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El secuestro de la hija del presidente Duarte
¿Quién ordenó el secuestro de Inés Guadalupe Duarte, quiénes participaron en las negociaciones para su liberación, dónde y en qué en qué términos se realizó esa negociación, cuáles fueron los entretelones de todo ese episodio de nuestra historia?
A los salvadoreños nos apasiona saber lo que sucedió en los duros y tristes años de la guerra, aquello que quedó en el secreto de la clandestinidad guerrillera, o en el no menos hermético silencio de la razones de Estado.
Unos de los hechos más impactantes, y de los que se sabe muy poco, fue el secuestro de la hija del presidente José Napoleón Duarte por parte de un comando guerrillero.
Uno de los hombres que estuvo más cerca de los avatares de la investigación, y de las negociaciones para canjear a la cautiva, fue Julio Adolfo Rey Prendes, fundador del Partido Demócrata Cristiano, alto funcionario de gobierno, amigo personal del presidente Duarte, habilidoso político de casta y testigo excepcional de la historia del poder político en el siglo XX salvadoreño.
Rey Prendes está a punto de publicar su autobiografía, titulada De la dictadura militar a la democracia , cuyo manuscrito tuvo la gentileza de hacernos llegar a la redacción de Centroamérica 21. Pero aun más, nos autorizó a publicar en exclusiva, por primera vez, su versión sobre los entretelones de aquél secuestro, y de las posteriores negociaciones secretas para hacer posible el rescate.
(Extracto del libro De la dictadura militar a la democracia )
Lunes 3 de marzo 2008
Redacción
redaccion@centroamerica21.com
A principios de la segunda semana del mes de septiembre de 1985, la hija del Presidente Duarte, Inés Guadalupe, fue secuestrada por un grupo de hombres armados cuando se dirigía a un centro de estudios.
La conmoción que produjo la noticia fue tremenda, Napoleón su padre, estaba desesperado y desconcertado. Los primeros días, no se conocía la identidad de los secuestradores, no sabíamos si eran de la derecha política, la izquierda revolucionaria o de criminales comunes. Luego empezaron a llegar mensajes de onda corta por la radio, pero los secuestradores no se identificaban, todos estábamos desconcertados. Se instaló una oficina especial en Casa Presidencial en donde sólo unas pocas personas teníamos acceso: además del Presidente, los ministros de Defensa, de Planificación, de Cultura y Comunicaciones, el Primer Designado a la Presidencia y el encargado de manejar la radio. Los mensajes llegaban confusos y los secuestradores se negaban a identificarse.
En la mañana del 15 de diciembre, el Presidente Duarte en conmemoración de nuestra Independencia pronunció un discurso muy emotivo en la Plaza Libertad , en el que nos habló de las dos patrias, la grande que es la nación entera y la pequeña que es la familia.
Luego ese mismo día en un esfuerzo para conocer quienes eran los responsables del secuestro, en la avioneta presidencial, partimos Ricardo Acevedo Peralta y el suscrito a México, para entrevistarnos con los grupos civiles del FDR, después de hablar con algunos de ellos, nos dimos cuenta de que o no sabían nada o que no nos querían dar información alguna al respecto. Después de asistir a la celebración del Primer Grito de la Independencia de México, en la plaza frente a la catedral, regresamos a San Salvador.
Decidí entonces, que para descubrir la identidad de los mismos, era importante que el mundo conociera lo que comunicaban por la radio y sin decirle, ni pedirle autorización al Señor Presidente, le informaba al representante de la agencia internacional de noticias de la Prensa Asociada , A. P., en cual frecuencia radial enviarían cada uno de los mensajes.
Los secuestradores se encontraban desconcertados de que todas sus conversaciones aparecían íntegras en los despachos de prensa de la “Prensa Asociada”, por lo que finalmente decidieron quitarse la máscara y por medio sus representantes en el exterior les comunicaron a diversos gobiernos que un comando del FMLN había cometido el secuestro. Los representantes del FDR, fueron los que informaron a los gobiernos de Francia, México, Colombia y al mundo de quienes habían perpetrado el secuestro.
La verdad era que el secuestro había sido perpetrado por un comando especial de la FAL , el brazo armado del partido comunista, sin que los otros miembros del FMLN lo hubieran autorizado. La tardanza en informarle al gobierno, se debió a que el partido comunista estaba tratando de convencer a los otros cuatro grupos del FMLN, de que los apoyaran y fue hasta que lo consiguieron, aunque a regañadientes, que decidieron informarle al mundo y por consecuencia a nuestro gobierno y su angustiado padre, el Presidente de la República de que los responsables habían sido los grupos subversivos.
