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Carlos Rivas Zamora,
de nuevo a la contienda política


Carlos Rivas Zamora, alcalde de San Salvador por el FMLN de 2003 a 2006, y luego vilipendiado por ese mismo partido durante una de sus pugnas internas, reaparece en el escenario político, ahora bajo el sello de la Democracia Cristiana.


Lunes 28 de enero 2008
Redacción con reportes de Teresa Andrade

Redaccion@centroamerica21.com

 

La noche del 16 de marzo de 2003 fue de triunfo para Carlos Rivas Zamora. Un poco más de 10 mil votos le daban la victoria sobre su principal rival, la arenera Evelyn Jacir de Lobo. No era un cuadro histórico del FMLN y tampoco era un rostro conocido en la escena política, pero le había ganado la batalla electoral a una carta fuerte de la derecha y se había convertido el nuevo alcalde de San Salvador. Con ello el FMLN conservaba por tercer período consecutivo la alcaldía capitalina.

Rivas Zamora sabía que la gestión al frente del gobierno capitalino no sería fácil. Por un lado los problemas de San Salvador son complejos como lo había podido evidenciar en su desempeño como síndico de la comuna durante los dos periodos de Héctor Silva, pero también sabía que la relación con el partido que lo había impulsado era un tema complicado: "Ciertamente entré a la alcaldía con dos Frentes muy claros: uno que era el de los que hoy dirigen totalmente el FMLN (ortodoxos), y otro que era la municipal de San Salvador (renovadores), que me había apoyado tremendamente".

Y la piedra en el zapato no tardó en apretar. Los problemas empezaron desde la selección de su equipo de trabajo, cuando le intentaron imponer personal elegido por el partido pero sin calificación para los cargos que tendrían que desempeñar. Según refiere en entrevista con Centroamérica 21, ya al día siguiente de su triunfo, el mismo Shafik Hándal le dijo que el gerente general de la comuna debía ser un recomendado suyo, que resultó ser un ex jefe de operaciones militares de la guerrilla.

Rivas Zamora alegó que un ex jefe guerrillero no necesariamente es un buen gerente general, y se negó a aceptar la imposición. Ello provocó la irritación de Hándal y marcó el inicio del fin de su carrera en el FMLN, pero también el inicio de una gestión permanentemente presionada por el sector de ese partido integrado al Concejo Municipal.

El punto culminante de ese desencuentro sería su asistencia a la toma de posesión del presidente Elías Antonio Saca, en junio de 2004, a la que no asistió ningún otro dirigente o funcionario del FMLN porque Hándal había deslegitimado al nuevo presidente. "Pero yo estuve ahí como alcalde capitalino, no como militante del partido. Era una señal de compromiso con la institucionalidad del país", dice Rivas Zamora. Después de este gesto, la relación entre Rivas Zamora y el FMLN simplemente terminó.

Su llegada al FMLN ocurrió después de los Acuerdos de Paz, aunque en sus años universitarios había formado parte de la juventud del Partido Comunista, de la que se alejó para centrarse en sus estudios.

Con el FMLN ya convertido en partido político se acercó a algunos viejos contactos, y les ofreció sus servicios legales pues consideraba que el Frente estaba mostrando deficiencias en ese aspecto. Inicialmente ofreció su ayuda a los diputados, y en 1994 decidió inscribirse al partido como un militante más.

Rivas Zamora era el jefe del departamento de reos y sentencia de la Corte Suprema de Justicia cuando Héctor Silva ganó las elecciones para la alcaldía de San Salvador, en 1997, y lo invitó a formar parte de su equipo en calidad de síndico municipal.

A partir de entonces le fueron muy útiles los consejos que años atrás le había dado Eduardo Molina Olivares, un viejo cuadro del Partido Demócrata Cristiano, y a quién Rivas Zamora considera su mentor: "Él me enseñó todas las cualidades de lo que significa ser un verdadero político, sin intereses, honesto, dispuesto a servir y con un corazón para las personas. Me enseñó a mantenerme en la línea", dice.

Después de su ruptura con el Frente, Rivas Zamora decidió competir nuevamente por la alcaldía capitalina con el respaldo de partidos de centro-izquierda; sin embargo su candidatura queda en medio de la polarización entre ARENA y FMLN. Entonces regresó a ejercer su profesión como catedrático de derecho laboral en la Universidad Francisco Gavidia y como funcionario de la Corte Suprema de Justicia.

