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Los escritores y el FMLN

 

En algún momento de la campaña por la presidencia, a algún periodista se le ocurrirá escribir una nota acerca de las propuestas de los candidatos y partidos con respecto a la cultura y el arte, y se dará cuenta de que sus programas apenas incluyen un par de párrafos. Como reacción, habrá artistas que harán un poco de ruido y pedirán a los candidatos una definición al respecto, y quizá obtengan alguna generalidad en algún lugar perdido de algún discurso. Después ganará quien gane, y hasta la siguiente elección.

Lunes 28 de enero 2008
Rafael Menjívar Ochoa, escritor salvadoreño
redaccion@centroamerica21.com


RAFAEL MENJÍVAR

Ese momento no llega aún; sólo el FMLN ha lanzado su campaña electoral, y está ocupado en otros asuntos. Sin embargo, desde el inicio mismo de la campaña hubo una señal de algo que ya se sabía: los artistas, los escritores en particular, no son del interés inmediato de la izquierda, y sólo lo han sido, de manera tradicional, en la medida en que su obra tenga una utilidad inmediata, tangible y sumisa en lo ideológico.

En el discurso de inauguración de campaña, el candidato presidencial Mauricio Funes comenzó hablando de "un conocido escritor" al que había recordado cuando estuvo en París para asistir al sepelio de su hijo, asesinado unos días antes. La cita era un llamado a la diversidad de opiniones y a la reconstrucción de El Salvador.

Al día siguiente comenzó a distribuirse la versión oficial del discurso de Funes, y ese primer párrafo había desaparecido. Nadie pareció echarlo en falta. Al preguntar a diferentes fuentes, de manera personal, acerca de lo que había ocurrido, la respuesta fue ninguna. Quizá ya tenían preparada de antemano una versión del discurso y Funes improvisó (en cuyo caso era esperable que se actualizara lo que se distribuiría a la opinión pública: es lo que se acostumbra); quizá a alguien le pareció que aquello restaba fuerza al resto, quizá se eliminó porque se consideró que no venía al caso, que contradecía la línea del FMLN o que introducía un elemento incómodo en el primer discurso de Funes como candidato designado.

Así no se haya mencionado el nombre del escritor, además de la información parcial que se entrega al público, lo que muestra un hecho tan simple es que, con todo y la voluntad del candidato del FMLN, las frases de "un conocido escritor" no servirán para abrir un discurso político. Se le eliminará del texto y para la historia -al menos la de la izquierda- hubo una frase importante que jamás existió.

Es interesante cómo, desde Brecht y Sartre, se ha insistido con cierta recurrencia en la casi obligación de los escritores de "comprometerse" con causas sociales, entendidas como revoluciones en curso o institucionalizadas. Ambos lo hicieron sin restar un ápice a su calidad literaria, aunque sí a su pensamiento; la apología de Sartre a la Unión Soviética, en su momento, fue por lo menos vergonzosa, y más lo fue su retractación.

Más acá en el tiempo, los casos de los cubanos Armando Valladares y Heberto Padilla han demostrado que los escritores y la izquierda muy rara vez son compatibles. Ambos eran jóvenes, críticos y apoyaban la revolución cubana. A partir de una lectura ideológica de su obra, ambos fueron declarados, por lo menos, antirrevolucionarios. Ambos, después de presiones, prisiones e indignidades, se convirtieron finalmente en enemigos viscerales de la revolución cubana, y uno tendería a pensar que con razón.

El "juicio" que se siguió a Padilla forma parte de la historia universal de la infamia. La base de la acusación fue una novela que ganó el premio Casa de las Américas, en el que algún comisario encontró una burla oculta: la novela se llamaba "En mi jardín pastan los héroes", y eso querría significar que los héroes de la revolución eran simples caballos, animales, bestias; y el apodo que se le da a Fidel Castro es "El Caballo", con lo cual resultaba que Fidel era tan insignificante que pastaba en su jardín.

Cualquier cosa de esa novela, leída desde esta perspectiva, estaría mal. Suena estúpido, pero nadie ha dicho que los comisarios políticos se caractericen por su uso brillante de la dialéctica. Ese modo de hilar ideas fue común entre los cuadros medios y altos de las diferentes organizaciones del FMLN durante la guerra, y es previsible que no haya cambiado.

Padilla fue apresado -con todo y el premio en las manos-, presionado y obligado a hacer una humillante "autocrítica" pública, y terminó nuevamente en la cárcel y luego en el exilio. Todo por escribir una novela, ganar el premio oficial de la izquierda latinoamericana y creer que alguien sería capaz de verla como literatura.


Lo interesante es que el título de la novela es un verso del poeta salvadoreño Roque Dalton, amigo de Padilla, conocido como militante a prueba de fuego y uno de los promotores de la teoría de que un escritor debe incluso sacrificar la calidad de su obra en pro de las luchas populares.

Y Roque Dalton es la paradoja de las paradojas: es considerado el paradigma de los escritores de izquierda aunque lo asesinó la izquierda. Ni a él se lo consideró de derecha ni a la organización que lo asesinó. A lo sumo se hablará de "aventurerismo", "errores" y eufemismos similares, referidos tanto a Dalton como al Ejército Revolucionario del Pueblo.

La pregunta es: ¿qué papel juegan los escritores en el FMLN actual? Como no sea en cosas extraliterarias, casi ninguno. Y además no forman parte de los discursos; una cita de un escritor al inicio de un discurso siempre suena bien, pero ya ni eso va quedando.

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