Suscríbete al Newsletter

Boletín semanal gratis

 

Google
 
 

Las FPL,
una guerrilla enorme y poderosa, sectaria y dogmática



Cayetano Carpio había puesto un cargamento de dinamita al interior del FMLN, pero con ello también dinamitaba la unidad de las FPL. Había corroborado lo que ya sospechaba: “la traición a los intereses de proletariado” ya no solo era, como él pensaba, un riesgo proveniente de las otras organizaciones guerrilleras, sino que también acechaba en las filas de las FPL.


Lunes 17 de marzo 2008
Geovani Galeas
(Séptima parte)
redaccion@centroamerica21.com


A partir de 1979, y por lo menos hasta noviembre de 1980, la crisis política nacional abrió una oportunidad de poder para los revolucionarios salvadoreños. Solo que para darle un vuelco favorable a la situación era imprescindible la unidad de sus esfuerzos dispersos.

Durante todos los años anteriores habían discutido sus diferencias en la clandestinidad y casi exclusivamente entre las cúpulas dirigenciales. La voz más alta y moralmente más autorizada en esa etapa había sido la de Carpio, a quién los otros dirigentes respetaban aun sin estar de acuerdo con él. Pero ahora la discusión se había desbordado y se hacía pública en las calles por obra y gracia de un vigoroso movimiento de masas, que se encontraba en constante ascenso combativo.

El único camino, la guerra popular prolongada

La posibilidad de obtener una victoria rápida mediante una insurrección generalizada encandiló a toda la izquierda, excepto a Carpio. La razón era simple: él no creía en cualquier poder ni en el poder a cualquier precio; es decir, no quería un gobierno compartido entre revolucionarios y reformistas, orientado hacia el establecimiento de la democracia, sino una dictadura del proletariado que garantizara la construcción del socialismo.

Para él no habían medias tintas: tanto la lucha revolucionaria como la toma y el ejercicio del poder debían estar regidas por una clara conciencia de clase, lo cual suponía la imposición de de la hegemonía proletaria a cualquier costo. Y en este punto Carpio fue expresamente intransigente hasta su muerte.

Por eso había rechazado siempre la estrategia insurreccionalista, que pasaba por pactos conspirativos de repartos de cuotas de poder entre los revolucionarios y otros sectores de la sociedad. Por eso había convertido en carne y sangre de las FPL la estrategia de la guerra popular prolongada, “verdadero y único camino hacia la toma del poder y la construcción del socialismo”, solía decir.

Por eso mismo había rechazado, hasta ese momento, ya no digamos la alianza con sectores reformistas, sino incluso con las otras organizaciones guerrilleras. “Las FPL sostenían que la unidad revolucionaria debía construirse alrededor de la hegemonía de las FPL, ya que era la portadora de la verdad estratégica (...) sin duda, ello obedecía a una posición sectaria”, señala Salvador Sánchez Cerén, quien a la muerte de Carpio se convertiría en el primer responsable de las FPL (Con sueños se escribe la vida, autobiografía de un revolucionario).

En todo caso, las masas exigían en las calles una respuesta a su pedido de unidad y un pronto desenlace insurreccional. Pero no solo las masas. Una buena parte de las dirigencias de las FPL y del BPR estaban en la misma sintonía, y comenzaban a cuestionar el hegemonismo de sus organizaciones como un freno al proceso revolucionario. Ello constituía, indirectamente, un reclamo a Carpio por parte de sus mismos compañeros.

Las FPL celebraron en esas condiciones su Sexto Consejo. La posición de Carpio siguió siendo rectora pero se vio sometida a una fuerte presión que lo obligó a aceptar algunos matices en su planteamiento.

La concesión más importante que tuvo que hacer estaba relacionada a una de sus obsesiones: la creación de “un verdadero partido marxista-leninista del proletariado salvadoreño”. Él estaba seguro de que ese partido tendría que construirse a partir de las FPL, y aunque consiguió que ese objetivo se mantuviera como prioridad, tuvo que admitir que se haría a partir de la unidad de todos los revolucionarios.

Desde ese momento las FPL se empeñaron en la construcción de la unidad, y entonces fue posible la elaboración conjunta de un programa, el Gobierno Democrático Revolucionario, y de una estrategia hacia la toma del poder. Sobre esa base se fundó, el diez de octubre de 1980, un frente conformado por las cinco organizaciones revolucionarias salvadoreñas, el FMLN, cuyo primer coordinador general fue precisamente Cayetano Carpio, ya conocido como comandante Marcial.

“Traición a los intereses del proletariado”

Pero, en el ínterin, la represión militar había desgastado y casi anulado el empuje de la lucha de calle de las masas. Toda la energía revolucionaria se volcó entonces hacia los preparativos de una operación militar estratégica conjunta que fue concebida como una ofensiva final. Y así como entre 1974 y 1975, las FPL habían volcado hacia la construcción del BPR el grueso de sus cuadros, medios y recursos, ahora se realizaba la operación inversa: el grueso del BPR pasaba a las unidades militares de las FPL.

La ofensiva guerrillera, que inició el 10 de enero de 1981, no tuvo el desenlace esperado y los revolucionarios, después de algunos días de intensos combates, se vieron forzados a replegarse de las ciudades al campo.

¿Qué había pasado? ¿Por qué no fue posible la victoria revolucionaria? Cada una de las organizaciones del FMLN haría su propia evaluación, y generaría su propia versión de los hechos. Pero las cuentas evaluativas no cuadraban, a l menos no para Cayetano Carpio, cuya conclusión fue que había sido un error tanto el proceso unitario como la adopción de una estrategia insurreccional, que contemplaba la toma del poder a corto plazo.

Esa conclusión, que ponía un cargamento de dinamita al interior del FMLN, también dinamitó la unidad de las FPL. A partir de ese momento, Cayetano Carpio tuvo evidencias de lo que ya sospechaba: “la traición a los intereses de proletariado” ya no solo era, como él pensaba, un riesgo proveniente de las otras organizaciones guerrilleras, sino que también acechaba en las filas de las FPL.


(Continuará)

Lea también:
Las FPL, una guerrilla enorme y poderosa, sectaria y dogmática
(Primera entrega)

Las FPL, una guerrilla enorme y poderosa, sectaria y dogmática
(Segunda entrega)

Las FPL, una guerrilla enorme y poderosa, sectaria y dogmática
(Tercera entrega)

Las FPL, una guerrilla enorme y poderosa, sectaria y dogmática (Cuarta entrega)

Las FPL, una guerrilla enorme y poderosa, sectaria y dogmática (Quinta entrega)

Las FPL, una guerrilla enorme y poderosa, sectaria y dogmática (Sexta entrega)

 

SUBIR
 
 
 

  


 

 

© Derechos Reservados 2007