ARENA lanzó, a finales de 2007, una andanada de
salva para forzar al FMLN a adelantar el anuncio de su fórmula
presidencial para las elecciones de 2009. Apenas se oficializó
que estaría compuesta por Mauricio Funes y Salvador Sánchez
Cerén y se preparó la proclamación, se desinfló
de un día para otro la carrera que habían iniciado
la vicepresidenta Ana Vilma de Escobar y el ministro de Seguridad
Pública, René Figueroa, aunque la primera reitere
sus intenciones. Lunes 21 de enero 2008 Rafael Menjívar Ochoa,
escritor salvadoreño redaccion@centroamerica21.com
RAFAEL
MENJÍVAR
Hay quien habla que las pugnas internas han frenado el nombramiento
de un candidato en el partido de gobierno. Las pugnas existen,
y por primera vez desde 1994 son más evidentes que las
de la izquierda institucionalizada, en vista de que el FMLN ha
logrado moderarse ante sí mismo de un modo que no se había
visto en toda su historia. Pero no han sido esas pugnas las que
han detenido a la derecha en los momentos decisivos, y más
bien las apuestas parecen ser otras.
ARENA, en efecto, forzó la proclamación de la fórmula
efemelenista, de manera prematura, con varios objetivos posibles.
El principal –que hasta ahora no ha funcionado– fue
dejar que el propio FMLN hiciera el trabajo sucio que generalmente
le corresponde a los operadores de la derecha: que saltaran las
evidentes incompatibilidades entre el candidato Funes y la dirigencia
del FMLN, en especial con el candidato a la vicepresidencia. Y
no es que en las filas de la izquierda haya concordia, sino que
se han dejado los desacuerdos internos para mejor ocasión
o lugar, o quizá la falta de presión de la derecha
ha evitado males mayores.
Ligado a esto, seguramente ARENA buscaba el desgaste de la fórmula
Funes–Sánchez Cerén ante la opinión
pública. Pero este último se ha mantenido en un
casi silencioso segundo plano, y Funes ha aprovechado no sólo
para hacer proselitismo entre los salvadoreños en el país
y en Estados Unidos –con todo y que es contrario al espíritu
de la ley electoral, así la letra dé cabida a tecnicismos–,
sino también para hacer lobby con empresarios y políticos
del país del norte.
Aquí hay un factor que quizá justifique el inicio
adelantado de la campaña de la izquierda y el retraso de
la de ARENA: las perspectivas para las elecciones presidenciales
en Estados Unidos, en noviembre próximo.
Las probabilidades dan una derrota al Partido Republicano, más
que una victoria a los demócratas, cuyas piezas más
fuertes son una mujer y un afroamericano, algo impensable para
ese país en otras circunstancias. En teoría, la
actitud de Washington ante un gobierno de izquierda en El Salvador
sería menos severa que con el actual presidente, y la figura
de Funes puede ser importante si se le da el tiempo y los espacios
necesarios, esto es: si el FMLN no cae en lo de siempre, es decir
sabotearse a sí misno. El desgaste previsto podría
trocarse por una actitud menos desfavorable de Estados Unidos.
Por otra parte, a ARENA le conviene ver cómo se mueven
las tendencias en Washington antes de comprometerse con el votante
más poderoso del mundo. La cercanía del presidente
Saca con George W. Bush, la guerra de Irak –uno de los puntos
clave para un posible triunfo demócrata– y el envío
de tropas salvadoreñas, con todo y el rechazo de mucha
población y de otros países, pueden ser factores
que deban considerarse y, quizá, revertirse. Y eso requiere
de planificar una estrategia para obtener, si no el apoyo abierto
del gobierno resultante, al menos la confianza en el mantenimiento
del establishment.
Allí hay una gran diferencia, con respecto a Estados Unidos,
entre ARENA y el FMLN: el primero sólo tiene que planear
un buen lobby, mientras que el segundo debe contraer compromisos
que implican cambios radicales en su modo de decir las cosas,
y también de hacerlas o de dejar de hacerlas. Está
en el juego de convencer de que no planteará cambios más
allá de lo “aceptable” por el sistema estadounidense,
que no depende necesariamente del partido en el poder. Funes podrá
convencer de que su actitud es la “adecuada”, pero
hay un partido detrás de él con principios y objetivos
declarados que quizá no sea una opción para demócratas
o republicanos. Y también la población salvadoreña
–la principal involucrada– esperará algo similar.
Otro de los motivos por los que ARENA habría retrasado
su fórmula presidencial podría ser para esperar
que se defina cuál será la relación –si
la hay– entre el FMLN, el CD y el FDR. Se ha tomado como
un axioma que el FMLN no puede ganar solo las elecciones, y que
necesita de una alianza para atraer votantes. La alianza, como
se planteó en un principio, implicaría la adopción
parcial del ideario de los partidos de centro, y en ese sentido
el CD fue firme en un inicio. Ahora, más que una alianza
se ve la búsqueda de una simple repartición de cargos
dentro del probable futuro gobierno y en ciertas alcaldías
del país.
El FMLN sigue partiendo de que el triunfo será suyo. Por
el momento nada lo desmiente y, al contrario, las encuestas dan
como favorito a Funes. Pero hay dos factores fundamentales: ARENA
aún no ha nombrado a su candidato y la campaña electoral
aún no ha comenzado. Funes es un excelente candidato, pero
por el momento va solo. Seguro que pronto comenzarán a
salir los ases de debajo de la manga, y tendremos talvez la elección
más intensa que haya vivido El Salvador de la posguerra.