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¿Qué está pasando en ARENA?


Candidatos a presidente de ARENA

El análisis día por día del proceso interno que lleva a cabo el partido ARENA para definir su candidatura presidencial, es incesante, intenso y variado en todos los medios de prensa y en los corrillos políticos, y es en suma superficial e irrelevante, precisamente porque al enfocarse en los episodios efímeros, y hundirse en las especulaciones explicativas o predictivas, pierde la perspectiva de las líneas maestras que rigen ese mismo proceso.

Diseñado como una novela por entregas en la cual cada capítulo presenta lances y desenlaces inesperados, ese proceso ha mantenido en ascuas al país entero. El resultado más evidente y positivo de su diseño es que ha logrado desplazar al FMLN y a su candidato de la pauta mediática y de la atención pública.

Pero también ha colocado en el centro de la atención las críticas y los desacuerdos que se generan, dentro y fuera del partido, en torno al proceso y a sus máximos responsables.

¿Hay una profunda crisis que ha puesto a ARENA en riesgo de dividirse en el momento más crítico de su historia, o lo que existe es un proceso de redefinición que pasa, principalmente, por mover el partido hacia el centro, profundizar en la propuesta social y alejarlo de los controles tradicionales identificados con el gran capital?

En otras palabras, ¿ARENA está a punto de tomar el camino seguro hacia la derrota o, por el contrario, se apresta a garantizar su quinta victoria consecutiva?


Lunes 3 de marzo 2008
Redacción

redaccion@centroamerica21.com

 

Lo nuevo

El tono de las críticas y el peso político específico de algunos de los que han manifestado sus desacuerdos, genera la impresión de que las contradicciones internas en ARENA nunca habían sido tan agudas como ahora, y que, en consecuencia, es ese el elemento nuevo y determinante en la situación actual de ese partido.

Pero basta revisar lo sucedido en 2003, cuando ARENA perdió las legislativas frente al FMLN, para darse cuenta de que esa impresión es falsa.

En aquella ocasión, en las primeras semanas posteriores a la derrota, el zafarrancho interno entre la dirigencia y la militancia también fue público y tuvo momentos altamente dramáticos, (recuérdese los airados reclamos de la base al denominado “COENA oligarca”), durante los cuales pareció que la cohesión partidaria se había desbaratado por completo.

Sin embargo, las contradicciones se aplacaron y las aguas volvieron a su nivel una vez que, pasado un proceso de consulta con las bases partidarias (siendo esa la primera ocasión que no se ejerció el famoso dedazo en el partido), Tony Saca resultó elegido como candidato a la presidencia. Es decir que disputas internas, y muy fuertes, sí han existido.

La diferencia es que, en aquella ocasión, el presidente Francisco Flores no poseía el control del partido. Ahora el presidente Saca si tiene ese control, y eso sí constituye un elemento nuevo y determinante en la historia de ARENA.

Pero, ¿por qué optó el presidente Saca por tomar ese control a sabiendas, como lo manifestaría después, en la última Convención Nacional arenera, de que con ello se jugaba todo su capital político, al exponerse a las críticas basadas en la posible incompatibilidad de su doble función como presidente del país y de su partido?

El problema consistía en que los números de ARENA venían en sostenido declive desde 1997, mientras que saldo electoral había sido favorable para el FMLN en ese mismo periodo. El fenómeno de popularidad que resultó ser Antonio Saca, y que le permitió infligirle una abrumadora derrota al líder histórico del FMLN, Shafik Hándal, cambió la tendencia y la correlación de fuerzas.

Ese hecho se verificó después cuando, en 2006, el presidente Saca y el equipo del COENA, que en conjunto habían sido los arquitectos del triunfo en 2004, refrendaron la efectividad de su estrategia y de su conducción, al volver a derrotar al FMLN en las elecciones municipales y legislativas de ese año.

El presidente y su equipo habían basado el éxito de su estrategia en dos factores básicos: la extraordinaria popularidad del primero y la audacia en producir un golpe de timón estratégico: mover al partido hacia el centro, de facto, mediante el énfasis en los programas sociales, incluyendo una política de subsidios, cosa muy mal vista en las administraciones areneras anteriores.

Pero había además otro detalle: un sutil distanciamiento partidario de sus antiguos y más poderosos padrinos: los grandes empresarios que también habían sido tradicionalmente los grandes electores dentro de ARENA. Ese distanciamiento es el que marca a todas luces la coyuntura actual.

