![]() |
|
En el último trayecto la LD apagó sus motores y nos deslizamos en la oscuridad del amanecer sobre el objetivo fijado. La LD era una barcaza de fondo plano por lo que su quilla podía perfectamente llevarnos hasta la playa, momento en que su enorme rampa se bajaba para permitir el desembarco de las tropas, toda una compañía completa. Cuando llegamos a la playa, fuego de ametralladoras cubrió nuestro desembarco mientras nosotros descendíamos y nos adentrábamos en los cocoteros y esperamos el fuego enemigo. Sin embargo nada sucedió, al rastrear la zona nos dimos cuenta que por escasas horas la guerrilla nos había aventajado, mano peluda dijo que posiblemente estaban utilizando un sendero que el ya había recorrido, así que mi pelotón fue enviado en avanzada para tratar de darles alcance. El sol comenzaba a remontar el horizonte cuando iniciamos nuestro avance a un paso ligero. Casi tres kilómetros más adelante nos encontramos con la retaguardia de la guerrilla. Ellos abrieron fuegoprimero, nosotros respondimos el fuego y Mano Peluda armó un lanzacohetes antitanque Law de 66 mm. y lo disparó, pero el arma no funcionó. Luego de la pequeña escaramuza informé a mi comandante de compañía de la situación y me dispuse a perseguir al enemigo, mano peluda se me acercó y me preguntó que hacer con el Law. Le dije que lo colocara sobre un tronco y le disparara para hacerlo detonar, al ver que después de algunos disparos no le acertaban me acerqué, tomé un lanzagranadas M-79 y le disparé. El disparo fue certero, pero al detonar el cohete una de las esquirlas de la granada de 40 mm. del M-79 me alcanzo en el pecho a mi costado derecho. Maldición, yo mismo me había herido y en ese momento las embarcaciones ya habían regresado a La Unión, así que tendrían que evacuarme por tierra de la zona. El pequeño grupo de exploradores con Mano Peluda al frente me sacarían hasta la carretera del Litoral y luego un camión del batallón me llevaría a la pista de taxis aéreos en la Hacienda la Carrera, al este de la ciudad de Usulután. Mientras penosamente nos habríamos paso por las enmarañadas tierras anegadas conocidas como ñangas, se escuchó el característico sonido de un helicóptero UH-1H que se aproximaba a la zona. Nuestro grupo cambio de rumbo y tratamos de llegar al lugar donde ya se veía que el aparato iba a aterrizar. Mientras Mano Peluda me ayudaba a llegar al helicóptero, uno de los artilleros bajó, al verlo me dí cuenta que no era salvadoreño, en un español con claro acento estadounidense me gritó: “Solo personal de la embajada”, me detuve en seco mientras trataba de explicarles que estaba herido. Desde otro lugar llegó corriendo otro estadounidense que vestía ropas de combate y empuñaba un fusil M-16, se subió y el aparato despego dejándonos con un sentimiento de frustración y abandono. Bonitos aliados los que nos habían tocado en la guerra, mucho tiempo después supe que el pasajero que recogieron era un gringo con identificación de la AID que andaba con nosotros durante el operativo. Bueno no nos quedó más remedio que continuar la marcha. Empezaba a sentirme débil y a sentir esa sensación de desmayo que uno tiene cuando va perdiendo sangre. Para animarme uno de mis soldados contó que Mano Peluda no sabía nadar y por eso siempre que embarcábamos en las LD se ponía todo nervioso y sujetaba su fusil como si fuera su salvavidas. Por fin logramos llegar a la carretera del Litoral donde ya me esperaba un vehículo del batallón y logramos llegar a la Hacienda la Carrera. Sobre la pista se encontraba una avioneta bimotor con los motores encendidos que estaba por partir hacia San Miguel, y que detuvieron para que yo la pudiera abordar. Al subir me dí cuenta que no iba solo, en la avioneta estaban tres personas, dos hombres y una mujer que se quedaron pálidos al verme con el uniforme ensangrentado mientras mis soldados me subían, Mano Peluda intentó subirse pero no cupo en el reducido espacio de la carlinga y tuve que irme