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El “yo” en las tarjetas de Libras de Amor


Desde enero de 2006, pequeños personajes de aproximadamente 11 centímetros por 4 invadieron los parabrisas de los automóviles en El Salvador. Eran un medio muy importante de una de las campañas publicitarias que más éxito ha tenido en el país, aunque no vendan ningún producto ni servicio.

Son las tarjetas “Familia de amor” de Libras de amor, un programa integral de nutrición que pretende contribuir a la superación de la pobreza y desnutrición en el país. Las que comenzaron siendo solo tarjetas adhesivas evolucionaron hasta convertirse en más que eso, son verdaderos personajes de la urbe representándonos a nosotros mismos.



Lunes 21 de enero 2008
Georgina Vanegas
gvanegas@centroamerica21.com

 

Desde un inicio, llamaron mucho la atención y la publicidad creció muy rápido. En pocos meses, para donde volviéramos la vista, si había automóviles, había tarjetas de Libras de Amor pegadas en los parabrisas.

“Sí, me imaginé que tendrían la popularidad que tienen hoy. Eso lo notás cuando ves que la gente reacciona ante el producto”, asegura Elisa Rodríguez, una joven de 23 años que ha creado prácticamente todos los diseños de las famosas tarjetas.

Cuando Elisa comenzó a trabajar como parte del equipo creativo de la campaña, se le asignó la misión de diseñar “una niña”. En ese momento solo existían 5 personajes, que conformaban una típica familia nuclear.

El típico papá, la típica mamá


“Los diseños eran bastante simples, solo estaba un señor con corbata y una señora con un collar”. Elisa me los muestra como parte del extenso catálogo de más de 220 personajes que ahora tiene. En efecto, al compararlos con los diseños posteriores, hay diferencia en los detalles, lo que ella denomina lo más importante.

“Cuando tomé el proyecto fui llenándolo de detalles, para darle ese punto llamativo. Antes el pelo de una muñeca era plano, ahora hasta tiene colochitos; los personajes hasta tienen zapatos All Star. Es decir, yo sé que cada detalle en la vida cuenta”.

Pero en realidad esta idea surgió de los diseños de las pegatinas “Familia Abordo”, que nacieron en Panamá. En un primer momento, fueron un regalo para las familias de los fabricantes. Se popularizaron con rapidez y comenzaron a venderse en Puerto Rico. Libras de Amor conoció el proyecto y decidió integrar una línea de tarjetas adhesivas muy parecida a la de Familia Abordo, llamada “Familia de amor”.

Las tarjetas contienen personajes reales


Al inicio de este proyecto llegó Elisa. Rápidamente le encomendaron la misión de crear “una niña”, que hasta hoy continúa siendo su creación favorita: “La niña roja”. Para crearla, se inspiró en su hermana y así diseñó los rasgos de una pequeña de cabello castaño y vestido rojo.

“Me inspiro en la gente que conozco. Te puedo ir diciendo quién es cada personaje. Aunque a veces son solo personas que he visto por ahí”, me dice mientras ojea el catálogo con todos los diseños de Familia de amor. “Una vez vino el hijo de la directora ejecutiva vestido con una camisa a rayas y un pantalón café y así lo dibujé”, me cuenta mientras me enseña el dibujo.

Sin embargo, Elisa cuenta que la decisión de qué personaje crear no se toma al azar. Los diseños de las tarjetas y su popularidad han crecido gracias a la gente. “Por ejemplo, si voy a un súper y me dicen que hace falta una niña cocinando, entonces hacemos una niña chef. Escuchamos mucho lo que la gente nos dice. “Cuando comprás afuera varia gente te comenta: ‘fíjese que creo que les hace falta una embarazada’ y entonces la creamos”. Cuando ya ha pasado este proceso, la idea se pone en común con el equipo creativo y si es aprobada, se pone en marcha.

Los estilos de vida de todos nosotros


Pero ¿por qué las pide la gente? ¿Por qué han sido tan populares? ¿Cómo lograron venderse? “Si yo quisiera venderte una, te buscaría en una de las tarjetas”, me dice, toma el catálogo y… ¡ahí estaba yo!: una joven de cabello largo, rizado, castaño, usando una blusa larga (de esas que se han popularizado y que me gustan porque resultan en extremo cómodas) y pantalones acampanados.

A excepción del adorno de Hello Kitty en la camisa y de los lentes de sol, debo admitir que se parecía mucho a mí. Respondí con una carcajada. “¿Ves? Nuestro clic con la gente consiste en que cuando vos veás esa muñequita haya una reacción, que tenga un sentido para vos”, dice al ver mi reacción.

Otro factor podría ser que, como toda campaña exitosa, logra hacer sentir a la población que en realidad no está vendiendo un producto o un servicio, sino un estilo de vida, patrones y valores que harían que las personas se sintieran identificadas.

Nike no vende zapatos, sino el estilo de vida deportista; Zara no vende ropa, sino el estilo de vida del joven alternativo. Libras de amor no vende tarjetas de $1.50 sino un estilo de vida solidario. Elisa lo sabe y comenta: “Si lo vemos así, no estábamos vendiendo un sticker, sino un bienestar a la población salvadoreña. Al final, vas a leer la leyenda del sticker, donde dice que vas a ayudar a miles de niños que tienen desnutrición”.

Pero como un artista que cuida de su obra de arte, o un arquitecto que cuida hasta de la última pieza de su construcción, Elisa cuida del detalle. Dice que hasta debe estar enterada de los cambios de la moda, para que sus creaciones toquen fibras, para lograr la identificación.

“Ese soy yo, y esa es mi familia”


Así, en los diseños se pueden identificar imágenes y estilos de vestir de diversos grupos sociales del país. Por ejemplo, jóvenes con la vestimenta de moda.

Uno de sus favoritos es el rockero, “porque tiene bastantes detalles”. Y en efecto, Elisa fue fiel a lo que, en estereotipo, se asocia con un rockero: la guitarra eléctrica (dibujada con mucho cuidado), pantalones negros, zapatos All Star y el peinado al estilo Beto Cuevas.

Lo mismo hizo cuando creó su autorretrato: una jovencita de cabello oscuro, vestida de rosa que acarrea reglas y papeles por doquier. Algunos le dijeron que era un sarcasmo a su profesión, diseñadora gráfica. Ella se ríe al contarlo.

Las profesiones han sido tema fundamental en los diseños. En las tarjetas encontramos doctores, arquitectos, ingenieros, militares, maestros y a todos con su correspondiente femenina. “Nos empezamos a fijar en que solo sacábamos el maestro, el ingeniero, el doctor. Así que dijimos: ‘Ah no, las mujeres también trabajamos’. Así que comenzamos a sacar a la maestra, la ingeniera, la doctora”.

Muchos de los estilos corresponden a diversos grupos sociales, como el caso de los roqueros, los patinadores o de los más nuevos diseños, que ella llama “las niñas bohemias”. Tampoco faltan los hinchas de los distintos equipos de fútbol del país.

La intención es que la gente se sienta identificada con cada personaje, que encuentre un carácter identitario propio. Da la impresión de que la persona que compra la tarjeta, lo hace pensando que esta lo representa.

Es como decir: “Ese soy yo, y esa es mi familia”. O en todo caso, es la versión ideal de cada quien: personas felices, sonrientes, llenas de detalles que los diferencian de los otros, en las grandes urbes donde impera el anonimato. Tal vez, cada quien pegue en su vehículo ese personaje parte de la sociedad que a todos les gustaría ser, porque, después de todo, ¿a quien no le gustaría tener y ser parte de una familia de amor?

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