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José Ramón Barahona:
“Sí aceptaría integrarme a una fórmula presidencial”


José Barahona: “Lo cierto es que en el último año se me han acercado dirigentes de todos los partidos políticos a invitarme a participar con ellos en las elecciones”.

José Ramón Barahona fue un niño campesino que salió descalzo y sin un centavo en el bolsillo de su natal Potonico, en Chalatenango, viajó como inmigrante ilegal a los Estados Unidos, y gracias a una clara inteligencia natural, trabajo duro, sacrificio, disciplina y ahorro, alcanzó la cumbre del éxito empresarial en Washington, desde donde dirige ahora sus múltiples empresas e inversiones en varios países.

Pero no se olvidó nunca de su patria. Ahora impulsa aquí una serie de proyectos productivos orientados a constituirse en polos de desarrollo, al tiempo que financia en zonas rurales programas de vivienda, becas estudiantiles y reconstrucción de templos e iglesias.

En homenaje a su trayectoria, la Asamblea Legislativa lo condecoró el pasado 16 de agosto como Hijo Meritísimo de El Salvador, reconocimiento que se suma a otros muchos, entre los que destaca la Medalla de la Libertad que le fue otorgada por el Congreso de los Estados Unidos.

Su biografía, titulada El Sueño Posible y presentada en nuestro país el año anterior, perfila al salvadoreño típico: sencillo, laborioso, solidario y enamorado por siempre de sus raíces. El pasado 29 de noviembre fue lanzada la versión en inglés en el Press Club de Washington DC. Pocos días después, don José vino a El Salvador y nos concedió esta entrevista.




Lunes 10 de diciembre de 2007
Redacción

redaccion@centroamerica21.com

 

-¿Don José, como ve usted la situación política nacional?
-Muy difícil, sobre todo porque lo se definirá en el 2009 es si El Salvador pasa a ser un satélite de Hugo Chávez con todas sus locuras, tal como sucede en Ecuador, Nicaragua y Bolivia, o si da un paso más hacia la construcción de la democracia, hacia la libertad. Por eso en el 2009 debemos buscar a la gente más capaz y más honesta, para que no perdamos el país.

A mi juicio, una persona que se considere aliado de Chávez y crea que Fidel Castro no es un dictador, no le puede traer nada beneficioso a nuestro país. Considero que todos los que creemos en el trabajo y tenemos valores cristianos debemos unirnos para evitar que nuestro país caiga en manos de gente irresponsable y llena de odio. Ese es el gran compromiso que se les plantea ahora los partidos políticos democráticos.

-¿Cómo cree que debería ser el próximo presidente de El Salvador?

-He conocido compatriotas muy capaces que reúnen todo lo que se necesita para sacar adelante al país. René León, por ejemplo, que es el mejor embajador que El Salvador ha tenido en Washington. Él ha sido uno de los principales impulsores del Tratado de Libre Comercio y del Permiso Temporal de Trabajo (TPS), con el que se benefician más de 250 mil hermanos nuestros, es una persona que se ha ganado el respeto y la admiración de la Casa Blanca, por su conocimiento, por su entrega y su definición.

Personas como él son las que necesita el futuro gobierno, porque nuestro principal aliado es Estados Unidos, donde vivimos más de dos millones de salvadoreños, que es de donde vienen las remesas y donde van nuestros productos. Por lógica, nuestro próximo presidente debe ser alguien como René León, que realmente es apreciado por los norteamericanos. Si nuestro principal aliado fuera Chávez y los dos millones de salvadoreños viviéramos en Venezuela, pues con toda seguridad el candidato ideal sería Mauricio Funes.

-¿Por qué le parece rechazable el actual modelo venezolano?

-He tenido la oportunidad de conocer todo el mundo: Rusia, África, Europa, China, La India, Japón, Sur América, y puedo decir por experiencia propia una gran verdad: los países donde la gente vive feliz, donde las familias ven a sus hijos ir a la universidad a estudiar lo que ellos quieran, donde el inversionista llega y se siente con confianza, son aquellos que tienen gobiernos que velan por la libertad de las personas, y ese evidentemente no es el caso de la Venezuela de Chávez.

