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Elecciones de autoridades internas, el escenario
para medir fuerzas en la UES
El anuncio de sesenta y ocho
trabajadores que podrían ser despedidos de hecho, un alto
grado de inestabilidad institucional y efervescencia política
es el saldo final de un mes de paralización de la principal
casa de estudios superiores en el país.
Esta es la primera vez que una instancia judicial fija un plazo
perentorio para que se rescinda una huelga dentro de la universidad.
Según las autoridades, aunque no fuese la forma idónea
para resolver conflictos de este tipo, la sentencia judicial sirve
para sentar precedentes ante posibles acciones similares durante
el resto del año. Sobre todo, si se toma en cuenta que
el trabajo del sindicato, en los últimos tiempos, ha sido
calificado por muchos sectores de la institución como desmedido
y caprichoso. Augurando, además, que por las próximas
elecciones de autoridades internas y por el término de
la gestión de María Isabel Rodríguez, la
correlación de fuerzas e intereses, generará una
dinámica de tensión y desgaste institucional.
Domingo 15 de abril de 2007
Alejandro José Labrador Aragón
labrador@centroamerica21.com
Vencido el plazo, alrededor de siete horas después
de lo establecido por el juzgado Primero de lo Laboral para suspender
la huelga y entregar las instalaciones, el Sindicato de Empresas
de Trabajadores de la UES (SETUES), hizo entrega de las llaves de
la universidad. Sin embargo exigieron, junto con otras siete peticiones,
la conformación de una mesa de diálogo y la anulación
de cualquier tipo de represalias.
Dichas peticiones fueron dadas a conocer el jueves
mismo en que se vencía el plazo judicial. Las solicitudes
fueron llevadas, en una nota escrita y firmada, a una sala de té
donde se reunieron los miembros de la Asamblea General Universitaria
(AGU) y el Concejo Superior Universitario (CSU). En ese encuentro
se decidiría sobre los acciones a tomar, ante la negativa
del SETUES de entregar las instalaciones.
El documento fue firmado por la directiva del gremio
manifestante, excepto su secretario general y rostro público
ante los medios de comunicación, Alfredo Martínez.
Según dijeron voceros del sindicato, a las 10 de la mañana,
en una rueda de prensa, Martínez había sido amenazado
de muerte y, por lo mismo, evacuado del recinto en horas de la madrugada.
Desde ese momento, no se volvió a saber de él.
Días antes, la decisión del gobierno
universitario de recurrir al Órgano Judicial para declarar
ilegal la huelga, y el anuncio de la posibilidad del desalojo del
campus con intervención policial, provocó el endurecimiento
de las medidas de hecho por parte de los sindicalistas.
La demanda interpuesta ante las instancias judiciales
representa la primera ocasión en que la universidad se vale
de entidades externas para sancionar a sus empleados.
Al respecto, los dirigentes sindicales, dijeron, en una clara provocación,
que sostendrían hasta las últimas consecuencias del
paro, importándoles poco la suspensión del ciclo y
cualquier intervención policial.
Al final, no fue necesaria ninguna confrontación.
El SETUES retiró el bloqueo que tenía en los portones
de la universidad sin conato alguno.
Este suceso, tiene dos lecturas. La primera, que
fue un acto de temor por parte de los manifestantes. Tomando en
cuenta que, legalmente, no tenían más opción
que esperar el término de 48 horas impuesto por el juzgado,
las provocadoras declaraciones en los medios de comunicación
parecen la búsqueda de un motivo para flanquear la presión
de dicho plazo judicial.
Otra lectura explica la acción como resultado
de una estrategia jurídica desordenada y mal encausada que,
por obviar procedimientos reconocidos interna y externamente, desembocó,
sin más opciones, en la entrega del campus.
Una vez entregada la universidad, autoridades universitarias,
reseñaron que 68 funcionarios serían despedidos, durante
el fin de semana el número se redujo a 23.
Según explicaron las autoridades, las líneas
de investigación seguirán su curso y lo más
probable es que las sanciones internas serán aplicadas a
una gran cantidad de empleados que aunque firmaron el juramento
de no haber formado parte del paro, se sabe que sí lo hicieron.
Los directivos del sindicato tendrán que presentarse
al juzgado laboral, dado el tipo de cargo que ostentan dentro del
gremio. Según el Código de Trabajo, su responsabilidad
en el paro técnico reciente trasciende la ley interna y debe
resolverse en instancias superiores.
Origen del conflicto es decreto legislativo
Las confrontaciones entre el SETUES y las autoridades
de la Alma Máter, se originaron por la forma como se aplicaría
el aumento salarial contenido en el Decreto Legislativo 934 de diciembre
de 2005. Esta disposición, establece para el 2006 el incremento
salarial de todas las dependencias del Gobierno salvadoreño
no amparadas en la ley del escalafón
Para los manifestantes, la forma como se había
acordado la distribución de esos bonos, solo representa intereses
del sector docente. Los más afectados con la disposición,
según ellos, eran los empleados del sector administrativo.
