
De Silvio Rodríguez a la Novísima Trova:
“Ya no hay más unicornios azules”
18 de febrero de 1968. Silvio Rodríguez, Pablo Milanés y Noel Nicola daban un concierto en "Casa de las Américas". Así, y con ellos, veía la luz el "Movimiento de la Nueva Trova ", cubano, desde donde se le vea. Ocho y cinco años antes habían nacido en la gran isla caribeña Frank Delgado y Carlos Varela, respectivamente. Con seguridad, no se cruzaba por sus tiernas cabecitas que ellos representarían la renovación de la Nueva Trova. Que ellos serían los fundadores de la Novísima Trova.
Lunes 3 de marzo 2008
Héctor E. Benítez
redaccion@centroamerica21.com
La primera trova tenía, quizás, como principal particularidad, la de estar vinculada por circunstancias y afinidades a la exitosa Revolución Cubana, convirtiéndose prontamente en eco musical y estético de las críticas revolucionarias expresadas a lo largo de América Latina. Así, a golpes de voz, líricas y ritmo, cantautores como Silvio y Pablo se convirtieron prontamente en iconos de la juventud setentera, revolucionaria, izquierdista y…rítmica.
Pero a cada época su generación y estilo. Iniciaba la década del 80 cuando, pasado la efervescencia romántica-revolucionaria, empezaron a manifestarse diversidad de situaciones meritorias de crítica al interior de la realidad y sociedad cubanas. Es entonces cuando un grupo de jóvenes, con Frank y Carlos a la vanguardia, hacen sonar su voz para criticar a su misma sociedad.
Ya no hay más unicornios azules
Es Frank el crítico mordaz, el humorista sencillo, el de la proyección a un público que se entretiene con su música (a veces improvisada), y que le paga coreando sus estrofas. Es ese Frank el irreverente autor de versos tan claros como “Yo vivo en una isla dique/ que ya no me puede contener/ y el tipo que abre la compuerta/ ni come ni deja comer// yo vivo en una isla doble/ de doble moral y de doble moneda/ y donde el sábado en la noche/ parece que hay toque de queda//…” (de la canción “ La Isla Puta ”).
Y allí salta a la vista una diferencia entre las dos generaciones de trova: la primera era, en la forma, poesía. La segunda es ante todo una crónica, la interpretación musical de una historia real, vivida por los cubanos post-revolución. Ya no hay más unicornios azules.
Para Frank ya sólo es el parque abandonado, la familia que casi no tiene para comer, el beso en la calle, las restricciones, la crítica a la crítica.
“Si la nueva trova fue la banda sonora de la revolución, nosotros fuimos los críticos” , decía en una entrevista. Pero críticos de la revolución (o más exactamente, de las cosas que luego salieron mal, de la “institucionalización” de la revolución), nunca de los trovadores como Silvio y Milanés. Y es que no son dos generaciones peleadas. El mismo Silvio Rodríguez ha gustado compartir escenarios con los principales exponentes de la novísima trova, y estos reconocen en él al maestro lírico y estilizado en sus composiciones. El mismo Frank acepta que, de haber nacido cuando Silvio, habría dicho lo mismo que él.
Pero sí critica la desidia del gobierno cubano al momento de tratar con los artistas críticos como él. “El primer disco de mi generación fue editado por Santiago Feliú en 1984, en Argentina. En Cuba sólo había un estudio y allí sólo grababan los consagrados”… “En Cuba es como en la edad media, donde había trovadores de la corte y trovadores del pueblo. Unos decían que el rey era muy simpático, que la reina era bella; y los otros, que la reina no se baña y que el rey se come toda la comida que le saca al pueblo”.
Y este trovador del pueblo ha dejado sus historias musicalizadas en más de 120 ciudades de 14 países, contando lo que le gusta de su Cuba, y lo que no. Haciendo reír con su tono desenfadado, destacándose con su “look” bohemio. Más parecido, quizá, al juglar que al trovador.