La propuesta del Comité Político del PDC
Una vez se tuvo conocimiento de que el FMLN era el responsable del secuestro de Inés Guadalupe y de la exagerada demanda exigida para su liberación en el sentido de permitirle a los cientos de heridos del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional de abandonar el país para ser tratados en los hospitales de Cuba y de darles libertad a una gran cantidad de detenidos en las cárceles. El Comité Político del PDC se reunió urgentemente en su sede central para estudiar la situación y tomar las decisiones pertinentes al respecto. Después de una larga y meticulosa discusión acordó proponerle a Napoleón Duarte, que no aceptara la propuesta del FMLN y que a cambio, nombrara varias delegaciones para que se dirigieran a diferentes partes del mundo y le expusieran a los máximos dirigentes de esos pueblos, fueran estos reyes, presidentes, dictadores o primeros ministros de la situación, para que éstos presionaran al FMLN a devolver a la hija del Presidente Duarte, sin que existiera una demanda tan exagerada para su liberación.
En la reunión estuvo presente también el Dr. Abraham Rodríguez. Por otra parte, el Dr. Antonio Morales Ehrlich quedó comisionado para redactar la carta al Presidente, comunicándole nuestra propuesta.
La carta redactada por Toño Morales, me fue llevada a mi despacho en la hora acordada, sin embargo el Dr. Morales dijo que no podía acompañarme por tener otros importantes asuntos que atender.
Como Secretario General del partido, firmé la carta y la llevé al salón, en Casa Presidencial, desde donde se establecía la comunicación radial con el FMLN y se tomaban las decisiones al respecto. Cuando le entregué la carta a José Napoleón Duarte, se encontraban en el salón varios de los dirigentes que habían tomado la decisión de proponerle al Presidente, una alternativa diferente a la petición de negociación hecha por la guerrilla. Al leer la carta Napoleón, indignado me increpó diciéndome varias veces: “Lo que quieren es que maten a mi hija” a lo que le repliqué que estaba seguro de que ningún rey, primer ministro, presidente o dictador se quedaría tranquilo y que estaba seguro que respaldarían al Presidente Duarte para que el FMLN liberara a su hija, sin que éste se sometiera a un chantaje tan descomunal. Sin embargo, Napoleón seguía diciéndome “Lo que quieren es que maten a mi hija”. Todavía alcancé a decirle, “Napoleón, ninguno de los funcionarios que visitemos se negaría a respaldarte, pensando en que lo mismo les podría ocurrir a ellos” y agregué “Napo, me juego mi futuro político aventurándome con esta alternativa”, sin embargo, Napoleón dijo una vez más que al no aceptar la negociación, la guerrilla asesinaría a su hija.
Mi mirada se dirigió entonces hacia las dos personas que estaban en el salón y que habían participado en la reunión del Comité Político y para mi sorpresa escuché las palabras de Fidel Chávez Mena, que le daba la razón al Presidente y le decía “tienes razón, pueden matar a Inés Guadalupe” y luego observe al Dr. Abraham Rodríguez que estaba sentado en un escritorio y se había deslizado de tal manera que sólo se le veían el pelo, la frente y sus dos ojos y guardaba un absoluto silencio.
El Ministro de Defensa, General Eugenio Vides Casanova observaba muy atento la discusión, esperando la decisión del Presidente al respecto. Al descartar nuestra propuesta continuó el curso de las negociaciones del gobierno con la guerrilla.
El siguiente paso a tomar, era el de “auscultar” la opinión del ejército al respecto de la negociación para liberar a la hija del Presidente. Un día, el Ministro de Defensa convocó a todos los comandantes de las distintas ramas de las Fuerzas Armadas, para que expresaran su opinión. Por primera vez en mi vida, me encontraba presente en un cónclave semejante, acompañando al Presidente Duarte. Cuando Vides Casanova preguntó si alguien se oponía a que se procediera a las negociaciones, solamente el Coronel Ochoa Pérez, pidió la palabra y al concedérsela dijo que no estaba de acuerdo. La reacción del Ministro de Defensa me dejó perplejo, ya que nunca había estado en una discusión con los militares, que lo que pretendían era obtener una aprobación unánime de la Fuerza Armada. Vides Casanova, con palabras fuertes le ordenó al Coronel Ochoa Pérez que se sumara a la opinión del resto de la oficialidad para que la decisión fuera unánime.
