A finales de la
década del 70 y principios de los años 80 el FMLN
se preparaba para la “ofensiva final”. En el territorio
salvadoreño se organizaban los diferentes frentes de guerra,
internacionalmente se establecía un corredor logístico
por mar y aire para el trasiego de armas. La meta era trasladar
120 toneladas de equipo militar, para lo cual contaban con pilotos
mercenarios costarricenses y panameños, aviones del inventario
de la fuerza aérea del derrocado dictador Somoza, y de
las fuerzas aéreas panameñas y sandinistas.
La cantidad de material bélico a transportar implicó
durante un período casi un viaje diario. No faltaron los
accidentes, en uno de ellos la fuerza aérea salvadoreña
con apoyo del ejército logró capturar a uno de los
pilotos, el costarricense, Julio Romero Talavera. En estas dos
entregas narraremos la organización del corredor logístico
y la captura del mercenario costarricense.
Lunes 10 de diciembre de 2007
Herard
Von Santos
Segunda entrega
redaccion@centroamerica21.com
La “ofensiva final” fue aplazada para
el 10 de enero de 1981 debido a problemas en la organización,
el entrenamiento y la escasez de armas en los diferentes frentes
de guerra del FMLN. Los últimos envíos de armas
arribaron precisamente en diciembre de 1980. Con todo, la famosa
“ofensiva final” fue un fracaso militar en todo el
país. En el frente paracentral, las columnas guerrilleras
fueron derrotadas a las puertas del cuartel de ingenieros militares
el mismo día de la ofensiva.
Sin embargo el DOE (Dirección de Operaciones Especiales)
cubano aceleró el envío de más armas y municiones,
y es así como el 25 de enero estaba programada una entrega
aérea en las cercanías de la zona costera del departamento
de Zacatecoluca, específicamente en la hacienda La Sabana,
al sur del Cantón y Caserío Las Anonas.
Una entrega fallida
La madrugada del día 25, el avión matricula TY-ALV
fue visto por campesinos de la zona a eso de las seis de la mañana
cuando sobrevolaba los cantones inmediatos al Puente de Oro, y
desde una altura aproximada a los 3 mil pies comenzó a
lanzar bultos en paracaídas. Los habitantes de la zona
avisaron de inmediato a los cuerpos de seguridad que tenían
puestos en el puente, quienes dieron aviso al Ministerio de la
Defensa y este a la FAS (Fuerza Aérea Salvadoreña);
entonces se organizó la operación de búsqueda
e interceptación.
En la sala de operaciones de la FAS se reúnen el comandante
del Primer Escuadrón Aerotransportado, capitán Luis
Mariano Turcios, el piloto de uno de los aviones de ataque ligero
Fouga Magíster, cuyo co-piloto era el teniente Rodríguez
Hurtado, y el comandante de la FAS, coronel Rafael Bustillo, todos
reciben el informe preliminar de la situación. La operación
consistiría en el vuelo de reconocimiento armado de un
Fouga, y el alistamiento de un pelotón de paracaidistas
en un bimotor de transporte Arava para ser enviados en caso necesario.
Temprano, en la mañana, a las 0540 horas, el Fouga despegó
de la pista principal de Ilopango y en cuestión de minutos
se encontraba sobrevolando la cabecera de la pista en la Hacienda
La Sabana. Para sorpresa de todos, un bimotor no identificado
que minutos después de lanzar el cargamento, había
aterrizado, fue sorpresivamente interceptado cuando realizaba
maniobras para despegar.
El Fouga hace una picada y ametralla la aeronave para impedir
su huida, pero el piloto del bimotor no hace caso a la advertencia
y carretea por la pista; entonces el Fouga le lanza una o dos
bombas de 100 libras sobre la pista y ametralla la aeronave alcanzándola
en el fuselaje y las alas sin destruirlo totalmente. El piloto,
creyendo que lo iban a matar, deja el avión abandonado
y huye al norte de la pista.