Las apuestas y la apuesta

Al abrirse el proceso interno para la selección de la candidatura presidencial para el 2009, algunos de los antiguos liderazgos de ARENA, vieron la oportunidad de volver a incidir en el rumbo del partido, y del país, y comenzaron a mover sus apoyos, no necesariamente coincidentes.

Naturalmente, el presidente y su equipo cercano también construyeron su propia apuesta. Para buscar la mayor armonía posible en esa diversidad, es evidente que hubo un consenso en torno a evitar el dedazo y a reeditar, con algunas correcciones, el método de consulta implementado por primera vez en 2004.

Dos cartas fuertes quedaron en el camino, Hugo Barrera y Francisco Laínez, y su salida provocó toda suerte de especulaciones, sospechas y manifestaciones de desacuerdo. No obstante, los dos marginados, si quiera fuese a regañadientes, han terminado por acatar la decisión del COENA.

Dentro de dos semanas las estructuras partidarias elegirán al candidato, de entre los tres finalistas. Periodistas, columnistas y políticos en general, han manifestado algún malestar por la ausencia de un verdadero debate entre esos finalistas, y han sugerido que el presidente Saca y su equipo cercano habrían blindado su apuesta al poner dos de tres cartas en la contienda.

Pero el discurso de los tres finalistas, y los esbozos de plan de gobierno que han presentado, revelan algo importante: los tres, aunque con diferentes respaldos y distintos énfasis programáticos, están en armonía con el rumbo estratégico diseñado por la actual dirección del partido: movimiento hacia el centro y profundización de los programas sociales. En ese aspecto, que es el fundamental, ninguno de los tres ha mostrado alguna divergencia notable.

De ese hecho se desprende una conclusión lógica: sea quien sea el elegido, la continuidad de la renovación estratégica de ARENA, propuesta por su actual dirección, está garantizada. Más allá del ejercicio folclórico de la sospecha, más o menos fundada o infundada, sobre los presuntos “dados cargados”, esto reviste una importancia que muy bien puede adquirir el rango de histórica: dejará sin piso la sensación generalizada de que en ARENA, y en el país, los únicos y reales electores son ocho o diez miembros del gran capital.

Pero además, y por añadidura, se está consolidando en ese partido un claro relevo generacional del liderazgo, cosa que no puede ser sino saludable. La dirigencia tradicional de ARENA ganó cuatro elecciones presidenciales, lo cual es un enorme mérito, pero como lo demuestra el declive de su respaldo electoral desde 1997, esa dirigencia ya había llegado a su techo de expectativas.

El actual liderazgo no solo revirtió esa tendencia negativa sino que prácticamente duplicó a su favor el saldo electoral. Tomando ese aspecto en consideración, el cambio por el cambio no tiene ningún sentido. El cambio políticamente efectivo es el que profundiza decididamente una estrategia y una dirección que ha probado ser exitosa.

Si la actual apuesta de ARENA, como todo parece indicar, se concreta en esa dirección, las posibilidades de que logre una quinta victoria son considerables.

La cuestión de la democracia

Lo sabemos de sobra: la democracia siempre es perfectible. Esto es más cierto aún cuando la democracia de la que hablamos es incipiente tanto a nivel nacional como a nivel de los partidos políticos.

Pero la democracia no es una situación dada de una vez y para siempre: es un aprendizaje constante que poco a poco, gradualmente, se va sedimentando en una cultura.

Ese proceso de aprendizaje es difícil y no faltan las tentaciones de cancelarlo cuando, por ejemplo, para evitar las dificultades que supone, se retrocede, como lo hizo el FMLN, de los procesos de consulta interna, sean más o menos imperfectos, al simple y llano dedazo.

Una virtud de la acumulación en la cultura democrática, y que explica en buena medida los justos y enérgicos reclamos de mayor transparencia en la vida política nacional y, particularmente en este momento, en el proceso interno de ARENA, es que la sociedad que experimenta un pequeño grado de democracia, siempre exigirá, y cada vez con más fuerza, mayores niveles de transparencia.

Quienes dentro de ARENA han expresado divergencias y críticas a la dirigencia continúan dentro del partido, y han llamado en última instancia a la unidad; quienes dentro del FMLN han intentado lo mismo sencillamente han sido expulsados. Eso ha hecho más fáciles o más complicados los procesos internos en cada uno de esos partidos.

En el caso de la intolerancia a la crítica puede ganar el partido y perder el país, en el otro caso, a la larga, ganan país y partido.

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