
Confesiones: En mis noches de chat
Sunshine no necesita presentaciones. Ella lo hace perfectamente en su propia crónica. La historia de cómo llegó a nuestra redacción esta inusual confesión es sencilla. Sunshine veía sistemáticamente el programa de televisión que nuestro director, Geovani Galeas, tenía hasta hace poco en el canal 10, y también leía sus columnas en la sección editorial de La Prensa Gráfica.
En la primera edición de Centroamérica 21 leyó la crónica del encuentro entre Joaquín Sabina y Geovani, y entonces, según nos dice en una pequeña nota, pensó que podía contar y publicar su historia en nuestro periódico sin temor a ser juzgada. Sunshine está segura que hay muchas otras chicas en su misma situación de compulsión por el chat erótico, y cree que el simple hecho de hablar de ello, no en voz baja y a hurtadillas, sino de manera pública y abierta, puede ser un paso positivo.
Una de nuestras periodistas, Georgina Vanegas, realizó una breve entrevista telefónica con Sunshine, y luego consultó con especialistas el tema del impacto, cada vez mayor, que internet tiene en nuestra vida cotidiana. En Centroamérica 21, creemos que, en efecto, por muy espinoso y difícil que pueda ser un tema, lo peor es reducirlo a la categoría de tabú. Lo mejor, para la salud y la higiene moral de la sociedad, es no ocultar en el sótano del silencio o de la indiferencia las realidades, por más incómodas que algunas de ellas nos puedan resultar. Sin más, he aquí las confesiones de Sunshine.
Todos ellos me dicen que soy muy linda y siempre trato de complacerlos. Lo que me piden es que les muestre mi cuerpo mientras me desnudo poco a poco. Tengo 22 años, vivo en San Salvador, estudio administración de empresas y no creo que haya en el planeta una chica más tímida que yo. Pero en los últimos ocho meses he vivido 11 horas diarias o más en el chat, logrando acabar con mi timidez, al menos a nivel virtual, y sacando del interior de mí misma una mujer que hasta ahora desconocía por completo.
Lunes 7 de mayo 2007
Redacción
redaccion@centroamerica21.com
Cuando por fin pude tener mi propia computadora e internet en mi cuarto, pensé en cuanto aprovecharía la vasta información que provee y en la música que podría pasar escuchando todos los días, además de que estaría en contacto con mis amigos y familiares por el chat. De repente descubrí que podía hablar con cuanta gente quisiera y en cualquier lugar del mundo de cualquier tipo de temas que se me ocurrieran.
El que primero me llamó la atención fue el de las religiones; por todo esto del islam y la guerra entre Estados Unidos e Irak, comencé conociendo hombres muy mayores que me explicaban cualquier tema que quería preguntar. Un día alguien me pidió verme por cámara, él mismo se encargó de explicarme la manera para poder verme.
Al principio yo no quería. Mi timidez no me permitía aceptar que me vieran, pero ya que él estaba en el Medio Oriente decidí abrir la cámara para él; de todas formas nada podía pasar. Al abrirla me descubrí bella en la pantalla, el velo que hasta ese momento había impuesto mi cohibimiento cayó lentamente; para mi sorpresa él quedó absorto y fue el primero en describir mi rostro como una mezcla entre una niña inocente y una puta por emerger.
Me pareció muy osado su comentario, me molestó; pero en lo que descubría las distintas facciones de mi rostro y cuáles eran los ángulos más favorables ante la cámara, me confesó que estaba excitado y me propuso tener webcam sex.
Asombrada por la novedad del término, pero con mucho interés a la vez, me lancé dejando atrás todo tipo de temor. Él me guiaba, diciéndome cómo debía colocar la cámara, adónde y qué mostrar. Los nervios me atacaban porque, aunque estuviera tan lejos de la realidad, aunque fuera virtual lo estaba viviendo como si fuera verdad, viendo su cuerpo; desnudando el mío, mostrando mis senos, mis nalgas, mis piernas.
Logré hacerlo terminar a los pocos minutos, y eso me encendió esa llama de la curiosidad que hasta ahora ha seguido creciendo y no me deja descansar. Esa misma noche conocí a varios hombres, para todos activé mi cámara, todos me admiraron, todos alabaron mi belleza y todos me describieron así como el primero: una niña muy inocente pero con una mirada que me delataba como puta.
