|

El reguetón del pirata
Abogados que no son licenciados, comunistas que son capitalistas, pistoleros que aman la paz, revolucionarios extremos que aman a “su pueblo”, con tanta devoción que estarían dispuestos a matarte por no pensar como ellos; periodistas que no redactan ni un telegrama; alcaldes que sacan su arma para jugar a James Dean; trompudos cobardes que no dan la cara
Lunes 30 de abril 2007
Berne Ayala
redaccion@centroamerica21.com
Corsarios les llamaron a los bandidos arrepentidos, a los que luego de ser perseguidos y atrapados, recibieron el beneficio de trabajar para el rey. ¿Corsario o pirata? Es cuestión de semántica. Mi favorito siempre fue Henry John Morgan.
No es raro que seamos piratas, basta con verle la narizota a uno de nuestros próceres de sotana: esta vaina esta jodida.
Títulos falsos, abogados que no son licenciados, comunistas que son capitalistas, pistoleros que aman la paz, policías civiles, revolucionarios extremos que aman a “su pueblo”, con tanta devoción que estarían dispuestos a matarte por no pensar como ellos; periodistas que no redactan ni un telegrama, diputados que no duermen después de las dos de la madrugada; alcaldes que sacan su arma para jugar a James Dean; trompudos cobardes que no dan la cara.
Hollywood despierta temprano en la calle Rubén Darío, extiende su mano y nos entrega desde Los Diez Mandamientos hasta Anal Intensivo , volumen 5; Shrek en todas las versiones y su princesa Fiona; El coleccionista de huesos (el filme que utiliza nuestra policía en la academia); todas las de Bruce Lee, el dvd que incluye ocho películas apiñadas clase “C” de Van Dame.
La ropa que usamos tiene una marca que no es marca, como dicen los alentados fiscales. Pero no importa, el precio es el que marca la diferencia, por lo demás son iguales, o casi iguales.
La piratería es nuestra forma de vida. Para entenderla mejor entra a la casa de un guanaco, su menaje, sus mudadas, su música y sus películas son pirateadas. Hasta el sagrado corazón de Jesús es una fotocopia de la esquina.
Los funcionarios confundidos deberían hacer un esfuerzo intelectual para resolver el punto de lo falso y lo verdadero de los objetos que conforman el entorno del guanaco. Estoy de acuerdo en que, al menos en principio, les llamemos productos pirateados (no necesariamente en sentido peyorativo); pero nunca falsos.
Son piratas porque no tienen el permiso del autor de las obras y porque no pagan impuestos, dicen los abogados. Esto tiene mucho de falso: no se necesita ser copista para no pagar impuestos.
Ahora bien, me ha sorprendido que la industria del libro haya sido objeto de la piratería. En un país donde leer no es costumbre, suena hasta ofensiva la noticia. Pero es cierto. Varios títulos, especialmente de obras literarias que se utilizan en los colegios y escuelas, se producen en imprentas clandestinas por miles y se venden como pupusas.
Todo comenzó desde que los clásicos fueron resumidos en folletines que se venden a un dólar con cincuenta. A los muchachos les agarra patatús cuando ven un libro de más de cuarenta páginas. Ellos, pero especialmente sus maestros, quieren la versión de cortometraje, o sea la que es solo un comentario de diez páginas, la mitad con dibujitos y a doble espacio.
La IIiada y la Odisea no fueron leídos más, el Quijote, menos, Los Miserables , dios me guarde con dios me libre y la virgen santísima. “A mi me dejaron de tarea leer la Iliada ”, me dijo un muchacho, “ compré en un dólar la película Troya , y además venía con El Rey Arturo y Corazón Valiente”.
Y esto no es nada, a los guanacos nos ofende que alguien diga en público las palabras “cerote”, “puta”, “culero” o “pendejo”. Ya no digamos putear a dios.
Sin embargo, todos le mentamos a diario esas palabras al presidente cuando tenemos que poner gas en el tanque del carro, y además, y a pesar del diosito lindo, que nunca nos toma en cuenta en sus planes, matamos a diez de nuestra familia guanaca por día. Y el nombre de nuestro país es El Salvador. Jodido nombre pirata, ¿verdad?
Los entendidos dicen que vivimos en una epidemia, yo diría que de la estupidez.
Un dirigente de izquierda con la cara de palo y un discurso patuleco, quiere ser presidente; por otro lado un empresario grandote que huele a cuero de asiento de auto, quiere dirigir los destinos de este país.
Un precandidato a la presidencia por la izquierda, no quiere que digan que es candidato, aunque todo mundo sabe que él es el candidato, o mejor dicho no quiere que digan que cuando escucha la palabra “presidente” se orina en los pantalones.
Los pastores evangélicos saben de sobra que el número de sus feligreses tiene un efecto directo en los procesos electorales y que dios, o al menos su dios (el producto más pirateado de nuestro mercado), les pide cuentas a la hora de facturar el cielo
Tengo un amigo que es coyote, a él le gusta un país así, el caos es la mejor vida. Ya no sorprende saber que el guanaco quiera irse a la Usa en busca del dólar, lo que sorprende es que estemos metidos en una guerra tan estúpida como la de Irak, donde para variar nació el libro.
“La felicidad no se le niega a nadie”, suele decirme un amigo psicólogo que no cambia la Pilsener por nada del mundo.
Quiero escribir un corrido con sabor a reguetón, con mucha polca y pulque, para el muchachito Mauricio, estoy esperando que los otros señores pongan a su Barbie superstar, con alguien tiene que bailar el periodista cuando llamemos a los músicos.
No me lo tome a mal, es diversión, hay cosas que no se pueden cambiar aunque haya gente que tenga el hígado retorcido. Véalo por el lado amable.
Lo que a mí me da risa es que los políticos puedan creer que a una verdad así de sangrante se le puede trastocar a voluntad. La realidad nuestra, así como la vemos, no es más que una tienda, un mercado gigante, y como muchos bien lo saben, la mano invisible, de corsarios o piratas, es la que lo destaza día con día.
Yo prefiero el Ensayo sobre la lucidez : no voy a votar por ningún payaso que no baile salsa, beba cerveza, ame a las mujeres bonitas y esté claro que es un pirata; además sólo lo haré cuando se pueda desde el teléfono celular y hayan derogado la maldita ley que prohíbe beber alcohol el día de las elecciones. |