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Juan Romagoza, director de la Clínica del Pueblo, regresa a El Salvador después 26 años de haber salido huyendo del país.

Juan Romagoza:
La medicina con enfoque culturalmente humano


Juan Romagoza salió de El Salvador en 1981, iba escondido en un camión que transportaba cebollas, llevaba en su cuerpo y en su alma las cicatrices de la tortura. Dos años después llegaba a Estados Unidos como indocumentado, se asentó en San Francisco y empezó a tener contacto con otros salvadoreños, que como él, huían de la violencia. En 1986 se traslado a Washington D. C. para hacerse cargo de una clínica comunal, la Clínica del Pueblo que después de veinte años bajo su dirección se ha convertido en un centro de salud comunitario, que atiende a migrantes con un enfoque culturalmente humano.



Lunes 3 de febrero 2008

Redacción
redaccion@centroamerica21.com


Juan Romagoza ha relatado su historia en múltiples ocasiones, pero quizá la más difícil de todas fue en 2002, cuando enfrentó en juicio civil a José Guillermo García y Eugenio Vides Casanova, militares salvadoreños de algo rango, en retiro en Estados Unidos, y que dirigieron cuerpos de seguridad en los años 80. Romagoza los acusó de las torturas que sufrió después de ser capturado en 1980 en un cantón de Chalatenango, y remitido a la Guardia Nacional de San Salvador.

“No era político, no era guerrillero, simplemente creía en el principio básico de ayudar a los pobres”, fue uno de los alegatos en el juicio. Ejerciendo ese principio fue capturado el 12 de diciembre de 1980, mientras ofrecía atención médica a campesinos de Chalatenango después de una celebración religiosa.

Romagoza venció en el juicio a los dos militares, quienes fueron condenar a pagar una millonaria suma, tras ser señalados responsables intelectuales por el mando directo. El pago no se llegó a realizar porque los militares se declararon en bancarrota.

Exiliado en Estados Unidos

El doctor Romagoza salió de El Salvador en 1981 escondido en un camión de cebollas con rumbo a Guatemala. Había sido liberado por la intervención de militares familiares suyos. Después de unos días de vivir oculto algunos días tomó la decisión de marcharse. De Guatemala partió a México donde estuvo dos años y luego a Estados Unidos.

Llegó a Los Ángeles como indocumentado, poco a poco fue conociendo a otros salvadoreños que como él huían de la violencia y llevaban consigo cicatrices en el cuerpo y en el alma. La cita era en el parque McArthur donde se reunían los refugiados salvadoreños que huían de la guerra, y trataban de exorcizar los recuerdos. Después se radicó en San Francisco, y no tardó en encontrar en el parque Dolores a otra multitud de compatriotas refugiados. A medida que la guerra cobraba fuerza en el país, el éxodo de compatriotas aumentaba, y con la ayuda de la iglesia católica fundó el Centro de Refugiados Centroamericanos.

La Clínica del Pueblo

La vocación de servicio ha sido una constante en la vida de Romagoza, pero no sería hasta 1986, en un viaje a Washington DC que encontraría el lugar ideal para realizarla: la Clínica del Pueblo.

La Clínica del Pueblo es actualmente un centro de salud comunitario que da asistencia gratuita a inmigrantes en el área de Washington D.C.; los servicios que ofrece van desde el cuidado prenatal hasta el geriátrico, además de desarrollar diferentes programas de prevención. Pero La clínica, como es conocida por sus usuarios, además de ofrecer los servicios de salud, ofrece comprensión a los pacientes, que en su mayoría son de origen latino, la sensibilidad hacia la cultura de los pacientes es un elemento esencial.

Esta es la visión que Romagoza le imprimió desde su llegada en octubre del 86. El doctor visitaba la capital estadounidense y se enteró de una clínica que atendía a inmigrantes, era un pequeño local, sin calefacción y con único doctor al frente. Romagoza se enamoró de la Clínica, y al poco tiempo cuando le informaban que estaban a punto de cerrar por falta de voluntarios decidió ponerse al frente.

La clínica actualmente cuenta con un presupuesto de 7 millones de dólares, más de cien empleados y un edificio moderno, sin embargo lo esencial de la atención que brinda a los pacientes es “ponerse en sus zapatos”, lo cual para un inmigrante, con patrones culturales totalmente distintos a los de la sociedad americana, es una bendición. Uno de los principios que se aplica es el derecho a la salud en una forma culturalmente humana.

Los reconocimientos

En 2004, el doctor Romagoza fue incluido en una exposición del Museo Nacional de Historia Americana, del instituto Smithsonian como uno de los 25 hispanos “con aportes de extraordinario mérito”, la muestra titulada Nuestros caminos: retratos del logro latino , incluyó además a una líder sindical, un director de cine y una astronauta, todos de origen hispano. En esa oportunidad recordó en una entrevista con el periodista salvadoreño Francisco Ayala Silva, su llegada a Estados Unidos, “Cuando me notificaron recordé a un emigrante indocumentado pasando la frontera, negando su nacionalidad, negando su nombre. Eso era yo”.

Posteriormente, ese mismo año, en El Salvador, Romagoza fue nombrado “Noble humanista salvadoreño” por la Asamblea Legislativa. Cuando asistió a recoger el reconocimiento declaró a la prensa: “Salí huyendo en un camión de cebollas y ahora regreso por la puerta ancha de la Asamblea”.

Regreso a Usulután

Juan Romagoza tiene 57 años y desde el 1 de febrero dejó de ser el director de La Clínica del Pueblo. Ahora sus planes se enfocan en su país, particularmente en Usulután, su lugar de origen, donde piensa radicarse y continuar con su labor de ayuda a los más desposeídos y a los que no pueden acceder a servicios elementales, como es la atención en salud.

Poder regresar a El Salvador, después de 26 años es para Romagoza retomar una tarea que dejó pendiente cuando tuvo que salir huyendo: ayudar a los más necesitados. “Por suerte estoy contando y hoy siento que callarme es como continuar esa impunidad; pienso que hay una oportunidad de superar esta etapa y una forma de superarla es quitarse el miedo”, declaró en una de sus últimas entrevistas como director de la Clínica del Pueblo.

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