“Algo que nunca más volvió”
Quien sí es trovador a carta cabal es Carlos Varela. Él sí recoge a manos llenas (y a guitarra llena) toda la “escolástica” estética de los anteriores trovadores, como Silvio y Milanés. Sus canciones rebosan intimismo, nostalgia, desapego a los “dires y diretes” de la política, tanto que la cuestiona en sus dos extremos: "Cuando escribía esta canción pensaba en las dos orillas, en las fronteras, en las banderas, las visas, los gobiernos, en el destino de miles de familias divididas por el mar mientras los políticos de ambos lados, de alguna manera alimentan el odio. ¿Quién hizo mejor, el que se quedó o el que se fue? Al final de todo nada de esto es más importante que la familia y la amarilla y cuarteada foto de los dos" (hablando de “Foto de Familia”)
Porque con todo y su lirismo, no se olvida de contarnos las penas de su gente, sus miedos, sus recuerdos. Nos habla del azar, de los muros y la soledad. Nos habla de aquellas cosas “que nos roban las ganas de amar”. ¿Es crítico? Sí, y de los duros. De aquellos que bajan la mirada en señal de dolor y con voz muy queda nos dicen lo que está mal. Y le creemos porque sentimos su dolor, el que le brota no de las manos vengativas, sino de un alma que sueña y espera.
Con todo y eso, son muchos en Cuba que le hacen mal de ojo a Carlos Varela. Pero entre ellos no está Silvio que, por el contrario, lo defiende. "Yerran los que conspiran contra Carlos Varela, porque lo consideran hipercrítico. Yerran los que acusan a Carlos Varela, como emblema de sus propias inconformidades. La realidad siempre es más crítica que cualquier canción: la realidad siempre es más polisémica que nuestras angustias. La canción pensadora, arte difícil y necesario, tuvo, tiene y tendrá el duro oficio de existir entre los avatares sociales y humanos, corriendo el riesgo de los países y de los hombres. Carlos Varela, es un talentoso practicante de este arte y también un talentoso practicado de sus resonancias". Así nos lo dice Silvio, con ese respeto que lo ha llevado a hacerse acompañar por Carlos en algunas giras realizadas al extranjero.
Te pueden borrar todas las huellas
Las canciones pensadas. Ese ha sido un emblema de los trovadores cubanos de la generación de Frank y Carlos: las canciones pensadas. Su producción musical parte de su realidad, de la realidad que miran, de la realidad sobre la cual reflexionan y de la que extraen conclusiones pensadas. Atrás quedó la poesía romántica de una juventud exultante que vivió (por algún tiempo) y creyó en la salvación revolucionaria. La realidad de ahora se nos muestra diferente. O, como lo dijo Frank, que los jóvenes de su tiempo no podían pensar como Silvio Rodríguez y Pablo Milanés.
Mientras tanto, Frank y Carlos siguen escribiendo y componiendo. Siguen cantando. Siguen criticando, cada uno con un estilo diferente, pero ambos con valor y amor por el pueblo, por el pueblo que sufre y espera. Porque, al final, eso los hace ser trovadores del pueblo, no los reconocimientos ni las prerrogativas de un gobierno, sino eso y los aplausos del pueblo que corea sus estrofas.
¿Qué puede significar un exilio, una censura, un desprecio oficialista? Nada. Eso lo saben ellos y así nos lo dice Carlos Varela: "Te pueden borrar todas las huellas, la sombra te pueden borrar; los ojos, la voz, las manos, en fin, te pueden borrar muchas cosas, pero hay algo dentro que no te pueden borrar nunca: ese es tu grito del alma".
Y todas las almas han gritado, desde José Sánchez – Pepe- en el siglo XIX, hasta los de la novísima trova (Frank Delgado, Carlos Varela, Gerardo Alfonso, Santiago Feliú, Pedro Luís Ferrer, entre otros), pasando por los maestros Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Noel Nicola y compañía.
No importa el momento, no importa la generación. El pueblo necesita a los trovadores: ellos representan el grito de su alma, aderezada con buen ritmo.
Página oficial de Frank Delgado
La isla puta
Página oficial de Carlos Varela
Foto de familia |