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El oficio de contar lo cotidiano
Escribir, describir, tachar, enumerar sucesos y siempre caer en el mismo punto: lo cotidiano que emerge entre la barrera del amor y la amistad. El amor es infinitamente grande y el olvido, en resumidas cuentas, es el desamor que el tiempo quiere borrar con ligeraza urgente que permite la memoria.
Lunes 10 de marzo 2008
Krisma Mancía
Redaccion@centroamerica21.com
Conducta Amorosa, de Josué Barrera (Publicado por el Instituto Sonorense de Cultura en el Programa Editorial de Sonora, 2007) nos demuestra que el amor se encuentra en las coincidencias, en los actos desesperados de los personajes por escapar de lo inevitable: el tiempo. Un tiempo que es capaz de unir y remover los confines de las entrañas. Encuentros furtivos en busca de una esperanza, de una salida, de una ilusión que rebalsa la realidad de la ficción.
En una narración sencilla y fluida, Barrera nos hace rebotar como una pelota entre los escalones, y deseamos, tanto como lo hace el personaje, que la pelota deje de rebotar y que no se pierda y todo regrese a ser lo mismo, y que olvide el accidente y una mujer se lleve el paraguas para que estar seguros de que ella regresará. Y todo queda allí, sin ninguna contestación a la espera de que regrese la esfera, pero sigue cayendo en los interminables escalones.
Con un soltura admirable el narrador juega a ser el fanático número uno de las películas de Almodóvar y es capaz de atarnos descaradamente a una sala de cine con la feroz expectativa de enamorarnos de cada parlamento, de comenzar y de enredarnos en las relaciones amorosas del personaje que terminan siempre como si fueran finales de una película incomprendida.
Basta encontrarse con un amor fugaz, un amor asustadizo y anhelante. Un amor que puede salvar o destrozar una relación estable. La felicidad ideal a la vuelta de una esquina, al alcance de un número telefónico donde el hastío de una vida circular y desteñida tiene sólo una posibilidad y donde todos los caminos se multiplican. Después comprendemos que la ciudad es grande, inmensa e infinita, llena de no-retornos, de no llegar a volver a ser los mismos.
Todo cambia en el ambiente y los personajes adquieren matices en sus actos, en sus recuerdos y en sus olvidos. Quizá el olvido sea mejor para seguir viviendo, o tal vez siempre hay alguien que escribe lo que recordamos en voz inconsciente, algo que no se logra liberar del todo.
La decisión de olvidar algunos trazos de nuestras propias historia para construir una historia diferente nos deja con la sensación de descubrirnos igualmente desnudos frente a un espejo. Tan real que podemos observarnos la piel que se agrieta, el pecho que se hincha y se contrae por la respiración.
El pasado se ha extrañado de que la memoria sea una cinta borrada, un instrumento inconfiable, un dolor que se quema a través de los años. El efecto de la conducta de una relación amorosa y humana se inicie desde que se pone un punto y se grita con todas las fuerzas que otra vez hay borrón y cuenta nueva.
Las líneas de las historias, los tramas, los lugares y los personajes de este libro son nuestras pequeñas historias y nosotros los personajes principales. Una excelente colección de cuentos capaz de hacernos cómplices de los caminos excepcionalmente comunes del amor.
Josué Barrera nació en Torreón, Coahuila en 1982. Licenciado en Psicología por la Universidad de Sonora. Sus cuentos han sido publicados en periódicos del estado, revistas y publicaciones de varios países. Dirige la revista de literatura “La línea del cosmonauta” junto a Manuel Parra, y es coordinador del Proyecto Faz, un archivo electrónico de literatura de Sonora, México.
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