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Las Flores: la novela de Denise Phé-Funchal
La novela de Denise Phé-Funchal es un animal misterioso, lleno de detalles. Tiene un pelaje azul y se alimenta de las flores que crecen al borde de una tumba, al pie de una estatua de mármol y bajo una leyenda oscurecida por el recuerdo infiel e ingrato de una novia famosa: La novia del Cementerio de los Ilustres.
Lunes 18 de febrero 2008
Krisma Mancía
Redaccion@centroamerica21.com
Tres iniciamos la tarea de escribir un cuento acerca de la maravillosa leyenda: Denise, Renato Buezo y su servidora. Partimos de la historia fragmentada -y poco creíble- que un anciano nos contó a la salida del cementerio. Y los tres empezamos a enamorarnos de la leyenda, pero no con la magnitud que alcanzó Denise. Cada quién prometió regresar con un cuento y años después Denise regresó con una novela que acaba de salir a la luz bajo el respetable sello guatemalteco de F & G Editores.
Lo que encontré en el libro fue lo que yo hubiera querido escribir en mi cuento: detalles. No una simple descripción fastidiosa en lo que caemos generalmente los novatos que queremos escribir narrativa. Al contrario. La novela es rica en acción y dentro de esa acción cada personaje se mueve con comodidad y fluidez en un ambiente fascinante, lleno de retorcidas tramas.
Los personajes están íntegramente construidos y palpitan angustiados ante una sociedad de doble moral, donde cada quién se resguarda las espaldas por mantener la buena reputación de las familias más adineradas de la ciudad. Mantener el status es más importante que la felicidad, aunque todo el mundo susurre lo que realmente está pasando.
El pueblo dice, en voz baja, el escandaloso trato entre la iglesia católica y la alta sociedad. Un trato que llevará por saldo algo más que una boda arreglada. El final es una daga bien afilada que llega a atravesarnos las vísceras, los huesos y conciencia. La crueldad es su principal característica que se contrapone a la imagen femenina. Imagen que se encuentra en primer plano. Madre e hija entre sentimientos, rencores, celos, pasiones reprimidas y secretas se manifiestan en la luchan por ser la más fuerte y la más beneficiada.
Los hombres se muestran minimizados, pasivos y despreocupados, siempre en un mundo diferente, creado para ellos y construido por las propias mujeres que mueven cielo y tierra sin que ellos se enteren. Murallas, pasillos, callejones, sucesos inimaginables e insondables surgen en la cabeza de las mujeres y sólo pueden llegar a desembocarse en las cloacas secretas de la iglesia.
Entre las cosas más ricas de la narración encontramos un manejo depurado de la investigación. Todo lo relacionada a la moda y a las costumbres de una época a principios del siglo XX, o posiblemente, mucho más atrás. Delicados detalles embellecen y ennoblecen el relato:
“A las cinco y media en punto asomó el grupo acompañado por la vieja chaperona y un muchachillo enclenque que cargaba el estuche negro de un enorme violonchelo. La caravana atravesó presurosa la calle hacia la plaza. Encabezaban con paso delicado bajo las faldas levantadas que evitaban las pozas, dos pares de botines idénticos de color azul oscuro, tacón discreto, punta alargada, con hileras de botones que seguían perfectamente la curva de los delicados pies, desde el borde extremo a la altura del tobillo, hasta el dedo chico. Les seguían un par de botas negras, de punta torneada, tacón pequeño, con listones sombríos que atravesaban uno a uno los ovalados ojetes plateados desde el borde, que se perdía entre el encaje de la combinación de algodón bajo la falda recta y plomiza de rayón, hasta justo sobre la mitad de dónde imaginaba estaría la curva del pie. Atrás, dos indisciplinados y delicados pares de botines, uno marrón con pequeñas flores bordadas sobre el cuero y cordones de algodón bordeaux, y uno azul más pequeño sin más adorno que un borde aceitunado y cintas del mismo color.” (Pág. 11)
Sin ser una novela feminista, moralista o rutinaria, “Las Flores” nos entrega una trágica historia de mujeres y de la mano de Denise Phé-Funchal exploramos el mundo en otras dimensiones humanas. La voz narrativa juega a transformarse de testigo a omnipresente para mostrarnos diferentes puntos de vista. Incluso, llega a pasar que, la voz narrativa, sea entregada al propio lector y sin darnos cuenta nos envuelve en el círculo vicioso de los chismes que se circulan en el barrio. Chismes que se dicen en voz baja por temor al qué dirán de nosotros mismos, de nuestras buenas costumbres, del miedo a ser expuestos ante el juicio de las miradas de los demás que no se salvan de ser culpables. Todo queda entre nosotros bajo una fachada impecable y perfecta. Todo está dicho y nunca se aclaran las sospechas con certeza, sino que quedan allí como un suceso natural y terrible de la vida.
Una novela inolvidable y altamente recomendable.
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