La reunión de negociación en la ciudad de Panamá con el representante del partido comunista.
No obstante la discusión que había tenido con el Presidente, cuando como Secretario General del PDC, le había leído la propuesta del Comité Político; Napoleón Duarte, reconociendo mi experiencia y habilidad en las negociaciones con la guerrilla, me nombró el delegado del Gobierno para discutir en la ciudad de Panamá los términos de la negociación. Al Dr. Abraham Rodríguez lo nombró para que asistiera a dicha reunión en representación de la familia Duarte. Además encargó a su hijo Alejandro Duarte para que, junto a otras personas se instalaran en un hotel de la ciudad de Panamá y nosotros pudiéramos discutir con ellos el curso de las pláticas y hablar por teléfono, cuando fuere necesario con él y con el Ministro de Defensa.
En una casa facilitada por el Presidente Noriega de Panamá, nos reunimos las delegaciones para discutir la liberación de Inés Guadalupe Duarte. Además del suscrito y de Abraham Rodríguez, de parte del FMLN estaba Mario Aguiñada Carranza y como moderadores, el Arzobispo de San Salvador Monseñor Rivera Damas, su Auxiliar Gregorio Rosa Chávez y el sacerdote jesuita Ignacio Ellacuría.
Antes de narrar la discusión que tuvo lugar en Panamá, haré un paréntesis ya que años después me contó Mario Aguiñada Carranza, que la discusión del partido comunista con los otros frentes guerrilleros había sido muy difícil, que estaban molestos por la acción inconsulta del partido comunista, ya que les podía ocasionar un fuerte desprestigio internacional y que finalmente habían aceptado respaldar a Schafick, pero en el supuesto que en las discusiones con el gobierno no se encapricharan con grandes exigencias, puesto que era importante que devolvieran a la hija del Presidente, lo antes posible.
Claro que Mario Aguiñada empezó la discusión pidiendo el “oro y el morro”, desafortunadamente Abraham les aceptaba sin chistar todas las demandas planteadas, por lo que no tuve más remedio que decir, un poco molesto, que el Dr. Rodríguez venía en representación de la familia y no del gobierno y que cualquier arreglo, solo mi persona podía autorizarlo.
En un momento de las discusiones Mario Aguiñada ofreció que no solo se liberaría a Inés Guadalupe sino a una veintena de alcaldes que también estaban secuestrados por la guerrilla. Ante esta propuesta, indignado le dije “quédense con los alcaldes y con Inés Guadalupe, ya que mañana no tendrán empacho en secuestrar a otro pariente de un funcionario político o de un importante militar, o a otra veintena de alcaldes”. En ese momento, Abraham le comentó a Mario Aguiñada, que en la empresa en donde él tenía un puesto importante, trabajaba un hermano de Aguiñada, creo que ésta expresión ayudó a poner las cosas en su verdadera dimensión.
Después de un breve lapso, Ignacio Ellacuría lanzó una propuesta con la idea de resolver el embrollo, “que les parece- dijo- que se tome un acuerdo de que ni el FMLN ni la Fuerza Armada , capturarán o secuestrarán a los funcionarios civiles, ni a los parientes de ellos, de los militares o de los guerrilleros”. La propuesta me pareció interesante y pedí que se suspendiera la reunión para hacer consultas al respecto.
Me dirigí al hotel y en la habitación de Alejandro Duarte, llamé al Ministro de Defensa para auscultar su opinión y éste me expresó que estaba totalmente de acuerdo, luego le hablé al Presidente, quien me dijo que estaba bien pero que él no creía que el FMLN iba a cumplir con semejante compromiso y agregó “háblale al Ministro de Defensa para ver que opina”, le contesté “ya lo hice y está de acuerdo”.
En presencia del Presidente Manuel Antonio Noriega se dio lectura al acuerdo a que se había llegado y quedó encargado Monseñor Rivera Damas, de discutir el “modus operandi” para efectuar la entrega de Inés Guadalupe a su padre José Napoleón Duarte.
El 24 de octubre bajo un fuerte aguacero, en un helicóptero de la Fuerza Armada llegó a la Escuela Militar , la hija del Presidente acompañada de su hermano Alex y al bajarse del aparato se arrojó a los brazos de su padre, el Presidente Duarte. Ese mismo día fueron liberados más de cien importantes guerrilleros del FMLN y en aviones mexicanos y de otras nacionalidades fueron trasladados varios cientos de guerrilleros lesionados a Cuba y a Panamá. Este difícil episodio había concluido. |