La incursión armada de Colombia en Ecuador para liquidar al segundo al mando de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), disparó una crisis entre los dos países mencionados y un tercero: Venezuela. Jorge Alberto Aranda, Director de la Escuela de Relaciones Internacionales de la Universidad de El Salvador, nos concedió una entrevista para examinar el conflicto desde la perspectiva de las Relaciones Internacionales, la diplomacia y el Derecho Internacional.
La entrevista fue realizada días antes de que se desactivara el conflicto durante la Cumbre del Grupo de Río, realizada en República Dominicana el 7 de marzo.
Lunes 10 de marzo 2008
Héctor Benítez
redaccion@centroamerica21.com
- Estamos ante un hecho concreto: la violación a la soberanía territorial de Ecuador por parte de Colombia, como el mismo presidente Uribe lo reconoció en un escrito enviado a la OEA ; violación mediante la cual se asesinó al segundo líder de las FARC. ¿Qué me dice usted como un primer acercamiento a este conflicto en América del Sur, desde la perspectiva de las Relaciones Internacionales?
- La incursión del ejército colombiano en territorio de Ecuador constituye un hecho consumado, una violación a la soberanía de Ecuador. La actitud del presidente Rafael Correa creo que ha sido la correcta: se ha movido por los países de Sudamérica denunciando y buscando apoyos que le han servido, también, para tener algún tipo de correlación ante el llamado que hizo a la OEA para que ésta se reuniera de emergencia.
En ese movimiento ya estamos viendo un manejo técnico y jurídico del problema. Obviamente, el presidente Correa tenía que movilizar tropas, porque se había visto violentada la soberanía territorial de su país en unos 2.5 kilómetros .
El reclamo de Correa es un reclamo legítimo y legal, en el marco de la responsabilidad internacional que consigna el derecho internacional.
Pero después viene la reacción del presidente Chávez. ¿Hasta qué punto la reacción del presidente Chávez es consecuente con el problema dado entre Colombia y Ecuador? A simple vista pareciera que Chávez trata de resguardar sus fronteras, utilizando un mecanismo que ahora se le da en llamar “diplomacia preventiva”. Movilizó su fuerza armada de una forma interesante, porque públicamente –y eso lo pasa la televisión- llama a su ministro de defensa y le dice: “movilíceme diez batallones”, como si estuviéramos en el siglo XVI. Entiendo que hay procedimientos ante una demanda o una acción de fuerza.
Concretamente, la acción de Chávez puede interpretarse en el sentido negativo. Porque esa movilización de tropas, aunque la haga en territorio venezolano, es una demostración de fuerza, es un acto de agresión que puede, en un momento determinado, querer asustar “con el poderío que yo tengo”, y eso es algo que hasta los mismos militares han cuestionado.
- Y ponerle ese poderío a Colombia frente a su misma frontera…
- Y hay un fenómeno social muy interesante. En Venezuela vive una gran cantidad de descendientes de colombianos, que son el 12% de la población, más o menos. Entonces, cualquier tipo de actitud contra Colombia, por parte de Venezuela, pone a Venezuela en un problema doméstico, emocional.
Volviendo a la demostración de fuerza, el derecho internacional prohíbe ese tipo de actos. Y justamente los prohíbe desde 1902, cuando Alemania e Inglaterra le cercaron los puertos a Venezuela para cobrarle una deuda. Allí nació el principio de no recurrir a la fuerza para hacer valer cualquier derecho. Hay un desplazamiento, hay una movilización, inclusive hay palabras, de las que caracterizan a Chávez, contra el presidente Uribe.
Y Uribe reacciona diciendo que lo demandará en un tribunal internacional. Talvez la demanda ante la Corte Penal no prospere, por la inmunidad que Chávez tiene como presidente. Pero ¿qué va a pasar dentro de cinco, diez o quince años? Lo que pasó con Pinochet.
- Pero bueno, ¿se puede validar de alguna manera la injerencia de Chávez? Es decir, ¿tiene algo que ver Venezuela en este asunto? ¿se ha visto afectada por la violación al territorio ecuatoriano o por el asesinato del segundo al mando de las FARC?