De Ilopango, el coronel Rafael Bustillo despegó en los
mandos de un helicóptero SA-315B Lama, apodado “huesos”
por la guerrilla, en atención a que la estructura de la
cola estaba construida de secciones metálicas sin revestimiento
o cubierta alguna. En la rampa, el pelotón de 22 paracaidistas
abordó el Arava y al poco tiempo, exactamente a las 0600
horas, llegaron a la zona de salto.
La captura del mercenario
El capitán Turcios dio las últimas indicaciones
y desde una altura de 600 pies (300 metros) saltaron sobre la
pista realizando el primer salto de combate en la historia de
los paracaidistas salvadoreños.
Los saltos en los cursos de paracaidistas se hacen a 1,250 pies,
los saltos no tácticos administrativos cuando hay maniobras
se hacen a 800 pies, y los saltos de combates se hacen a 500-600
pies de altura. A esta altura hay más riesgo para el paracaidista
ya que ni siquiera se lleva la reserva por el poco tiempo con
el que cuenta para llegar a tierra. Al llegar a tierra y debido
a la rapidez con que se ejecutaban la operación, se dejaron
5 hombres para recuperar el equipo y los demás se dividieron
en pequeñas patrullas para continuar con el rastreo.
Sobre la pista se encontró intacta la carga que horas antes
había sido lanzada y que las guerrillas aún no habían
tenido tiempo de recoger. La carga principal consistía
de 33 fusiles Fal, dos paracaídas de carga, más
de 9 mil cartuchos y otros pertrechos de guerra. Las patrullas
de los paracaidistas se desplegaron por la zona para dar caza
a los rebeldes y al piloto mercenario. Como a 3 kilómetros
al norte de la pista, al rastrear la zona, pasaron por una casa
de un poblado cercano en cuyo corredor había un horno casero
para hacer pan.
Un sub-sargento al mando de una de las patrullas pasa frente a
dicho horno y para revisarlo mete la trompetilla de su fusil G-3
en la puerta del horno y en ese momento alguien grita desde adentro
que no dispararen. Al salir, los paracaidistas descubren que era
el piloto de la aeronave mercenaria y fue identificado como costarricense.
Se informó al Estado Mayor General y una patrulla del Destacamento
de Ingenieros lo llegó a recoger y luego fue enviado a
Ilopango.
Julio Santiago Romero Talavera, el piloto costarricense capturado
declaró haber sido contratado para volar misiones de abastecimiento
para la guerrilla salvadoreña; posteriormente fue juzgado
y condenado por los tribunales salvadoreños. Con este piloto
costarricense compartió celda Orlando Tardencilla, ex oficial
del EPS que fue enviado a El Salvador para reforzar militarmente
a la guerrilla salvadoreña, bajo la bandera del “internacionalismo
proletario”.
En 1985, el piloto mercenario fue puesto en libertad gracias a
la amnistía otorgada por el gobierno salvadoreño
junto a varios rebeldes capturados, como requisito previo para
que la guerrilla salvadoreña pusiera en libertad a Inés
Duarte, hija del Presidente Napoleón Duarte, quién
para ese momento se encontraba secuestrada por los comandos guerrilleros.
El 25 de octubre de 1985, un grupo de 100 guerrilleros salvadoreños
liberados llegaron a Cuba, mientras otros 18 prefirieron quedarse
en El Salvador y fueron entregados a la guerrilla. Los 100 rebeldes
liberados por el gobierno del Presidente Duarte a cambio de su
hija, una amiga de ésta y 33 funcionarios y alcaldes del
gobierno llegaron a La Habana, después de haber pasado
70 de ellos por México y otros 30 por Panamá. El
piloto de avión costarricense Julio Romero Talavera, fue
entregado a la Embajada de Costa Rica en El Salvador. El puente
aéreo continuaría casi hasta el final de la guerra.
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