
Centros históricos en Latinoamérica: del caos al anhelo de orden
Un periodista mexicano cuenta que, de visita en Roma, fue interrogado por un arquitecto italiano en torno a cómo definía, aplicado a Latinoamérica, el término “centro histórico”. Su respuesta fue: “un ya histórico caos”.
¿Dónde fueron a parar esos espacios arquitectónicamente bellos, económicamente pujantes, políticamente célebres, ordenados, apacibles, seguros y, sin embargo llenos de vida, llamados “centros históricos”? La suerte que corrieron fue diversa, pero el sustantivo “caos” le es común a la mayoría, sino es que desaparecieron casi completamente, comidos por modernos edificios financieros, comerciales y residenciales.
Lunes 18 de febrero 2008
Héctor E. Benitez
redaccion@centroamerica21.com
Desde que las principales ciudades surgieron en la América colonial, bajo la forma de perfectos cuadrados circundando la plaza, fueron experimentando no solamente una continua expansión de su perímetro original, sino también un deterioro de su infraestructura, un aumento desordenado de agentes sociales y un olvido psicológico, aunque no necesariamente funcional.
Pero el crecimiento desordenado se empezó a intensificar ya bien entrado el siglo xx con el proceso de industrialización, que llevó a las ciudades fábricas, bancos y comercios, y con ellos una masa de trabajadores y huéspedes permanentes, mas no consecuentes con el bienestar y cuidado del espacio que los albergaba.
El nacimiento del monstruo
Eso era de por sí malo. Pero fue peor a partir de la década del 70, con la migración del campo a la ciudad, motivada por aspectos económicos y político-sociales. Dicha migración fue el génesis de la depauperación de las ciudades, del surgimiento de los “cinturones de pobreza”, del desempleo evidente y de la economía informal, aspectos más que suficientes para el nacimiento del monstruo.
Describamos el escenario, a ratos dantesco, que nos presentan muchos centros históricos de las principales ciudades latinoamericanas: calles y aceras alfombradas de basura, sitios peatonales invadidos por ventas ambulantes y “temporales”, automotores que ornamentan de humo y ruidos capaces de enturbiar el sueño de los muertos, ladrones que acechan en las esquinas a propios y foráneos, edificios derruidos o por derruirse, plazas alumbradas por cigarrillos de mendigos y desempleados y, detrás de todo ello, la incapacidad de los gobiernos municipales y estatales de construir un escenario opuesto al ya descrito.
Y no es que estos gobiernos no lo hayan intentado. El problema es que lo han hecho arrastrando debilidades funcionales y estructurales, tales como la falta de un plan integral de solución al problema y la inclusión de los diferentes sectores con incidencia en los centros históricos, la burocracia, entre otras.
México D.F., por ejemplo, pretendió la recuperación de su centro histórico ofreciendo incentivos fiscales para todas aquellas inversiones en su reconstrucción. Pero por ser ésta una medida aislada se vio irremisiblemente condenada al fracaso, como lo fueron también aquellas que pretendían preservar un centro histórico únicamente protegiendo las plazas, monumentos y una que otra construcción sobresaliente.
Quito: “Integralidad, interdisciplinariedad y participación”
Sin embargo, también debemos reconocer que hay ciudades que fueron capaces de recuperar sus centros históricos, al margen de aquellas que nunca los tuvieron perdidos, como Antigua Guatemala y Granada, en Nicaragua.
Un ejemplo de gestión en recuperación del centro histórico nos lo aporta Quito. El 18 de septiembre de 1978, Quito fue declarada como el Primer Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO, y podemos decir que ese hecho fue determinante en la tarea de ordenarla.
Sin embargo, al margen de ello, no cabe duda de que el gobierno municipal de esta ciudad andina realizó un buen esfuerzo no sólo al integrar diferentes actores en la búsqueda de una solución, sino también al momento de abordar los problemas con la conciencia de que no estaban aislados entre sí.
El centro histórico de Quito es ahora un lugar donde los peatones pueden transitar libre y cómodamente y encontrar restaurantes, café-bares y teatros, además de sus conventos coloniales, iglesias y un largo número de monumentos y obras de arte principalmente con temática religiosa.
Por las noches, los turistas pueden gozar de paseos en carruajes tirados por caballos y presenciar diferentes actividades artístico-culturales mientras son guiados por policías municipales previamente capacitados.
¿Quién ha tenido a su cargo la recuperación del centro histórico de Quito? La Empresa de Desarrollo del Centro Histórico de Quito (ECH), constituida en 1994 con un crédito de 41 millones de dólares otorgado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) al municipio del distrito metropolitano de Quito, el cual aportó de 10 millones de dólares como inversión municipal.
Según la misma ECH, desde el inicio las acciones estuvieron “orientadas a mejorar la accesibilidad, limpieza y seguridad del centro histórico y a rehabilitar los espacios y edificaciones de esta área patrimonial”.
Nada hubiera logrado la ECH sin incluir en su plan vocablos tan importantes como “integralidad”, “interdisciplinariedad”, “participación”, entre otros que todo mundo conoce, pero muy pocos logran aplicar.
México D.F.:Apropiación colectiva cotidiana
México DF., por su parte, se encuentra en un proceso ya avanzado de recuperación de su centro histórico, en el cual ocupa un lugar muy importante la reobtención de su habitabilidad, tal como lo expresa el Plan Estratégico para el centro histórico de México: “Mantener habitado el CH... es una tarea indispensable, pues actualmente tanto el patrimonio como la calle y los espacios públicos ya no son objeto de una apropiación colectiva, lo cual, favorece el deterioro del entorno urbano. (...) este proceso debe ser revertido, pero no en forma exclusiva a través del fomento turístico sino principalmente, de la apropiación colectiva cotidiana.”
Porque no se debe cercar un centro histórico para preservarlo, sino más bien habitarlo. Los ciudadanos de a pie, de autobús, de coche modesto son piezas fundamentales en el rescate de los centros históricos, siempre y cuando estén correctamente educados en torno a sus deberes y derechos.
Para los cambios radicales se necesita liderazgo
Y educar debe ser una de las prioridades de los gobiernos municipales, además de integrarse con otras instituciones públicas y privadas, combatir la burocracia, echar a rodar verdaderos planeamientos urbanísticos y territoriales y… ser capaces de tomar decisiones traducidas en acciones tajantes, como la d el jefe de Gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard Casaubon, que luego de sacar del centro histórico a los vendedores ambulantes, desde el pasado mes de noviembre se ha propuesto sacar a los microbuses y reordenar el transporte de carga.
Para los cambios radicales se necesita liderazgo. El centro histórico de Buenos Aires, por ejemplo, necesitaría una buena dosis de un gran liderazgo, antes de que termine de sucumbir bajo el ruido que enloquece a los bonaerenses.
¿Será cierto lo que dice Ciro Caraballo Perichi, que el problema es dar por sentado que por la semejanza del proceso de desarrollo histórico de nuestras ciudades y poblados, toda propuesta para un centro histórico es replicable en otro? Es por ello que, según él, resulta difícil, sino imposible, generalizar propuestas.
No podemos comparar el populoso centro histórico del DF. con el bullicioso de Buenos Aires, ni estos dos con el minúsculo pero altamente convulsivo centro histórico de San Salvador, donde en pocas cuadras se dan cita todas las tablas que construyen el escenario mencionado al inicio.
Pero es que San Salvador es una historia aparte y, como tal, merece ser abordada en otra oportunidad. |