- Desde el punto de vista del derecho internacional, o desde el punto de vista diplomático, no veo ninguna razón material que demuestre que Venezuela ha sido afectada, más que, quizás, en el aspecto emocional, o de las afinidades, o de las identidades.
- El punto de partida para todo este dilema lo conforman las FARC. ¿Cómo ven la OEA y la ONU a las FARC?
- La pregunta suya es interesante, pero la respuesta tiene un contexto. En 1960, cuando se proclama la descolonización de la mayoría de repúblicas en África, había diversos grupos armados de liberación nacional. Después, del 60 al 80, hay una serie de acontecimientos sociales por gobiernos militares, dictaduras, injusticia social o por problemas de carácter político-ideológico. También estamos hablando de efectos de guerra fría, de legitimación de algún tipo de lucha.
Entonces, estos grupos optan por la vía armada para cambiar una serie de cosas en el campo político. El problema es que todo eso se rompe el 11 de septiembre de 2001. Se pone en boga el concepto de terrorismo. Que no es un concepto nuevo; inclusive, Cuba lo introdujo en el seno de las Naciones Unidas, adjudicándoselo al bloqueo impuesto por EE.UU.
La destrucción de las Torres Gemelas le dio un giro total a ese tipo de luchas. Por ejemplo, en 1980, hubo una declaración franco-mexicana reconociendo como fuerza política representativa al FMLN. Es una declaración que tuvo repercusiones diplomáticas; pero se puede considerar como un reconocimiento, tal vez no de beligerancia, pero sí de cierta personería para actuar en el ámbito internacional con derechos y con obligaciones.
La beligerancia es una institución del derecho internacional, en virtud de la cual se le reconoce legalidad a un grupo armado, para tener derechos y obligaciones en el ámbito internacional, y poder actuar por sí mismos. Sin embargo, el derecho internacional establece ciertos requisitos: que cuenten con un estado mayor o comandancia general para identificar el mando responsable, que controle buena parte del territorio y que su fuerza efectiva realice ataques permanentes, constantes e ininterrumpidos. Son requisitos sine qua non, porque de lo contrario cualquier grupo armado podría ser beligerante. Y es que este estatus, si bien es una institución del derecho internacional, corresponde al estado nacional otorgárselo.
Es bien difícil que otro estado se pronuncie en ese sentido, porque podría ser acusado ante las Naciones Unidas o la OEA de estar interviniendo en los asuntos de otros estados.
En las circunstancias actuales es bien difícil, si no imposible y absurdo que la ONU o la OEA o un país le reconozcan beligerancia a cualquier grupo armado. Sobre todo cuando este grupo armado realiza prácticas ilegales e ilegítimas e inclusive condenables en el seno de las Naciones Unidas, como es el secuestro, la trata de blancas...
- El narcotráfico...
- El narcotráfico, sobre todo. Eso está lejos de ser una realidad en el derecho internacional, en el mundo diplomático y, mucho menos, en las Naciones Unidas. De tal manera que las FARC son un grupo guerrillero que el gobierno de Colombia no reconoce, que el gobierno de Colombia llama terrorista, que el gobierno de Colombia llama “narcoguerrilla”, y que así se le conoce mundialmente, y se le condena, sobre todo por la práctica del secuestro para obtener alguna ventaja política.
- Pero no es así como Hugo Chávez ve a las FARC...
- Bueno, él lo ha dicho... de hecho, hizo un llamado... si el problema de Chávez es cuando abre la boca. Todo mundo le aplaudió cuando se dio la liberación de dos rehenes de las FARC. Pero inmediatamente dijo que había que darle a las FARC el reconocimiento de beligerancia.
Ese llamado que Chávez hizo podría interpretarse como que se está involucrando en asuntos internos de Colombia, tanto así que la comunidad internacional manifestó su rechazo a ese llamado, y ese fue un error diplomático, por parte de Chávez.
- Traía a colación la manera en que Hugo Chávez ve a las FARC, porque no deja de ser curioso que un presidente de estado priorice, en cierta medida, la relación con un grupo armado y no con otro estado; particularmente, con un estado con quien comparte frontera, con quien mantiene un fuerte intercambio comercial, cultural, social, etc.
