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Oscar Morales en plena acción en las tablas. Foto Cortesía de la compañía De Los Perdidos Teatro.


Teatristas salvadoreños en Madrid: La historia de Egly y Oscar

Egly Larreynaga y Oscar Morales, son dos artista que tuvieron sus inicios en las artes escénicas con el grupo Sol del Río en el año 98. Su amor por las tablas y los deseos de superarse en el arte los hizo migrar a España en búsqueda de profesionalizar su pasión. Actualmente están presentando en Madrid la obra “Debajo del pellejo”, escrita por Morales y cuyo tema principal es la migración.

Lunes 14 de mayo de 2007
Teresa Andrade
teresa.andrade@centroamerica21.com

Se conocieron cuando eran apenas adolescentes en el colegio Externado de San José, en 1993. Su curiosidad por el teatro los llevó a poner a prueba su vocación en certámenes estudiantiles. Al graduarse de bachilleres quisieron formar un taller y buscaron el apoyo de una actriz que ha dejado huella en los escenarios del país: Ana Ruth Aragón. Ella pertenecía a Sol del Río y los aconsejó para integrarse al grupo. Ambos decidieron entrar en el año 98 y ahí comenzaron los primeros frutos de su pasión.

Dentro del grupo Sol del Río, en menos de un año participan en la obra “Ascenso, auge y caída de Sancho Panza en la ínsula de Barataria”, de Geovani Galeas; luego vendría “Sueño de una noche de verano” bajo la dirección de Roberto Salomón. Oscar incursiona en la dramaturgia con “Visa para un sueño” en la que ambos actúan dirigidos por el actor Saúl Amaya. Un año después Egly actuaría en “San Mago Patrón del Estadio” de Geovani Galeas y dirigida por Fernando Umaña.

Con unos cuantos dólares y muchas ilusiones, Egly es la primera en cruzar la frontera para especializarse en cursos de teatro en Costa Rica y Bolivia. De regreso en El Salvador es cofundadora de la compañía Teatro Estudio de San Salvador, proyecto independiente de formación actoral dirigido por Fernando Umaña. Oscar también se incorpora al grupo y ahí permanecen juntos hasta el año 2003. Bajo la dirección de Umaña actúan en El jardinero, de autoría de Oscar; y en Mirandolina, un clásico del italiano Carlo Goldoni. En Mirandolina, Egly cautivó al público y a la crítica salvadoreña.

Egly Larreynaga actuando en Madrid. Foto Cortesía de la compañía De Los Perdidos Teatro.

Ambos, a corta edad, descubrieron su vocación y se aferraron a ella para seguir adelante con sus proyectos y sus metas. Egly, una actriz nata y Oscar, además de su vocación actoral descubrió su vena de dramaturgo. A pesar del éxito que estaban teniendo en El Salvador, sus ansias de superación no pudieron encontrar cabida en estas tierras por lo que buscaron un horizonte más lejano, nuevas tablas, nuevos mundos, nuevos retos.

En tierras lejanas

Egly nuevamente sale del país en 2004, pero esta vez no tiene fecha de regreso y el destino es más lejano, España. Nos confiesa en una entrevista vía correo electrónico, que al principio le costó mucho desprenderse de su entorno, tanto de amistades personales, como profesionales. “A pesar de eso no quería quedarme con la duda de qué hubiera pasado si no me hubiera ido”, insiste.

Para ella fue un poco más fácil insertarse en la sociedad española y en el mundo del teatro, puesto que su pareja es actor y español, pero tuvo que abrirse paso sola y tocar puertas en un medio más complejo y competitivo. Pero, mientras Egly luchaba con este nuevo entorno y con el reto que implica para un inmigrante llegar a un nuevo país. Al otro lado del mundo, justo en el cinturón del globo, se encontraba Oscar recibiendo cursos de interpretación en el Laboratorio del Teatro Malayerba, en Ecuador.

Oscar nos cuenta, a través de un correo electrónico, que mientras estuvieron separados, cada quien en lo suyo, se mantuvieron en constante comunicación telefónica, sin perder las esperanzas de volver a trabajar juntos, siempre con miras a superarse profesionalmente. En septiembre de 2005, Oscar toma un vuelo definitivo hacía España siguiendo sus sueños de hacer realidad los proyectos que planificó con Egly, desde puntos remotos.

Es así, como se encuentran un año después, dos grandes amigos, compañeros de aventuras, de sueños, de metas. Primero es la euforia de estar en un lugar nuevo, en un lugar lleno de encanto comenta Oscar, pero después viene la angustia de sobrevivir, la vida es demasiado cara, cuesta ubicarse e insertarse en el campo profesional. Las ofertas para formarse son muchísimas, pero como todo en está vida, cuesta mucho dinero. Actualmente Oscar trabaja para otras compañías elaborando utilería, máscaras o haciendo zancos, junto con Egly también tienen otros montajes que presentan en institutos; pero a veces es necesario echar mano de otros trabajos para ajustar el presupuesto, por ejemplo Oscar también cuida a una niña.