La cosa es así de fácil y así de sencilla, no podemos equivocarnos. Sean republicanos o demócratas los que estén en la Casa Blanca, los norteamericanos están claros de quienes en el mundo defienden la libertad y quienes gobiernan para quitarle la libertad a la gente y poner dictaduras.

El próximo presdiente salvadoreño debe ser alguien capaz de unir a todas las fuerzas democráticas del país y ponerlas a trabajar en un solo esfuerzo, que de una vez por todas nos permita dejar atrás el fantasma del pasado de caer en una dictadura de izquierda populista.

-Don José, usted es una persona que cuenta con mucho reconocimiento por su trayectoria, ¿ha considerado la posibilidad de sumarse a la lucha política?
-Lo cierto es que en el último año se me han acercado dirigentes de todos los partidos políticos a invitarme a participar con ellos en las elecciones. Yo los aprecio mucho porque son personas preocupadas por el futuro de El Salvador y me honra que me pidan que sea parte de una fórmula presidencial.

Pero yo nunca he pertenecido a ningún partido político, por eso la única forma en la que yo participaría en unas elecciones es si se unen los partidos democráticos y me lo piden. Yo no me pondría a buscar una candidatura, ni a participar como candidato de un solo partido, porque eso es pensar en intereses personales o partidarios y no en lo que más le conviene al país.

-¿A qué partidos se refiere?

-Concretamente al PDC, ARENA y el PCN. Si esos partidos se unen, y si el pueblo cree que yo puedo servirle, en un momento tan difícil como el que se nos viene en el 2009, pues si estaría obligado a servirle a mi país donde se me pida.

Una filosofía de vida

-¿Cuál es su filosofía de vida, don José?

-Básicamente consiste en estar siempre donde soy más productivo, donde puedo hacer más con mi trabajo para mis semejantes. Yo soy un campesino de Chalatenango, mis manos aun conservan las cicatrices de haber trabajado con la cuma. También me considero representante del sentimiento de los dos millones de salvadoreños que vivimos en Estados Unidos.

En esa gran nación, que es nuestra segunda patria, he aprendido la gran lección de la libertad: trabajando honestamente, esforzándose más que los demás, y viviendo en base a valores, alguien de origen muy humilde como yo puede llegar a tener empresas, inversiones en todo el mundo y generar cientos de puestos de trabajo.

-Pero hay quienes ha ido a los Estados Unidos y han fracasado...

-Es que en Estados Unidos, el país más libre del mundo, nadie te regala nada, todo te lo debes de ganar con tu trabajo. Si eres disciplinado, si cumples las leyes, si aprovechas los talentos que Dios te dio, de seguro que vas a salir adelante. Pero es cierto que a Estados Unidos llegan algunos muchachos solo a vagar y a andar en pleitos. Esos terminan mal y terminarían mal en cualquier país del mundo. Pero la inmensa mayoría, los que se dedican a trabajar, que no andan malgastando y ahorran el fruto de su esfuerzo, esos van a triunfar y llegarán a vivir bien, sin duda.

Eso es lo que quiero para mi país, quiero enseñarle a cada salvadoreño cómo dejar de ser pobre, cómo aprovechar las oportunidades que ofrece un país libre para triunfar. A cada joven yo le enseñaría tres cosas: inglés, computación y valores cristianos.

-¿Por qué precisamente esas tres cosas?

-El inglés, porque es el idioma para comunicarse con el mundo; las computadoras porque a través de ellas se puede aprender todo el conocimiento disponible en el mundo entero; los valores cristianos, para que el conocimiento, el dinero, y el mundo con todas sus oportunidades no los hagan perder la cabeza ni su alma. Los valores cristianos son la base de todo. De nada sirve el dinero o ser un genio, si no se es feliz. Y la felicidad solo se encuentra cuando se está en paz con Dios, y solo se está en paz con Dios cuando se vive de acuerdo a los valores cristianos.

Esta ha sido mi experiencia de vida y es la que quiero transmitir a mis compatriotas. Soy un hombre que gracias a dios he logrado todo lo que un ser humano necesita para ser feliz: una familia con valores, amigos de verdad, empresas que le dan trabajo a cientos de personas. Si mi país hoy me llama para que regrese, estoy dispuesto a dejar toda mi comodidad en Washington y venir a trabajar por mi patria.

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