
Los acordes de los “mojados”
Forasteros, clandestinos y frijoleros
Por lo general, cuando se habla de la migración
como tema central de la música, se piensa en los famosos
corridos que relatan la travesía del migrante, sus penurias
y vicisitudes. Sin embargo, hoy la temática toca otros
géneros más inesperados.
Los migrantes están presentes en las voces de ídolos
juveniles de la actualidad. Por un momento, los acordes están
presentes en la filosofía reggae, y al instante están
“al otro lado”, de la música, junto a las voces
más irreverentes del rap y el rock.
Lunes 28 de enero 2008
Georgina Vanegas
Segunda entrega
gvanegas@centroamerica21.com
Pescozadas para el migrante
Los afroamericanos tienen su propia voz para expresar lo que vive
un migrante. Hace unos meses, un rap producido en Senegal intentó
reivindicar a esta figura de la realidad mundial. “Sunugaal”,
que significa "Nuestra canoa", es la canción con
que DJ Awadi expresó su descontento con las políticas
gubernamentales de su país. En su opinión, estas obligan
a sus compatriotas a arriesgar la vida al dejar su lugar de nacimiento,
su territorio.
"Me prometieron que tendría un trabajo/me prometieron
que tendría comida/me prometieron que tendría trabajo
real y esperanzas/pero por ahora, nada./ Por eso me voy/ por eso
me subo a esta canoa/jurando no quedarme aquí ni un segundo
más/preferiría morir a vivir en este infierno",
dice la canción.
El rap salvadoreño también relata la
travesía del migrante, y a esta narración le agrega
una crítica a los gobiernos. “En este caso, las letras
rescatan una vivencia y reivindicación más clara por
la identidad salvadoreña, en primer lugar, pero también
latina”, según Amparo Marroquín y Roxana Martel,
en su estudio Crónica de fronteras.
Un ejemplo es “De casa nos alejamos”, de los chalatecos
de Pescozada: “Este ritmo está al lado de la gente./Pase
lo que pase siempre dijimos presente./ Seré salvadoreño
hasta la hora de mi muerte./ Esta es paz para mi gente./Es mi sangre,
mi color./Mi bandera El Salvador./Por supuesto/si nos alejamos y
a la casa no llegamos/es porque encontramos un lugar para quedarnos./Tomamos
un autobús, este nos llevó muy lejos./Tomamos precauciones
para dejarlos perplejos./Tenemos muy presente por lo que muere la
gente./Por odios y rencores que no surgen de repente”.
“No me llames ‘frijolero’, pinche gringo
puñetero”
El rock mexicano de Molotov también aborda la temática
con sarcasmo, crítica dura y hasta enojo. “Frijolero”
capta la escena que Calle Trece y Maná han abordado ya: el
migrante que se lanza a la aventura de cruzar la frontera.
Pero las palabras de Molotov van dedicadas a quien está del
otro lado, al “gringo”. Así, le cantan: “Podrás
imaginarte desde afuera/ ser un mexicano cruzando la frontera./Pensando
en tu familia mientras que pasas/dejando todo lo que tú conoces
atrás./Tuvieras tú que esquivar las balas/de unos
cuantos gringos rancheros/¿Les seguirás diciendo “good
for nothing wetback”/ si tuvieras tú que empezar de
cero?”, dice.
Más adelante, los mexicanos amenazan en nombre del respeto
a su identidad: “No me digas ‘beaner’, Mr. Puñetero/Te
sacaré un susto por racista y culero./No me llames ‘frijolero’/
pinche gringo puñetero”.
En “Voto Latino” insisten en señalar el racismo
del que el latino es víctima constantemente. Se muestran,
una vez más, coléricos, irreverentes y en defensa
del derecho de ser latino. Combinan el español con el inglés,
y hay expertos en música que dicen que lo hacen para ser
más molestos, que pronuncian “mal” en inglés
para hacerlo más chocante y expresar mejor el descontento.
“I'll kick your ass yo mismo por supporting el racismo/blow
your head, hasta la vista/por ser un vato racista./¿Qué
sentirías si muere en tus brazos/ a brother who got beaten
up by macanazos?/ Asesinos yeah! es lo que son./ Es la única
raza que odio de corazón”, dice parte de la letra de
“Voto Latino”.
“Un dios maldijo la vida del emigrante”
El reggae argentino de Chala rasta también se inclina por
esta denuncia hacia la discriminación: “Tus hijos quieren
ya volverte a ver./En tu idioma gringo, soy aborigen./ Origen de
desigualdad, de esclavitud y enfermedad/ que vive el pueblo de hoy”,
reza “País lejano”.