Cuando Oscar llega a España, Egly ya estaba en tablas madrileñas con una compañía de teatro llamada Metamorfosis y ya había actuado en dos obras. Primero en una pieza infantil " Los cuentos que no se cuentan" y la segunda "Casa de fieras". Pero ese era solo el principio.

Escena de la obra “Debajo del pellejo”. Foto Cortesía de la compañía De Los Perdidos Teatro.

Con Oscar tenían ya la idea gestada desde que estuvo en Ecuador: hacer una obra de teatro que naciera a partir de una serie de ejercicios sobre la identidad, Oscar echaría mano de las improvisaciones para escribir la obra.

Debajo del pellejo

“Estando lejos de El Salvador y en medio de gente que no es salvadoreña, te das más
cuenta de cómo sos, de la cantidad de cosas que el salvadoreño rechaza de si mismo, de su cultura, de su vida cotidiana”, comenta Oscar. Egly, por su parte, cree que el hecho de estar fuera de su entorno cuestiona quién se es, cómo se es, y cuáles son sus costumbres. Parte de ahí la idea de escribir la obra teatral “Debajo del pellejo”.

La obra va mucho más allá del tema de la identidad o del mero hecho de migrar por razones económicas, sociales o políticas; trata también sobre la “integración” de las personas, no necesariamente migrantes, en las sociedades actuales.

Tanto Egly como Oscar se sienten muy afortunados, saben que las condiciones en las que han migrado y en las que viven actualmente, son incomparables a la de muchos compatriotas. Además han tenido la suerte de conocer a las personas y a los amigos indicados que les han abierto las puertas en Madrid.

En El Salvador montar una obra no es fácil, en Madrid tampoco. A través de amigos consiguieron un espacio para ensayar, donde construir la utilería, la elaboración del vestuario, el diseño de luces, pero la producción más importante la han hecho ellos mismos. Y luego salir a la calle con la carpeta de la obra bajo el brazo a buscar un teatro que los programe.

El elenco de la obra está compuesto por Egly Larreynaga, Oscar Morales y Eyerí Cruz Otero, un actor puertorriqueño que fue compañero de Oscar en el laboratorio de Malayerba; y el Director es Gonzalo Sarmiento, un chileno que vivió en El Salvador tres años y que reencontraron en tierras españolas, por mera casualidad.

El dossier de la obra relata que en abril de 2007, la compañía De los perdidos teatro estrena en Madrid “Debajo del pellejo”, pieza original de Oscar Morales, dirigida por Gonzalo Sarmiento. Con un estilo que va del clown al realismo, entre música en vivo e imágenes oscuras, los personajes se embarcan en una aventura absurda y cruel que podrá causar su perdición. Este trabajo se ha presentado en salas alternativas como Tarambana y La Nave de Cambaleo, de dicha ciudad.

Egly, Oscar y Eyerí Cruz actuando en Madrid. Foto Cortesía de la compañía De Los Perdidos Teatro.

Ninguno de los dos sabe si regresará a El Salvador, pero de lo que sí están seguros es que seguirán haciendo teatro en cualquier parte del mundo. El compromiso con las tablas, es más fuerte que la tierra.

Sinopsis de la obra Debajo del pellejo es la historia de dos inmigrantes en un país del primer mundo ­–llámese España, Estados Unidos, Italia, Canadá, Australia–. La una, ha mucho ya, tomó la decisión de olvidar quién era, de dónde venía; porque siempre creyó que de su pasado no podía rescatar recuerdos agradables, y encontró que fingir ser natural de este nuevo país era la mejor forma de adaptarse, sacar beneficios y obtener el afecto de los otros; sin embargo, rápido se da cuenta de que la experiencia o el pasado no se borran ni arrancándose la piel. No obstante, sigue con su mentira, aun cuando le hace daño.

El otro, un chico en busca de trabajo y progreso económico, como muchos más, ve frenadas sus aspiraciones porque no tiene papeles y no ha podido adaptarse a la novedad que lo rodea. El estar solo y sentirse incapaz lo tienta a seguir el mismo camino que nuestra amiga. Pero no sabe cómo.

Un encuentro –quizá fortuito, quizá premeditado–, los enfrasca en una aventura inverosímil, donde ella promete ayudarlo a cambiar de piel y borrar sus recuerdos, para que sea una persona que “valga la pena”, un blanco, un ciudadano del norte. Pero cómo lo hará y qué le pedirá a cambio, son cosas que él ni se imagina. Por lo pronto, la argucia de una operación, similar a un ritual que en tiempos remotos se practicaba en su tierra –ritual ofrecido al dios Xipe-Totec, nuestro Señor Desollado–, lo convence de seguir adelante con la empresa.

Un personaje fantástico, una vieja experimentada e irónica, metáfora de la madre tierra, es quien va narrando la historia; y, juntamente, reprueba con sus juicios o acoge con su comprensión a los dos personajes que, sin enterarse, caminan hacia su caída.

Ver vídeo de la obra

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