La formación

Carlos Rivas Zamora se declara "socialista por convicción", y aunque su simpatía por la izquierda es de vieja data no tomó parte activa durante la guerra civil, todo ese tiempo lo dedicó a su formación profesional.

Como miembro de una "familia pobre y humilde de los alrededores de la colonia La Rábida", su educación fue producto del esfuerzo y la convicción de sus padres por ofrecerle un mejor futuro a través de los estudios. Después de estudiar en varias escuelas públicas, su dedicación académica le aseguró una beca para completar sus estudios de bachillerato en el colegio Santa Cecilia, de Santa Tecla.

Con su título de Bachiller empezó a buscar trabajo. Su primer empleo fue como ordenanza del Banco Salvadoreño; después consiguió una beca para estudiar en la Universidad de El Salvador (UES). Con los 150 colones de la beca dejó el trabajo y se dedicó por entero a instruirse como abogado.

Después laboró como colaborador jurídico en el juzgado cuarto de lo laboral. Dejó la UES y la beca, "no era ético quedarse con la beca, porque yo ya tenía un trabajo", sentencia el ex alcalde. Así que se cambió de casa de estudios y se graduó de la Universidad de Las Américas, en 1988.

Trabajó en la Procuraduría General de la República , en el Fondo Social para la Vivienda y en la Confederación General del Trabajo, donde a atendía sindicalistas y cooperativistas demócratas cristianos.

Luego se incorporó a las actividades de Rearme Moral, un movimiento democrático que era parte de una organización internacional orientada a fomentar el diálogo y el entendimiento político.

La familia

Carlos Rivas Zamora se casó a los 21 años con su primera esposa. De ese matrimonio nacieron dos hijos. El menor tiene actualmente 20 años y estudia leyes en la UES , como su padre alguna vez deseó.

Cuando aún era alcalde de San Salvador, en el apogeo de su gestión, recibió uno de los golpes más duros en su vida. Su hija mayor, Karla, falleció apenas a los 23 años de edad, debido a complicaciones gástricas. Karla dejó una pequeña hija, ahora de cuatro años, a cargo de su padre. Ahora, Carlos es un abuelo muy entregado, ya que su hija dejó ese vacío en su vida.

Rivas Zamora contrajo nuevas nupcias con la que actualmente es su esposa. De ese matrimonio nació un pequeño, que en estos momentos tiene seis años de edad.

En muchas ocasiones Rivas Zamora ha mencionado que es admirador ferviente de su esposa y se considera un hombre bastante familiar. Sus hijos, su nieto y su esposa son uno de los pilares más importantes de su vida.

Reaparición política

Después de dos años de estar alejado de la política y tres de estar fuera del FMLN, Carlos Rivas Zamora se convirtió, el pasado 15 de enero, en militante de Partido Demócrata Cristiano.

Esa decisión, según explica, obedece a una preocupación constante por la gran polarización política existente en el país entre dos fuerzas antagónicas e igualmente excluyentes, ARENA y el FMLN. Ante este escenario tuvo dos caminos: crear un instituto que se dedicara a la formación en democracia para los salvadoreños y, el segundo, regresar a la política partidaria.

En el contexto de una estrategia del PDC, consistente en cooptar líderes disidentes de otros partidos (como en los casos del alcalde santaneco Orlando Mena, que salió de las filas del FMLN, y del alcalde migueleño Will Salgado, que regresó al PDC después de un recorrido por varios partidos), se produjeron acercamientos entre Rivas Zamora y ese partido.

Durante esos acercamientos, asegura Rivas Zamora, no se plantearon en absoluto ofertas de candidaturas ni de cargos públicos. "De lo que hablamos es de mi colaboración en el área de la formación política y en el trabajo de relaciones internacionales del partido", comenta, y añade que además de la apertura y el respeto mostrado por el PDC hacia su persona y sus ideas, también influyó en su decisión la coincidencia plena en cuanto a la base humanista del proyecto político.

Cuestionado sobre la posibilidad de correr por la alcaldía capitalina bajo la bandera de su nuevo partido, contesta con una frase de cajón que, en este contexto específico, implica prácticamente una aceptación: "en política nunca se puede decir nunca".

Menos de 15 días han pasado desde que él ha llegado a este nuevo hogar partidario, sin embargo expresa "me he sentido muy bien acogido, con cariño humano, y no siento que me ven como un probable candidato, sino como una persona que ha venido a trabajar, con sueños, proyectos y dispuesto a ver cómo hacemos para que el PDC regrese al corazón de la gente".

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