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La palabra en el tiempo

 

Existe un debate que va más allá de lo que se espera. Una forma cruel para referirse a la creación literaria de los escritores jóvenes y hacerlos resignarse o rendirse antes de que comiencen una obra interesante. Me refiero a la literatura universal versus la literatura actual.

Ante la crueldad es preferible envolver el corazón en una coraza de mármol, porque “un poema político, por ejemplo, no sólo es un mal poema sino una mala política”, dicho por Alejandra Pizarnik en uno de sus ensayos al referirse a que un escritor es escritor y no un ente político de una ideología que se llena de oportunismos. De ese pensamiento soy aliada.



Lunes 28 de enero 2008
Krisma Mancía
Redaccion@centroamerica21.com

 

KRISMA MANCÍA

¿Por qué tendré que ser radicalmente comunista para entender al proletariado y poder hacer la gran obra universal que enmarque un pasado desgarrante, un sufrimiento y un desamparo que surge durante y después de la guerra civil, tan salvadoreña y tan intensamente mundial? Mea culpa. Golpes de pecho. Arañazos en la cara. Me disculpo con su dios, pero no me mueve ni su dios para quererlo.

La literatura de por sí es un espejo de la sociedad, un feo reflejo. Crudo e insondable. Pensarán que es una evasión de la realidad, pero de eso se trata la literatura. Evadir obstáculos, distracciones complejas para mostrar limpiamente lo aborrecido, lo amado sin dejar de ser un instrumento humano que materialice en papel todo lo que siente, piensa y vive.

Se mueve la mano derecha para favorecer a la belleza literaria y se dice que nos vendemos al gobierno. Se mueve el pie izquierdo, se mencionan palabras coloquiales y todo se vuelve rojo. Una marcha roja que camina en el centro de la ciudad -¿Quién no se llama San Salvador o cualquier otra cosa? ¿Quién a la capital, no le dice gato, gato?, parafraseando a César Vallejo. Después se viste de atea y saltan los conservadores, los defensores de la pureza con sus panfletos de una doble identidad moral. Hablar del politeísmo es caer en la obscenidad incurable. Y otra vez: Mea culpa.

Y hay quienes dicen que ya todo está escrito. Agotadas las formas de escribir. Ya todo está dicho por los grandes escritores desde Homero hasta Cortázar y Borges. Escrito por las grandes figuras actuales con Gabriel García Márquez o José Saramago. ¿Y que le queda a los noveles escritores? ¿Dónde está la nueva obra universal? ¿Dónde aparecerá el nuevo boom, la corriente, el continente, el país que espera ser el protagonista principal de las miradas del mundo? ¿Finalmente lo que nos queda es resignación; es escribir pálidamente a luz de la lumbre, lumbre de la muchedumbre de Miguel Asturias?

Y grito que ¡NO! No todo está escrito. Faltan cosas, giros que darle a la historia. Faltan versos, un personaje interesante, un cuento fresco, no reciclado dentro de ambientes existentes en la vida cotidiana y que desea convertirse en ficción. Rebelarse ante los dioses, quebrantar personajes arquetípicos, girar 180 grados la cabeza y de lo que se aprende de los maestros de la pluma universal se absorbe, se digiere, se tiene presente para no repetirlo.

El lenguaje es inagotable, cambiante en cada generación, según dice la Real Academia de la Lengua Española que extiende su léxico desde la lengua hasta el habla de cada pedazo de tierra parlante español. Escritor se es cuando se sondea el lenguaje. Escritor sé es al crear personajes que piensa por sí mismos y que defiende su argumento personal a través de las letras. Lorca subrayó con tino que “Lo que no admite de ningún modo la poesía es la indiferencia”. Y hay un duende en cada escritor que sabe distinguir el bien del mal y seguir construyendo en la línea delgada en la búsqueda equilibrada de lo autentico y lo muy personal. Si no fuera así, todo sería igual y nadie reconocería la verdadera y buena literatura.

¿Quiero ser una Beset - Seller ? Pues aprenderé a ser optimista, a escribir novelas rosas para señoritas de bien y conseguiré un buen representante editorial para que me promueva con una misteriosa estrategia publicitaria dentro del fastidioso mundo de literatura ligth, donde se distribuyen las desnutridas novelas para Hollywood en la clase B o C, (obstinadamente aburrido y que me sirve para burlarme de las historias de Corín Tellado donde presenta la misma formula narrativa y donde la heroína siempre consigue lo que quiere entre “espantosas” tramas imaginativas de sexo, pudor y fingida truculencia).

¿Quiero se escritora? Entonces escribo seriamente de lo que realmente sé, pienso y vivo. Si no lo sé, investigo, o no hablo de ello. Pero tengo en cuenta que escribir de uno mismo no es tan interesante para los demás. Lo mágico es la técnica y esta sólo se consigue con la lectura consciente de los parámetros altos de aquellos escritores que quedan en la historia, y de la obsesiva práctica de la escritura a partir de uno mismo y de del plano imaginario.

No hay secretos, ni talento que escude a una persona. Todo es trabajo y nadie es escritor hasta que no cumpla cierta edad, cierto número de libros escritos donde algunos serán publicados y otros no. Tener vanidad no es el camino adecuado para un escritor. Nada se pierde en el mundo si no se escribe con sinceridad. El tiempo favorece a los que realmente admiten que para ser un buen escritor no basta ser mejor, ni el más talentoso, sino hacer lo que deben saber mejor: escribir y entregar a los demás una parte de ellos mismos donde se reflejen claramente los “otros”, los lectores; y es allí de donde una obra se mantienen por los siglos de los siglos.

Dado que lo que todo escritor espera es la universalidad de su palabra a través del tiempo. El tiempo es el único que da la razón y sólo pocos llegan a verlo concretado mientras viven. De nuevo está Pizarnik al señalar que “la poesía no es una carrera; es un destino”.

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