Estas denuncias fueron fuente de crítica hace unos meses
en España. El 7 de octubre, Sergi Xavier, de 21 años,
atacó a una menor ecuatoriana en el metro de Barcelona. Las
imágenes donde el joven le tocaba un seno, le daba puntapiés
y la llamaba “zorra”, dieron la vuelta al mundo por
medio de la televisión, los periódicos y el Internet.
Según el Movimiento contra la Intolerancia, ese fue un incidente
de los 4000 que se cometen en España. A pesar de los casos
de xenofobia, hay bandas españolas que le cantan a la reivindicación
del migrante, como los roqueros de Celtas Cortos y Disidencia.
“Un dios maldijo la vida del emigrante./Serás mal visto
por la gente en todas partes./Serás odiado por racistas maleantes./Y
la justicia te maltrata sin piedad”, canta Celtas Cortos en
“El emigrante”, una alusión al peor destino que
podría llevar un migrante en tierras extranjeras.
Lanzan una acusación para las naciones:”La tierra de
occidente ya no tiene vergüenza./Arrasa nuestra tierra, nos
roba la riqueza./¡Qué bien se come de restaurante!/
¡Cuánta miseria pal’ emigrante!.../ Somos distintos,
somos iguales/pero en la calle nadie lo sabe./Pan para todos/ tenemos
hambre/pero los ricos no lo comparten/”.
“El emigrante”, canción homóloga de Disidencia,
expresa una advertencia para el emigrante: si desea cruzar al otro
lado, debe saber que sufrirá: “Cansado de aguantar
miserias/del tercer mundo, sin oportunidad./Dispuesto a superar
fronteras/por una vida digna de verdad./Pero nadie entra al paraíso/sin
ser pisado por la dificultad”.
A pesar de la adversidad, el grupo invita a ser disidentes: “Persistencia
contra el racismo/contra todo el que te quiera echar./Abolir la
Ley de Extranjería/un primer paso hacia la solidaridad”.
Los tangos de ayer y hoy
En Argentina también han surgido voces que intentan mostrar
el alma del migrante. El grupo Anetol Delmonte relata la forma de
sentir de quien se siente discriminado por su origen, creencias
y color de piel: “Cuando tuve que partir, arribé así
a la nada./Puertas cerradas ante mí, cantidad de odiosas
miradas./En estas tierras yo soy un don nadie./La línea que
yo mismo voy trazando la van borrando./¿Qué tengo
que aprender para poder insertarme?/ Quizás cambiar mi color,
tal vez esconder mi origen.”
Los Fabullosos Cadillacs también saben poner sal en la herida.
No son tímidos al denominar al racista como un “Mal
Bicho”. En esta canción critican fuertemente no solo
a la xenofobia, sino a la corrupción, las ansias de poder
y las injusticias.
“¡Qué me hablás de privilegios de una
raza soberana/ superiores, inferiores, minga de poder!/ ¿Cómo
se te ocurre que algunos son elegidos y otros son para el descarte?/Ambiciones
de poder.”
Más adelante, los argentinos dictan juicio para el intolerante:
“Discriminar, eso no está nada bien./ Ante los ojos
de Dios todos somos iguales”. Y finalizan explicándole
al mal bicho, por qué insisten en llamarlo así: “Porque
vas lastimando a quien se ve distinto/ imponiendo posturas siempre
con mano dura”.
Pero el tema de la migración en tierras argentinas ha estado
presente desde finales del 1800, con la aparición del que
hasta hoy simboliza la esencia de lo argentino: el tango.
“El tango encierra una metafísica, la de la esperanza
y la frustración, la de los inmigrantes que añoraban
el mundo perdido de la infancia, de la soledad del porteño
y su escéptica visión de la vida”, escribió
Horacio Salas, autor de Tango para principiantes y especialista
en el estudio del tango.
Prueba de lo anterior es “Mi buenos aires querido”,
canción emblemática de Carlos Gardel, una de las más
importantes voces del tango argentino. “Mi Buenos Aires querido/
cuando yo te vuelva a ver/no habrá más pena ni olvido”,
dice la canción. “El farolito de la calle en que nací
/fue el centinela de mis promesas de amor/bajo su inquieta lucecita
yo la vi/ a mi pebeta luminosa como un sol./Hoy que la suerte quiere
que te vuelva a ver/ciudad porteña de mi único querer/y
oigo la queja de un bandoneón/dentro del pecho pide rienda
el corazón”.
El sentimiento por lo migrante ha estado de esta forma presente
desde hace mucho tiempo en las sociedades latinoamericanas y más
allá de ellas. Si la música continúa viva,
y las migraciones continúan multiplicándose, es posible
que tengamos al migrante traspasando las fronteras musicales por
mucho tiempo más.
Lea También:
Los acordes de
los “mojados” , Forasteros, clandestinos y frijoleros
|