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Las FPL,
una guerrilla enorme y poderosa, sectaria y dogmática



Felipe Peña, es descrito por Gerson Martínez como “ irreverencia frente a los formalismos y a toda la liturgia dogmática que reinaba en la organización”

Con la conformación del Bloque Popular Revolucionario, las FPL crecieron inusitadamente, y ganaron mayor incidencia política y militar, pero al mismo tiempo, para bien y para mal, perdieron lo que era su sello distintivo: su identidad de clase, proletaria, y su pureza ideológica.


Lunes 3 de marzo 2008
Geovani Galeas
(Quinta parte)
redaccion@centroamerica21.com


El Bloque Popular Revolucionario, y en consecuencia las FPL, crecieron como la espuma a partir de la cooptación de dos sectores masivos: el magisterio, que arrastró consigo al estudiantado, y el de las comunidades cristianas de base. Cayetano Carpio y su núcleo de marxistas-leninistas ateos, proletarios o proletarizados, seguían colocados en la vanguardia del movimiento en términos formales, pero la incorporación del sector obrero, nido y nudo de la revolución según Carpio, fue notablemente raquítica.

El acercamiento al ERP

Los acercamientos entre el ERP y las FPL, hacia 1974, para elaborar una estrategia conjunta de lucha de de masas, mediante la conformación de un frente amplio, se rompieron cuando Carpio, ante el planteamiento de amplitud formulado por el ERP, propuso su teoría de los tres anillos: primero la vanguardia marxista-leninista como garantía ideológica, después el frente revolucionario de masas concebido como una alianza obrero-campesina con hegemonía proletaria, y solo al final un frente amplio que admitiría en su seno, y más bien en calidad de compañeros de ruta, a los sectores democráticos y progresistas.

“Estábamos convencidos de que en casi todos los esquemas de frentes amplios que se habían configurado con anterioridad, los trabajadores habían sido relegados en sus intereses por la sencilla razón de que no habían consolidado su propio campo de fuerzas, que la alianza revolucionaria no estaba bien articulada y fogueada y, por eso, otros sectores no revolucionarios a menudo se comían el mandado”, le comenta Gerson Martínez a Marta Harnecker, “teníamos bien metida la idea de que primero había que crear y desarrollar una alianza popular revolucionaria que tuviera como centro y base la alianza obrero campesina. Y lo identificábamos en el interior de las FPL como un frente único de la revolución popular hacia el socialismo”

Esa era la línea de Carpio, pero estaba basada en su experiencia en los años cuarenta y cincuenta, nada que ver con los nuevos liderazgos surgidos en su propia organización en los años setenta. Así lo confirma Gerson Martínez: “Era una línea que venía marcada por los reveses y sinsabores de un pasado muy anterior, y que de cara al proceso que nosotros mismos estábamos contribuyendo a desencadenar, esa política y esa mentalidad se volvía estrecha y sectaria”.

Cayetano Carpio, defensor a ultranza de la pureza ideológica, había hecho posible la mística combativa de los primeros dirigentes de las FPL, pero sectarizaba a la organización y obstaculizaba su crecimiento.

Peña vrs. Carpio

Sin embargo, una vez rota la relación con el ERP, la discusión sobre la línea de masas continuó al interior de las FPL teniendo como protagonistas a Carpio y Felipe Peña, entre quienes había una considerable distancia no solo generacional (Carpio pasaba de los cincuenta años y Peña no llegaba aun a los veinticinco), sino también de estilo y pensamiento. Gerson Martínez describe así a Felipe Peña:

“Felipe descollaba como el principal dirigente militar de la organización (...) pero sobre todo había una cosa muy especial en él: su irreverencia frente a los formalismos y a toda la liturgia dogmática que reinaba en la organización. En medio de aquella severidad de los colectivos, él ironizaba todas las solemnidades. Siempre andaba muy alegre y frecuentemente metía algún revuelo en aquellas reuniones secretas. Tenía un espíritu fraterno, pero también muy crítico hacia el llamado socialismo real y a las contadas senectudes que a lo lejos podíamos atisbar”. Es decir, todo lo contrario a la severa formalidad y seriedad de Carpio.

