Desde un inicio, llamaron mucho la
atención y la publicidad creció muy rápido.
En pocos meses, para donde volviéramos la vista, si había
automóviles, había tarjetas de Libras de Amor pegadas
en los parabrisas.
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“Sí, me imaginé
que tendrían la popularidad que tienen hoy. Eso lo notás
cuando ves que la gente reacciona ante el producto”, asegura
Elisa Rodríguez, una joven de 23 años que ha creado
prácticamente todos los diseños de las famosas tarjetas.
Cuando Elisa comenzó a trabajar como parte del equipo creativo
de la campaña, se le asignó la misión de
diseñar “una niña”. En ese momento solo
existían 5 personajes, que conformaban una típica
familia nuclear.
El típico papá, la típica mamá
“Los diseños eran bastante simples, solo estaba un
señor con corbata y una señora con un collar”.
Elisa me los muestra como parte del extenso catálogo de
más de 220 personajes que ahora tiene. En efecto, al compararlos
con los diseños posteriores, hay diferencia en los detalles,
lo que ella denomina lo más importante.
“Cuando tomé el proyecto fui llenándolo de
detalles, para darle ese punto llamativo. Antes el pelo de una
muñeca era plano, ahora hasta tiene colochitos; los personajes
hasta tienen zapatos All Star. Es decir, yo sé que cada
detalle en la vida cuenta”.
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Pero en realidad esta idea surgió
de los diseños de las pegatinas “Familia Abordo”,
que nacieron en Panamá. En un primer momento, fueron un
regalo para las familias de los fabricantes. Se popularizaron
con rapidez y comenzaron a venderse en Puerto Rico. Libras de
Amor conoció el proyecto y decidió integrar una
línea de tarjetas adhesivas muy parecida a la de Familia
Abordo, llamada “Familia de amor”.
Las tarjetas contienen personajes reales
Al inicio de este proyecto llegó Elisa. Rápidamente
le encomendaron la misión de crear “una niña”,
que hasta hoy continúa siendo su creación favorita:
“La niña roja”. Para crearla, se inspiró
en su hermana y así diseñó los rasgos de
una pequeña de cabello castaño y vestido rojo.
“Me inspiro en la gente que conozco. Te puedo ir diciendo
quién es cada personaje. Aunque a veces son solo personas
que he visto por ahí”, me dice mientras ojea el catálogo
con todos los diseños de Familia de amor. “Una vez
vino el hijo de la directora ejecutiva vestido con una camisa
a rayas y un pantalón café y así lo dibujé”,
me cuenta mientras me enseña el dibujo.
Sin embargo, Elisa cuenta que la decisión de qué
personaje crear no se toma al azar. Los diseños de las
tarjetas y su popularidad han crecido gracias a la gente. “Por
ejemplo, si voy a un súper y me dicen que hace falta una
niña cocinando, entonces hacemos una niña chef.
Escuchamos mucho lo que la gente nos dice. “Cuando comprás
afuera varia gente te comenta: ‘fíjese que creo que
les hace falta una embarazada’ y entonces la creamos”.
Cuando ya ha pasado este proceso, la idea se pone en común
con el equipo creativo y si es aprobada, se pone en marcha.
Los estilos de vida de todos nosotros
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Pero ¿por qué las pide
la gente? ¿Por qué han sido tan populares? ¿Cómo
lograron venderse? “Si yo quisiera venderte una, te buscaría
en una de las tarjetas”, me dice, toma el catálogo
y… ¡ahí estaba yo!: una joven de cabello largo,
rizado, castaño, usando una blusa larga (de esas que se
han popularizado y que me gustan porque resultan en extremo cómodas)
y pantalones acampanados.
A excepción del adorno de Hello Kitty en la camisa y de
los lentes de sol, debo admitir que se parecía mucho a
mí. Respondí con una carcajada. “¿Ves?
Nuestro clic con la gente consiste en que cuando vos veás
esa muñequita haya una reacción, que tenga un sentido
para vos”, dice al ver mi reacción.
Otro factor podría ser que, como toda campaña exitosa,
logra hacer sentir a la población que en realidad no está
vendiendo un producto o un servicio, sino un estilo de vida, patrones
y valores que harían que las personas se sintieran identificadas.
Nike no vende zapatos, sino el estilo de vida deportista; Zara
no vende ropa, sino el estilo de vida del joven alternativo. Libras
de amor no vende tarjetas de $1.50 sino un estilo de vida solidario.
Elisa lo sabe y comenta: “Si lo vemos así, no estábamos
vendiendo un sticker, sino un bienestar a la población
salvadoreña. Al final, vas a leer la leyenda del sticker,
donde dice que vas a ayudar a miles de niños que tienen
desnutrición”.
Pero como un artista que cuida de su obra de arte, o un arquitecto
que cuida hasta de la última pieza de su construcción,
Elisa cuida del detalle. Dice que hasta debe estar enterada de
los cambios de la moda, para que sus creaciones toquen fibras,
para lograr la identificación.
“Ese soy yo, y esa es mi familia”
Así, en los diseños se pueden identificar imágenes
y estilos de vestir de diversos grupos sociales del país.
Por ejemplo, jóvenes con la vestimenta de moda.
Uno de sus favoritos es el rockero, “porque tiene bastantes
detalles”. Y en efecto, Elisa fue fiel a lo que, en estereotipo,
se asocia con un rockero: la guitarra eléctrica (dibujada
con mucho cuidado), pantalones negros, zapatos All Star y el peinado
al estilo Beto Cuevas.
Lo mismo hizo cuando creó su autorretrato: una jovencita
de cabello oscuro, vestida de rosa que acarrea reglas y papeles
por doquier. Algunos le dijeron que era un sarcasmo a su profesión,
diseñadora gráfica. Ella se ríe al contarlo.
Las profesiones han sido tema fundamental en los diseños.
En las tarjetas encontramos doctores, arquitectos, ingenieros,
militares, maestros y a todos con su correspondiente femenina.
“Nos empezamos a fijar en que solo sacábamos el maestro,
el ingeniero, el doctor. Así que dijimos: ‘Ah no,
las mujeres también trabajamos’. Así que comenzamos
a sacar a la maestra, la ingeniera, la doctora”.
Muchos de los estilos corresponden a diversos grupos sociales,
como el caso de los roqueros, los patinadores o de los más
nuevos diseños, que ella llama “las niñas
bohemias”. Tampoco faltan los hinchas de los distintos equipos
de fútbol del país.
La intención es que la gente se sienta identificada con
cada personaje, que encuentre un carácter identitario propio.
Da la impresión de que la persona que compra la tarjeta,
lo hace pensando que esta lo representa.
Es como decir: “Ese soy yo, y esa es mi familia”.
O en todo caso, es la versión ideal de cada quien: personas
felices, sonrientes, llenas de detalles que los diferencian de
los otros, en las grandes urbes donde impera el anonimato. Tal
vez, cada quien pegue en su vehículo ese personaje parte
de la sociedad que a todos les gustaría ser, porque, después
de todo, ¿a quien no le gustaría tener y ser parte
de una familia de amor?