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Mi República IV: Nuestra democracia en el siglo XXI

El Salvador es la patria que amamos, que queremos ver triunfante, gloriosa; es el país que le da orgullo a nuestra nacionalidad.

Nuestro amor a la patria, el orgullo nacional y nuestro patriotismo deben conformar el principio fundamental democrático que motive nuestra responsabilidad para transformarlo en un verdadero país democrático, lo cual hasta ahora no es.



Lunes 10 de febrero 2008
Por Walter Monge-Cruz
waltermonge@comisioncivicademocratica.org
www.comisioncivicademocratica.org

 

WALTER MONGE

La democracia es definida básicamente como una doctrina política. Una doctrina que esencialmente permite la incidencia e intervención del pueblo en el gobierno de un estado.

Aristóteles definió la democracia como el gobierno de la mayoría o todos, definiendo así, el punto de vista del sentimiento idealista del sujeto oprimido, esclavizado y manipulado en una sociedad gobernada por una monarquía o una aristocracia.

Mas allá de una definición o un idealismo, la democracia pragmáticamente en su sentido amplio propone que la titularidad del poder resida en la totalidad de los miembros de una organización o de un país, haciendo que las decisiones tomadas definan la voluntad general, la cual establece la forma de convivencia social de todos los ciudadanos quienes son libres e iguales ante la ley.

En sentido estricto la democracia es una forma organizacional del estado, por medio de la cual se adoptan decisiones colectivas que reflejan la voluntad del pueblo a través de su participación directa o indirecta; el pueblo al conferir legitimidad al mecanismo establecido para identificar y seleccionar a sus representantes, establece la democracia indirecta o representativa.

Democracia directa o radical es la que ejecuta el pueblo congregado en asamblea adonde delibera y toma decisiones, sancionando leyes. En este caso el pueblo son los representantes de diferentes organizaciones de todos los sectores sociales (empresariales, laborales, campesinos, etc.) quienes tienen poder individual de decisión para la toma de acuerdos mutuos bajo igualdad de derechos y obligaciones.

Incluso en determinados casos existe una democracia semidirecta que generalmente atenúa a la democracia indirecta acompañándola en ciertas circunstancias particulares. Los mecanismos para implementarla son: el plebiscito y referéndum; la iniciativa popular y la destitución popular.

Democracia representativa es la doctrina mas utilizada en el mundo, la cual permite que el poder del pueblo sea ejecutado por sus representantes legítimamente elegidos.

Ante todos estos conceptos básicos de lo que es la democracia, interpreto que cada uno de ellos es violado en su esencia fundamental en nuestro actual sistema de gobierno. La realidad de nuestra sociedad es que a partir de la firma de los acuerdos de paz, objetivamente, bajo el gobierno de los mal llamados “nacionalistas” del partido ARENA, la complacencia de los actuales mal llamados “revolucionarios” del partido FMLN y el cinismo de los “mercaderes de la patria” aglutinados en el mafioso partido PCN; la democracia establecida por los meritos de la guerra, se ha transformado en una forma de gobierno de unos pocos, quienes son los que ostentan el poder económico y político de nuestra república, quienes con sus acciones una y otra vez atropellan las voluntades del pueblo. Convirtiendo a nuestro sistema político bajo la sombra de la democracia en un sistema aristocrático.

¿Quiénes del pueblo ostentan poder en el estado? Y al ejecutar este poder, ¿cuáles son las acciones que toman y que reflejen la voluntad del pueblo que representan?

Utilizar el poder representativo de la democracia para realizar actos arbitrarios que despojan al país y la nación de oportunidades de progreso y bienestar, no es hacer democracia; un ejemplo de ello es el de representantes del pueblo, quienes desde la presidencia de la republica, la asamblea legislativa y la corte suprema de justicia, facilitaron los mecanismos legales para reflejar la voluntad de los intereses de los banqueros salvadoreños; quienes vendieron e hicieron desaparecer la banca privada salvadoreña, obteniendo con ello, cuantiosos beneficios económicos que ascendieron a casi 5000 millones de dólares.

Es noticia vieja, pero el punto de análisis consiste sobre esos beneficios de la venta de los bancos salvadoreños, ¿cómo se reflejaron en beneficio para el estado salvadoreño?, ¿Cuánto de ese dinero fue pagado en calidad de impuestos al erario público para apoyar proyectos de beneficio al pueblo?, ¿Acaso la venta de los bancos era la voluntad manifestada de todo el pueblo salvadoreño cuando eligieron a Alfredo Cristiani como Presidente de la República?, ¿Fue esa acción realizada en el mejor interés del pueblo y de la democracia salvadoreña?