Mi lupanar privado
Descubriendo el terreno de lo virtual, en unas cuantas horas aprendí a modelar mi cuerpo, a enseñar cada parte poco a poco, a saber qué querían ver y qué les gustaba que les escribiera, a lograr llevarlos a niveles altos de tentación, haciendo que cada uno me rogara por más, me suplicara más.
Divirtiéndome con el juego, olvidándome por completo de mi realidad y mi aislamiento social estaba ahí, no con mi nombre real, la estudiante callada y siempre bien portada, la que es feliz pues nunca ha pasado penurias y vive con una familia convencional; no, ahora nacía como esa mujer desesperada por instruirme en las artimañas y en el arte de conquistar a cualquiera y, sin proponérmelo, sin emplear el menor esfuerzo, lo lograba con todos.
He dejado de sentir el tiempo, el tiempo ya no es esa dimensión en la que me estancaba aburrida de esperar que cada minuto pasara, esperando un acontecimiento nuevo e interesante. Ahora he cambiado mi ritmo de vida, mi tiempo para dormir, para comer, para vivir; mi vida está en la pantalla, en esta pequeña laptop que me hace sentir tan poderosa y tan dominante, que me hace sentir que el mundo es tan pequeño y que me hace saber que el hombre quiere lo mismo aquí y en Noruega, que el musulmán quiere lo mismo que el ateo, que el casado quiere lo mismo que el joven puberto, que el que vive en Inglaterra con grandes lujos heredados busca lo mismo que el emigrante latino.
Todos en el chat son eso: masa de deseos incontrolables, apasionados, fogosos, pidiendo, rogando ver, rogando escuchar, implorando ser deseados por una mujer exquisitamente erótica que los haga soñar y que, al menos en el momento virtual, los haga sentir apetecidos por una fantasía lejana en el espacio.
Todos me comparan con un ángel, con una diosa o con cualquier criatura que esté en el nivel de la ilusión, me preguntan que si soy actriz, modelo, cantante… Yo les respondo que soy lo que ellos quieren que sea: si quieren una niña buena e inocente lo seré; una mujer candente, lo seré; una cantante, lo seré; una bailarina, lo seré; una intelectual, lo seré. Que me pidan lo que quieran, disfruto mucho cada papel y no me cuesta nada desempeñarlos.
Cada noche espero a que mis padres se vayan a dormir, a que la casa quede en silencio y que todos crean que me quedaré estudiando hasta la madrugada. Las luces de la casa y de la ciudad se apagan, la ausencia de sonidos me da el permiso de emprender la labor nocturna; en mi habitación se enciende la flama que va a atizar a cada hombre, mi cuarto se convierte en un lupanar virtual, o lo que yo me imagino que es un lupanar, porque en la realidad nunca he estado en ninguno.
El show
El espectáculo comienza a las once de la noche o un poco después, debo prepararme según la cita de cada persona. Tengo mis clientes exclusivos, a cada uno le he asignado un día a la semana en diferentes horarios cada noche. Sé qué quiere cada uno, sé que los excita más y les se graduar esa excitación; sé de lo que les gusta hablar y cómo les gusta que luzca; para esto tengo que prepararme perfectamente: maquillaje, lencería y joyas.
Algunos se han enamorado de mí, me declaran amor, me prometen que vendrán a verme, se casarán conmigo y me llevarán a su país; mientras sea una promesa estoy tranquila. Otros tienen mi número de celular y me llaman a diario para decir que me extrañan y que me aman, a todos les digo lo mismo: yo también, besos.
Pero cuando comienzan con querer imponerme una relación sentimental seria y con cuestiones de celos es cuando simplemente los bloqueo. Ya no quieren sexo, quieren amor, pero no puedo darles eso a todos y menos en una computadora; si pierdo un cliente lo multiplico por 3 o más. Es fácil cautivar.
Entro al chat, encuentro a uno de mis novios, el de Jordania, un chico musulmán que aparenta ser inocente y mostrar mucho respeto a su religión, es virgen, tiene 25 años y su temple ha sido desaprovechado por años pues tiene un tamaño tentador: puede sostener su verga erecta con sus dos manos y aún así le sobra más de la punta por cubrir, me fascina.