Por otra parte, el marxismo que Carpio había estudiado en Moscú, en los años cincuenta, era una doctrina simplificada y bastante superficial, condensada en aquellos tristemente célebres manuales hechos a la medida de la pequeña estatura intelectual de José Stalin, en tanto que Felipe Peña había estudiado un marxismo actualizado y matizado por los filósofos europeos de los años sesenta, entre ellos Louis Althusser, Herbert Marcuse y Nikos Poulantzas, quienes precisamente habían abominado de aquellos manuales.

Ateos por decreto

La pureza ideológica propugnada por Carpio había hecho posible la mística combativa de los primeros dirigentes de las FPL, pero sectarizaba a la organización y obstaculizaba su crecimiento. Un detalle ilustra cabalmente esa situación: aunque todo mundo en el país era católico, no se podía ser cristiano y miembro de las FPL al mismo tiempo. Lorena Peña, que se integró a la organización a principios de 1973, se lo cuenta en los siguientes términos a Marta Harnecker: “En mi caso yo dejé la religión por decreto, porque según las FPL había que ser ateo. Te daban un librito de filosofía marxista que criticaba el idealismo y defendía el ateísmo científico”.

Mélida Anaya Montes, asumiría el protagonismo después de que Felipe Peña cayera en combate. Ella y su grupo integrado por maestros y estudiantes de capas medias tendrían el control de la red masiva de la organización.

Cuando Carpio enfermó y dejó en manos de Felipe Peña, temporalmente, el mando de la organización, las FPL lanzaron un documento llamado “Carta a los cristianos”, en donde se planteaba que no había contradicción entre la revolución y el cristianismo. Ese año, justamente, Felipe Peña, había sostenido una serie de reuniones clandestinas con tres seminaristas jesuitas involucrados en el trabajo de concientización social que desarrollaba el padre Rutilio Grande, en la zona de Aguilares, bajo las premisas de la teología de la liberación.

Esos jesuitas, dos guatemaltecos y un nicaragüense (Alberto Enríquez, Fernando Áscoli y Antonio Cardenal), habían llegado a la conclusión de que el compromiso cristiano con los desposeídos pasaba por asumir no solo el acompañamiento en sus esfuerzos reivindicativos, que era el planteamiento de Rutilio Grande, sino también por sumarse a la lucha armada “para construir el reino de dios en la tierra”.

Lo que Felipe Peña vislumbró, en términos estratégicos, fue el enorme filón que la ligazón con los cristianos le daría a las FPL. En efecto, los jesuitas, que habían desarrollado un intenso trabajo en la Federación Cristiana de Campesinos Salvadoreños, FECCAS, pusieron toda esa red al servicio de las FPL. Eso, sumado al trabajo organizativo tan amplio en el gremio de los maestros, y en el de la asociación de estudiantes de secundaria y universitarios, marcaría el relanzamiento exitoso de las FPL.

Las desviaciones pequeñoburguesas

Solo que como queda dicho, en ese relanzamiento, una vez caído en combate Felipe Peña, el protagonista real ya no sería Cayetano Carpio sino su segunda al mando: Mélida Anaya Montes y su equipo, que no eran obreros sino maestros y estudiantes de capas medias. Ellos tendrían la dirección directa y efectiva de la red masiva de la organización. Pero Carpio, desde la catacumba sectaria, mantendría el férreo control del pequeño aparato militar clandestino.

En ese aparato, y particularmente, en el más reducido círculo de los encargados de la seguridad interna de la organización, y de la seguridad personal de Carpio, casi todos habían mitificado la figura del viejo dirigente obrero y comunista, y se consideraban los guardianes de la moral proletaria, dispuestos a combatir en todo momento y hasta la muerte, con odio implacable, no solo al enemigo de clase sino también las desviaciones pequeñoburguesas que pudieran germinar dentro de la misma organización.

(Continuará)

Lea también:
Las FPL, una guerrilla enorme y poderosa, sectaria y dogmática
(Primera entrega)

Las FPL, una guerrilla enorme y poderosa, sectaria y dogmática
(Segunda entrega)

Las FPL, una guerrilla enorme y poderosa, sectaria y dogmática
(Tercera entrega)

Las FPL, una guerrilla enorme y poderosa, sectaria y dogmática (Cuarta entrega)

 

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