Suscríbete al Newsletter

Boletín semanal gratis

 

Google
 
 
 

Mi República II: Identidad política

Conceptuar una identidad política en una nueva generación de líderes salvadoreños, que manifieste un sentimiento de orgullo patriótico transnacional, en el cual la ética política, el respeto a la ley y la devoción por producir bienestar general a su pueblo, sean las condiciones pragmáticas que les identifique al convertirse en representantes de la nación; induciría a iniciar firmemente la constitución de una sociedad consciente, que respete, admire y refleje el idealismo de sus lideres, de esa manera, estos ciudadanos a semejanza de sus lideres, serian renovadores de los valores ciudadanos del orden, el civismo y la fraternidad; siendo estos valores, factores imprescindibles, que transformarían la ambigua y decadente estructura socio-política, que actualmente mantiene a El Salvador como un estado enfermo a causa de la corrupción generalizada en todos los aspectos de la vida ciudadana, generada por el liderazgo deshonesto e incompetente de sus lideres, quienes mantienen a la mayoría de su población sumergida en la constante incertidumbre de su destino.



Lunes 3 de febrero 2008
Por Walter Monge-Cruz
waltermonge@comisioncivicademocratica.org
www.comisioncivicademocratica.org

 

WALTER MONGE

Obedecer rigurosamente los tres conceptos de esta identidad política es el sumo reto principalmente para la juventud, que ahora se forma académicamente, la cual es el motor y esperanza de toda nación, así como, para cada uno de los ciudadanos salvadoreños, quienes aspiran a servir al pueblo, comprometidos en esos valores.

Motivar ese compromiso en la juventud salvadoreña es imperativo para poder hacer de nuestra nación, una nación consciente, y consciente no solo de sus problemas, sino de las soluciones a ellos.

Ordinariamente la mayoría de la juventud salvadoreña actualmente no se preocupa por la política, no le interesa y carece profundamente de valores morales, cívicos y patrióticos; a pesar de que sufren de las consecuencias socio-económicas del sistema, son inconscientes en su realidad y no procuran la manera de vivir mejor por sí mismos, mucho menos, visionar un mejor futuro para la patria que forman.

Muchos jóvenes entre las edades de 18 a 27 años, de ambos sexos, con quienes he tenido la oportunidad de chatear en los pasados meses, me han expresado su desinterés por la política y desprecio por los políticos, un ejemplo de ello lo ilustra Andrea P., una joven cristiana, estudiante de la universidad Francisco Gavidia, de 19 años, que vive en la ciudad de mejicanos, quien me escribió en respuesta a un correo que envié masivamente a diferentes partes del mundo buscando la solidaridad con el pueblo salvadoreño.

Inserto partes del texto, transcribiendo literalmente parte de él, incluyendo errores ortográficos, dice lo siguiente: “No me importa ningunas de las noticias ni situaciones... ni estoy interesada en los temas de poilitica”.

Fundamentalmente, el mensaje representa un estado de inconsciencia ciudadana, que justifica la necesidad de una reforma profunda en la educación cívica y moral de nuestra juventud; la deficiencia en la escritura de una persona universitaria, ejemplifica la mediocridad en el concepto más básico de nuestro sistema educativo, lo cual trasciende a utilizar como fuente de recursos humanos en el desarrollo de nuestro sistema económico y social a personas ineficaces, quienes como consecuencia de sus limitaciones integrales son marginados y explotados, mientras la república mantiene una identidad mediocre tercermundista ante el mundo desarrollado y limita las oportunidades de bienestar y prosperidad común entre sus ciudadanos.

Interpretar las consecuencias que significa tener ciudadanos desinteresados por los problemas de la nación, especialmente en la juventud de nuestro país, me produce expresarle a estos ciudadanos, que son la esperanza de nuestra república, la manera como esa conducta de inconsciencia cívica repercute en las vidas de todos; sus mismos padres que se sacrifican por darles estudio, alimento, vestido, habitación, transporte; ya sea manejado un taxi, o en una fabrica maquilera o en un taller mecánico o grabando videos en fiestas rosas y bodas como complemento a sus empleos, o incluso en la vida de alguno de sus familiares, que han tenido que viajar al extranjero en busca de éxito y bienestar familiar.