Para él debo vestirme muy inocente, no le gustan las exageraciones ni el maquillaje fuerte, ropa escotada ni hablar. Debo encender la luz cenital que alumbrará mi cabello antes de activar la cámara, y otra lámpara que hará resaltar mis labios disimuladamente pintados de rosa pastel, la coloco en un ángulo de treinta grados con respecto a mi rostro, la luz hace ver mi piel suave, hace que mi cabello exponga su color dorado y ya estoy lista para cuando él quiera verme.
Platicamos en inglés, no un inglés perfecto pero sí comprensible. A él le gusta mucho la seriedad, pero después de minutos de charla se desinhibe, le mando la invitación para que vea mi cámara, él manda la suya: noto el asombro en su rostro cuando me ve, se pone nervioso y no habla más. Descubro que al acariciarme el cabello sus mejillas se sonrojan. Me pide que no lo haga, que por favor deje de tocarme mi cabello pues después no sabrá que va a pasar.
Pero a mí me encanta tentarlo, volverlo loco hasta que se olvida de sus preceptos, de toda moral, y me confiesa estar totalmente loco por un orgasmo.
A él lo conocí en una de las tantas salas de chat a las que siempre entro para ver que me encuentro, busco solamente gente de otros países y es mejor para mí si están del otro lado del mundo.
En estas salas de chat acceso con diferentes nicks, dependiendo del ánimo con que me encuentre: bluesoul, sunshine, cutesmile, goldhair, needaman, bestboobies, xxxgirl, etc. Los hombres se emocionan al saber que hay una mujer en la sala. A veces es raro que hayan mujeres y cuando las hay únicamente son para hacer invitaciones a sitios de sexo pagado.
Decido invitarlos a todos para que vean mi cámara aunque a cada uno debo de darle el permiso para que la activen, si me interesa el nick de un usuario acepto que me vean. A los minutos ya tengo 15 o 20 hombres hablando conmigo, pero por supuesto que no les contesto a todos, es imposible.
Y comienzan los comentarios esperados: Te ves muy linda, eres preciosa, pareces un ángel, muéstrame tu cuerpo, apuesto a que eres muy caliente, es un milagro encontrar una mujer tan bella en el chat, esta oportunidad no la perderé ¿serás mi amiga?, ¿eres latina? Muéstrame ese fuego mamacita.
De repente tengo siete o diez invitaciones para que vea las cámaras de cualquier tipo. Las voy activando una a una. Cuando me ven, todos piden por sexo: ruegan y ruegan hasta desesperarme, voy ignorando a cada uno pues el hecho de que sean tan exigentes tampoco me gusta. Lo que me fascina es tener el poder, ordenarles y además que platiquen, que me conozcan, que seamos amigos y enseguida ver qué puede pasar.
Después de depurar a los diez lujuriosos logro entablar conversación con cinco que aún no han pedido ver mi cámara, estos me interesan más, lo que me llama la atención es cuando no demuestran ningún interés en mí, porque así soy yo la que comienzo a coquetear, a incitarlos. Tres me pueden ver, han dicho: ¡ wow, eres hermosa! Los pocos que sobraron simplemente no les interesó conocerme, mala suerte para ellos.
Y como hay nueve horas de diferencia entre El Salvador y los países del Medio Oriente, en lo que yo estoy comenzando en el chat ellos deben irse a trabajar, al final sólo me quedo hablando con uno de ellos, es así como conocí a Ahmad, el jordano.
El chico del islam
-¿De dónde eres? - me pregunta.
-De El Salvador, en Centro América - aclaro de una vez, pues muchos ni siquiera saben dónde estoy.
-¡Oh, no puedo creer que esté platicando con alguien que está tan lejos -, me dice, utilizando las caritas virtuales que denotan sorpresa-. ¿Y cuéntame qué haces ahí?
-Estudio administración de empresas-, le contesto, le pido que me mande su cámara pues quiero verlo. La activa y logro verlo, muestra su rostro (es un buen comienzo), me pide que le mande mi cámara. Al verme utiliza todas las caritas posibles que demuestren asombro y su rostro está igual: anonadado.