En este momento las ganancias que los actuales conglomerados bancarios en El Salvador generan, se reparten entre sus accionistas, quienes en su mayoría no saben ¿a dónde? se encuentra nuestro país.

Los representantes del pueblo han permitido esa fuga de capital, que ha sido perdido, hasta que se revierta esa política y se cree una nueva banca salvadoreña, la cual sea democrática, controlada y administrada por el estado y la identidad privada de la mayoría del pueblo; y permita que sus ganancias sean invertidas en el crecimiento económico de El Salvador.

Así como este caso de los bancos existen muchos otros ejemplos que demuestran que la privatización realizada en el país, no fue realizada con intención democrática, sino con premeditación aristocrática, disfrazada bajo la sombra de la democracia. Realisticamente, despojando al estado y al pueblo de las fuentes más importantes de ingresos en la república, con las que se fuga una cantidad importante de capital que limita las posibilidades de crecimiento económico.

Bienestar público y equidad económica, son dos compromisos esenciales dentro de mi concepto ideológico para definir nuestra democracia en el siglo XXI. La mala administración de los recursos del estado, ha sido la principal causa que justificó a la aristocracia salvadoreña, para realizar la privatización de las instituciones y servicios más importantes con los que contaba el estado salvadoreño al concluir la guerra.

Universalmente la doctrina neoliberal es aplicada políticamente por los capitalistas como una expresión suprema de la democracia, reduciendo a un mínimo la intervención del estado en materia social y económica, con el objetivo, de promover el libre mercado, como garante del equilibro y el crecimiento económico de la nación.

Su aplicación en nuestro sistema económico, ha producido crecimiento, lo cual es muy positivo, sin embargo, no existe equilibrio. Los representantes de la aristocracia, han elaborado acuerdos comunes en los sectores industriales, comerciales, laborales, y agricultores, que dominan, con el principio de defender sus intereses históricos en el país, a través de la compra de influencias políticas, que mantiene irreversible el estado de corrupción gubernamental y de los representantes del pueblo en la asamblea legislativa y el sistema judicial del país.

Objetivamente, la democracia salvadoreña en este momento es identificada como tal, porque dentro de mi interpretación, el principio ideológico fue comercializado para identificar a los personajes opuestos al comunismo durante la guerra y promoverlos como defensores de la libertad y la igualdad. Pero es una identificación falsa completamente, estos miembros del pueblo no son precursores de la libertad, ni mucho menos de la igualdad. Dentro de mi punto de vista, El Salvador no es un país democrático, aunque sea identificado de esa manera.

Dos logros importantes que nos definen como un país democrático es la imagen de tener derecho al voto y derecho a la manifestación de nuestros intereses e ideologías de manera libre. Pero ¿es esto cierto?

El Salvador actualmente cuenta con tres millones de sus habitantes fuera de las fronteras patrias, a quienes su voluntad por tener el derecho al voto se le niega. ¿Es esto democrático?

Los medios de comunicación salvadoreños mas importantes están bajo la dirección de los intereses aristocráticos, quienes, no permiten la manifestación libre de los intereses e ideologías del pueblo. Los medios de comunicación son pilares invaluables de una democracia, mas en el caso salvadoreño, no existe imparcialidad política de parte de ellos por lo que se convierten en medios manipuladores de la opinión y antidemocráticos.

¿Podemos elegir libremente a nuestros representantes políticos? Solo parcialmente, cuando se trata de alcaldes y presidente de la república.

Objetivamente, en el sistema político salvadoreño, cuando se trata de elegir a los miembros de la asamblea legislativa, - para ser específicos -, no podemos incidir en la selección de las personas. Son impuestas, ¿es eso democracia?

Disponemos de un sistema político en el cual existe una apertura a la democracia, pero esa apertura esta sujeta a la identidad política, que exprese anteriormente, en el cual los aspirantes a ser representantes del pueblo, se identifiquen con los valores patrióticos de la democracia.

Estos valores que se fundamenten y conceptualicen en la ética política, el respeto a la ley, la devoción por producir bienestar general a la patria, el orden civil, el civismo y la fraternidad.

Responsabilidad ciudadana e interés patriótico, son sentimientos indispensables para poder definir nuestra democracia en el siglo XXI, sin ambos, el poder público continuara siendo representado y manipulado por la aristocracia salvadoreña, manteniendo un liderazgo político decepcionante para los intereses de la mayoría de la ciudadanía, como lo es el actual.

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