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Lo obvio y la ignorancia (I)
La semana pasada, a raíz de la anterior columna, alguien me escribió: lo obvio es ignorancia. Y bien, tomaré sus palabras como un lema. Parece broma, pero todos los salvadoreños tienen ciertos deberes y derechos mínimos para conducirse civilizadamente por la ciudad. Deberes y derechos que son tan obvios y que olvidamos ponerlos en práctica por ignorancia, por negligencia, por comodidad, por estupidez y por los factores culturales mediocres que se nos ha inculcado.
Lunes 3 de marzo 2008
Krisma Mancía
Redaccion@centroamerica21.com
Los salvadoreños somos tan obvios que caemos en la ignorancia y resulta que hacemos de nuestras costumbres un peligro inminente, tanto para nosotros mismos como para los demás. Y como soy salvadoreña me incluyo en la bola y me hago responsable de mi ignorancia. Vamos ordenando y exponiendo esos asuntitos que diariamente se observan en el centro de San Salvador, sin tratar de parecer un Manual de Etiqueta y Urbanidad. (Obvio. Soy tan ignorante que no sé cómo hacer un manual.)
Lo obvio:
- Las aceras son para que caminen los peatones.
- Las señales de transito están allí para nuestra seguridad y comodidad.
- Las paradas de microbuses y buses deben ser respetadas.
- Tenemos derecho a exigir tranquilidad cuando abordamos el transporte colectivo.
- La basura se deposita en basureros.
- Para abordar un transporte colectivo debemos hacer fila.
- Usar las pasarelas nos garantiza seguridad.
- Las franjas blancas dejadas en los cruces peatonales no son adornos. Son señales que nos indican que debemos consultar el semáforo y esperar la señal en verde para poder atravesar las calles sobre esas “inservibles” franjas blancas.
- Las esquinas no son servicios sanitarios.
- Fumar dentro de un transporte colectivo en marcha es poner en peligro la vida y la salud de los demás pasajeros.
- Manejar en estado de ebriedad es suicidio, homicidio, infanticidio, parricidio, crimen y delito.
- Las plazas, los parques, los edificios antiguos y las zonas verdes públicas son lugares que demuestran nuestra historia, nuestra apreciación hacia la cultura y nuestro respeto hacia la naturaleza.
- El graffiti es una clara señal de frustración juvenil por la imposibilidad de acceder a las expresiones artísticas.
- El congestionamiento vehicular en el centro de San Salvador y las ventas callejeras son productos de nuestro propio sentido de comodidad.
- Los parquímetros son para estacionar vehículos.
- Los hidrates son para emergencias en el caso de incendios.
- Las cunetas, los tragantes de agua, las esquinas y los terrenos baldíos no son basureros públicos o privados.
- La gente es gente. Los vehículos son vehículos. Los vehículos están hechos para que la gente su suba en ellos. La gente no está hecha para que los vehículos se suban en ella.
La ignorancia: todas las anteriores. La verdad duele y no solo duele, arde.
Conclusiones serias:
- Los peatones tienen derecho a caminar sobre las aceras. Exige el derecho de caminar sobre la acera y no en la cuneta o en medio de la calle. Se corre el peligro de ser atropellado, de deslizarse y tener accidentes graves.
- Tenemos la costumbre de pedirle al chofer de la unidad de transporte colectivo paradas no autorizadas. Eso hace un desorden vehicular increíble y un irrespeto al tiempo estimado de viaje de las demás personas y del propio conductor. No se admite la excusa de que esa parada que pidió está más cerca de su lugar de destino. No es culpa del chofer, ni de nadie. Camine y trate de calcular el tiempo que le se tardará en llegar a su destino y respete los lugares señalados para el desbordo de los pasajeros, las señales de tránsito y todas las medidas de seguridad.
- Eliminar el problema de la basura en las calles es tarea de todos. En vez de botar la bolsa negra que le molesta en la mano, ocúpela para meter otras cosas que consideré basura y busque el modo de no botarla en cualquier lugar. Pero, también, exige que se ubiquen recipientes de basura en diferentes lugares de la ciudad. Los resultados de botar basura en las calles crean problemas de salubridad, de estética y hacen que los tragantes de aguas lluvias se bloqueen y obstaculicen el correcto drenaje. Después nos lamentamos de pequeñas y grandes inundaciones que nos atacan y de igual manera nos quejamos de desperdiciar los recursos de nuestros impuestos en la recolección de basura.
- El congestionamiento vehicular en el centro histórico de San Salvador está en condiciones alarmantes porque existen demasiadas rutas de buses y microbuses circulando en la zona, y es porque nosotros mismos exigimos que así sea, por comodidad y por pereza. Las ventas callejeras también tienen ese factor de comodidad de la población a su favor. Compramos productos mientras transitamos en la calle. Nos detenemos ante ellas, sin fijarnos que imposibilitamos el movimiento peatonal. Nos da pereza caminar hacia los lugares autorizados para las ventas.
- Generalmente abordamos una unidad de transporte que llevan música. No es de delito tener malos gustos musicales, pero si es delito manejar con música demasiada alta. Pida al chofer con cortesía, como mínimo, que baje el volumen de los aparatos. Si este no acata la petición, denúncielo ante las autoridades superiores, ya sea a la compañía o a la cooperativa a la cual pertenece.
- En nuestra incultura se ve mal el graffiti y hasta lo tenemos como una forma de vandalismo perseguido por las fuerzas policiales que arremeten contra los jóvenes encontrados in fraganti manchando las paredes. No es que este a favor de los graffiteros, estoy en contra de las formas crudas para tomar el tema de captura y tratarlos como delincuentes sin darles una forma digna para canalizar sus inquietudes artísticas. Lástima. Entre esos jóvenes puede haber un gran artista que ayude a ser de nuestro país un lugar más acogedor y menos traumático.
Lo obvio es ignorancia. Y hay más, en la siguiente entrega.
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