Nacer en cuna de oro como se dice, al referirse a una familia que ostenta mucha solvencia económica, no es una bendición para todos los que nacemos en El Salvador, sino para unos muy pocos, y debido a eso, millones de salvadoreños hemos emigrado de nuestro país, adonde muchos hemos sufrido de diferentes maneras para alcanzar el éxito, pero otros han fracasado, por lo que deseo compartir con estos jóvenes, especialmente con Andrea, una pequeña historia de una mujer como usted, quien fue muy valiente, alguien, quien un día podría ser usted misma, o una madre de alguien a quien usted conozca, o una hermana, una prima o una tía; así de esta manera, pueden comprender lo importante que es ser parte de esta identidad política que profeso.

En el fin del verano del 2002 conocí a una mujer, quien ahora ya ha fallecido, servía tragos como mesera en un restaurante en Falls Church, Virginia; hacía unas pocas semanas se había mudado a esta área desde Nueva York, a vivir con su novio, quien era un amigo de su infancia, después de haber sido despedida de su empleo en el consulado salvadoreño de Manhattan, por arbitrariedades injustas de una mala jefa, la cónsul general de ese lugar en esa fecha.

Xanadu Restaurant, (nombre ficticio) era un sitio en el cual la élite del gobierno salvadoreño realizaba sus actividades en el área de Washington DC, allí conocí a esta muchacha quien era muy educada, cordial y muy atractiva; en El Salvador había trabajado como asistente ejecutiva para diferentes organizaciones internacionales, vivía en la colonia San Francisco de San Salvador y tenía una vida bastante solvente.

No comprendí al inicio las razones de por que esta persona estaba allí, realizando ese trabajo, su vida pasaba por un momento muy difícil, había dejado su país en busca del progreso que le ofreció el gobierno de El Salvador, lo cual no se materializó y la llevó a lo que ella consideraba una humillación, servir tragos y comida, siendo una mujer cristiana y profesional.

Su novio, quien era un hombre casado, la dejo sin apoyo económico en unas semanas, lo que produjo una crisis emocional en ella, tenia que trabajar limpiando casas y en una oportunidad cuando me tenia mucha confianza, pero con mucha pena, me confeso que había aguantado hambre por tres días, recuerdo muy bien un día en que con mucha tristeza me confesó que no tenia para pagar la renta en el pequeño cuarto adonde vivía.

Tuve el gesto de regalarle $300 dólares para que solventara su renta, y le continué apoyando de esa manera, pero en esta ocasión derramó muchas lágrimas, las cuales expresaban aprecio por el gesto, pero mucho dolor por darse cuenta de la realidad que vivía y la impotencia de no poder ser la persona que un día fue y de la que se sentía orgullosa.

En unos meses, la necesidad de contar con seguridad económica y protección, la llevo a convertirse en la amante de un hombre inconverso, quien era casado, y quien le apoyó para obtener un empleo en la Organización de Estados Americanos, (OEA); cuando obtuvo ese empleo, me sentí muy orgulloso de ella y contento, porque había sido valiente en sus decisiones, además, se lo merecía, era muy inteligente y extremadamente capaz.

Nada podía ser mejor para ella que ese logro, el mejor empleo de su vida, y posiblemente, el mejor que jamás tuvo, con el cual logró los beneficios que el capitalismo ofrece. Sin embargo, la adversidad llegaría a su vida, nuevamente, lo que la llevo a dejar ese empleo por el abuso emocional de sus jefes y la traición de sus amigos, perder sus documentos legales en este país al desobedecer las reglas y violar las leyes migratorias al regresar sin permiso a El Salvador por nostalgia a su familia y amigos.

Encontró el amor de una buena persona, estabilidad económica a través de un matrimonio por conveniencia con un piloto de helicópteros, pero lo logró, y lo descubrió en su patria; pudo haberse ahorrado todos los sufrimientos y humillaciones por las que paso, si hubiese estado en el lugar apropiado, con la persona apropiada en el momento justo. Con este ejemplo, deseo que la juventud salvadoreña comprenda que salir de El Salvador, no siempre es la mejor decisión; en ese camino mueren muchos y los que llegan aquí, se sacrifican mucho para poder alcanzar bienestar económico. No es fácil.

