la guía telefónica, ahí encuentran nombres y teléfonos; luego simulan ser clientes y procuran extraer información, siempre telefónicamente, a través de las recepcionistas de las oficinas o negocios. Otras veces llaman a las casas simulando ser encuestadores, y preguntan por el número de miembros de la familia, edades y hasta propiedades”.
Los delincuentes exigen montos de hasta 25 mil dólares, pero terminan aceptando hasta mil, y en algún caso incluso se han conformado con cien dólares. Cuando la víctima se niega en redondo a pagar y corta la llamada, ni siquiera vuelven a comunicarse. “Ellos hacen muchas llamadas en el día, realizan muchos intentos de extorsión esperando encontrar a alguien débil que, intimidado, acepte pagarles”, aseguran.
Según los mismos expertos, quien cede y paga una vez y no denuncia, está condenado a volver pagar; por el contrario, quien no paga y denuncia se quita el problema de encima. “El punto está en no dejarse intimidar y en confiar en las autoridades. La clave para resolver este problema es la colaboración ciudadana por medio de la denuncia”, afirman.
A estas alturas, la Fuerza de Tarea Antiextosiones, FTA, ya tiene muy sólidas pistas en relación a esta banda delincuencial: los números de los teléfonos móviles y fijos desde los que se han realizado las llamadas están identificados; el registro de los códigos de las transferencias realizadas hacia Guatemala indican que, una vez obtenida la clave y el pin de los depósitos, el dinero es retirado en las zonas 5 y 6 de la capital Guatemalteca.
Las personas que han retirado las transferencias, y las que han sido nombradas para recibirlas, también están identificadas, bajo investigación, y se tiene confirmación de que al menos seis de ellas son originarios del vecino país. La coordinación entre las autoridades salvadoreñas y guatemaltecas determinará la pronta captura de esta red de delincuentes, se asegura.
Un problema grave que puede ser controlado
Pero la descrita es apenas una de las modalidades de esta modalidad criminal. “Por ahora la extorsión es el delito número uno en el país, el que genera más violencia y también más plata para los delincuentes”, afirma por su parte Rodrigo Ávila, Director de la Policía Nacional Civil.
En 2005 se reportaron 493 casos, pero la cifra se disparó al año siguiente cuando llegó a 2,525 incidencias. De enero a noviembre del presente se han reportado 2,363 casos, que analizados comparativamente, por trimestres, muestran una tendencia a la baja: julio-diciembre de 2006: 1,826; enero-julio 2007: 1,292; julio-diciembre 2007: 1,071.
Ávila advierte que el problema es grave pero puede ser solucionado con la colaboración ciudadana por medio de la denuncia: “Puedo decir categóricamente que nadie que denunciado ha tenido que pagar, excepto los pagos controlados que nos han permitido la captura de los extorsionistas”, señala e insiste: “Cuando hay denuncia hay captura. Hasta el 18 de noviembre de este año hemos detenido a 3,320 individuos por extorsión, la mayoría de ellos ya están condenados”, puntualiza. |