-¡Eres bellísima, estoy seguro que este es un regalo de Allah!-, comenta emocionado.
¿Tan bella seré?, me pregunto, pero al verme no puedo negarlo tampoco. La cámara ayuda muchísimo a mostrar únicamente ángulos agradables y mi intencionado arreglo personal hace que realmente aparezca sublime, incitadora.
Con Ahmad he tenido webcam sex decenas de veces, al principio le gustaba que me comportara muy puta. Le fascinaba ver mi boca chupando mi dedo medio simulando succionar su espada, no me era difícil hacerlo pues podía ver, en su cámara, la dureza de su verga.
Pero luego los sentimientos aventajaron a los deseos carnales: me confesó que me amaba desesperadamente, que se había enamorado, que estaba seguro que había encontrado al amor de su vida y que no podía tener más sexo virtual conmigo, pues si nos amábamos e iba a ser su esposa debía comportarme como una mujer (musulmana por supuesto). Confieso que también sentí muchas cosas bellas por él, una emoción fuerte por saber de alguien que pensaba en mí en otro país, pero esa emoción se disipó en una semana, sí seguimos hablando y declamándonos poemas, compartiendo música y demás, pero no logré limitarme a chatear solo con él.
Más, más, más…
Con el mismo proceso conocí a muchísimas personas. Ahora tengo mis amigos con quienes platico y tengo sexo, están repartidos así: Noruega, Inglaterra, Alemania, Sri Lanka, Iraq, Líbano, Egipto, Marruecos, Canadá, Estados Unidos, Chile, Argentina.
Con todos mantengo una relación sentimental también, con muchos platico de cosas muy interesantes, muchos quieren venir a verme, unos pocos me han mandado dinero para que les modele lencería sexy, cada quien tiene su personalidad y a cada quien le muestro lo que quieren ver de mí.
Vivo el frío de las madrugadas, el silencio total, la oscuridad, pero en mi cuarto hay vida, resurge lo que en la realidad no se puede hacer tan fácilmente. Y cada noche hay de todo, la mujer que quiera resurgir en mi y la que cada hombre pide. A unos les gusta mi inocencia incluso a la hora que me están viendo tocarme; a otros les gusta lo salvaje y rápido; con los que me pagan debo pasar horas y horas en el chat y otros simplemente les gusta platicar y combinar esto con verme desnuda.
Entre más alejada me encuentre de la realidad en la que vivo y me sumerja en una virtual me siento mucho más libre y la vivo a plenitud: mientras más cosas diferentes descubra, mientras la enorme distancia me cree la seguridad de no ser visitada por nadie, mientras logre platicar en un idioma distinto al mío con otros, mientras escuche música diferente a la acostumbrada, mientras me cuenten cómo se vive en otros países, cómo es el clima, la comida y todo lo que sea distinto a mi entorno es cuanto más puedo convertirme en quien yo quiera.
Me encanta correr riesgos, pero siempre tras la pantalla, ¿seré una cobarde por eso: una cobarde al no querer mezclarme con nadie de mi país y sólo querer inducir con mi erotismo el otro lado del mundo porque sé que nunca pasará nada piel a piel? ¿Sólo he logrado superar mi timidez en internet más no en mi realidad?
Pienso que sí, pues día a día sigo igual de tímida y antisocial en mi realidad tangible, pero únicamente en este nuevo mundo donde todo es www-xxx: tan poluto, tan impúdico pero tan liberador. Salto noche tras noche como una felina en celo, tierna e inocente, salvaje y voraz, buscando satisfacerme, buscando averiguar mi carente límite de orgasmos, descubriendo cada parte de mi cuerpo pues realmente lo que hago es una masturbación interminable y pública que me permite conocerme y descubrir puntos que jamás pensé que me harían volar con sólo tocarlos.
A veces creo que hago el amor conmigo misma, con mi imagen en la pantalla tan candente, viéndome y sintiéndome tan húmeda, mis senos con sus aureolas y pezones perfectos, bien formados. Creo que el encuentro cada noche es realmente conmigo, con ese fuego interior que todos encontraron antes que yo y luego me lo hicieron ver y sentir. |