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Mi República V: Nuestra democracia en el siglo XXI

Para nuestra patria los años de guerra determinaron un cambio importante en la estructura política de nuestra sociedad. El surgimiento de las organizaciones político-militares del pueblo que declararían la guerra al estado salvadoreño, fue fundamental para abrir las puertas a un sistema democrático en nuestro país.

Objetivamente, la lucha armada revolucionaria que el campesino, el obrero, el estudiante y el mártir salvadoreño iniciaron a principios de los años setentas, es la mas sublime demostración de amor a la patria y aspiración a la justicia social.

Los principios ideológicos de los lideres revolucionarios entonces, estaban influenciados por las teorías de filósofos alemanes, rusos, chinos y vietnamitas; a través de la historia la implementación ortodoxa de estas teorías en diversos modelos de gobierno en el mundo ha demostrado que su radicalidad no ha sido beneficiosa para los pueblos sometidos a ellas.



Lunes 18 de febrero 2008
Por Walter Monge-Cruz
waltermonge@comisioncivicademocratica.org
www.comisioncivicademocratica.org

 

WALTER MONGE

Irrelevante a esos principios, la consecuencia principal de nuestra loable revolución fue la extraordinaria apertura democrática de un sistema político que mantenía al pueblo salvadoreño secuestrado de sus libertades por medio de la represión militar, la tortura y el asesinato político.

Trascendentalmente las acciones patrióticas realizadas por héroes históricos como el del campesino Feliciano Ama, mayordomo de la cofradía católica del Corpus Christi, el panadero Salvador Cayetano Carpio, fundador de las FPL, la estudiante egresada Lil Milagro Ramírez, fundadora del “grupo”, que eventualmente se transformaría en el ERP y Oscar Arnulfo Romero, Mártir Arzobispo de San Salvador; darían a los ciudadanos de El Salvador la oportunidad de recuperar su libertad y la justicia social.

Ilustrar cada día la convicción patriótica y el espíritu de lealtad, así como de devoción, para auxiliar al desposeído y necesitado de nuestra patria, por estos héroes quienes entregaron sus vidas, es un ejemplo de civismo que debería fortalecer los valores morales de los actuales ciudadanos que aspiran a liderar a la nación salvadoreña.

Convertir a nuestro país en una verdadera democracia es aun un camino muy largo y difícil que seguir. Con la guerra se aplastó la represión militar, sin embargo, el poder político se mantuvo en el control de quienes ordenaban la represión.

Orientar el camino democrático de nuestra patria consiste desde mi punto de vista en alejarnos del extremismo político, el cual como nación nos somete al odio entre hermanos y nos hace olvidar que somos iguales ante Dios y la bandera nacional.

Saludo con mucho optimismo el acuerdo político entre los hermanos revolucionarios del Centro Democrático (CD) y el Frente Democrático Revolucionario (FDR), es un paso importante hacia la despolarización política de nuestro país y abre una oportunidad racional y saludable para la democracia en nuestra república.

Espero que el Partido Demócrata Cristiano (PDC), pueda incorporarse a este esfuerzo patriótico del centro político salvadoreño y así poder rescatar la institucionalidad política de la asamblea legislativa de las influencias antipatrióticas que ejercen ARENA, PCN y FMLN.

A una buena parte del pueblo salvadoreño en las fronteras patrias y en el exterior le agrada el surgimiento de una opción de centro.

Esta opción debe demostrar integridad política, así como ética, moral y devoción a servir al pueblo de una manera revolucionaria, diferente a la forma tradicional que ha hecho sucumbir a la república en la polarización y la corrupción.

XXI, es el siglo en el cual nuestra democracia debe desarrollarse y reflejar el sacrificio hecho por los héroes del siglo pasado. Esos héroes occisos pero inmortales en el pueblo, con quienes me identifico integralmente, y quienes afortunadamente cambiaron nuestro sistema de vida.

Todos los salvadoreños que participamos de la guerra comprendemos los sacrificios que significó implementar nuestras misiones bélicas o de inteligencia como fue mi caso, pero gracias a ellas le dimos una oportunidad a la libertad y a la justicia.

Incorporarnos a la lucha democrática en el siglo XXI no consiste en la toma de armas o alcanzar el poder político a través de la fuerza militar, ese sacrificio ya fue hecho, ahora nuestro compromiso patriótico consiste en identificar opciones políticas optimas para facilitar la gobernabilidad y rejuvenecer el liderazgo nacional.

Ningún salvadoreño debería ser cohibido de la oportunidad de ejercer su derecho constitucional a elegir a sus gobernantes y los salvadoreños en el exterior nos merecemos ese derecho.

Garantizar el ejercicio del voto en el exterior seria una demostración sincera de que la puerta de la democracia en nuestro país se abre eficientemente.

Un día aspiro a ver al pueblo salvadoreño en el exterior orgulloso de poder ejercer conscientemente su derecho constitucional y luego sentirse satisfecho de haber elegido junto a sus hermanos en las fronteras patrias a los mejores lideres de la historia de nuestro país.

Indudablemente ese es mi compromiso patriótico como líder comunitario en estados unidos y ningún sacrificio es extremo, si con ello puedo ayudar a que El Salvador sea la patria que aspiraron los héroes inmortales de nuestra historia, desde los próceres hasta los mártires.

Dios, Unión y Libertad, son las palabras que definen nuestro propósito como república y es en ellas que la sangre ha sido derramada, por ellas la patria sobrevivirá y será inmortal.

Orgullosamente muchos ahora podremos tener la oportunidad de alzar ambos puños simbolizando el equilibrio y la unión del pueblo que la opción del centro político nos ofrece en el acuerdo por parte del CD-FDR, quienes tienen mi voto. Dios les bendiga y espero que con esta fuerza política se inicie el futuro de nuestra democracia en el siglo XXI.

Próxima entrega: MI REPUBLICA VI: Justicia, ley y orden.

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