sin ellos. Por suerte en la pista de San Miguel me estaba esperando una ambulancia de la 3ra brigada que me llevó al hospital donde me curaron. Cuando me reincorporé al batallón, mi unidad se encontraba patrullando las cercanías de la playa El Espino. Una tarde Mano Peluda se me acercó con un sopón hecho de una sopa Maler y cangrejos que habían capturado en el fango, aprovechando el relax le pregunté cómo había terminado siendo soldado. Me dijo que en los primeros años de la guerra, en el caserío donde vivía, en la zona costera del departamento de Usulután, casi todos sus vecinos se habían hecho guerrilleros y que durante varios meses lo habían tratado de convencer hasta que en cierta oportunidad se incorporó, pero que después de 1984, los comandantes de la guerrilla comenzaron a maltratarlos debido a que muchos abandonaron las filas guerrilleras y en cierta ocasión aprovechó una noche y se desertó del campamento. Sin embargo como era muy conocido, la guerrilla envió una escuadra de sus antiguos compañeros para ejecutarlo por desertor, peroun vecino del mismo caserío le aviso de la cercanía de sus antiguos compañeros. Así que cuando apenas oscureció, tomó sus pocas pertenencias y huyo del lugar, con el tiempo se cansó ,de huir y decidió enfrentar a sus antiguos compañeros ahora desde las filas del ejército, así fue como se presentó al batallón. En cierta operación, cerca de San Juan del Gozo, llegamos a un caserío donde fuimos bien recibidos, teníamos varios días de rastrillar la zona cuando recibí la orden de llegar al caserío y esperar al día siguiente el abastecimiento. Durante la tarde una alegre pareja de muchachas estuvieron vendiéndole golosinas a la tropa y se ofrecieron para hacer café para todos. Me encontraba revisando nuestras posiciones cuando se me acercó Mano Peluda y otro soldado, quepreocupados me dijeron que sospechaban de esas jóvenes. En su compañía me dispuse a buscarlas y después de un rato me di cuenta que habían desaparecido, entonces sospechamos del café, alguien lo probó pero no sintió nada. Entonces una señora se nos acercó y nos dijo que las jóvenes habían utilizado una flor llamada floripondia o algo parecido, y que por sus propiedades somníferas harían fácil el ataque de la guerrilla a nuestras posiciones durante la madrugada. G gracias al olfato de Mano Peluda nos salvamos y entendí que la guerra era algo más que solo balas, había que estar atentos a los movimientos imprevistos del enemigo si quería sobrevivir mi estancia en los Infantes de Marina. Aunque lo respete como combatiente y siempre cumplía a cabalidad las órdenes que se le daban y además estuvo atento a convidarme de muchas de sus historias en su pueblo, nunca me sentí totalmente a gusto con él. Una de sus historias más extrañas era la del suicidio de las gaviotas. Cuando me lo comentó me eché a reír hasta que en cierto patrullaje se me acercó durante un descanso en una tarde, y me llevo a una pequeña entrada de mar en la playa donde se encontraban grandes peñascos y al fondo del mismo un palo seco sin ramas y de color gris. La escena trágica parecía sacada de una obra de Dante. Mire mi Charlie, me dijo al mismo tiempo que levantaba su brazo y señalaba hacia las alturas, al seguirlo con la vista vi una gaviota volando sobre los peñascos y después de dar algunas vueltas sobre el mismo, mis ojos no daban crédito a lo que veían, en efecto la gaviota remontó las alturas y luego en un perfecto picado se estrelló contra el palo en el fondo, no lo podía creer, sino lo hubiese visto con mis propios ojos, no lo creería. En diciembre tuve que regresar a la Escuela Militar para continuar con mis estudios, nos dimos un efusivo abrazo con mis soldados y con cariño estreché la mano de Mano Peluda, cuyo verdadero nombre se ha perdido en los recuerdos de mi memoria, pero cuya presencia e imagen me acompañan al recordar aquellos días en que fuimos camaradas de trinchera.
|
||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||