Invito a que el estado de inconsciencia cívica que predomina en muchos de los ciudadanos de la república, especialmente en la juventud salvadoreña, cambie.

Al transformar la actual estructura socio-política de nuestra patria, a través de una identidad política de valores patrióticos que se fundamenten y conceptualicen en la ética política, el respeto a la ley, la devoción por producir bienestar general a la patria, el orden civil, el civismo y la fraternidad; estaremos cimentando una base sólida que nos permitirá enderezar el camino de nuestro destino como salvadoreños, como nación, como república.

La responsabilidad histórica es de cada uno de quienes nos sentimos orgullosos de llamarnos salvadoreños, porque al hacer conciencia de nuestro rol histórico en este momento de incertidumbre política, estaremos dándole una oportunidad a quienes en las fronteras patrias desean superarse, sin tener que sufrir como lo hizo mi amiga y como lo harán los 500 o 700 ciudadanos que saldrán del país mañana; un día de esos posiblemente será Andrea o alguien como ella, quien ahora no les importa la política, ni nada que tenga que ver con solucionar los problemas de su país.

Tradicionalmente la responsabilidad espiritual e individual basada en la creencia religiosa de DIOS y Cristo, ha sido la norma para moldear la conducta del ciudadano en países católico-cristianos, como el nuestro.

Razono que los valores católico-cristianos en nuestra sociedad son practicados de manera muy débil, por lo cual es un reto para los lideres espirituales de la iglesia católica y de las diferentes denominaciones cristianas y evangélicas, que sean complemento de la identidad política, que sugiero; de manera, que entre esta relación de estado-iglesia, se fortalezcan los principios y valores ciudadanos, asi que solidifiquen la moral ciudadana y sean eficientes principalmente en la juventud salvadoreña para desarrollar nuestra propia democracia en el siglo XXI.

Aspiro como ser humano imperfecto pero renacido en la Fe de Cristo a través de una iglesia cristiana, a que bajo un espíritu patriótico, la política y la Fe rompan las barreras históricas de intereses y dominios, para que en conjunto se cree un estado democrático responsable que honore el nombre de nuestro país, a través de la conciencia patriótica y espiritual de su pueblo.

Simpatizar con un cambio de conducta impulsado por un sistema político y religioso en el cual la disciplina personal y la responsabilidad ciudadana anteceden el estado de corrupción e indisciplina, no es popular, sobretodo cuando la sociedad históricamente ha sucumbido a las degeneraciones morales del capitalismo.

Coercer a un pueblo para someterlo a un dogma político-religioso es antidemocrático y denigrable a las libertades individuales como lo es el caso de los países islámicos, sin embargo, el actual sistema de conciencia cristiana en El Salvador, tampoco funciona.

En los salones de clase del colegio católico adonde me forme, estudiando la Biblia y aprendiendo los dogmas profesados por los sacerdotes salesianos, no encontré los principios suficientes para mantenerme inmune a la presión social del capitalismo y alienarme de la conducta corrupta impulsada por la injerencia de la sociedad en general.

Notoriamente el sistema deficiente de leyes que rigen a la república y sobretodo la falta de aplicación de la ley, fomentan el desorden ciudadano y la inconsciencia cívica que condiciona el vivir diario de los salvadoreños en nuestra sociedad.

Demostremos que podemos cambiar este sistema con la aplicación de sentido común, promoviendo valores simples que nos identifiquen como nación.

Estamos a las puertas de una transformación del sistema democrático en nuestro país, adonde bajo los criterios de la identidad política que he explicado, la superación integral del pueblo es posible.

Restaurar los principios básicos de la disciplina ciudadana a través de la integridad política de sus lideres, hará posible que un día los estudiantes universitarios del país no cometan errores ortográficos y les interese la política, que los salvadoreños no tengan que salir de las fronteras patrias en busca de porvenir y con ello someterse a la perdición moral que implica obtener seguridad económica y protección, pero mas importante que sus lideres políticos y espirituales se complementen para construir una sociedad mas sana.

El Salvador es la patria que amamos, que queremos ver triunfar, es nuestro orgullo, es nuestra responsabilidad.

Próxima entrega: MI REPUBLICA IV: Nuestra democracia en el siglo XXI.

SUBIR
 
 

  


 

 

© Derechos Reservados 2007