Suscríbete al Newsletter

Boletín semanal gratis

 

Google
 
 

 

A propósito Luis Mario Rodríguez y su libro


David Escobar Galindo
(El autor cedió a Centroamérica 21 la autorización para la publicar esta nota introductoria a Mi Pensamiento Político)


“El compromiso se mide en los hechos, y aunque el autor de las reflexiones contenidas en este libro tiene una amplia vida por delante, los componentes de lo vivido lo caracterizan como un hombre de bien, como un intelectual de conciencia, como un ciudadano ocupado en servir desde la multiplicidad de sus tareas posibles”, afirma Escobar Galindo.



Lunes 10 de marzo 2008
Redacción
redaccion@centroamerica21.com

 

Portada de libro: "Mi pensamiento político"

Conocí a Luis mario Rodríguez hace ya bastantes años, cuando él inició su trayectoria académica en la Universidad Doctor José Matías Delgado, en el áreas de Jurisprudencia y Ciencias Sociales. Joven inteligente, serio y esforzado, y a la vez creativo, jovial y habilidoso, Luis Mario tuvo, de seguro, desde el principio, una brújula propia de fina orientación. Esa brújula era y es, como el mismo lo expresa, el ideario familiar, forjado en la escuela del esfuerzo, en el aula de la confianza doméstica y en las capillas de los principios religiosos y morales.

Pronto vimos a Luis Mario emerger como una de las personalidades más definidas de su generación, tanto en los afanes docentes como en las tareas jurídicas y en los apoyos empresariales; y, como era inevitable, todo ese conjunto de vivencias logradas lo llevó a los dominios de la política, para cumplir labores de alta y discreta responsabilidad. Nunca ha dejado de formarse, y esa es sin duda la mejor credencial de su integridad intelectual; y de seguro nunca dejará de hacerlo, con independencia de las responsabilidades que, en distintos momentos, vayan encargándole sus dinamismos vitales.

Lo primero que resalta al recorrer su libro es la unidad de un pensamiento bien estructurado y suficientemente elaborado. Tal unidad no puede ser casual. Es claro que Luis Mario Rodríguez no sólo viene estudiando bien y a fondo las disciplinas de su área formativa sino que ha asimilado, con excelente digestión intelectual, las sustancias del saber adquirido. La educación es el desafío de aprender para hacer propio lo aprendido; y, al hacerlo propio, convertirlo en parte del ser vital, derramable en aportes beneficiosos sobre el ambiente. En este caso, tal apropiación constructiva es, como debe ser, a la vez un progresivo ejercicio intelectual y una permanente experimentación espiritual. Y al tratarse de una mentalidad joven, el producto es una promesa que se va haciendo acto de vida en el devenir natural de su proceso.

El libro se titula Mi pensamiento político, pero lo cierto es que lo político es sólo el escenario más oportuno y atractivo para exponer muchas otras convicciones fundamentales, que palpitan en la atmósfera de una conciencia que se asume a sí misma con la fuerza de una inspiración vivida desde la raíz. Si quisiéramos reducir a tres términos definitorios la diversa reflexión expuesta en estas páginas, el resultado podría ser: responsabilidad consecuente, compromiso integrador e interacción tolerante. A cada instante, la responsabilidad se hace presente como necesidad de respuesta válida a los desafíos de una realidad de la que nadie tiene excusa para quedar al margen. La responsabilidad no funciona en abstracto, porque en el ámbito existencial todo se convierte en actos concretos. Y, por ser así, la responsabilidad exige el aditivo de la consecuencia. Sólo al ser consecuente ejerce la responsabilidad su auténtica función como tal.

Es generalizada la idea de que la responsabilidad es fruto de madurez; de ahí que tienda a creerse que más bien sea fruto de los años. Pero hay que decir, para justicia de la misma experiencia, que el ser responsable es efecto de un cultivo adecuado de las potencias de la mente y del alma, que hay que iniciar desde los albores de la ruta existencial. Al interactuar juventud y responsabilidad, como es notorio en Luis Mario, el producto benéfico se multiplica, porque la responsabilidad se energiza y la juventud se consolida. En estos tiempos en que hay una tendencia global a flexibilizar fronteras, las categorías tradicionales tiendes a conectarse en vez de aislarse. Y así, el joven responsable de nuestros días está mucho más habilitado para responder a los retos del nuevo concierto de la realidad nacional, regional y global.

La responsabilidad nunca es sólo una función circunstancial o intermitente: toda responsabilidad asumida como forma básica de conducta genera compromiso. Luis Mario Rodríguez es, a la luz de sus palabras y de sus actos, un hombre de compromiso: con su identidad intelectual y moral, con su pertenencia familiar, con su entorno profesional, con su destino como miembro de la comunidad nacional. El compromiso se mide en los hechos, y aunque el autor de las reflexiones contenidas en este volumen tiene una amplia vida por delante, los componentes de lo vivido lo caracterizan como un hombre de bien, como un intelectual de conciencia, como un ciudadano ocupado en servir desde la multiplicidad de sus tareas posibles.

Y para desplegar la responsabilidad y viabilizar el compromiso hay que fundamentar la acción convirtiéndola en interacción. En muchas de las páginas de Luis Mario Rodríguez se hace expresa referencia a la exigencia de interactuar para enfrentar los problemas del presente, en el país y en el mundo. Esto, en política, va a la par de una visión profundamente comprensiva del desarrollo en todos los órdenes. Es lo que, en palabra simple, ahora se caracteriza como “cambio”. El ser humano, la cultura y la sociedad siempre han estado en proceso de cambio; pero ahora la demanda histórica tiene un énfasis nuevo. Estamos hablando del cambio consciente, que implica en primer lugar un cambio de conciencia. Por eso la juventud está más comprometida con la dinámica del presente, porque el cambio es energía nueva en movimiento. Y esto podemos ejemplificarlo en situaciones muy distintas, que van saltando a la luz sin que nadie las programe o las dirija: la fuerza de la juventud venezolana, que derrotó el intento continuista del régimen actual; la fuerza sin precedente del voto joven en el proceso de primarias estadounidenses.

El pensamiento político recogido en este libro se ha venido plasmando en las páginas sueltas del día a día: de ahí su frescura y su naturalidad. De seguro esta es otra evidencia de la condición anímica del autor. Que los jóvenes se responsabilicen, se comprometan e interactúen es uno de los más prometedores signos de los tiempos. Aquí hay una buena prueba de ello.

SUBIR
 
 

  


 

 

© Derechos Reservados 2007