Durante todo el 2006, el CSU tuvo presiones por la
distribución de estos bonos. Las medidas de hecho asumidas
por el área administrativa, a través del SETUES, estuvieron
acompañadas por resoluciones y acuerdos, impulsadas por los
docentes del Movimiento para la Dignificación y del Desarrollo
Universitario, (MDUES).
Los eventos estaban encaminados a aprobar la repartición
de 300 dólares en bonos a todos los empleados de la casa
de estudios. La bandera y los beneficios eran los mismos para ambos
sectores.
Con respecto a las pugnas en 2007, la diferencia
principal está en el choque de objetivos entre el sector
docente (MDUES) y administrativo (SETUES). No hay alianza estratégica
y esto arrastró a la casa de estudios a una parálisis,
producto de la tensión entre dos fuerzas sin disposición
alguna de ceder.
Mientras los docentes pedían la distribución
de los bonos con base en el 31% del sueldo de cada empleado, los
administrativos pedían la distribución equitativa
de 300 dólares a todos por igual o, en su defecto, la aprobación
de la distribución según la tabla contemplada en el
decreto 934.
Dicho decreto estipula el 10% de aumento a aquellos
empleados que tienen como techo salarial 400 dólares y 3%
a aquellos que ganan más de mil.
Para algunas autoridades, tal es el caso de Francisco
Marroquín, jefe de la Unidad de Pos-grados, el vaivén
de alianzas estratégicas, solo es muestra de la confluencia
enorme de intereses que, muchas veces, se diluyen entre tanto organismo
y “tantas siglas”.
En este juego también entran estudiantes,
junto con la gran cantidad de gremios y asociaciones que existen
en su representación; igualmente participan empleados administrativos
y sectores profesionales no docentes que tienen voz y voto dentro
de los organismos rectores.
Para Marroquín, el desligue de todos estos
grupos grupos con los propósitos académicos y de desarrollo
educativo, y el repliegue a sus propios intereses, se explica por
el poco desarrollo académico-universitario que ha tenido
la UES y que se ha mantenido como consecuencia del conflicto armado.
En aquel tiempo, explica, la universidad se desvinculó
del mundo por estar sitiada, físicamente, por parte de las
fuerzas armadas del país. El problema, a partir de ese cerco,
no fue solo físico, si no intelectual y académico.
Estudiantes convocados por la Coordinadora Estudiantil
Unificada (CEU), hicieron eco de este planteamiento, en la rueda
de prensa que ofrecieron el jueves anterior, al decir que las medidas
que estaban tomando los sindicalistas parecían haberse entrampado
en los años de la guerra.
Pedro Salguero, representante estudiantil ante la
AGU, dijo que era irresponsable estar tomando medidas de ese tipo,
cuando existen medios institucionales para llegar a entendimientos.
De hecho, según explicaron concejales de la
AGU, los medios utilizados por el SETUES para llevar a cabo la huelga,
no fueron los idóneos. La primera medida que tuvieron que
asumir era, según los articulos 99 y siguientes de la Ley
Orgánica Interna de la UES, pedir la impugnación del
acuerdo de marzo. Con instaurar medidas de hecho inmediatamente,
ya estaban rompiendo la legalidad de su protesta.
Los puntos pendientes
Las discusiones sobre la distribución del
subsidio, aún están en el tintero. Para entablar las
negociaciones, tanto el CSU y la AGU, aún tienen que emitir
los fallos respectivos a dos antecedentes que no han sido discutidos
en ninguna reunión conjunta.
El primero es el fallo referente a la apelación
que presentó el SETUES sobre el acuerdo del 21 de marzo.
Esta impugnación está dentro de los recursos que dispone
el ordenamiento interno de la universidad para revocar cualquier
acuerdo. El CSU, aunque haya recibido el documento después
de impuestas las medidas de hecho, está obligado a emitir
el fallo respectivo.
El segundo punto pendiente es sobre la vigencia simultánea
de dos acuerdos relativos a la distribución del subsidio
de 1.9 millones. En 2006, el CSU acordó que los refuerzos
salariales para 2007, se cumplirían según el Decreto
934. Este año, en marzo, a pesar del acuerdo anterior, se
estableció el 31% como forma de repartición.
Desde el punto de vista plenamente jurídico,
ninguna disposición sustituye a la otra, si no se cita explícitamente
la derogación de su antecesora. La resolución de la
AGU, como máxima entidad dentro de la universidad, todavía
está pendiente.
Estas dos circunstancias, en vísperas de la
elección de autoridades universitarias resultarán
condicionadas por las presiones que ejerzan cada una de las partes
impugnadas. No se trata sólo de la aprobación de la
forma en que será distribuido el dinero, subyacentemente
se trata también, de demostrar cuál de los dos bandos
está en condición de imponer sus intereses sobre los
de su contrario.
Thelma Quinteros, Concejal por la ultad de Jurisprudencia
en la AGU, tiene la frase que describe el panorama que se avecina
“Las elecciones son el pretexto perfecto para que nadie haga
nada por la universidad y todo lo que se haga será en lucha
por los puestos de poder en juego”.
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