- Es correcto lo que usted dice. Hay un elemento importante, y es que Colombia posee una base militar norteamericana, cuenta con apoyo norteamericano; y está claro que el gobierno venezolano está en franca oposición al gobierno norteamericano. Obviamente no le interesa, en este caso, tener ningún tipo de comunicación con Colombia, con el gobierno legal, formal, institucional porque no es afín a su ideología, como sí lo son las FARC. Y por allí viene el eje de Venezuela, Ecuador, Nicaragua, etc.
- Y en cuanto al intento de resolver la crisis que se ha manifestado entre estos tres países ¿qué papel está jugando la OEA ?
- Bueno, la prensa le ha dado cierto relieve a lo que la OEA resolvió. Pero lo interesante no es lo que resolvió la OEA , sino lo que no resolvió. ¿Cómo es posible que diga que se ha violentado el territorio de Ecuador, pero no diga por quién ha sido violentado? Tenía que haberse pronunciado, aunque suene mal, en contra de Colombia. Tal vez no lo hizo por que vino la presión de la diplomacia norteamericana.
La resolución de la OEA me parece ambigua, floja, contra Colombia. Y nada contra Venezuela. Ya quizás fue más claro el presidente de Perú, Alan García, cuando le dijo a Chávez que no le echara más leña al fuego ni por acción ni por omisión, y que se mantuviera tranquilo porque no había nada en su contra. En otras palabras, le dijo que “no sudara calenturas ajenas”.
- ¿Cómo verían los organismos internacionales, la OEA , la ONU y otros, si se comprobara un apoyo explícito, no sólo ideológico o moral, de “palmadita en la espalda”, sino material, económico y logístico de Chávez a las FARC?
- Si eso se comprueba, habrá problemas. Si eso es cierto, sería lamentable que un gobierno, que un estado auxilie a fuerzas irregulares para desestabilizar a otro estado. Indudablemente, Chávez se ganaría el más absoluto repudio internacional.
- Ecuador, Colombia y Venezuela, cada uno por su lado ¿cómo se han manejado a nivel diplomático?
- Ecuador lo ha hecho bien. Se ha movilizado, ha logrado lo que quería: una disculpa de Colombia en el seno de la OEA. Creo que Colombia también lo ha hecho bien, porque ha tenido que negociar y cabildear para no obtener una resolución en su contra. La diplomacia, en ellos dos, sin duda ha funcionado. Es más, el discurso de Correa ya no es tan beligerante.
Venezuela, creo que no lo ha manejado nada bien. No obstante hay una llamada de Sarkozy a Chávez, en la que éste le dijo que él no era combativo ni nada, no ha hecho nada bien. En primer lugar, porque no tenía nada que hacer, y sí mucho que explicar.
Tenía que explicarle a la OEA por qué movilizó sus tropas, porque no había ningún acto contra Venezuela. Es muy probable que una próxima resolución de la OEA involucre a Chávez, pidiéndole que se abstenga de demostraciones de fuerza y de proferir palabras en contra de otro estado o presidente de estado.
El problema de Chávez creo que es de prepotencia y de arrogancia económica por los “petrodólares”. Y no hay duda que su dinero le da cierta capacidad de maniobra diplomática; aunque, por mucho que él se considere un heredero de Fidel Castro, está a años luz de él en términos políticos y diplomáticos.
En esencia, Hugo Chávez no es un político ni un diplomático: él es un militar, un guardia. Tiene una visión militar, nunca diplomática.
- Pero para eso me imagino que Chávez cuenta con expertos en diplomacia que lo asesoran. ¿O no es así?
- Pues sí tiene –o debe tener- expertos diplomáticos en torno suyo. La pregunta es si les hace caso, si los escucha.
- ¿Le importa a Chávez ser diplomático?
- Yo creo que no. Es que él es arrogante. Pero no creo que esa actitud lo vaya a conservar por mucho tiempo en el poder. En América Latina ya se ha visto esos desmanes. Noriega, por ejemplo. A Noriega le duró esa actitud hasta que lo llegaron a traer los “gringos”. Probablemente el futuro de Chávez esté truncado por los mismos militares venezolanos, que no creo que aguanten por mucho tiempo más sus errores diplomáticos; o por el mismo pueblo venezolano, que puede ver en la actitud de Chávez contra Colombia un riesgo para la seguridad de Venezuela; o por la diplomacia gringa, o la inteligencia gringa.