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¿Petrodólares para el FMLN?


Lunes 28 de enero de 2008
redacción@centroamerica21.com


No se trata de tres líneas ni de una mera hipótesis en un informe de inteligencia de los Estados Unidos. Eso es lo de menos. El problema está en los muy reales vínculos históricos del FMLN con la dictadura cubana (de la cual recibió entrenamiento militar, financiamiento y armamento), y en el carácter de máscara instrumental, de esa dictadura que Chávez ha comenzado desempeñar en América Latina.

En los años sesentas, setentas y ochentas, las denuncias de la inteligencia norteamericana sobre la ayuda de Castro a las guerrillas latinoamericanas se volvieron un rito. Igualmente se volvieron rituales los enérgicos desmentidos de esas guerrillas. Pero luego, pasado el sarampión guerrillero en el subcontinente, sus protagonistas se dieron a la tarea de escribir testimonios y memorias, donde se relatan con pelos y señales los dóndes, cuándos, quiénes y cuántos de esa relación clandestina entre las guerrillas locales y el alma máter de su actividad: La Habana.

Pero el centro de la conspiración, al menos en términos mediáticos, pasó de La Habana a Caracas, y de Castro a Chávez. Solo que en ese tránsito ha operado una degradación evidente.

Chávez no es un líder discreto y no se ha preocupado por velar, siquiera diplomáticamente, sus intereses geopolíticos, y ni siquiera las formas ilegales en que incurre para impulsarlos. Otros eran los tiempos del ultra clandestinaje técnico del Departamento América del régimen cubano, dirigido por el legendario, ubicuo y siempre invisible comandante Piñeiro, Barbarroja, cuyas redes de influencia y tráfico logístico comenzaban en La habana, pasaban por el corazón de los Estados Unidos y terminaban en el extremo sur del continente.

La megalomanía de Chávez no tolera el secreto conspirativo. Con tal de salir en la foto es capaz de quemar a sus aliados, filtrando infidencias y revelando sus planes a diestra y siniestra. ¿Cómo, si no es así, se explican operaciones tan burdas como la de la maleta millonaria que salió de Caracas hacia Buenos Aires para la campaña de Cristina Kirchner, o la tragicomedia montada en torno a los secuestrados por las FARC, o el contraproducente apoyo a López Obrador, en México, y a Ollanta Umala en Perú?

No son pocos los analistas políticos que han advertido reiteradamente al FMLN el grave riesgo que supone, para sus propósitos electorales, su relación con un personaje tan parlanchín y exótico como Hugo Chávez. Mauricio Funes lo sabe y por eso calla al respecto. Pero ese silencio, si no se traduce pronto en un claro deslinde del FMLN de los delirios expansionistas del coronel Chávez, terminará por pasarle una factura impagable en su calidad de candidato presidencial.

A Chávez le gusta meter ríos de dinero en campañas electorales de otros países, eso no es ningún secreto y a nadie debería sorprenderlo. Varios de los actuales dirigentes del FMLN son muy experimentados en el arte de extender la mano clandestina hacia el bolsillo del jefe del internacionalismo proletario en turno, tampoco eso es un secreto. En este punto, como cuando se denunciaba el financiamiento cubano al FMLN, no basta con poner cara de bravo y pegar tres gritos de negación.

Con eso podrán convencer a los ya convencidos, pero difícilmente podrán atraer la adhesión del electorado que, precisamente porque el FMLN no se ha deslindado de manera clara y rotunda de esas viejas mañas, no le ha dado su voto, ese voto que, más allá de los alegatos ideológicos y de los petrodólares, es el que define si en este país hay alternancia o seguimos con ARENA.

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